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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-11-2010

Ponencia presentada en el VI Congreso Estatal de Isonoma sobre Igualdad entre Mujeres y Hombres
Micromachismos invisibles, los otros rostros del patriarcado

Purificacin Mayobre
Purificacin Mayobre


1.- Aproximacin al concepto de violencia invisible

La incorporacin de las mujeres al mbito pblico y a ciertas posiciones de poder ha sido uno de los fenmenos ms importantes del siglo XX e inicios del XXI y ha provocado una de las mayores transformaciones de las sociedades occidentales contemporneas.

Esta evolucin ha sido posible gracias a las iniciativas de las mujeres, al grado de formacin y cualificacin profesional alcanzado por las mismas, al rigor logrado por las investigaciones y los estudios feministas y al relevante impulso legislativo promovido por distintos organismos internacionales, por la Unin Europea y por el Estado espaol. No obstante, a pesar del mencionado marco legislativo para la igualdad entre mujeres y hombres, la incorporacin de las mujeres en pie de igualdad dista de ser completa en nuestra sociedad. La persistencia de las asimetras en todos los mbitos sociales se explica, segn la historiadora Gerda Lerner en su libro, La creacin del patriarcado, porque los cambios y reformas legislativas son condiciones necesarias, pero no suficientes para alcanzar esa deseada situacin de no discriminacin por razn de gnero. En palabras de la autora (1990: 316):

Las reformas y los cambios legales, aunque mejoren las condiciones de las mujeres y sean parte fundamental de su proceso de emancipacin, no van a cambiar de raz al patriarcado. Hay que integrar estas reformas dentro de una vasta revolucin cultural con el fin de transformar el patriarcado y abolirlo.

La abolicin del patriarcado, sin embargo, no se ha producido y no se ha exigido formalmente hasta hace slo unos meses en que Victoria Sau y la Asociacin GEA publicaron la Declaracin universal del reconocimiento de la existencia del orden patriarcal y de su definitiva abolicin1, en la que se lee:

Que siendo el Patriarcado, una institucin inscrita en el seno de la sociedad no ha sido nunca escrita, al estilo, por ejemplo, de un Declogo religioso o una Constitucin poltica, ha quedado por ello oficial y jurdicamente invisibilizado, lo cual no ha permitido corregirlo, enmendarlo o sencillamente abolirlo por anacrnico, como anacrnicos son por ejemplo el Feudalismo o la Esclavitud. Entendemos por anacrnico contrario a los derechos humanos

SOLICITAMOS de este Foro Internacional se gestione la peticin formal de perdn a las mujeres del mundo entero por los agravios y ofensas recibidos durante milenios, al mismo tiempo que se d por abolido el Orden Patriarcal, y con dicha abolicin el cese, de una vez por todas, del enfrentamiento entre hombres y mujeres en tanto que superior/inferior, activo/pasiva, y todos los dems conceptos binarios referidos a ambos sexos para la exclusin de uno de ellos

El hecho de que el patriarcado no se codificara en algn tipo de documento ha permitido que de una forma invisible traspasara casi todas las culturas, los sistemas de produccin, las ideologas, las clases, los regmenes democrticos, las ciencias, entre otros, llegando a los inicios del siglo XXI con una salud envidiable, si bien nunca como en nuestros das ha tenido menos crdito en determinados colectivos de mujeres y tambin (aunque ms minoritarios) de varones.

El carcter metaestable del patriarcado ha sido posible por la justificacin que ha recibido la dominacin masculina desde los inicios de nuestra cultura en el dualismo ontolgico de Platn y en la lgica identitaria de su discpulo Aristteles2, los cuales legitiman la estructuracin de nuestra forma de pensamiento de una forma dual, de modo que cada componente de ese sistema bivalente tiene su opuesto, establecindose una jerarquizacin entre las partes. De este modo la cultura patriarcal tiende a equiparar lo diferente (ya sea la diferencia de gnero, etnia, clase, ilustracin, religin, opcin sexual) con lo particular, lo perifrico, lo deficiente, lo desviado frente a la norma, lo universal y central- originando relaciones de poder. La lgica binaria aplicada al par hombre/mujer justifica una concepcin asimtrica de los mismos, que los varones y la cultura masculina hayan sido/sean consideradas como jerrquicamente superiores, en tanto que las mujeres y la cultura femenina hayan sido/sean conceptualizadas como jerrquicamente inferiores, como identidades subalternas.

