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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2010

El modelo cubano

Carlos Rivera Lugo
Claridad/Rebelin


El futuro ser comunista o no ser.

Slavoj Zizek

El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros, fue la controvertible manifestacin de Fidel Castro Ruz, vertida en una entrevista suya con el periodista estadounidense Jeffrey Goldberg, publicada el 8 de mayo pasado en la revista The Atlantic. En medio del revuelo causado por la manipulacin burda que hicieron los principales medios de comunicacin occidentales, pretendiendo adjudicarle a dichas palabras el carcter de admisin del fracaso del socialismo en Cuba, pocos das despus Fidel aclar que su expresin haba que entenderla en el contexto de la pregunta del periodista en el sentido de si l crea que el modelo cubano era algo que an vala la pena exportar. Puesto as, la premisa inarticulada era que Cuba se dedicaba a exportar su Revolucin a otros pases. Sin embarg, abund, lo real es que mi respuesta significaba exactamente lo contrario.

Mi idea, como todo el mundo conoce, es que el sistema capitalista ya no sirve ni para Estados Unidos ni para el mundo, al que conduce de crisis en crisis, que son cada vez ms graves, globales y repetidas, de las cuales no puede escapar. Cmo podra servir semejante sistema para un pas socialista como Cuba, concluy.

La analista poltica estadounidense Julia Sweig, quien acompaaba a Goldberg en la entrevista al lder cubano, dio a conocer su propia interpretacin, la cual recibi escasa atencin de los medios capitalistas, pues deca lo que stos no queran escuchar. Segn sta, efectivamente Fidel Castro: No estaba rechazando las ideas de la Revolucin. Lo veo como un reconocimiento de que bajo el modelo cubano el Estado ha tomado un rol demasiado grande en la vida econmica del pas .

Existen modelos?

Lo cierto es que el lder cubano siempre ha dicho que cada pas debe desarrollarse conforme a sus propias circunstancias, desde la experiencia de la Unidad Popular en Chile hasta la revolucin de los sandinistas en Nicaragua, desde la revolucin bolivariana de Venezuela hasta la revolucin indigenista y comunitaria en Bolivia. No existen, pues, como tales, los modelos, lo que existen son las experiencias histricas concretas, las cuales no se dejan reducir a abstractos marcos conceptuales. En todo caso, si algo habra que puntualizar es el carcter de antimodelo de la experiencia histrica cubana.

Pero, alguien honestamente cree que un pas que se ha visto forzado a vivir los pasados 50 aos bajo una economa de guerra, producto del ms criminal bloqueo, junto a las continuas agresiones, sabotajes y presiones, puede desarrollar efectivamente un modo de gestin de su economa an adecuada a sus propias necesidades cotidianas y aspiraciones de progreso social. Puede un pas bajo esas condiciones crear tan siquiera su propio modelo?

El bloqueo econmico, comercial y financiero impuesto a Cuba por Washington ha sido el ms cruel y despiadado que se haya conocido en la historia mundial. Su objetivo, como no han dejado de ocultar sus promotores, es la destruccin de la Revolucin cubana mediante la creacin de dificultades y penurias econmicas que impida satisfacer las necesidades del pueblo, incluyendo el ofrecimiento de salarios reales, con la expectativa que ello hundir al pueblo en la desesperanza y facilite el derrocamiento del gobierno revolucionario.

El dao econmico directo que dicho bloqueo le ha producido a Cuba supera los 82 mil millones de dlares, a un promedio anual de $1,782 millones. A esta cifra habra que aadir los sobre 54 mil millones de dlares por, entre otros, daos directos causados a objetivos econmicos del pas por la privacin de fuentes de financiamiento o suministro internacionales para sus procesos de produccin, as como los sabotajes y acciones terroristas promovidas y financiadas desde territorio estadounidense.

Sin embargo, deca Ral Castro en una reunin de campesinos cubanos celebrada en febrero de 2008: Somos conscientes de los enormes esfuerzos que requiere fortalecer la economa, premisa imprescindible para avanzar en cualquier otro mbito de la sociedad, frente a la verdadera guerra que libra el gobierno de los Estados Unidos contra nuestro pas. La intencin es la misma desde el triunfo de la Revolucin: hacer sufrir todo lo posible a nuestro pueblo hasta que desista de la decisin de ser libre. Es una realidad que lejos de amilanarnos debe seguir haciendo crecer nuestra fuerza. En lugar de utilizarla como excusa ante los errores, debe ser acicate para producir ms y brindar mejor servicio, para esforzarnos por encontrar los mecanismos y vas que permitan eliminar cualquier traba al desarrollo de las fuerzas productivas y explotar las importantes potencialidades que representan el ahorro y la correcta organizacin del trabajo.

