Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn: 25 aos de su fallecimiento
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2010

Un escrito de Manuel Sacristn de 1974
Presentacin de la traduccin castellana del ensayo de Jindrich Zeleny, La estructura lgica de El Capital de Marx

Manuel Sacristn Luzn
Rebelin


Nota edicin:

Este texto de Sacristn acompa como solapa interior su traduccin castellana de un ensayo de Jindrich Zeleny publicado en 1974 en la coleccin Teora y realidad [1] dirigida por Jacobo Muoz para Ediciones Grijalbo. Teora y realidad -con subttulo Estudios crticos de filosofa y ciencias sociales- se presentaba sealando que se propona reunir en versin castellana trabajos, ensayos y documentos polmicos, de diferentes mbitos polticos y culturales, que de manera paradigmtica reflejan la autoconsciencia actual de las ciencias sociales y sus diferentes momentos conflictivos. Desde un enfoque crtico: porque su planteamiento central se sita en ruptura perfectamente definida con toda concepcin del conocimiento terico no gobernada por el principio de la prctica. Prctica -consumacin del conocimiento- que se identifica con una conducta mental hecha de esfuerzo de conocer y voluntad de transformar.

Los ecos sacristanianos son manifiestos en esta declaracin. Se publicaron en Teora y realidad ensayos tan imprescindibles como El comunismo de Bujarin, de A.G. Lwy; La disputa del positivismo en la sociologa alemana, de Adorno y otros; Sociedad antagnica y democracia poltica, de W. Abendroth; Georg Lukcs: el hombre, su obra, sus ideas, editado por G.H.R. Parkinson; La crtica y el desarrollo del conocimiento, de Lakatos y Musgrave (eds), con prlogo de Javier Muguerza... El primer y tercer volumen fueron traducidos por Sacristn; el dedicado a Lukcs fue traducido por J.C.Garca Borrn, gran amigo de Sacristn, colaborador de Qvadrante y Laye. Se anunciaron, si bien no llegaron a publicarse: Historia y dialctica en la economa, de Otto Morf; Corrientes actuales de la filosofa de la ciencia, de Gerard Radmitzky -corresponsal y detallista amigo de Sacristn-, Marxismo y revisionismo, de Bo Gustafson y Marx en la sociologa del conocimiento, de Hans Lenk.

* *

El meticuloso y amplio ensayo de Zeleny sobre la estructura lgica del Capital[2] de Marx es probablemente la elaboracin ms seria del punto de vista de reaccin al entusiasmo por los escritos del joven Marx[3] que fue parejo de la crisis del dogmatismo estalinista  [4]. No en vano la poca de preparacin del libro de Zeleny coincide con la de las otras dos cristalizaciones principales de un marxismo neo-cientificista en la tradicin de la II Internacional: los estudios del grupo Richta y los del grupo Althusser.

Pero la empresa intelectual de Zeleny se diferencia con apreciable ventaja de esas otras dos lneas emparentadas con la suya: est libre del vago progresismo del Richta filsofo, y tambin de la ignorante retrica que caracteriza a gran parte de la produccin del grupo de Althusser. Zeleny no es un marxlogo, sino un escritor de pensamiento inequvocamente socialista. Y ha ledo de verdad a Marx, en vez de limitarse a aconsejar su lectura.

El tema de este estudio de Zeleny es el problema epistemolgico de en qu medida la formacin del marxismo significa (si la significa, claro est) una revolucin de la nocin de ciencia. El autor no pretende plantear as una cuestin apocalptica, como si la presumible revolucin epistemological [5] no tuviera historia. Zeleny sabe muy bien -y lo dice- que, en todo caso, su tema contina, por innovadoramente que sea, la problemtica presente en el pensamiento y en la sociedad moderna desde el momento de claro ascenso de la burguesa europea, desde Bacon hasta Hegel, pasando por Descartes, Locke, Leibniz y Kant (por citar sus principales puntos de referencia en el campo de las ideas).