El privilegio epistmico otorgado por la cultura occidental a la conceptualizacin masculina del mundo es la base y la fundamentacin de lo que el socilogo francs, Pierre Bourdieu, denomina dominacin masculina o violencia simblica. Se trata de una violencia muy efectiva, invisible para sus propias vctimas, las que asimilan unos esquemas e instrumentos simblicos de percepcin y conocimiento codificados de acuerdo con la relacin de dominacin que se les ha impuesto, de modo que sus actos de conocimiento son, inevitablemente, actos de reconocimiento, de sumisin. De este modo, la nocin de violencia simblica se ejerce sobre un sujeto con el consentimiento del mismo, entendiendo que consentimiento es desconocimiento, resultando ser, por lo tanto, un poderossimo instrumento para el mantenimiento del orden social, ya que el individuo vive en una situacin de actitud natural y universal, caracterizada por ser ajena a los efectos de desnaturalizacion, de relativizacin que genera el encuentro de estilos de vida diferentes, que suelen hacer ver que las elecciones naturalizadas son histricamente constituidas, basadas en la tradicin y no en la naturaleza. En palabras de Bourdieu3 se entiende que:

. actitud natural o experiencia dxica (es) ajena a cualquier postura y cuestin hertica, esta experiencia es la forma ms absoluta de reconocimiento de la legitimidad; aprehende el mundo social y a sus divisiones arbitrarias como naturales, evidentes, ineluctables, comenzando por la divisin socialmente construida de los sexos.

Uno de los mecanismos ms potentes de reproduccin del sistema patriarcal es la invisibilizacin, el silencio, el no nombrar las cosas por su nombre, ya que lo que no se nombra no existe. En las disciplinas acadmicas, en la escuela, en los medios de comunicacin, el concepto o el vocablo patriarcado (tan comn en foros feministas o en las investigaciones de gnero) no existe, no se nombra, en consecuencia no se reconoce una estructura social jerrquica ni tampoco se percibe la persistencia de unos instrumentos simblicos de conocimiento, de unas categoras conceptuales, de una organizacin econmica/cultural/educativa/institucional, de unas tradiciones, de unos estereotipos, que postulan la dominacin masculina y la subordinacin de las mujeres.

En las ltimas dcadas, las reivindicaciones de las mujeres y el marco legislativo de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres pueden inducir a condenar el machismo (actitud y comportamiento de quien discrimina o minusvalora a las mujeres por considerarlas inferiores respecto de los hombres) o la misoginia (aversin o rechazo hacia las mujeres), es decir, el rostro ms amargo del patriarcado, pero no se analizan las causas ms profundas que originan esas conductas humillantes para las mujeres. El resultado es que slo se produce un cambio superficial, el sistema patriarcal edulcora sus manifestaciones ms discriminatorias, se tornan ms sutiles los procedimientos discriminatorios, pero no se produce una transformacin de su urdimbre ms profunda, no se modifica su lgica excluyente, manifestndose la discriminacin con un rostro ms benevolente, aunque en el fondo los procedimientos de subordinacin sigan siendo esencialmente los mismos.

