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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2010

Mente insatisfecha
Rayos de esperanza en un ciclo poltico mortal

Chris Floyd
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Me sent inesperadamente alentado por los resultados de la eleccin en EE.UU., por lo menos en un aspecto. Porque han mostrado, una vez ms, que el pueblo estadounidense siente un disgusto permanente, colrico, aunque muy incipiente con el sistema poltico injusto, corrupto y disfuncional de la nacin. Sabe que algo est profundamente mal en el sistema, y por lo tanto vota siempre por la salida de una faccin y la entrada de la siguiente, a la espera de que algo cambie.

La historia ha demostrado lo siguiente: casi en cada eleccin nacional de las dos ltimas dcadas, se ha visto un cambio en el control de una o ambas cmaras del Congreso o en la Casa Blanca. Esto ha sucedido en 1992, 1994, 1998, 2000, 2002, 2006, 2008 y ahora de nuevo en 2010. El modelo es obvio. Y no es que los estadounidenses prefieran un gobierno dividido como les gusta aseverar a los que rumian en Washington; es porque no puede encontrar a alguien en el sistema que se preocupe de sus problemas.

Sin excepcin, cada vez que cambia el control faccionario, vemos un ajetreo de analistas vehementes y serios que nos cuentan que los resultados representan un inmenso cambio en la poltica, la cultura, la sociedad, el alma estadounidense, etc. Pero de alguna manera, dos aos despus, esas oleadas terriblemente significativas se deshacen en la nada en la playa vaca. Y de nuevo es porque en realidad no significan nada ms que la ya perenne desazn y disgusto.

Lo que es menos alentador, claro est, es que el electorado estadounidense nunca llega a comprender completamente el hecho obvio, evidente, brutal, de que ninguna de esas facciones va a llegar un da a cambiar ni un pice el sistema si puede evitarlo; son el sistema, son sus sirvientes, sus facilitadores, sus ejecutores. Y una vez ms nos enfrentamos, para utilizar la frase inmortal de Gore Vidal, a los Estados Unidos de Amnesia, donde la historia no existe (excepto en la forma de mitos farisaicos febrilmente deformados sobre la eterna, insuperable, peculiaridad de EE.UU.), y cada eleccin es una tabula rasa. La nica titilante conciencia histrica que parece existir en el electorado estadounidense es un vago sentido de que la pandilla a la que eligi dos aos antes no ha cambiado nada; ms vale probar de nuevo la otra pandilla olvidando que es la misma de la que se deshizo cuatro aos antes, por el mismo motivo.

Y as el ciclo se repite una y otra vez, y la podredumbre y la disfuncin se profundizan y se hacen cada vez ms obstinadas. No slo no se encaran las preocupaciones de la gente; ni siquiera son articuladas en el juego lucrativo y siniestro de El rey en la colina representado por las dos facciones, que estn comprometidas, en cuerpo y alma, con el rgimen de la elite, la rapia corporativa y el imperio militarista. Y ciertamente, ni los medios corporativos ni el sistema educacional harn algo para ayudar a inculcar un sentido ms profundo de la historia (La historia es una patraa dijo ese estadounidense prototpico, Henry Ford; no ayuda a ganar dinero, para qu sirve entonces?), o suministrar algn contexto ms amplio y profundo para articular y enfrentar las causas de la insatisfaccin del electorado. En su lugar, esas instituciones siguen reproduciendo y refrescando esos mismos mitos de peculiaridad (de una forma conservadora o progresista), agregando capa tras capa de ruido aniquilador del pensamiento a la Gran Cmara de resonancia que es EE.UU. que encierra, y aprisiona, a toda la sociedad.

Tal vez no sea tan alentador despus de todo. Especialmente ya que ambas facciones son literal, legal, formal, innegablemente jauras de criminales de guerra, comprometidas con la continuacin de un imperio rapaz de dominacin militar que mata a gente inocente, fomenta el odio y el extremismo y desestabiliza el mundo. El mito de la peculiaridad impide que la mayora de la gente vea la verdad de lo que su establishment poltico bipartidista hace al mundo o incluso a ellos mismos-, cmo los ha privado de sus libertades, corrodo su sociedad, destruido sus comunidades y degradado su calidad de vida, mientras afecta las vidas y los futuros de sus propios hijos y nietos. Al parecer, la mayora de los estadounidenses no puede romper con la estrecha estructura cognitiva que ha sido impuesta a su visin de la realidad: es decir, que EE.UU. es inherente, indeleblemente bueno, que sea cual sea el error que pueda cometer aqu o all (usualmente la faccin preferida por cada cual no est en el poder, por cierto), esa bondad esencial sigue inviolada, nunca mancillada eternamente por algn mal autntico.

Y as los perpetradores bipartidistas de enormes males asesinatos masivos, guerras agresivas, tortura, brutalidad, ruina, atrocidad e injusticia en una escala inmensa no slo no son responsabilizados jams, sino que son celebrados, honorados y recompensados con gran riqueza y privilegios. Y no es sorprendente que reine la insatisfaccin en el cuerpo poltico. La gente siente que algo va muy mal; pero nadie en el sistema les dice que lo que est mal es el sistema en s. En su lugar nos ofrecen esos circos y ficciones, esas diversiones y engaos que pasan por campaas electorales, vomitando una tormenta de problemas falsos y de posturas partidarias, ruido y furia que no significan nada luego, cuando todo ha pasado, nuestros cortesanos bipartidistas vuelven a los negocios como si tal cosa y se dan un festn con la bazofia sangrienta del imperio.

Y a pesar de todo, la molestosa chispa del descontento puede ser a menudo el comienzo de la sabidura, que termina por obligarnos a mirar ms all de nuestros lmites, revestimientos cognitivos y entendimientos previos. El carrusel de vuelcos fraccionarios, una eleccin tras la otra, muestra que este frtil elemento de insatisfaccin es rampante y crnico en el pueblo de EE.UU. Todava no ha aceptado, no completamente, el sistema del imperio rapaz y de la dominacin de la elite como un orden natural, el statu quo establecido. Quiere que algo cambie, quiere que las cosas sean diferentes de alguna manera, pero la gente por doquier no quiere mirarse al espejo y ver la realidad del sistema nocivo que perpeta con su va y viene entre dos facciones terriblemente corruptas y depravadas de codiciosos y hambrientos de poder.

Pero mientras siga existiendo la insatisfaccin, seguir habiendo alguna esperanza de que impulse a ms y ms gente a ver ms all de la nube del mito, a or verdades fuera de la cmara de resonancia y a comenzar el largo, arduo, probablemente imposible pero moralmente imperativo, trabajo de romper el collar de fuerza de esos mentecatos asesinos y forjar una alternativa genuina al sistema.

Chris Floyd es colaborador frecuente de CounterPunch. Su blog, Empire Burlesque, se encuentra en www.chris-floyd.com.

Fuente: http://www.counterpunch.org/floyd11032010.html

rCR



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