El hilo conductor de la investigacin es el anlisis de la estructura lgica del Capital. La concepcin de Zeleny [6] al respecto se podra resumir as: la principal obra de Marx sigue ante todo, en su estructura lgica, el movimiento de la sociedad burguesa. El sujeto del proceso que estudia  El Capital no son los hombres. La causa de ello es que tampoco en el movimiento histrico real de la sociedad burguesa no son los seres humanos el sujeto soberano (Hasta aqu el resultado -no los anlisis, incomparablemente ms exactos en la obra de Zeleny- coincide con la posicin ideolgica del grupo Althusser). Pero si los hombres no son el sujeto del movimiento estudiado en El Capital, o no son el sujeto soberano de ese movimiento, es porque en la realidad burguesa el sujeto soberano es el capital. El sujeto del movimiento estudiado por El Capital es el capital.

Se puede diferir de esa interpretacin. Pero, en todo caso, es obligado reconocer que se trata de la versin ms slida del punto de vista que consiste en situar El Capital en el centro de la obra de Marx (la economa, pues, en el centro del pensamiento socialista  [7]) y no poner en primer trmino lo que fue ttulo inicial de la empresa y se conserva como subttulo de su parcial cumplimiento: Crtica de la economa poltica. Su solidez, la calidad cientfica, de la investigacin de Zeleny, le evita presentar, en el plano epistemolgico, hinchadas vaciedades como contenido de la revolucin del concepto de ciencia por el marxismo. En las pginas de Zeleny Marx no aparece descubriendo continentes ms conocidos que el Mediterrneo -como en la retrica francesa-, sino intentando con un xito importante algo que estuvo desde antiguo presente en la intencin intelectual de todos los pensadores revolucionarios: articular racionalmente el conocer con el hacer, lo que se sabe del mundo social con la voluntad de revolucionarlo. Zeleny, situado en el acadmico ambiente del marxismo centroeuropeo, dice eso con los tecnicismos tradicionales y, a la vez, de moda en la primera mitad de los aos sesenta: la formacin del marxismo significa segn l la superacin de la contraposicin tradicional entre gnoseologa y ontologa en un mtodo filosfico de investigacin lgica de fundamentos que es nuevo en sus principios y se podra llamar, desde el punto de vista de su contenido, mtodo onto-praxeolgico.

Este importante ensayo de Zeleny podra contribuir a poner, por fin, en un marco exacto, limpio de retrica e imprecisin parisiense, la lucha entre los que creen que en el principio de la dialctica revolucionaria est la Palabra y los que creen que est la Accin [8].

*

Notas edicin:

[1] En carta de 12 de julio de 1972 dirigida al Sr. Vives de Ediciones Grijalbo (Referencia Coleccin Teora y realidad) se manifestaba Sacristn en los trminos siguientes sobre la direccin de la coleccin: Confirmo la comunicacin verbal probablemente ya hecha por D. Jacobo Muoz, en el sentido de que slo el nombre de ste, y no el mo tambin, ha de aparecer como director de la coleccin Teora y realidad, ya que slo l ha trabajado sistemticamente hasta ahora en la seleccin y la planificacin de la serie.

[2] Las siguientes notas de la versin castellana del ensayo muestran nuevamente la constante preocupacin de Sacristn por hacer comprensibles sus trabajos de traduccin al lector no especialista. Represe, por ejemplo, en la ltima nota:

1. Zeleny (JZ): ... se trata, en suma, de reculer pour mieux sauter (p.12). MSL: El uso de esta expresin francesa es una alusin a Lenin, que sola utilizarla al hablar de dialctica.

2. JZ: (En el curso de esta discusin llamaremos a las primeras relaciones lgicas F-consecuencia y F-derivacin o F-derivabilidad, y le llamaremos parte B a la parte matemtica citada por Marx. Parte A ser la lgica-dialctica). MSL: La F de F-consecuencia, etc es un uso de Carnap. Puede entenderse sin grave deformacin que esa F significa el adjetivo formal.