Uno de los efectos ms perversos de la violencia simblica es el establecimiento de la natural distincin entre esfera domstica/ esfera pblica, planteada por Platn en La Repblica y por Aristteles en La Poltica, y la exclusin de las mujeres de la gestin de las res pblica y del Estado por su incapacidad para abandonar el estatuto de la domesticidad y convertirse en ciudadanas. Esa natural distincin entre una esfera pblica masculina y una esfera domstica femenina, que hace de las mujeres unos sujetos polticamente impensables y, por lo tanto, unos no-sujetos contrariamente a lo que en principio pudiramos pensar- no se ha corregido a no ser parcialmente en los estados democrticos, lo que explica la persistencia del sexismo o androcentrismo en la sociedad actual a pesar del reconocimiento formal de la igualdad entre hombres y mujeres.

2.- Los otros rostros del patriarcado

Hoy, en las sociedades democrticas, el sexismo se sigue manifestando no tanto en forma de un sexismo explcito u hostil, sino en lo que diversas autoras y autores (Lameiras, 2002, Martnez Benlloch, 2008) denominan neosexismo o sexismo moderno, consistente en afirmar que la igualdad ya es una realidad de la sociedad contempornea y que, en consecuencia, es superflua la lucha contra la discriminacin de gnero. Tambin se puede manifestar en forma de sexismo benevolente, manifestacin de un sexismo ms sutil, consistente en presentar a las mujeres como complementarias de los varones, pero naturalizando la diferenciacin jeraquizada entre los sexos y justificando el mantenimiento de los roles y la exclusin o discriminacin de gnero. Estas nuevas expresiones de la dominacin masculina, este sexismo ambivalente o de baja intensidad es lo que ha sido denominada por Luis Bonino (2004) como micromachismos, un ejercicio de la dominacin masculina ms invisible, menos perceptible que el sexismo explcito por su pequeez, por su carcter micro, o por su normalizacin, independientemente de que la dominacin se ejerza a nivel macro.

Esta manifestacin ms benevolente del patriarcado no quiere significar que el rostro ms violento y excluyente no siga estando vigente en todas las culturas, incluidas las sociedades ms democrticas, ms cultas, ms refinadas. Mencionaremos solamente algunos hechos significativos a este respecto:

En todos los pases (incluidos los que tienen una larga tradicin democrtica) el nmero de mujeres vctimas de violencia de gnero por el simple hecho de ser mujeres es escandaloso y resultara inadmisible si les ocurriera a los varones por el hecho de ser varones. Algunas leyes de aborto, incluida la actual espaola, son leyes que siguen considerando a las mujeres heternomas, incapaces de decidir por s mismas y teniendo que someterse al dictamen de la autoridad mdica. Hasta la Conferencia de Pekn (1995) no se consider la violacin de guerra como crimen contra la humanidad. Ese reconocimiento fue posible por la exigencia planteada en dicha Conferencia de la admisin de los derechos de las mujeres, manifestada en el siguiente slogan: Los derechos de las mujeres son derechos humanos.

2.1.- Neosexismo

La consideracin de que la igualdad es una realidad en las sociedades democrticas y que, por lo tanto, es excesivo insistir en la protesta contra la discriminacin de gnero, constituye una clara manifestacin de uno de los efectos ms perversos de la violencia simblica y una clara demostracin de que los cambios y reformas legales no son suficientes para que se produzca un cambio estructural y se de paso a una nueva organizacin social en la que las realidades transhistricas y panculturales queden abolidas y se reconozca la diferencia de gnero en interseccin con las otras diversidades de culturas, edad, preferencia sexual, grupos no hegemnicos etc.

La lectura de las importantes aportaciones realizadas por los estudios feministas en todas las disciplinas ponen de manifiesto la vigencia del androcentrismo y que el nuevo rostro del patriarcado, el neosexismo, obedece al deseo de seguir manteniendo unos privilegios que chocan con los principios de rigor y abandono de los prejuicios preconizados por la propia ciencia, y por los principios ticos y democrticos de los estados de derecho.

Los datos proporcionados por la ltima publicacin del Instituto de la Mujer, Mujeres en cifras 1983-2008, o del Instituto Nacional de Estadstica, Mujeres y Hombres en Espaa 2009, son muy elocuentes. A continuacin, basndome en esas fuentes o en las que se citan explcitamente, pasar revista a algunos datos en los que se refleja la profunda asimetra existente entre los gneros en los inicios del siglo XXI.

