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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-02-2005

Tiempos de democracia en frica subsahariana

Alicia Campos Serrano
revistapueblos.org

A inicios de los aos noventa hubo quienes hablaron de una segunda liberacin de frica, caracterizada por el fin de las brutales dictaduras poscoloniales y la consagracin de la participacin de los ciudadanos en los asuntos pblicos. La legitimidad del modelo desarrollista de los nacionalismos independentistas estaba agotada desde la dcada anterior, y una serie de transformaciones institucionales comenzaron a verificarse en cada uno de los Estados africanos


A inicios de los aos noventa hubo quienes hablaron de una segunda liberacin de frica, caracterizada por el fin de las brutales dictaduras poscoloniales y la consagracin de la participacin de los ciudadanos en los asuntos pblicos. La legitimidad del modelo desarrollista de los nacionalismos independentistas estaba agotada desde la dcada anterior, y una serie de transformaciones institucionales comenzaron a verificarse en cada uno de los Estados africanos.

La corriente de afrooptimismo que recorri entonces la academia identific los cambios con la ola de democratizacin que llegaba, finalmente, al continente. Lecturas posteriores y con ms distancia identifican la existencia de una reestructuracin del poder en frica, pero no necesariamente en la direccin de una mayor democratizacin de la poltica. Segn Achille Mbembe, frica se dirige en varias direcciones al mismo tiempo, lo que incluye desde la celebracin de elecciones hasta la desintegracin del Estado. [1]

La reflexin sobre un fenmeno tan cargado de normatividad como es la democracia requiere de un posicionamiento previo. Ms que considerar a la democracia como una forma de organizacin poltica concreta, de origen europeo-occidental, coincido con Sklar y Withaker cuando rechazan la idea de que sistemas polticos en su conjunto puedan ser calificados como democrticos o no democrticos, o que existan procesos lineales de transicin de un rgimen autoritario a otro democrtico. En realidad, todos los sistemas polticos son una mezcla de elementos democrticos y oligrquicos, y en todas las sociedades existe siempre una tensin entre el uso autocrtico del poder por parte de quien lo ostenta y las dinmicas de control y participacin por parte de los sujetos a quienes afecta ese poder. [2] El tipo de equilibrio, o desequilibrio, que estas dos tendencias alcancen marcar el carcter del sistema de dominacin en cuestin.

La pregunta que desde esta perspectiva podemos hacernos es, por tanto, hasta qu punto las transformaciones habidas en frica en los ltimos tiempos han aumentado y favorecido la participacin de los africanos en las decisiones del poder que les afectan. La utilizacin en los ltimos tiempos del lenguaje de la democratizacin por parte de todos los actores preponderantes, gobiernos, oposicin poltica y donantes internacionales es un fenmeno al que tambin atenderemos. Pero no debemos confundir una cosa con la otra, las prcticas con los discursos, por mucho que stos estn profundamente embebidos en aqullas.

Descolonizacin y democracia

La reivindicacin de mayor democracia en el gobierno de los africanos no es un asunto novedoso. Sin irnos muy lejos, durante los autoritarios regmenes coloniales, parte de las protestas y resistencias de los colonizados iban dirigidas a aumentar su autonoma y su capacidad de decisin en el contexto colonial. Los movimientos nacionalistas surgidos durante los aos cuarenta y cincuenta incluan la exigencia de ciudadana para toda la poblacin africana, que el sistema colonial les negaba, y el consiguiente reconocimiento de su derecho a participar en el Gobierno. El principio de libre determinacin de los pueblos que se utiliz en el mbito internacional por el movimiento anticolonial contena en principio una importante dimensin democrtica cuando se interpretaba como el derecho de los pueblos coloniales a gobernarse a s mismos.

Las primeras reacciones de las potencias coloniales ante la efervescencia social y poltica fue el aumento de la representacin de las elites africanas en el aparato de poder colonial. De esta manera, Gran Bretaa ampli los Consejos Legislativos coloniales, mientras que Francia permita la representacin de los colonizados en la Asamblea Nacional de Pars. Hubo potencias ms reticentes, como Blgica, Portugal o Surfrica. Pero incluso una metrpoli tan autoritaria como la Espaa de Franco concedera, con ms de dos dcadas de retraso respecto de las primeras, un rgimen de autonoma a su colonia subsahariana, Guinea Ecuatorial. Este aumento de derechos polticos en la mayor parte del frica subsahariana nunca igual, sin embargo, a las poblaciones coloniales con los ciudadanos de las metrpolis, lo que aument las frustraciones de la mayora de los sectores sociales africanos.