3. JZ: Segn eso, las premisas se pueden escribir del modo siguiente: 1. X v Y. 2. X & Y. 3. Z -> (noX & noY). Conclusin: 4. no-Z. MSL: Para la consecuencia (y la derivacin) bastan en realidad las premisas 2-3. El autor est obligado a dar, adems, 1 para traducir bien el ejemplo que comenta.

[3] De la carpeta OME HOJAS, depositada en Reserva de la BC de la UB, estas anotaciones de Sacristn sobre el Marx joven: Schriften. Manuskripte. Briefe bis 1844 [Escritos. Manuscritos. Cartas hasta 1844]. Berlin, Dietz Verlag, 1974 (1968)

I. De las Beilagen [Anexos].

1. Por dos veces se separa en su retrospeccin de la contraposicin ser-deber ser. Su hegelismo tiene un centro muy claro (pp.3, 4). p. 5: es en la crtica de su ensayo de Filosofa del Derecho (perdido). Intensidad del hegelismo en la expresin.

2. KM: Del idealismo, que, dicho sea de paso, compar y aliment con el kantiano y el fichteano, da en buscar la Idea en lo real mismo (p.8). MSL: Por como lo escribe, da la impresin de que el empezar el proceso de bsqueda de la idea en lo real no se supiera an hegeliano.

II. Notas crticas a un artculo de Ruge.

1. Indica los workhouses y Napolen como los primeros encarcelamientos de pobres (-> Foucault) (Notas crticas al artculo El rey de Prusia y la reforma social, por un prusiano).

2. Las posiciones ms antiestatalistas de su vida (p. 237) Sobre todo la tesis final -El Estado se basa en la contradiccin entre la vida pblica y privada, entre los intereses generales y especiales. Por tanto la administracin tiene que limitarse a una actividad formal y negativa, toda vez que su poder acaba donde comienzan la vida burguesa y su trabajo- es de otro mundo (que quiz no haya existido nunca).

3. Para las tres fuentes: Hay que [reconocer] que el proletariado alemn es el terico del proletariado europeo, como el proletariado ingls es su economista nacional y el francs su poltico (p. 241). El contexto es una elogiosa comparacin de la insurreccin de los tejedores silesios con el movimiento obrero ingls y el francs.

4. KM: La desproporcin entre el desarrollo filosfico y poltico no es ninguna anormalidad. Es una desproporcin necesaria Slo en el socialismo puede hallar un pueblo filosfico su praxis correspondiente, y por tanto slo en el proletariado el elemento activo de su liberacin (p. 241). MSL: La arbitrariedad hegeliana y patritica es, por cierto, irritante. Pero debajo hay realidad. La realidad que subyace al desencanto sobre la democracia y al nuevo problema de la clase revolucionaria. Poltica sera la actitud de aceptacin de base y cultura.

5. La ms tajante exposicin de su pensamiento de la relacin entre socialismo y revolucin. La revolucin como slo destruccin (por ser poltica). La construccin no (...) sin revolucin el socialismo es irrealizable. En tanto en cuanto el socialismo necesita destruccin y disolucin, este acto poltico le es imprescindible. Pero all donde comienza su accin organizativa, donde de abre paso su fin inmanente su alma, el socialismo se deshace de su envoltorio poltico (p. 245). Contexto de tono muy neo-crata (poder, etc). Todava no casa con lo que ser su tendencia cientfica.

[4] En 1971, en Sobre el marxismo ortodoxo de Gyrgy Lukcs (Sobre Marx y marxismo, ed cit, p.244), Sacristn sealaba que en Lukcs, como en cualquier comunista inteligente, crtica del estalinismo es autocrtica, porque no es sensato creerse insolidario de treinta aos del propio pasado poltico, aunque uno tenga slo veinte.