Empleo

En los ltimos aos han evolucionado las formas de trabajo en Espaa: se ha especializado, globalizado, se ha incrementado la participacin femenina en el trabajo remunerado y se han manifestado ligeros cambios en la redistribucin por gnero del trabajo asalariado. No obstante, la situacin dista mucho de ser igualitaria, y lo que es peor en una situacin de crisis las mujeres llevan la peor parte. Por comparacin con La Unin Europea, Espaa sigue siendo un pas con baja tasa de actividad femenina y elevado ndice de paro:

Segn los datos de la Encuesta de Poblacin Activa (EPA), en el primer trimestre de 2009, la tasa de empleo femenino es del 42,23%, mientras que la tasa de empelo masculino es del 57,46% ; la tasa de paro femenino es del 18,01% y en los varones es del 16,86%. En cuanto a la tasa de actividad, la femenina se encuentra en el 51,51% y la masculina en el 69,11%. Segn esa encuesta, la divisin de papeles por gnero en el trabajo remunerado es muy intensa. El 70% de las ocupadas se concentra en muy pocas ramas de actividad, con un peso creciente en empleos de menor cualificacin, a pesar de la mayor formacin de las mujeres. La mayora de las actividades se enmarcan en el sector servicios, siendo muy baja su presencia en el sector industrial, de ah que en el caso de Expedientes de Regulacin de Empleo (ERE), de las 227.571 personas afectadas en el primer cuatrimestre de 2009, el 81% fueron hombres y el 19% mujeres. Otro factor negativo del mercado de trabajo es su alto ndice de temporalidad, que se traduce en precariedad, siendo mayor en el caso de las mujeres. Segn los datos de la EPA, 1.708.600 mujeres tienen un contrato parcial frente a 386.200 de hombres, representando el 81,56% de la contratacin a tiempo parcial.

Poder y toma de decisiones

Participacin en el mbito poltico y adiministrativo

La Ley Orgnica 3/2007 de 22 de Marzo para la igualdad efectiva de mujeres y hombres entiende por participacin equilibrada de hombres y mujeres aquella en la que el porcentaje de participacin de cada uno de los sexos no sea inferior al 40% ni superior al 60%. Ese porcentaje no se cumple a no ser en el gobierno tras la ltima remodelacin del Gobierno realizada en 2008, siendo mayor el nmero de ministras al de ministros, pero la presencia equilibrada no se mantiene en otros estamentos polticos:

En el Congreso y en el Senado se ha incrementado la participacin femenina en 0,3 y 3,1 puntos porcentuales, respectivamente, pero ni en el Congreso ni en el Senado se alcanza el equilibrio dictado por la Ley Orgnica de Igualdad. En el Congreso el porcentaje de mujeres se sita en el 36,3%, 3,7 puntos porcentuales por debajo del mnimo establecido, y en el Senado la diferencia es de 11,8 puntos porcentuales por debajo. Mayor equilibrio existe en algunas asambleas legislativas de algunas comunidades autnomas. La participacin equilibrada de hombres y mujeres no se mantiene en otros mbitos de representacin: Delegaciones en las Comunidades, Subdelegaciones, representantes de Espaa en el exterior, Organismos Internacionales etc. La presencia equilibrada no se mantiene en los altos cargos de la Administracin Pblica, donde las mujeres ocupan slo el 32% del total. La participacin femenina ms baja se produce en el rango de Subsecretrario/a (27.5%). La mayor presencia se da en las Secretaras de Estado (33%). En la Alta Administracin del Estado, en el ao 2008, haba un 53,2% de funcionarias, siendo el grupo de auxiliares administrativos el nico colectivo en el que las mujeres superan a los varones, 72%.