A finales de los aos cincuenta, la independencia soberana de cada una de las colonias se present como el nico desenlace posible de la tensin colonial. La descolonizacin se llev a cabo en gran medida a travs de procesos de negociacin, durante los cuales los nuevos Estados adoptaron constituciones democrticas al estilo de sus antiguas metrpolis, en claro contraste con la forma de dominacin que aqullas haban mantenido en frica. Por lo tanto, los Estados poscoloniales nacieron con un marco institucional que asuma cierta forma de democracia liberal representativa, como la imperante en los principales Estados europeos.

Sin embargo, muy pronto este edificio constitucional se iba a demostrar inoperante, al establecerse, uno tras otro, regmenes militares y de partido nico por toda el frica independiente. Los objetivos de la construccin nacional y la modernizacin econmica se superpusieron, en los discursos de los nuevos gobernantes, al de la democracia y la participacin popular. El contexto de la Guerra Fra proporcion apoyos incondicionales, por parte de una u otra superpotencia, a los autcratas africanos, sin que esta vez las normas internacionales proporcionaran lenguajes emancipatorios a las poblaciones sometidas, como fuera el caso durante el fin del colonialismo.

El lenguaje de la democracia no desapareci, sin embargo, del panorama poltico subsahariano, pues lo seguiran utilizando muchos de los opositores polticos a los regmenes en el poder. A finales de los aos setenta desaparecieron algunos de los regmenes militares, como los de Nigeria o Ghana, as como las atroces dictaduras personalistas de Uganda, Repblica Centroafricana o Guinea Ecuatorial, dando lugar, en el caso de los primeros, a experimentos ms pluralistas que no duraron mucho tiempo. Pero hay que esperar a comienzos de la dcada de los noventa para observar la generalizacin, por todo el continente, de fenmenos como la celebracin de consultas electorales o la legalizacin de partidos polticos, incluyendo el fin del rgimen del apartheid y el establecimiento de un Gobierno de mayora en Surfrica.

Factores de cambio institucional en los Estados subsaharianos

Varios son los procesos histricos que explican el reforzamiento del lenguaje democrtico en frica y la aparicin de transformaciones polticas en todos los Estados del continente a inicios de los noventa. 1.En primer lugar, el Estado autoritario africano, incapaz de llevar a cabo su promesa modernizadora y asentado sobre mecanismos represivos, aparece en este momento sumido en una profunda crisis financiera y de legitimidad. Por otra parte, los gobernantes poscoloniales se muestran cada vez ms incapaces de satisfacer las demandas del sistema prebendalista que lo sustenta, debido a la disminucin de los recursos a su alcance. Esta disminucin ha sido provocada, a su vez, por el empeoramiento de los trminos del intercambio para las materias primas del continente, la aplicacin de los planes de ajuste estructural y la dinmica extenuante y autodestructiva del propio sistema prebendalista.

2.El fin de la Guerra Fra supuso el fin de los apoyos incondicionales de las superpotencias a regmenes despticos en funcin de su alineacin internacional. Adems, con el fin de los sistemas comunistas, la democracia liberal imperante en los Estados occidentales se convierte internacionalmente en el nico modelo de legitimidad poltica. Entre los movimientos de oposicin africanos, el fin de los regmenes soviticos en Europa Oriental provoc una ola de euforia, que cuestion abiertamente la doctrina oficial, basada en argumentos culturalistas o economicistas, de que la democracia no era un sistema apropiado para frica.

3.La crisis de la deuda y la aplicacin de los Planes de Ajuste Estructural (PAEs), promovidos desde las Instituciones Financieras Internacionales (IFIs) en los aos ochenta como modo de resolver aqulla, han tenido tambin implicaciones polticas. Por una parte los mismos PAEs, aunque intrnsecamente apolticos en su concepcin, prevean la creacin a largo plazo de una clase media independiente del Estado y basada en actividades comerciales, que constituyera el fundamento de una fortalecida sociedad civil capaz de contrapesar el poder del mismo Estado. En la prctica, la aplicacin de los planes endureci las dinmicas autoritarias y represivas del Estado, pues ste debi sofocar las protestas y levantamientos populares contra las nuevas polticas econmicas de disminucin del gasto pblico y de los ya escasos servicios sociales.

