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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2010

Envejecimiento, pensiones: contra el reduccionismo neoliberal

Albert Recio
Mientras tanto electrnico


I. Los fundamentos de las polticas de bienestar estriban en garantizar la seguridad econmica de las personas, en su capacidad de satisfacer necesidades bsicas a lo largo de toda su vida, mediante la combinacin de empleo y prestaciones pblicas. stas deben disearse con el objetivo de cubrir todas aquellas eventualidades en que el empleo no es posible, bien por circunstancias personales (enfermedad, discapacidad, jubilacin), bien porque la actividad econmica es incapaz de ofrecer empleo. En sus orgenes, al final de la Segunda Guerra Mundial, formaban parte de un verdadero pacto social en el que el capitalismo iba a ser mantenido a cambio de garantizar esta seguridad econmica bsica al conjunto de la poblacin. Es obvio que el neoliberalismo signific la ruptura unilateral de este pacto aduciendo falsas razones.

Asistimos a una nueva ofensiva contra una parte de estas polticas, las de jubilacin, alegando que el envejecimiento de la poblacin obliga a un nuevo ajuste. Como es habitual en este tipo de planteamientos, se naturalizan los problemas para justificar polticas que apelan a dilemas sociales ms complejos. Contamos ya con diversas aportaciones crticas (de Josep Gonzlez Calvet, Miren Etxezarreta, Juan Torres, Vicen Navarro...) que permiten cuando menos discutir aspectos clave del discurso dominante, y que permiten explicar en parte por qu fallaron las anteriores previsiones (realizadas por las mismas personas y los mismos centros de opinin), como las que se refieren a la simple extrapolacin de la evolucin demogrfica. Seguramente, cuanto mayor es el perodo estimado de tiempo en el que se hacen las previsiones, mayores son las posibilidades de que stas fallen y, por tanto, menor es la fiabilidad de las extrapolaciones simplistas. Igual ocurre con otras variables clave en los modelos, como la del empleo o la del aumento de la productividad per cpita. Si algunas de las variables de los modelos son inciertas, es asimismo discutible que la nica forma de financiar la seguridad social sea la actual, basada en contribuciones sobre los salarios. Y buena parte de las justificaciones del ajuste actual se basan en mantener inalterado el modelo de financiacin (basado en contribuciones salariales), lo que justifica la va del recorte como la nica posible. Asimismo, estn claros los intereses sociales de los promotores de las reformas, defensores de la creacin de un sistema obligatorio, suplementario, de fondos de pensiones que dara una enorme posibilidad de negocio al sistema financiero (por no repetir notas anteriores, sigo aconsejando entrar en la web de Fedea y ver quines son sus patronos, qu intereses tienen). Vale tambin la pena estudiar cul ha sido la evolucin real de estos fondos, qu ha ocurrido en pases como Chile (donde constituyen el centro del modelo de jubilacin), y debera an considerarse el papel que ha desempeado la expansin de los fondos de pensiones en la financiarizacin del sistema econmico y, en definitiva, en la generacin del caos financiero actual. Todo esto ya se ha comentado, aunque merece la pena profundizar en ello, afinarlo y discutirlo.

II. Aunque las razones esgrimidas para oponerse a las actuales reformas son potentes y adecuadas, creo que hay otras cuestiones que deben plantearse, tanto para erosionar las razones del ejrcito de propagandistas del capital financiero como para empezar a buscar soluciones a los problemas en los que fundamentan su posicin.

Una primera cuestin que hay que discutir es la visin acerca del mercado laboral que legitima las propuestas de alargar la edad de jubilacin y calcular la retribucin sobre la base del conjunto de la vida laboral. El supuesto subyacente en su anlisis es que la vida laboral de cada cual es un mero proceso de eleccin individual, que la gente se jubila cuando quiere. Pero, por lo que sabemos del mercado laboral, las cosas son bastante diferentes, y ello por razones diversas. El empleo es ms o menos estable en funcin del tipo de actividad que cada uno realiza, lo que a su vez guarda una estrecha relacin con la posicin social de cada cual, el gnero, la nacionalidad, etc. Algunos sectores de actividad estn ms sujetos a variaciones que otros, y, en general, las personas que ocupan muchos de los empleos de bajos salarios estn ms expuestas a experimentar perodos de desempleo que otras mejor situadas en la jerarqua social (especialmente porque, al disear estos empleos, las empresas tratan de cargar el riesgo y la variabilidad de muchas actividades sobre las espaldas y los bolsillos de la poblacin asalariada ms dbil socialmente). Sabemos tambin que las ofertas de empleos a tiempo parcial o estacionales, caractersticos del mercado laboral femenino, estn asociadas a esta misma lgica. Al final, lo que cada uno ha cotizado es el resultado de una vida laboral ms o menos azarosa en la que las decisiones personales han tenido un papel secundario.

Asimismo, las condiciones de salud a las que uno llega a partir de los sesenta aos son muy diferentes en funcin de la vida laboral anterior (incluida la doble presencia en el espacio mercantil y en el domstico que, al menos hasta hoy, caracteriza a la experiencia vital de la mayora de las mujeres). Propugnar que todo el mundo puede alargar de la misma forma su vida laboral hasta los 67 aos es una muestra no slo del clasismo que impera en la Academia econmica, sino tambin del desconocimiento de los datos sobre salud que expresan una relacin clara entre los aos de vida y la experiencia laboral. Todo ello sin contar tambin con que, en el perodo final de la vida laboral, las personas experimentan desigualdades enormes en sus posibilidades de empleo: mientras que algunos pueden elegir libremente alargar la vida laboral (caso de los profesores de universidad) y otros negociar razonables sistemas de prejubilacin (el personal de grandes empresas, especialmente en sectores como el financiero), a otros, en cambio, la prdida del empleo les supone una vida de paro y precariedad en los aos finales de su vida laboral mercantil...