Participacin en el mbito econmico

Segn la Encuesta de Poblacin Activa, en el tercer trimestre del ao 2008, del total de personas que desempean puestos directivos o de gerencia de empresas un 32,7% son mujeres, un 0,2% menos que el mismo trimestre del ao anterior, aunque en cifras absolutas el nmero de mujeres en puestos de direccin o gerencia ha crecido un 1,4% respecto al 2007. En el ao 2007 el porcentaje de mujeres en puestos directivos en la direccin de organizaciones de 10 o ms asalariadas/os del poder ejecutivo y legislativo era de un 47,8%. En el ao 2008 apenas alcanza un 36,6%, lo que supone un descenso de 11,2 puntos porcentuales. En datos absolutos, el nmero de directivas ha pasado de 1320 en 2007 a 1040 en 2008, producindose un decrecimiento del 21,2%. La presencia equilibrada de hombres y mujeres slo se produce en la gerencia de empresas sin personas asalariadas, y en concreto en las empresas de comercio y hostelera, en las que el porcentaje de mujeres se situ en el tercer trimestre del ao 2008 en un 54% y un 50% respectivamente. En los Consejos de administracin en los que participa la Administracin General del Estado, pese a la obligacin establecida en el artculo 54 de la Ley Orgnica para la Igualdad, de observar el principio de presencia equilibrada de los dos sexos, y la obligacin de potenciar la promocin de dicha presencia en el plazo de ocho aos, la presencia de mujeres en dichos consejos contina siendo baja. En las entidades pblicas empresariales, el porcentaje de mujeres en los consejos de administracin alcanza en 2008 un 18,5% y en el caso de las sociedades estatales un 13,9% En el 2008 slo un 6,5% de mujeres ocupan puesto en los Consejos de Administracin de las grandes empresas del IBEX-35.

Educacin

En los ltimos 25 aos el nivel de estudios de la poblacin espaola se ha incrementado notablemente y el nmero de mujeres analfabetas o sin estudios se ha reducido a un 84,2%. No obstante, el analfabetismo sigue estando feminizado, puesto que en 2007, segn la EPA, casi un 70% de las personas analfabetas o sin estudios continan siendo mujeres. El nmero de mujeres con estudios secundarios se ha incrementado en un 200% con respecto a 1982. El incremento ha sido mucho mayor en el nivel universitario, ya que supera el 407% la tasa de 1982. En el curso 2006-07 el 54,4% de personas matriculadas en enseanzas universitarias de 1 y 2 ciclo eran mujeres y el 51,8% eran alumnas de doctorado. El profesorado es mayoritariamente femenino, siendo las mujeres el 62,4% del total del profesorado en el curso 2006-07. Los porcentajes son especialmente elevados en Educacin Especial (80,7%),Educacin Infantil y Primaria (78,2%) y Enseanza de Idiomas (74,1%). En el nivel universitario se reduce a un 36,9% de titulares y solamente un 14,4% es catedrtica.

Cultura

La capacidad de decisin de las mujeres en el denominado poder cultural es muy baja si tenemos en cuenta los siguientes datos:

El nmero de acadmicas en las Reales Academias apenas alcanza el 6,4%. en el ao 2008. Un mayor equilibrio entre mujeres y hombres se produce en el total de personas que han sido premiadas en el ao 2008, especialmente si la entidad otorgante fue la Administracin General del Estado; en este caso, el porcentaje de mujeres premiadas alcanz el 48.7%. Respecto a los premios que concede la Administracin del Estado al finalizar los estudios a las /los mejores estudiantes, en el nivel correspondiente al bachillerato el porcentaje de mujeres que reciben el premio es de 26,7%. En F.P. de grado superior el nivel es del 50.0% En los niveles de estudios superior, es ligeramente superior los premios otorgados a las mujeres (50,5%) y tambin es ligeramente superior el nivel de Menciones especiales (50,6%). Slo un 7% de pelculas han sido dirigidas por mujeres en el cine espaol entre los aos 2000-06, segn los resultados del proyecto de investigacin dirigido por Ftima Arranz4. En el mundo artstico, el nmero de exposiciones individuales de mujeres es totalmente minoritarias. Segn el Manifiesto Arco 20055 el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofa, de 28 exposiciones individuales programadas en 2004 solamente 4 eran de artistas mujeres. Las dos exposiciones que el Ministerio de Asuntos Exteriores patrocin para representar a Espaa en la Bienal de Venecia 2003 no incluan ninguna artista. La programacin que desde 2002 el Seacex, la Sociedad Estatal para la Accin Cultural Exterior, dependiente del Ministerio de Exteriores, de 43 exposiciones individuales slo 2 son de artistas mujeres. Entre los libros ms vendidos, los de autora femenina estn en torno al 10% los de ficcin y el 20% los de no ficcin25% segn Laura Freixas. En teatro las mujeres son minoritarias especialmente en la direccin y autora tal y como se puede ver en el Proyecto Vaca.

