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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-11-2010

Entrevista al ensayista Santiago Alba Rico
"La represin y el recorte de derechos se van a intensificar. Y si no hay indicios de esperanza, habr que construirlos"

Galiza Livre
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En colaboracin con este portal, la Escola Popular Galega acaba de editar Todas as guerras, una seleccion de artculos de Santiago Alba Rico. Es la primera obra traducida a nuestro idioma del pensador madrileo, que colabora asiduamente con medios comnitarios de todo el planeta. Aprovechando la salida de este libro conversamos largamente con el autor. Retomamos as el hilo de la tertulia que, ya en 2005, mantuvimos con l y que fue publicada ntegramente en este portal y extractada en el peridico Novas da Galiza. Los efectos de la crisis, las dificultades de los proyectos emancipatorios o el sentido de la causa nacional fueron algunos temas que contrastamos con Santiago Alba Rico.

De la ltima conversacin que mantenamos han pasado ya cinco aos (O Pino, marzo de 2005). De aquella charla salan dos conclusiones relacionadas: nos decas que vivamos ya instalados en cierta forma de 'nihilismo y barbarie' en el capitalismo avanzado; y al mismo tiempo, que en este nuestro mundo occidental, 'no dejan de pasar cosas (en formato noticia), y al mismo tiempo 'nunca pasa nada', ya que nuestra realidad parece inamovible. Qu ha sucedido en este ltimo lustro? Piensas que se siguen deteriorando las condiciones materiales y espirituales y que la izquierda ahonda su desintegracin? O que, por el contrario, se apuntan algunos aspectos esperanzadores?

 Abordemos el asunto a partir de un indicio; si quieres, de una metfora. La casa Coca-cola ha abierto en el Estado espaol el primer Instituto de la Felicidad del mundo, dedicado a registrar las vibraciones ssmicas de la felicidad de los espaoles y a orientarles a partir de los consejos de sus expertos en felicidad. Vale la pena explorar su pgina web, donde encontramos bien ordenadas y clasificadas las variables que, segn Coca-cola, intervienen en la mayor o menor dicha de los seres humanos. Es ya significativo que sea la casa Coca-cola, responsable de toda clase de crmenes en los lugares donde fabrica su merfica frmula, mascarn de proa del imperialismo estadounidense, la que se arrogue la gestin y representacin de la felicidad mundial (se bebe Coca-cola en ms pases que miembros tiene la ONU), pero es an ms elocuente el hecho de que, segn el informe elaborado por el Instituto, Espaa es el pas ms feliz de Europa, con casi un 90% de felices convictos y confesos. Es extrao, si no extraordinario, que el pas ms afectado por la crisis, con ms de 4 millones de parados, con los ndices de trabajo precario ms altos de la UE, bajo un permanente retroceso de derechos sociales y laborales conquistados muy recientemente, la mayor parte de la poblacin se declare contenta y satisfecha. Hay que creer estos datos? Los encuestados mienten? Yo sacara dos conclusiones. La primera es que, en el marco referencial delimitado por la casa Coca-cola (el de la vida privada identificada con la familia y los placeres individuales del consumo) los resultados son bastante fidedignos. Pero al mismo tiempo, dira que ese marco referencial (el del hedonismo de masas que abreva ininterrumpidamente en el mercado) ejerce una enorme presin psicosocial sobre los encuestados: es vergonzoso, si no culpable, sentirse descontento o insatisfecho y nadie se atrevera a declararlo en voz alta. Nuestra obligacin es ser felices y no serlo indica ya una falla, una falta, una especie de pecado original. En las sociedades capitalistas avanzadas, hay una relacin de directa proporcionalidad entre la criminalizacin creciente de la poltica y la criminalizacin creciente de la infelicidad. La infelicidad es ya molesta, importuna, provocativa, subversiva. Hemos prohibido la infelicidad como hemos prohibido la disidencia en el espacio pblico. Y me parece una peligrosa situacin social, muy amenazadora en el futuro inmediato, la de una poblacin que 1. se cree con derecho individual a la felicidad, 2. est socialmente obligada a ser feliz y 3. es objetivamente despojada de las condiciones que le permitiran serlo. No hace falta mucha imaginacin para adivinar las consecuencias polticas de esta combinacin.