Sobre las diferencias bsicas entre el leninismo y el estalinismo histricos, en una conferencia de 1978 (Sobre el estalinismo, mt 40; ahora recogida en M. Sacristn, Seis conferencias, Barcelona, El Viejo Topo, 2005), apuntaba:

(...) no faltan diferencias muy visibles entre el leninismo histrico y el estalinismo histrico, entre el leninismo real, digamos, que existi y el estalinismo real. Por limitar este breve repaso a cosas que todos tenemos obviamente ms o menos presentes, concentrara las diferencias ms visibles en torno a stas: Por una parte, la cantidad de poder acumulado en el sistema stalinista... Este sera el primer rasgo diferenciador de los muy visibles, de los que se aprecian ya a primera vista: la diferente concentracin de poder (...) Dira que otro rasgo diferencial es que aunque sin duda la Cheka se haya fundado bajo Lenin, aunque sin duda haya habido ya bajo Lenin, en el leninismo clsico, fenmenos tan dolorosos como el de Kronstadt, por ejemplo, y muchos otros, sin embargo el terror bajo la poca de Stalin se diferencia en que tiene como principal orientacin el ser un terror contra la vieja guardia bolchevique, contra el mismo partido (...)

El tercer rasgo sera, en su opinin, el apoyo del estalinismo en el nacionalismo ruso. Todo ello estaba relacionado con un ltimo rasgo muy diferenciador:

(...) Todo ello est relacionado con un ltimo rasgo que yo dira muy diferenciador de cualesquiera que hayan podido ser las durezas y violencias de la poca del poder sovitico en vida de Lenin. Ese cuarto rasgo se desprende un poco de los anteriores. Es el cinismo ideolgico...Para l, la ideologa y la teora es una pura cobertura de cada momento de las necesidades prcticas, con un desprecio por la teora que el equipo leninista jams haba sentido (ms bien el equipo leninista si en algo haba pecado en eso era de todo lo contrario. De una costumbre, muy de intelectuales por lo dems, de estar siempre fijndose en todos los detalles de la teora) (...) Incluso la nocin de socialismo ha quedado falseada desde entonces. En la tradicin socialista se llamaba socialismo a una determinada forma de vida. A partir del estalinismo y durante muchos aos -yo recuerdo cuando lo haca- hemos usado socialismo para significar slo la obtencin de algunos instrumentos de lo que creamos que era el socialismo; por ejemplo, estatalizacin econmica, etc. La misma palabra socialismo ha quedado prcticamente afectada en ese perodo.

[5] Sobre la existencia o inexistencia de ruptura epistemolgica en la obra de Marx, debatido asunto en la marxologa de los aos sesenta, este fragmento de su voz Marx, Karl, escrita para la Enciclopedia Larousse, p. 6272 (ahora en M. Sacristn, Lecturas de filosofa moderna y contempornea, Madrid, Trotta, 2007, edicin de Alberto Domingo Curto):

(...) Las vicisitudes y puntos de inflexin de la evolucin intelectual de Marx, tan rica y resuelta como la de cualquier otro pensador importante, suscitan dos problemas que son actualmente [1967] tema de la mayor parte de la literatura marxiana: el de los cortes, rupturas o censuras, que haya podido haber en esa evolucin, especialmente entre los aos 1842-1847, y el de la naturaleza del trabajo terico de Marx, tan directamente ligado (a diferencia del trabajo intelectual tpico moderno, por ejemplo, el de un fsico) con objetivos prcticos (polticos revolucionarios). Respecto del primer problema, cabe decir, al menos, que un examen de la evolucin intelectual de Marx, por curioso que sea, permite identificar no uno, sino varios puntos de inflexin (alguno incluso posterior a El Capital ), ninguno de los cuales, sin embargo se revela como ruptura total. (El propio Marx no parece haber tenido conciencia de ninguna ruptura total: en 1851, por ejemplo, seleccionaba para encabezar una publicacin de sus escritos un artculo del aos 1842, las Observaciones acerca de la reciente instruccin prusiana sobre la censura). En cuanto al segundo problema, parece tambin claro que Marx ha practicado con los temas econmicos un tipo de trabajo intelectual no idntico con el que es caracterstico de la ciencia positiva, aunque si compuesto, entre otros, por ste. Es incluso claro que Marx atribuye un peculiar estatuto intelectual a toda ocupacin cientfica general con los problemas econmicos. As escribe, por ejemplo, en el citado prlogo de la 2 edicin del vol I de El Capital. En la medida en que es burguesa -o sea, mientras conciba el orden capitalista como forma absoluta y nica de la produccin social, en vez de como estadio evolutivo transitorio- la economa poltica no puede mantenerse como ciencia, sino mientras la lucha de clases sea latente y se manifieste slo en fenmenos aislados. Marx no ha hecho nunca afirmacin parecida acerca de ninguna otra ciencia.

