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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2010

El turno de la China o la historia se repite

Susana Merino
Rebelin


Han pasado 200 aos desde nuestro primer grito de Libertad y sin embargo los hechos parecieran seguir negndola. Pese a nuestro esperanzado sueo de pas soberano continuamos sin lograr orientar libremente nuestro rumbo y en el actual caso especfico, nuestro futuro ferroviario y por ende nuestro destino de pas integrado, planificado sobre la base de los intereses de sus habitantes y no a partir de la inconfesa pero inocultable voracidad de los poderosos de la tierra.

Hace tres aos se cumpla el sesquicentenario de nuestro primer ferrocarril el F.C.Oeste cuya traza todava se conserva en el tramo curvo que une Lavalle con Corrientes a un paso de Callao. Un ferrocarril orgullosamente construido con capitales nacionales que una la actual sede del teatro Coln, donde se ubicaba su estacin cabecera y Floresta. Pero poco dur en manos argentinas este impulso modernizador. A partir de entonces y durante varias dcadas se desat una verdadera fiebre ferroviaria que estructur el pas de acuerdo con los intereses extranjeros, especialmente britnicos.

Ya en 1915 la Argentina con 33 mil km de vas se ubicaba entre los diez pases con mayor kilometraje de vas frreas del mundo y su territorio graciosamente estructurado a partir de un abanico de hierro cuya funcin esencial era transportar los recursos naturales del pas hacia el puerto de Buenos Aires, para de all ser embarcados hacia Londres. Un puerto que sigue siendo un nudo gordiano que complica cada da ms el trnsito urbano de Buenos Aires y sigue imponiendo su carcter centralizador pese a sus escasa condicin de puerto de ultramar y su inadecuado acceso fluvial para nada acorde con los actuales requerimientos de los transatlnticos de gran porte. Pero esa es otra historia.

Nadie ignora en suma que los 47 mil km de nuestra, en algn momento (1957) extensa red ferroviaria fueron diseados estratgicamente en beneficio de la Corona britnica, estableciendo o tal vez mejor dicho consolidando nuestro carcter de productores y exportadores de materias primas y de importadores del imperio ingls. Fue sin duda una hbil manera de lograr, aunque fuere cien aos ms tarde, una penetracin en nuestro territorio que no lograron las invasiones inglesas en su intento de quebrar el monopolio comercial espaol. Ya que como expresaba Scalabrini Ortiz: los ferrocarriles constituyen la llave fundamental de una nacin. La economa nacional, pblica y privada, el equilibrio de las diversas regiones que la integran, la actividad comercial e industrial, la distribucin de la riqueza y hasta la poltica domstica e internacional estn ntimamente vinculadas a los servicios pblicos de comunicacin y transporte.

En 1948 Pern vislumbr que gran parte de la soberana del pas pasaba por recuperar esa trama ferroviaria de cuyo manejo dependan gran parte de las polticas econmicas de la nacin. Pero no pas mucho tiempo hasta que los sucesivos gobiernos, a partir del mismo Frondizi que tuvo que clausurar talleres y ramales, bajo la supervisin del FMI y el declarado avance internacional de la industria vial y automotriz, volvieron ya no a enajenarlos sino a desmantelarlos casi totalmente.

Fue en 1992 cuando la definitiva privatizacin llevada a cabo por el presidente argentino de ms triste memoria, la convirti en un decadente reflejo del pasado, no sin antes dejar un tendal de pueblos abandonados, de trabajadores despedidos, de ramales clausurados y de generar al estado una ingente sangra de recursos porque las nuevas concesionarias no solo obtienen sus recursos de la venta de pasajes sino de cobrar mensualmente subsidios millonarios sin ninguna contrapartida de las empresas en inversiones o riesgos de capital.

No hay duda de que en un pas de gran extensin territorial como el nuestro, los ferrocarriles constituyen un elemento clave para el desarrollo y fortalecimiento de las economas regionales y sigue siendo el medio de transporte ms econmico, seguro, rpido y no contaminante y por lo tanto un servicio que el estado debera considerar por su funcin social y no como un sector de explotacin comercial y de generacin de lucro al servicio de empresas privadas locales o extranjeras, poco importa, sino al de toda su poblacin.

Sin embargo somos nuevamente presa de decisiones que van a repetir la historia, aunque esta vez ya no de cara al Atlntico sino al Pacfico. Es el turno de la China.

Los recientes acuerdos firmados por nuestro pas con aquel remoto y hasta no hace mucho misterioso pas ms comnmente mencionado como el gigante asitico, no dejan de despertar justificadas sospechas y la necesidad de analizar de qu manera seguir consolidndose nuestro destino agro-minero exportador sobre la base de dichos acuerdos. Las comprometidas inversiones de 10 mil millones de dlares en ferrocarriles y en energa casi no dan lugar a dudas, aunque esta vez la infraestructura expoliadora se oriente hacia el oeste a travs de dos ejes principales por Mendoza hacia Valparaso y por Salta Socompa (el Tren de las Nubes) hasta algn puerto del norte chileno, tal vez el moderno puerto de Mejillones en Antofagasta.

En realidad, a pesar de la poca informacin difundida hasta ahora, no es que los sntomas parezcan sospechosos sino que sus objetivos estn claramente expresados: la rehabilitacin en primer trmino de la red Belgrano cargas un ferrocarril cuyos 6 mil km de extensin atraviesan 13 provincias y le permite por lo tanto movilizar la produccin de ms de medio pas. Este proyecto incluye el cambio de 1500 km de vas, la provisin de material rodante (locomotoras y vagones) y de equipos para la reparacin y su capacidad de transporte est prevista en una meta no inferior a los 7 millones de toneladas. Las obras del primer ramal comenzarn en la estacin Timbes (Rosario) hasta Avia Terai en el Chaco y las del segundo se llevarn a cabo entre Barranqueras y Salta, en un lapso estimado de cuatro aos.

Nada nuevo por otra parte con relacin a China que hace ya varios aos viene movilizando sus empresas y sus recursos financieros hacia esta regin del planeta, procurando asegurarse los recursos naturales de todo el continente suramericano. Ya ha venido realizando inversiones y otorgado prstamos a Venezuela a cambio de petrleo y a Brasil para la exploracin petrolfera off shore y ahora viene por nosotros.

Pero no se crea que solo Latinoamrica est en la mira de los orientales, tambin invierten copiosamente en Africa en donde tal vez sea mera coincidencia no hay que pensar mal, estn construyendo un ferrocarril que les permitir transportar hasta 10 millones de toneladas de mineral de hierro a precios reducidos desde Tonkolili la mina ms importante de Sierra Leona hasta la costa (nada de pensar en valor agregado para los pueblos autctonos, faltaba ms!).

Hasta ahora se haban conformado con nuestro aceite de soja (el 46% de nuestras exportaciones) pero sin duda les hemos cado simpticos y estn dispuestos a colaborar generosamente con el desarrollo del pas y de sus habitantes, de modo que tambin han destinado ms de 3 mil millones de dlares a un emprendimiento conjunto con nuestra empresa Bridas para la produccin de petrleo y gas. Tanto como para que no se despierten nuestros celos hacia Brasil y Venezuela. Faltaba menos!

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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