Motivos o indicios de esperanza? Si no los hay, habr que construirlos. Sigo pensando que la izquierda -si nombramos as al malestar individual acompaado de conciencia social- est infrarrepresentada y semisumergida y que es necesario trabajar para reunir todos esos rescoldos aislados en respuestas articuladas a partir, por el momento, de una acumulacin pasiva de vnculos sociales y conciencia poltica. Con un cierto retraso inevitable respecto del mamut enemigo que engorda muy deprisa por delante de nosotros, algo hemos avanzado en este sentido. La respuesta inesperada a la huelga general en Espaa (anunciada de antemano como un fracaso por los propios sindicatos colaboracionistas que la convocaron a regaadientes) es ya un dato a tener en cuenta. La crisis, como escriba en un texto, es tambin un kairos , una oportunidad que no debe aprovechar slo la derecha. Las protestas de Francia indican que, a la medida de los diferentes recorridos y temperamentos histricos, los pases europeos empiezan a tomar conciencia de lo que se les viene encima.

Este verano asistimos a la expulsin de gitanos en Francia, sin que se motivara por ello demasiado revuelo social; los atropellos legales contra independentismos e izquierdas aumentan ao a ao. Piensas que an tendremos que mentalizarnos para un empeoramiento de la situacin?

 Con toda certeza. Toda crisis es al mismo tiempo un nuevo proceso de acumulacin (de lucha de clases consciente por parte de los gestores del capitalismo) y todo proceso de acumulacin se refleja en un triple frente: despojamiento, legislacin y represin. Estamos ya en ese punto en el que los gobiernos pueden actuar -digmoslo con Aznar- sin complejos, sin concesiones a la hipocresa polticamente correcta que, sin embargo, an serva de muro de contencin institucional hasta hace pocos aos. Este triple movimiento -despojamiento, legislacin, represin- nos afecta a todos, pero ms claramente, o antes que a los dems, a los inmigrantes y a los activistas polticos. Las nuevas leyes contra la inmigracin de los ltimos aos favorecen una solucin populista a la crisis, alimentando un racismo social contra todos aquellos grupos de poblacin que de pronto se perciben como marginales, redundantes, remanentes o inasimilables. En el terreno propiamente poltico (y por referirnos al independentismo) basta ver la respuesta del gobierno espaol a la voluntad de normalizacin poltica de la izquierda abertzale en el Pas Vasco. Ms all o ms ac de las detenciones indiscriminadas, el proyecto de reforma de la ley de partidos, pactado por PSOE y PP y que ha pasado casi desapercibido, cierra definitivamente el acceso a las instituciones, con medidas abiertamente totalitarias, incompatibles con los estndares democrticos ms modestos, a cualquier fuerza que cuestione el marco de la constitucin.

Militas, por decirlo de alguna manera, en un marxismo ilustrado, o en una forma de izquierda progresista que caracteriza el tronco central del pensamiento crtico europeo. Sin embargo, incorporas a tus anlisis elementos de otras tradiciones filosficas, especialmente la crtica a la tecnologa (o por lo menos a la invasin tecnolgica). Es conciliable ese cierto pesimismo antropolgico con la praxis histrica del marxismo y del movimiento obrero?