Cuando se hizo evidente que los PAEs por s solos no estaban generando la recuperacin econmica que se esperaba, los donantes occidentales, y en menor medida las IFIs, introdujeron una preocupacin por la gobernabilidad, los sistemas de gobierno, el respeto al Estado de derecho y los derechos humanos. A la condicionalidad econmica de la ayuda de los ochenta, comenz a aadirse una vaga condicionalidad poltica, cuya relacin trataremos ms adelante.

4.Observadores de las sociedades africanas hablan de un resurgimiento de la sociedad civil, en la medida en que se ha producido la rearticulacin y repolitizacin de los movimientos sociales. Paradjicamente, los PAEs han contribuido a la articulacin de las demandas democratizadoras, ms por sus efectos perversos sobre la calidad de vida de los africanos que por su contribucin a la aparicin de nuevas clases medias. Por su parte, las nuevas elites educadas ya no tienen espacio, frente a lo que ocurri en los primeros aos de las independencias, en las redes del poder: esta elite alternativa encuentra en el multipartidismo y el lenguaje de la democracia una nueva manera de optar a los centros de poder y sus recursos. Hablar de sociedad civil en frica no puede limitarse, sin embargo, a las asociaciones de carcter estrictamente poltico, sino que abarca a organizaciones de muy diversa fisonoma, como religiosas, comerciales, de base tnica, promotoras de los derechos humanos, etc., que pueden contribuir, o no, a una mayor democratizacin de la sociedad. [3]

5.En gran medida como consecuencia de todo lo anterior, a principios de los aos noventa los gobiernos africanos comenzaron a asumir tambin el discurso democratizador. Esto conllev en muchos pases la reforma constitucional, el establecimiento de sistemas formalmente multipartidistas y la celebracin de elecciones generales. En varios pases francfonos ello vino de la mano de Conferencias Nacionales a imitacin de la primera celebrada en Benin en 1991, en la que los principales sectores polticos y sociales acordaron establecer un nuevo marco poltico presidido por la alternancia en el poder. Antes de analizar con algo ms de detenimiento las verdaderas implicaciones de estos procesos, notemos que no son los nicos producidos en el continente durante la ltima dcada: los mismos factores han podido contribuir a la aparicin de conflictos civiles que han asolado algunos Estados, llegando incluso a su desintegracin. Pero incluso en estas situaciones, los procesos electorales se han visto a menudo como la manera de dar por terminado el conflicto.

Los lmites de las transiciones a la democracia en frica

Las consecuencias de estas transformaciones institucionales no han sido siempre una profundizacin en los modos democrticos de Gobierno en el rea subsahariana. A menudo se han reproducido frmulas de gobierno anteriores, en los que la oposicin, legalizada ahora en los nuevos partidos polticos, ha sido perseguida, encarcelada y torturada. Para observadores como Mbembe, como vimos, las llamadas transiciones a la democracia en frica no son ms que una forma de reconstitucin del poder y una de las mltiples transformaciones que estn teniendo lugar en el continente, que parece dirigirse en varias direcciones al mismo tiempo.

Los procesos electorales han sido utilizados por muchos de los antiguos autcratas en el poder, o de los vencedores de conflictos civiles, como modo de relegitimar su Gobierno, o su victoria, y de seguir recibiendo los recursos de la ayuda internacional. Las elecciones se han convertido en una cuestin de presentabilidad internacional de viejos dictadores como Arap Moi de Kenia u Obiang Nguema de Guinea Ecuatorial. Incluso cuando ha existido cambio de Gobierno, como en la Zambia de Frederick Chiluba, se han adoptado mecanismos autoritarios de dominacin. Y tambin se han dado casos de antiguos dictadores que han vuelto al poder despus de ganar las segundas elecciones celebradas en el pas, como Mathieu Krkou en Benin. Por su parte, el gigante nigeriano ha vivido durante la ltima dcada su peor y ms represiva dictadura militar con Sani Abacha, tras el desbaratamiento de un proceso electoral que se demostr limpio y que slo pudo ser retomado en 1999.