A pesar de estos datos tan reveladores de la discriminacin existente, del derroche de masa crtica, del desperdicio de capacidades y competencias de las personas ms altamente cualificadas, sin embargo es fcil leer en la prensa, incluidos los medios de comunicacin de izquierda, titulares como los siguientes:

Los libros son cosas de mujeres El cine es cosa de mujeres La msica es cosa de mujeres La empresa se feminiza Ellas toman el mando en las empresas Las mujeres hoy estn en todas partes Hay un dominio femenino en la sociedad actual

Estas afirmaciones son muy reveladoras de una ideologa patriarcal, que no slo distorsiona la realidad, sino que acta sobre ella frenando el avance de las mujeres, legitimando y naturalizando su ausencia de los mbitos de decisin/poder. Como afirma Laura Freixas 6:

Si la exclusin o marginacin de las mujeres en la cultura afectara solamente a las profesionales de la cultura, estaramos ante un simple problema gremial. Pero es un grave error verlo en esos trminos. Pues una cultura que invisibiliza a las mujeres o las ridiculiza o trivializa sus preocupaciones- no perjudica slo a las literatas, poetas o a las compositoras, sino a todas. Cuando los polticos se preguntan desesperados qu se puede hacer para frenar la violencia de gnero, habra que sugerirles que no vayan slo a los juzgados sino al cine. All vern como en las pelculas dirigidas por hombres no as, nunca en las dirigidas por mujeres- la violacin, los malos tratos se presentan con frecuencia en clave de humor (Pilar Aguilar: Mujer, amor y sexo en el cine espaol de los 90) Imaginan que se hiciera algo similar con el terrorismo? Este ejemplo debera ser suficiente para empezar, por fin, a darnos cuenta de que todo el esfuerzo que se est realizando en cuanto a malos tratos o violencia de gnero, igualdad salarial o paridad poltica, se arriesga a ser insuficiente por no decir saboteado- si no nos tomamos en serio la igualdad en la cultura.

2.2. Sexismo benevolente

Por sexismo benevolente se entiende la consideracin de las mujeres como complementarias de los varones, pero naturalizando la diferenciacin jerarquizada entre los sexos y justificando el mantenimiento de los roles y discriminacin de gnero. Se trata de un tipo de sexismo muy perjudicial, no niega el acceso de las mujeres al estudio o al mundo laboral, pero la mujer debe ser ante todo mujer, lo que en romano paladino significa que cualquier aspecto de la vida de las mujeres, en mayor o menor medida, ha de estar subordinado al cumplimiento del estereotipo de gnero, esto es, de mujer cuidadora/madre y objeto de deseo de los varones. Este hecho puede originar los siguientes sndromes en la vida de las mujeres (Simn, 2003, p. 100):