 Marx insisti en recordar que era la naturaleza y no el trabajo la fuente de toda riqueza y advirti contra la destruccin de la tierra que acompaaba a la explotacin capitalista, pero estaba convencido -como no poda ser de otro modo en su poca- de las vitualidades emancipatorias del desarrollo de las fuerzas productivas. Una visin plana y cndida de esa ilusin, unida a la creencia no-marxista en la superacin dialctica, automtica, inmanente, del capitalismo domin toda la tradicin comunista y social-demcrata durante cien aos. Fue Walter Benjamin el primero, al menos en la izquierda, en alertar contra esta supersticin del progreso tecnolgico como motor de un progreso tambin social que se alcanzara dejndose sencillamente llevar, nadando a favor de la corriente. En una conocido nota a sus tesis sobre la historia, Benjamin escribi esa frase que compara el capitalismo con una locomotora fuera de control y que hoy es referente para todos los que pensamos en los lmites fsicos del planeta y en los lmites antropolgicos de la humanidad: Tal vez las revoluciones sean el momento en que la humanidad, que viaja en ese tren, alcanza la palanca de emergencia. Esa visin realista del capitalismo como antropolgica, social y ecolgicamente insostenible fue recogida por el ltimo Sacristn, quien no dej de recordar que las fuerzas productivas son al mismo tiempo destructivas. Esa misma idea, desarrollada desde fuera del marxismo y en terrenos distintos por Polanyi y Georgescu-Roegen, es hoy irrenunciable para toda crtica sensata del capitalismo y, como demuestran en Espaa Naredo o Fernndez Durn, debe ser incluida, junto a la obra de Marx, en el bagaje terico y militante de todos los esfuerzos colectivos en favor de otro mundo posible. Hay que recordar, en todo caso, que la critica ecolgica y social del capitalismo (y de su tecnologa ancilar) no responde a cambios estructurales en el capitalismo sino, al contrario, a la dinmica de su estructura misma, tal y como fue descrita por Marx hace 150 aos: a su necesidad ntima de reproduccin ampliada y de revolucin permanente de su base tcnica. Digamos que lo que ha ocurrido es que esa revolucin permanente ha acabado por dejar atrs al ser humano, entendido como el conjunto de condiciones econmicas, sociales, culturales, que permitan su supervivencia material (y desde luego una vida digna de ese nombre). Eso que llamas pesimismo antropolgico lo llamara yo, con Anders, conservadurismo ontolgico y es tan necesario como los otros dos aspectos que he indicado siempre como asociados a la emancipacin humana: el reformismo institucional y la revolucin econmica.

Dedicamos una parte muy importante de nuestras horas militantes a la comunicacin por internet. Es lo necesario, no nos queda otra porque desapareci el espacio pblico, o hay que comenzar a educarse en cierta autocontencin?

 Hemos sido empujados ah, no cabe duda, pero hemos cometido el error, al mismo tiempo, de concebir internet como una respuesta, una salida, una alternativa al empujn. He dicho muchas veces que, cuando an no hemos generalizado el paradigma letrado, la conciencia comienza a ser configurada por un nuevo paradigma que he llamado pantllico y que en realidad introduce a nivel de la percepcin muchos ms elementos insconscientes que la escritura (poderossima fuente de conciencia mecnica). Internet es, al mismo tiempo, una tcnica, una herramienta, un territorio y un rgano. Pero digamos que la dimensin organo domina sobre la dimensin herramienta o tcnica: est ms dentro que fuera de nosotros y, por lo tanto, es ms difcil de manejar. Permite menos distancias y su misma facilidad se convierte en una tirana: funciona solo, en nuestro interior (como un rin o un hgado), y permite tecnolgicamente prestaciones que son incompatibles con un cerebro finito y que, por su propia inmanencia orgnica, se convierten en obligatorias: la simultaneidad, el tiempo real, la velocidad total, la infinitud de las relaciones. Por todo esto, impone vnculos dbiles y superficiales, muy frustrantes y estresantes, al margen de los compromisos polticos, y tiempos sincrnicos fugitivos, incompatibles con la sucesin del anlisis y la escritura. Por lo dems, si es tambin un territorio -que ha multiplicado exponencialmente el espacio humano disponible y los lugares de encuentro- el nmero de fuerzas existentes en este nuevo continente, y la relacin entre ellas, es el mismo que existe fuera, de manera que internet no es un territorio libre sino otro territorio que hay que liberar. Dicho esto, hay que aadir que en todo caso tenemos que combatir tambin desde ese territorio y utilizar todas las grietas y todos los conductos que nos proporciona. Internet no garantiza ninguna victoria pero hoy es impensable luchar sin la red. Pero es imposible luchar sin la red. Pero no garantiza ninguna victoria; ni siquiera ninguna ventaja comparativa.

