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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-11-2010

Tarjetas rojas y rendicin de cuentas de los polticos

Pablo Iglesias Turrin e igo Errejn Galvn
Rebelin


El pleno del Ayuntamiento de Valladolid vot el pasado 2 de noviembre una mocin, impulsada por el PSOE e IU, de reprobacin de las palabras de su alcalde, Francisco Len de la Riva, quien dijo pensar siempre lo mismo al ver los morritos de Leire Pajn. Durante el pleno, un grupo de vecinos se levant mostrando tarjetas rojas al alcalde que reaccion ordenando a la polica desalojar a los vecinos.

Dos semanas antes, el jueves 21 de noviembre, estudiantes de la Facultad de Ciencias Polticas de Complutense haban recibido a Rosa Dez de la misma forma, leyendo adems un comunicado donde denunciaban que la diputada de UPyD pretenda usar el rechazo que su presencia despertaba entre los estudiantes de izquierdas como trampoln meditico.

Las encuestas sobre intencin de voto y valoracin de los lderes polticos estn mostrando un notable desapego ciudadano hacia sus representantes as como un creciente cuestionamiento de la calidad democrtica de un sistema poltico cada vez ms mediatizado. La reduccin del debate poltico a un dilogo de pocos con agendas cerradas y la creciente tecnificacin de la poltica son factores que, a su vez, contribuyen al desprestigio de la poltica en general y de los polticos profesionales en particular. La denominada clase poltica se identifica, de hecho, con unas lites que no parecen rendir cuentas de su actividad ms que ante s mismas.

Las prcticas de democracia participativa, por el contrario, constituyen un elemento de oxigenacin democrtica de la esfera pblica en la medida en que abren vas de rendicin de cuentas (accountability) por las que los ciudadanos pueden interpelar a los polticos, reprocharles, alabarles o discutir con ellos.

En sociedades tan mediatizadas como las nuestras lo fundamental de toda iniciativa poltica que aspire a cierto xito es su capacidad de comunicar a partir del manejo de cdigos simblicos y golpes de efecto. El estilo hipermeditico de lderes y movimientos tan dispares como Berlusconi, Obama, Chvez, Greenpeace, los colectivos antiglobalizacin o el Tea Party no es ms que una prueba de que participar en la lucha ideolgica del siglo XXI obliga a generar productos polticos capaces de funcionar en el medio audiovisual, incluso en condiciones muy adversas, como cuando la prctica totalidad de los medios de comunicacin no son afines al actor poltico que interviene. En este contexto, iniciativas como la de los estudiantes o los vecinos, por lo que tienen de comprometedoras para los interpelados, desbaratan el reparto de papeles entre el poltico (emisor de discurso) y los ciudadanos (receptores pasivos) y son por ello muy saludables en trminos democrticos.

Los argumentos que pretenden justificar que el alcalde de Valladolid desalojara manu militari a los vecinos que protestaban en el pleno as como las acusaciones de intolerancia contra los estudiantes de la Complutense que forzaron a Rosa Dez a escuchar la lectura de un comunicado pecan o bien de una cndida ingenuidad (que no merece ningn tipo de atencin politolgica) o bien de una hipocresa inaceptable. En el escenario poltico actual, los grandes medios han normalizado que la corrupcin salpique regularmente a la mayora los partidos polticos, que presidentes del gobierno justifiquen acciones militares basndose en pruebas abiertamente falsas o que los gobernantes admitan sin reparos obedecer dictados de organismos tan ajenos a la voluntad popular como los mercados o los organismos financieros internacionales mientras, paralelamente, tienden a dramatizar cualquier intervencin de actores polticos no institucionales (como los estudiantes o los vecinos). Pareciera como si el establishment poltico-meditico fuese tan indulgente y generoso consigo mismo como agresivo frente a la irrupcin de outsiders; grupos y movimientos sociales o ciudadanos annimos que slo tienen acceso a la esfera pblica mediante intervenciones imaginativas no convencionales.

Por otro lado, no hay que olvidar que tanto Rosa Dez (que junto a Mara San Gil promovi y particip en organizadsimos abucheos contra dirigentes del PNV) como el PP (algunos de cuyos militantes saltaron al estrellato al obligar a Jos Bono a huir a la carrera de una manifestacin de la AVT) son especialistas en la bronca y el insulto como recursos meditico-polticos. Es lgico pensar que alguna vez tengan que saborear en boca propia el jarabe que tantos rditos les ha aportado.

No es casual que hayan sido los estudiantes de una facultad de polticas los creadores, a travs de las redes sociales, de la tarjeta roja como instrumento de sancin simblica para una clase poltica poco acostumbrada a rendir cuentas. Seguramente saben mejor que nadie que la poltica democrtica ha sido siempre el arte del conflicto.

Pablo Iglesias Turrin e igo Errejn Galvn son, respectivamente, profesor e investigador en la Facultad de Ciencias Polticas de la Complutense. Ambos son miembros del consejo ejecutivo de la Fundacin CEPS.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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