El sndrome de la cenicienta, consistente en la autopercepcin como parienta pobre pero afortunada, vivindose como torpe, mutilada, poco diestra, siendo enseada o reprendida por cualquier razn o sinrazn, slo para mantenerla como dependiente. Segn Simn son mujeres candidatas a padecer acoso sexual o a ser vctima de violencia de gnero. En algunos casos son las agradecidas mujeres-cuota o mujeres-florero que ornamentan alguna candidatura o presentan una imagen polticamente correcta de alguna institucin. El sndrome de la becaria desclasada, propio de aquellas mujeres que se camuflan como varones hasta tal punto que rechaza cualquier manifestacin femenina por la carga simblica de inferioridad que conlleva. Son mujeres que llegan al poder investidas del estilo masculino y asimilndose al autoritarismo, competitividad o fuerza. El sndrome de la abeja reina, caracterstico de mujeres que adquirieron posiciones de poder o de reconocimiento importantes y que creen que el esfuerzo y el mrito permite llegar a las mujeres all donde quieran llegar, como les ha sucedido a ellas mismas. Generalmente rechazan cualquier medida correctora del sexismo imperante e impulsora de la igualdad de oportunidades entre mujeres y varones. Suelen ser candidatas a superwoman, a creer que pueden con todo sin sufrir ningn tipo de resquebrajamiento.

3.- Alternativas feministas a los micromachismos invisibles

Desde la perspectiva feminista se considera que la dominacin masculina tiene su origen en los valores patriarcales, los cuales declaran que las mujeres son unos seres subordinados. La desaparicin de las desigualdades entre hombres y mujeres y la redefinicin de los gneros seran elementos esenciales para atajar la violencia simblica e instaurar una sociedad menos excluyente. Para ello sera preciso promover un cambio estructural en el organigrama sociosimblico patriarcal, un cambio en sus categoras de conocimiento e instrumentos conceptuales, un cambio en su sistema productivo, un cambio en el ejercicio de la poltica, un cambio en la estructuracin de la sociedad de una forma dual (pblico/privado, sustentador/cuidadora), en definitiva, un cambio de cultura o civilizacin. Esta afirmacin pudiera parecer mesinica en otro momento, pero nunca como ahora, en la situacin de crisis econmica en la que nos encontramos, es precisa una reforma estructural del sistema patriarcal y de su modelo productivo para conseguir un desarrollo humano, social y econmico sostenible a nivel mundial.

La nueva cultura no hay que inventarla, est esbozada en las importantes aportaciones realizadas por las investigaciones y los estudios feministas y en las buenas prcticas existentes en diversos mbitos sociales, y su caracterstica principal consiste en presentarse como una alternativa liberadora frente al patriarcado, una invitacin a desdear los cnones y convenciones excluyentes y a apostar por una forma de pensar diferente, una forma superadora de antagonismos irreconciliables, una cultura nmade en el sentido que le da Rosi Braidotti, es decir, una cultura en la que no hay lugar para sitios originarios o identidades autnticas de cualquier tipo sino nuevas prcticas que abren espacios intermedios en los que explorar nuevas formas de subjetividad poltica. En este nuevo horizonte se afrontan las profundas desigualdades que se han establecido histricamente entre los sexos y los gneros mediante la puesta en marcha de un proyecto poltico que apueste no slo por la consecucin de derechos sino por el disfrute de libertades individuales, pero no slo de las libertades liberales de voto, mercado, asociacin etc. sino en el sentido expuesto por Foucault (Defert, 1994: I, 768):

Hacerse libre para pensar y amar aquello que, en nuestro universo ruge desde Nietzsche: diferencias insumisas y repeticiones sin origen.

La nueva cultura ha de referenciar la realidad mediante nuevas figuraciones capaces de volver inteligible lo que era ininteligible en el orden establecido, capaces de articular nuevos significados, de introducir la discontinuidad, de modo que la alteridad, la diferencia sexual y lo femenino no se sigan enjuiciando segn los criterios misginos de la economa binaria y, consecuentemente, permitan vislumbrar nuevos horizontes posibles.