En los ltimos tiempos, parecen generalizarse en la base social izquierdista (en Galiza por lo menos), comportamientos o actitudes que pertenecen a la realidad que tanto criticamos: consumismo, tecnodependencia, hipermovilidad, exhibicin de pulsiones ntimas, incapacidad para solidificar lealtades y proyectos de largo plazo...en el extremo contrario, tambin aparecen crticas moralistas que recuerdan al ascetismo de algunos militantes de hace un siglo. Piensas que esta crtica moralista conduce a algn sitio o que, por el contrario, nos debemos conformar a convivir lo mejor posible con una realidad por ahora inamovible?

 Las causas del estado social lquido -por citar a Baugmann- no son morales sino estructurales y la respuesta no puede ser por tanto moral. Lo que s ocurre es que si uno toma conciencia de ese estado lquido, enseguida y como consecuencia -y no como clave de transformacin- tratar de solidificar su conducta a la medida de la realidad negada por el capitalismo, realidad que no slo es la nica compatible con la supervivencia material y cultural de la humanidad sino que es estticamente superior. No es el consumo responsable, por ejemplo, el que va a salvar el mundo, pero es incoherente aceptar que el mundo est en peligro y no asumir inmediatamente el principio del consumo responsable. Porque el consumo irresponsable, adems de irresponsable, es infantil, fantasioso, solipsista, insociable, primitivo, plutodependiente, frustrante, maleducado, cutre y poco elegante. Hay por lo tanto razones de peso, sociales y estticas, para no dejarse llevar por la corriente. El ascetismo como principio individual es de derechas; pero la conciencia de que toda solucin poltico-econmica pasa inevitablemente por un cierto ascetismo social -eliminacin del transporte privado, reduccin en general de los desplazamientos o renuncia, por ejemplo, a alimentos no producidos cerca de los lugares de consumo- va acompaada asimismo de un enriquecimiento chestertoniano de la vida. Chesterton era lo contrario de un asceta, pero s consideraba que ocurran muchas ms cosas en los lugares pequeos que en los grandes y que el cosmopolitismo era la peor y ms pobre forma de provincianismo. La reapropiacin de los lmites del cuerpo y de los entornos es una necesidad tica, si se quiere, pero es lo contrario de una renuncia puritana, como quiere hacernos creer el mercado. La crtica moralista es una forma de privatizacin ilusoria de las soluciones que se corresponde con la privatizacin real de la riqueza -que es el verdadero problema. Pero nacionalizar, socializar, colectivizar la riqueza significa, por eso mismo, reducir de tamao las existencias, volver a los cuerpos, detener los flujos, solidificar las relaciones, redimensionar los espacios. Todo eso slo puede hacerlo una revolucin econmica colectiva.

Eres de los pocos pensadores izquierdistas que te has detenido -aunque sea de pasada- e uno de los grandes fenmenos de nuestros movimientos: el escisionismo y la permanente conflictividad interna (estoy pensando en el artculo sobre las tropecientas candidaturas en las elecciones europeas). Como convivir con este mal endmico, que se produce a pesar de que todo el mundo lo critica y lo condena? Es superable o es estructural?

 Mira, no siento nostalgia de patria ni de territorio ni de costumbres o tradiciones, pero s de militancia en una organizacin poltica fuerte. Y sin embargo ni milito ni he militado nunca en ningn partido. Al mismo tiempo vivo fuera de Espaa, de manera que puedo contemplar esas divisiones intestinas desde una posicin de cmodo desasosiego -si se me permite la paradoja. Tengo amigos -ms an, camaradas- en todo el arco poltico de la izquierda: IU, IA, Corriente Roja, PCPE, etc. Como a la mayor parte de los que aspiran a un cambio poltico -como a los propios militantes- esas divisiones nos irritan, nos deprimen, nos desalientan profundamente. Y si parecen estructurales es porque se retroaolimentan en una espiral viciosa: reflejan y agravan -acusan y causan- la derrota histrica de la izquierda en Europa. Esas divisiones tienen que ver con las dificultades de la izquierda para introducir ningn efecto real en el mundo; son directamente proporcionales a la impotencia generalizada dominante. Lo he dicho otras veces: all donde no hay ningn poder, todo son relaciones de poder; all donde no se puede poner a prueba la razn, todos quieren tener razn. O hay Historia o hay Psicologa; y si Marx no puede morder la materia, Freud se apodera de las almas. En otro tiempo pens que haba que integrar esos partidos, buscar puntos de encuentro y alianzas polticas, pero hoy tengo la impresin, al contrario, de que es sobre todo la bsqueda de unidad a todo trance, en esta situacin de debilidad, la que provoca ms divisiones y asperezas. Quizs bastara con alcanzar un compromiso de no agresin recproca (y de colaboracin puntual) y dejar que cada una de esas organizaciones acumule fuerzas por su cuenta, confiando en que la realidad -y no la voluntad- les acabar imponiendo la unidad.