[6] Hay una referencia a este ensayo de Zeleny en una carta de Sacristn, marzo de 1971, dirigida al editor Grijalbo:

Amigo Grijalbo:

tengo resueltas unas cuantas cosas pendientes, y como me encuentro en psimas condiciones de tiempo, prefiero dejarle este sobre en su casa para que vaya utilizando el contenido. En cuanto que tenga un poco de respiro le llamar...

Me he llevado una gran alegra al ver que los checos nos ceden el libro de Zeleny. Le adjunto traduccin de la carta y de los contratos. Comentaremos la cosa cuando nos veamos. Yo confo en que el libro sea un verdadero xito. Con amistad, Sacristn.

Su traduccin de la carta de la editorial Dilia era la siguiente:

Querida seora (Grijalbo):

Acusamos recibo de su carta del 9 de febrero de 1971 sobre la traduccin espaola de la obra La estructura lgica del Capital de Marx, del seor Jindrich Zeleny. Rogamos nos disculpe el retraso con que contestamos a su carta; ocurre que el autor no ha vuelto a Praga hasta estos das. El autor est enteramente de acuerdo con las propuestas de usted, razn por la cual le enviamos el contrato que hallar usted adjunto en cuatro ejemplares.

Por lo que hace al ttulo, el autor est de acuerdo en que el ttulo espaol sea La estructura lgica del Capital de Marx y en que lo obra se traduzca de la edicin publicada por la casa Akademie Verlag de Berln o de la edicin austriaca publicada con el ttulo de La ciencia de la lgica y el Capital, por ediciones Europa Verlag de Viena. El autor no desea hacer ninguna modificacin al texto; su nica condicin es que reciba la nota previa, el prlogo o eplogo que ustedes crean necesario aadir a la edicin espaola, para aprobarlos en su caso.

Hemos observado que prevn ustedes una primera tirada de 3.000 ejemplares cuyo precio de venta se situara entre las 230 y las 300 pesetas.

Esperamos que el contrato merezca la aprobacin de ustedes y los rogamos, en ese caso, que nos devuelvan tres copias firmadas, una de las cuales recibirn de nuevo ustedes, firmada por el autor.

Esperando con placer sus noticias les rogamos....

P.S. Podran ustedes indicarnos el cambio pesetas-dlares?

Dilia. Departamento literario. Rudolf Sponar.

Carta a la que Sacristn haca las dos observaciones siguientes: 1. Al mandarles el contrato se les prometer que enviaremos el prlogo -si lo escribimos, que creo que s- al autor. 2. No es asombrosa la pregunta sobre los dlares por parte de una agencia comercial?. El prlogo anunciado no lleg a escribirse.

[7] Sobre el esquema clsico marxiano, en el modo capitalista de produccin o en otras formas econmicas, en torno a la oposicin entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de produccin y sobre las condiciones de posibilidad de una revolucin social, este paso del seminario Problemas actuales del marxismo (1977):