Algunas de las contradicciones de estos procesos se deben a la dinmica de extroversin que las domina, pues muchas veces las transformaciones institucionales tratan de responder ms a las presiones externas que a las del interior del pas. La adopcin de medidas polticas establecidas desde el exterior no slo pueden minar el sentido mismo de la democracia, sino que adolecen a menudo de profundas incoherencias. Primero porque los actores polticos, ms preocupados por las repercusiones internacionales de sus decisiones, tienden a convertir la democracia en un mero espectculo sin contenido. Y segundo, porque los intereses internacionales nunca van exclusivamente dirigidas al aumento de la participacin de los africanos: siempre existen una diversidad de objetivos en las polticas exteriores de los donantes. A pesar de la pretensin de complementariedad, los efectos de la condicionalidad econmica son contradictorios con los objetivos de la condicionalidad poltica.

Ya hemos sealado cmo las polticas econmicas neoliberales han contribuido a los cambios institucionales ms a travs de las protestas que han generado que por el cambio en la estructura social que pretendan. El aumento de la pobreza y las diferencias sociales que se han verificado con la aplicacin de los planes de ajuste estructural no pueden sino minar la capacidad democrtica de las personas.

La poltica en frica sigue siendo una lucha por recursos escasos, que no beneficia la alternancia pacfica en el poder porque hay demasiado en juego. El Estado es an hoy el principal instrumento de acumulacin y la disminucin de sus recursos hacen la lucha an ms enconada, llegando en ocasiones al conflicto civil.

En este contexto, el mecanismo electoral no ayuda mucho a llegar a consensos polticos y sociales, en la medida en que se convierte en un juego de suma cero: quien gana se lo lleva todo, no slo el poder poltico sino tambin la capacidad econmica. Muchos crticos, dentro y fuera de frica, han insistido en los peligros de la casi exclusiva atencin de los donantes internacionales sobre la celebracin de elecciones, que deja arrumbadas otras dimensiones de lo que debiera ser un proceso democrtico.

Una de esas dimensiones es la estructura del poder en las reas rurales: a pesar de su importancia demogrfica y de los nuevos vientos de cambio, los campesinos siguen quedando relegados en la poltica del Estado. El control en el mbito rural lo ejercen autoridades locales, unidas clientelarmente a los polticos del centro, y sin un verdadero control por parte de la poblacin. Para Mahmood Mamdani, la democratizacin de frica debe pasar, sobre todo, por la democratizacin de lo local y el desmantelamiento de las formas indirectas de control social, herederas del colonialismo. [4]

La repeticin de los modos autoritarios ha provocado el desencantamiento y la desarticulacin de la euforia social de principios de los aos noventa. La poltica de la etnicidad, con sus potencialidades y sus peligros, se ha reproducido en los ltimos tiempos, no slo en la lucha electoral, sino tambin en la tradicional dinmica africana de escapada respecto de un Estado que no constituye una esfera pblica en la que perseguir el bien comn. Tal vez la democracia en frica requiera del cuestionamiento definitivo de las formas estatales de organizacin poltica.

O de su simple reforma. Pero slo la genuina participacin de los africanos en los asuntos pblicos puede dar una respuesta a tantos interrogantes que asolan el continente subsahariano.


El origen de este artculo es una ponencia ofrecida por Alicia Campos Serrano (profesora de la Universidad Carlos III de Madrid), junto con Plcido Mic Abogo, en el Segundo Curso de Estudios Africanos de Somosaguas (UCM) el 6 de marzo de 2001, con el ttulo de Procesos de democratizacin en frica Subsahariana. Este artculo fue publicado en el n 4 de la edicin impresa de la revista Pueblos, diciembre 2002, pp. 27-30.

[1] Achille Mbembe: On the postcolony, University of California Press, Berkeley/ Los ngeles/ Londres, 2001.

[2] Richard L. Sklar y C.S. Whitaker, A Perspective on Scholarship in African Studies, en African Politics and Problems in Development, Lynne Rienner Publishers, Boulder y Londres, 1991.

[3] Sobre sociedad civil ver, por ejemplo, John L. Comaroff y Jean Comaroff (eds): Civil society and the political imagination in Africa: critical perspectives, University of Chicago Press, 1999; Patrick Chabal y Jean-Pascal Daloz: frica camina. El desorden como instrumento poltico, Ediciones Bellaterra, Barcelona, 2001.

[4] Mahmood Mamdani: Citizen and Subject. Contemporary Africa and the Lecacy of Late Colonialism, Princeton University Press, 1996.



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