El contexto de los ltimos aos, la decadencia de los movimientos de masas, la inoperancia partidaria y sindical...ha llevado a la proliferacin de ciertos proyectos izquierdistas que, en trminos generales, apuestan por la 'fuga' ms que por el combate directo, con la habilitacin de ciertos espacios sociales 'vivibles'. A este respecto, me parece que en una entrevista llamabas a no confundir las 'condiciones' de la lucha con las 'soluciones' de la lucha. Podras desarrollar esta tesis?

 Yo no confundira la tesis del decrecimiento, perfectamente coherente con el anlisis del capitalismo como locomotora sin control, ni los trabajos tericos del grupo Krisis sobre el valor (interesantes, aunque limitados a mis ojos) con los proyectos comunitarios inspirados en la idea muy negrista de fuga y orientados a la constitucin de nichos habitables desde un punto de vista humano. Es respecto de stos ltimos que he dicho en alguna ocasin que el peligro estriba en confundir las condiciones de toda emancipacin (la redimensin de los cuerpos y los espacios) con las soluciones, las cuales pasan por la transformacin radical de las relaciones de produccin (y, por tanto, con la expropiacin o, mejor, la devolucin de los bienes colectivos, hoy en manos privadas). Puede que en un momento de retroceso o debilidad como el que estamos viviendo sea necesario, desde un punto de vista tctico, evitar la confrontacin. Pero la emancipacin no puede consistir en evitar la confrontacin por principio confiando en que esos nichos habitables se reproducirn por metstasis, se ampliarn y ensancharn, como una mancha de aceite, hasta apoderarse de todo el tejido social y revertir el sistema, al modo de un calcetn, sin tocar nunca ninguno de sus centros de poder. Huir de la confrontacin, no es precisamente lo que desean los gestores del capitalismo? Este tipo de experiencias, no son funcionales -y hasta lubricantes- para el sistema en su conjunto? No se trata de buscar o no la confrontacin; se trata de que -en este nuevo proceso de acumulacin del que hablaba ms arriba, con su triple frente expoliativo, legislativo y represivo- la nica manera de evitar la confrontacin es no ser molesto. La fuga slo es posible si se renuncie precisamente a introducir cualquier efecto en la realidad. El capitalismo permite y hasta induce toda clase de fugas: lo que no permite de ningn modo es el retorno .

Vives en la periferia y por lo tanto convives, supongo, con ciertas formas de sociabilidad que antes eran propias de Galiza o Espaa: la austeridad, la comunicacin cara a cara, el uso mesurado del lenguaje, el contacto con la naturaleza...en que medida continan estas realidades vivas en el 'tercer mundo'? Percibes alguna reserva de ese tipo en Europa desde la que se puedan articular resistencias?

 Ms que en la periferia, vivo -dira yo- en la provincia y aqu, si la vida es ms humana, sobre todo para los extranjeros sensatos, est ya troquelada por el mismo modelo mental, que es desgraciadamente universal. El centro de gravedad de las ciudades del Tercer Mundo -otra cosa es el campo- es el Centro Comercial, donde ricos y pobres niegan la lucha de clases en una comunin mental en el espacio . Lo que une es la mirada -el hecho de que todos miran con el mismo deseo las mismas mercancas- y poco importa si slo los ricos pueden comprarlas.