Una poltica justa debera ser capaz de reconocer todas estas desigualdades y tratar de paliarlas, algo que podra hacerse de formas diversas: variando las edades de jubilacin segn los empleos y las condiciones objetivas, estableciendo medidas compensatorias (va impuestos) en favor de los colectivos afectados por mayores alteraciones en el empleo, estableciendo escalas de pensin aceptables para todo el mundo Unas propuestas que exigen no slo intervenir en las polticas de jubilacin, sino tambin reorganizar la vida empresarial y laboral. Se trata de algo que resulta evidente cuando se considera la necesidad de alcanzar una adecuada articulacin entre actividad mercantil y actividad domstica, adaptndolas a ciclos de vida y necesidades cambiantes y con el objetivo de reducir sustancialmente las desigualdades de gnero. O cuando nos planteamos que todo el mundo debe tener derecho a una vida social digna (de trabajo, relaciones sociales y participacin social). O cuando, simplemente, nos planteamos la necesidad de introducir medidas justas en campos como la salud.

La estilizacin del mercado laboral de la que parten los defensores de una sola medida no es ms que la proyeccin de sus condiciones de empleados acadmicos de elite a un mundo real mucho ms diverso (y, para muchas personas, inhspito). Sin duda, plantear polticas como las que propongo no slo constituye una confrontacin de clase, sino que obliga a cambiar la situacin relativa de ciertos grupos de trabajadores, lo que puede generar tensiones y resistencias en el seno de las mismas organizaciones obreras. Por poner un ejemplo, computar toda la vida laboral en el clculo de las pensiones empeora claramente la pensin de los empleados que han podido mantener un empleo a lo largo de su vida laboral (o que han experimentado una carrera ascendente), pero puede mejorar, en cambio, la pensin de aquel trabajador que ha perdido un buen empleo relativo y en los ltimos aos de su vida laboral ha tenido que sobrevivir en empleos peores. Aunque las reformas se proponen con el claro objetivo de reducir el tamao de las prestaciones y, por tanto, merecen un rechazo frontal, hay que aprovechar el debate para introducir mejoras que generen ms equidad; como el reciente aumento de las cotizaciones de los autnomos, un sistema que en el pasado ha favorecido injustamente a los pequeos empresarios bajo la coartada de proteger a los trabajadores autnomos menos afortunados.

III. Tommonos en serio el envejecimiento, un xito en gran medida de las sociedades modernas. Si muchos vamos a vivir ms aos y a partir de un cierto momento vamos a tener menos vigor laboral (aunque, insisto, posiblemente hay una enorme variedad de situaciones y, en parte, una posibilidad de reorganizar la vida laboral), es lgico que una parte mayor de la renta global se distribuya va pensiones. El problema estriba en cmo organizar un nuevo sistema ms igualitario, de distribucin de la renta. Si la renta total sigue creciendo, ello significa que estaremos en condiciones de distribuir mayor producto entre todos. Si la renta se estanca o disminuye, a causa de la cada demogrfica o simplemente porque la crisis ecolgica impide mantener los niveles de destruccin/despilfarro actuales, seremos globalmente ms pobres, y parece razonable que tambin en este caso la austeridad se reparta entre todos. Por esto parecera lgico que, cada vez ms, las polticas distributivas se debatieran en su globalidad y no que, como se hace con el recorte de las pensiones, simplemente se obligue a un colectivo a cargar sin ms con todo el ajuste. Esto es especialmente injustificado en Espaa, un pas que, pese a tener un porcentaje de poblacin mayor de 65 aos algo superior a la media de los pases de la OCDE (el 25% frente al 24%), dedica a pensiones 3 puntos menos del PIB (el 9,2% frente al 12,3%), lo que supone que un porcentaje mayor de la poblacin se reparte una menor proporcin de la renta total. Creo que en el futuro va a ser difcil mantener el actual nivel de despilfarro productivo, aunque existen enormes posibilidades de racionalizar nuestro modelo de vida y alcanzar niveles de vida satisfactorios, pero precisamente por ello considero que debemos introducir el debate de la distribucin general, que incluye no slo las pensiones, sino tambin los salarios, las rentas del capital y los impuestos.

Hay otro aspecto del envejecimiento que se pasa por alto. Lo que ya sabemos es que en una sociedad envejecida no slo se requieren ms pensiones, sino tambin ms trabajo, especialmente para atender a la franja de personas mayores, necesitadas de grandes dosis de cuidados. Se trata de una atencin que hoy sigue cargndose injustamente sobre las mujeres (incluida la nueva subcasta de las inmigrantes pobres), una situacin que debe generar un nuevo debate acerca de cmo cubrir estas necesidades sociales, de cmo repartir justamente esta carga de trabajo, de cmo garantizar un final de vida digno a todo el mundo. Algo que la Ley de Dependencia ha planteado sin resolver satisfactoriamente, y algo que exige tambin cambios en la esfera laboral, las polticas pblicas y los roles de genero. Tambin aqu los partidarios del ajuste desconocen o ignoran una dimensin bsica de la cuestin.

IV. Parar la ofensiva del recorte va a costar. Lo hemos visto en Francia, en Alemania y en el Reino Unido. Y a pesar de todo hay que responder. No slo con polticas defensivas del statu quo, sino tambin planteando alternativas que reconozcan la complejidad de los dilemas a los que hay que dar respuestas. Que planteen justicia, equidad frente a lo que en su mayor parte son brutales intereses crematsticos justificados por intelectuales de elite que nunca van a experimentar en carne propia los padecimientos que proponen como medidas necesarias.


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