(...) Dgase lo mismo de lo que en el plano de la produccin, no ya en el plano de la propiedad corresponda a esa acumulacin enorme, concentracin enorme y centralizacin tambin enorme de los medios de produccin, a saber: un desarrollo imprevisto de las fuerzas productivas. Hay un ejercicio histrico que yo recomendara mucho para esclarecer este tipo de problema en el marxismo contemporneo: cuando Marx dice que el modelo en la base productiva sobre el que se asienta todo el modelo de la revolucin es la contradiccin, en el capitalismo, entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el esquema de las relaciones de produccin y propiedad, estaba pensando en unas fuerzas productivas infinitamente ms pequeas, dicho, desde el punto de vista del crecimiento, de lo que son las fuerzas productivas que el capitalismo ha conseguido desarrollar. Algunas, no todas. En la imaginacin de Marx desde luego no habra cabido un sistema de relaciones de produccin capitalista como el actual con unas fuerzas productivas como las actuales. Para l ya las existentes entonces estaban condenadas a chocar con las relaciones de produccin capitalistas y a no poder seguir desarrollndose mucho. Por lo menos eso lo ha credo -y publicado- hasta el libro primero de El Capital, hasta finales de los aos sesenta del siglo pasado. No exagero al decir que Marx no poda ni imaginar fuerzas productivas como las que conocemos. Pero esto entonces lo que pone en discusin es nada menos que el modelo de la revolucin socialista de Marx y nos plantea a los marxistas contemporneos un nuevo dilema que sumar al dilema reforma-revolucin, el dilema que yo describira con las palabras progreso-revolucin.

A lo que aada Sacristn:

[] Dicho con trminos as, muy simples, el modelo de revolucin en la base visto por Marx era un choque del progreso con las relaciones de produccin que desencadenaba la revolucin. En cambio, a lo que estamos asistiendo es a un progreso -en el sentido de progreso en la cultura burguesa- que hasta ahora no se ve frenado, sin que se produzca ninguna revolucin (...). El progreso ha sido enorme, el desarrollo de las fuerzas productivas increble para Marx, pero no ha cambiado el poder. A esto que dicho as sirve para hacer una apologa del capitalismo, hay que aadirle dos cosas: la cosa bsica de que el capitalismo no ha dejado de moverse a travs de crisis y contradicciones y, adems, que han aparecido nuevos fenmenos crticos no conocidos por Marx. Quiere decirse: por una parte, Marx no ha conocido cierta potencialidad de crecimiento de las fuerzas productivas del capitalismo que hoy conocemos, pero tampoco ha conocido ciertos riesgos de catstrofes del capitalismo que hoy conocemos (...), las dos principales: la crisis demogrfica y la crisis del medio natural, la crisis de la naturaleza que est provocando el capitalismo...

[8] John Holloway ha sealado una interesante alternativa a esta disyuntiva excluyente bblico-fustica: En el principio es el grito. Nosotros gritamos. Cuando escribimos o cuando leemos, es fcil olvidar que en el principio no es el verbo sino el grito. Ante la mutilacin de vidas humanas provocada por el capitalismo, un grito de tristeza, un grito de horror, un grito de rabia, un grito de rechazo. NO! (J. Holloway, Cambiar el mundo sin tomar el poder, Barcelona, El Viejo Topo, 2002, p.11). Holloway apunta, por una parte, que las palabras de San Juan no deberan tener inters slo para los eruditos de la Biblia, sino que estn en la base de la teora posmoderna al privilegiar el lenguaje, amparndose en este interesante paso de M.Foucault: (...) con Nietzsche, con Mallarm, el pensamiento fue conducido de nuevo, y en forma violenta, hacia el lenguaje mismo, hacia su ser nico y difcil. Toda la curiosidad de nuestro pensamiento se aloja ahora en la pregunta. Qu es el lenguaje, cmo rodearlo para hacerlo aparecer en s mismo y en su plenitud? (Op.cit, p.41, n.10). Y cul es entonces, segn Holloway, la diferencia entre en el comienzo fue el grito y la aseveracin de Fausto de que en el principio fue la accin? La diferencia est en que la afirmacin de Fausto sugiere la reflexin atenta de alguien que permanece fuera del proceso y llega a una conclusin, mientras que el nfasis en el grito es una reflexin ms inmediata de (y no sobre) la experiencia, el grito de alguien que estando perdido quiere encontrar una salida, no la conclusin pensada de alguien que, ya estando afuera, quiere explicar (Op.cit, p.43, n.13).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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