Para acabar: la edicin de una seleccin de tus artculos en gallego da continuidad a una cierta colaboracin con la lucha de nuestro pas, y acrecienta la lista de naciones no reconocidas con las que te has mostrado solidario. Hoy, cuando la reivindicacin nacional en ciertos pases europeos incluye la participacin de burguesas, partitocracias y proyectos reaccionarios (Catalua, Escocia, Flandes, incluso Pas Vasco), podemos considerar esta causa de los pueblos como un motor emancipatorio real?

 Empezar por expresarte mi satisfaccin por esta edicin de algunos de mis textos en galego. Y enseguida aclarar que no ahora sino siempre han sido las burguesas -liberales o reaccionarias- las que se han apoderado de todos los proyectos de emancipacin nacional. Eso no quiere decir nada acerca de los nacionalismos porque esas burguesas se han apoderado, desde 1897, de todos los proyectos y todos los conceptos (del republicanismo al Estado de Derecho). Mi posicin no ha cambiado en los ltimos cinco aos. Creo que todava hoy, por mucho que se hable de su desaparicin en el marco globalizado, todas las relaciones polticas pasan por el nacionalismo. Hay nacionalismos fuertes y nacionalismos dbiles y el cosmopolitismo es slo la ilusin elstica de los nacionalismos fuertes, cuyos beneficiarios pueden permitirse ir de vacaciones y volver a casa. Hay, s, nacionalismos fuertes y nacionalismos dbiles. La evidencia es que no se alcanza la espaolidad a travs de la democracia sino que -al revs- se obtiene un cierto grado de democracia a travs de la espaolidad. Pero los lmites de esa democracia estn impuestos por la espaolidad misma. La espaolidad, por ejemplo, no es tan democrtica como para espaolizar a todos los inmigrantes ni para desespaolizar, si as lo quisieran, a los vascos, los catalanes o los galegos. An ms: si se trata de impedir la espaolizacin de los inmigrantes estamos dispuestos a aceptar leyes racistas y campos de concentracin inhumanos y si se trata de impedir la desespaolizacin de los vascos estamos dispuestos a silenciar o aplaudir la ilegalizacin de partidos, la tortura y la criminalizacin poltica. El capitalismo -no lo olvidemos- es un modelo de relacin con el territorio o, mejor dicho, de apropiacin territorial, a la que es contradictoriamente funcional la forma Nacin-Estado. Bajo su hegemona, tanto la sumisin como la liberacin adoptan necesariamente un formato nacionalista. El nacionalismo, es verdad, masacr a millones de proletarios europeos en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, atiz el lebensraum nazi y el expansionismo fascista y aliment y sigue alimentando todos los imperialismos: desde el colonialismo europeo decimonnico hasta el neocolonialismo de Hulliburton o Repsol. Pero fue el nacionalismo tambin el que hizo la revolucin francesa, liber al Tercer Mundo -al menos nominalmente- tras la Segunda Guerra Mundial y expuls a los EEUU de Cuba. Como deca en un artculo de hace dos aos sobre el tema: Nacionalismos? Unos no y otros s : depende del enemigo, los mtodos y los objetivos. El reconocimiento de que la lgica de las clases y la lgica de los territorios se cruzan en el marco de la globalizacin capitalista debe llevar a un ejercicio de casustica responsable y lcido. Hasta que sea la democracia (la pura ciudadana) la que garantice de modo igualitario el acceso a los territorios eso es el socialismo-, estamos obligados a ceder o a resistir desde territorios histrica y simblicamente definidos. No hay ms que nacionalismo y nacionalismos: nacionalismos fuertes y nacionalismos dbiles; nacionalismos agresivos y nacionalismos defensivos; nacionalismos expansionistas y nacionalismos internacionalistas. A veces, es verdad, no es fcil encontrar la lnea o no perderla; pero, como en el caso de la justicia, es fundamental empezar por reconocer su existencia.

http://www.galizalivre.org/?q=noticia/08.11.2010/repressom-e-o-curte-de-direitos-vam-intensificar-se-com-crise-e-se-nom-h-ind-cios



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