Uno de los aspectos fundamentales a la hora de elaborar nuevas representaciones simblicas de la realidad es el lenguaje debido a la ntima conexin existente entre lenguaje y pensamiento, y lenguaje y realidad. Como afirma Teresa Meana (2002) Porque las palabras no se las lleva el viento, o como mantiene Deborah Tannen (1999), Las palabras importan, importan hasta tal punto que se puede decir que el lenguaje de forma invisible moldea nuestra forma de pensar sobre las dems personas, sus acciones y el mundo en general. En consecuencia, el uso del lenguaje no es nada inocente, ya que si bien es un instrumento que comunica, que transmite, que expresa, tambin es un instrumento que tiene un carcter performativo, que tiene capacidad de crear cosas y situaciones en la medida en que las nombra y, por lo tanto, tambin tiene capacidad para modificar situaciones y realidades.

La transformacin del orden del conocimiento y del orden de la realidad se incrementa notablemente desde que las mujeres hacen uso de su libertad de pensar/decir y se atreven a expresar lo ignoto, lo inaudito, lo insospechado en la cultura patriarcal, al establecer conexiones entre hechos e ideas que los varones haban dejado desconectadas, al nombrar lo innombrable, lo no codificado, los silencios y las ausencias de la cultura patriarcal.

Este hecho tiene consecuencias, entre otras, el declive del privilegio epistmico otorgado por la cultura occidental a lo que el socilogo portugus Boaventura Santos Sousa denomina la monocultura del saber cientfico, consistente en suponer que los nicos criterios de verdad y de calidad esttica se encuentran en la ciencia y en la cultura moderna androcntrica, de modo que los saberes no formalizados (femeninos, indgenas, religiosos etc.) se consideran irrelevantes, prejuiciosos o falsos. El debilitamiento de esa monocultura generizada en masculino permite poner en valor aspectos que han sido invisibilizados o infravalorados como los siguientes: el trabajo no asalariado, el cuidado de las otras personas, al valor de la naturaleza, los sentimientos, los afectos, las emociones, la escucha, la diversidad cultural, las diferencias de gnero, etnia, tendencia sexual etc.; en definitiva, favorece la posibilidad de nombrar valores fundamentales de nuestra condicin integral de seres humanos (muchos de ellos tradicionalmente asociados a las mujeres), de nuestra necesidad de ser con los otros y no frente o contra los otros y tampoco frente o contra la naturaleza. Esta nueva forma de pensar/decir el mundo, de pensarnos/decirnos y de pensar/decir a las otras personas tiene la capacidad de promover un tipo de vida ms inclusiva, ms democrtica y ms humana.

NOTAS

1.Declaracin universal del reconocimiento de la existencia del orden patriarcal y de su definitiva abolicin [en lnea]. Direccin: http://www.proyectopatriarcado.com/es/manifest.do . [Consulta el 31-08-09]

2 Legitimacin refrendada por los filsofos, telogos, mdicos, pedagogos, intelectuales etc. hegemnicos de nuestra cultura hasta la actualidad

3 Bourdieu, Pierre, La Dominacin masculina [en lnea]. Direccin: http://webs.uvigo.es/pmayobre/06/arch/profesorado/pilar_gonzalez/pierre_bourdieu.pdf. [Consulta: el 31-08-09]

4 Arranz, Ftima. La situacin de las mujeres y los hombres en el audiovisual espaol: Estudios sociolgico y legislativo. [en lnea]. Direccin: http://www.cimamujerescineastas.es/estudio.pdf

5 M ANIFIESTO: Las polticas de igualdad entre hombres y mujeres en los mundos del Arte. [en lnea]. Direccin: http://www.revistabandeapart.com/002/txt/12.htm [Consulta: 31.08.2009]

6 Freixas, Laura, La marginacin femenina en la cultura. El Pas 3 de Mayo de 2008. [en lnea]. Direccin: http://www.laurafreixas.com/freixasarticulos21.htm. [Consulta: 31.08.2009]

Fuente: http://hernanmontecinos.com/2010/11/03/micromachismos-invisibles-los-otros-rostros-del-patriarcado/



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