En ese sentido, Cuba no espera ni puede esperar por el fin del criminal bloqueo con el que Washington le ha victimizado para solucionar los serios problemas que le aquejan internamente. De ah que a los sucesivos procesos de autocrtica y cambios que ha vivido el pas antillano, se le ha sumado el ms reciente, el cual dio inicio en noviembre de 2005 con un discurso de Fidel Castro en la Universidad de La Habana en el que advirti cndidamente de los peligros a los que se enfrenta el futuro de la Revolucin cubana, sobre todo por las consecuencias ticas que est teniendo sobre la Isla el mal funcionamiento de su propio modelo econmico. A los pocos das hizo otras sorprendentes declaraciones en una intervencin televisiva en las que, sin pelos en la lengua, denunci que en Cuba los que mejor viven son los que menos trabajan.

Por la reinvencin del modo socialista de vida

Sin embargo, puede esta crtica al llamado modelo econmico cubano entenderse como una descalificacin de todo un proceso de cambio revolucionario que ha vivido ese pas desde 1959? Ms bien constituye el inicio de una nueva etapa de cambios econmicos y sociales que persiguen el perfeccionamiento de su propia experiencia y la reinvencin imperativa del modo socialista de vida, no slo compelido por sus propias realidades sino que obligado tambin por los fracasos de las experiencias del socialismo real europeo y los controvertibles resultados tico-sociales del llamado socialismo de mercado seguido por China y Viet Nam.

A fines de diciembre de 2007, Ral Castro Ruz se uni con firmeza a las crticas de su hermano al exigirles a los funcionarios gubernamentales ms eficiencia y menos excusas a la hora de enfrentar los serios problemas econmicos y sociales que aquejan al pas. Sentado al lado de la silla vaca de su hermano, quien se hallaba enfrentando una grave condicin de salud, el nuevo presidente cubano reclam ante una sesin de la Asamblea Nacional del Poder Popular: De justificaciones estamos cansados en esta Revolucin. Exigi total transparencia en la gestin estatal y repiti las palabras de Fidel: Revolucin es no mentir jams.

En otra comparecencia suya en julio de 2008 ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, el mandatario cubano llam a combatir la explotacin del buen trabajador por el que no lo es, lo que sera el objetivo pivotal de lo que llam la necesaria y urgente actualizacin del modelo de gestin de la economa cubana. Ahora bien, en otra intervencin suya ante el Parlamento cubano, de 20 de diciembre de 2009, Ral Castro advirti contra las tentaciones de la prisa y la improvisacin.

Tengo conciencia de las expectativas y honestas preocupaciones, expresadas por los diputados y los ciudadanos en cuanto a la velocidad y profundidad de los cambios que tenemos que introducir en el funcionamiento de la economa, en aras del fortalecimiento de nuestra sociedad socialista, y seguidamente aadi: En este sentido me limito, por ahora, a expresar que en la actualizacin del modelo econmico cubano, cuestin en la que se avanza con un enfoque integral, no puede haber espacio a los riesgos de la improvisacin y el apresuramiento . Es preciso caminar hacia el futuro, con paso firme y seguro, porque sencillamente no tenemos derecho a equivocarnos .

El pasado 4 de abril, el presidente cubano lanz el reto para la reestructuracin laboral y financiera de la economa cubana para una ms eficaz produccin y distribucin de riquezas: Sin una economa slida y dinmica, sin eliminar gastos superfluos y el derroche, no se podr avanzar en la elevacin del nivel de vida de la poblacin, ni ser posible mantener y mejorar los elevados niveles alcanzados en la educacin y la salud que gratuitamente se garantizan a todos los ciudadanos. Concluy que el Estado cubano est forzado a gastar conforme a los medios producidos por su sociedad y advirti: Continuar gastando por encima de los ingresos significa comernos el futuro y poner en riesgo la supervivencia de la revolucin.

Sin embargo, fue el 1 de agosto, en un nuevo mensaje ante la Asamblea Nacional del Poder Popular que el mandatario hizo el anuncio definitivo de esta nueva etapa de cambios econmicos y sociales con el propsito de perfeccionar el sistema socialista. Inform que la economa y el sistema financiero del pas parecen entrar en un repunte que permite dejar atrs los efectos negativos de, entre otros, la recesin econmica global de 2008 y los daos causados por varios huracanes. Ello facilita la puesta en marcha de lo que calific un cambio estructural y de conceptos.

Un reordenamiento laboral y tributario

El cambio persigue como objetivo inmediato un reordenamiento laboral y tributario que suprima los enfoques paternalistas que desestimulan la necesidad de trabajar para vivir y con ello reducir los gastos improductivos. Para ello hace falta apelar a la clase obrera cubana para que comprenda que sin el aumento de la eficiencia y productividad es imposible elevar salarios, incrementar las exportaciones y sustituir importaciones, crecer en la produccin de alimentos y en definitiva sostener los enormes gastos sociales propios de nuestro sistema socialista. Slo as se podr garantizar la mxima socialista de que cada cual aporte segn su capacidad y reciba conforme a su contribucin a la sociedad.

El reordenamiento laboral requiere de una evaluacin y reduccin de plantillas en el gobierno y los centros de produccin para superar la costossima e improductiva inflacin actual de plantillas que slo serva para disfrazar el desempleo o el subempleo; la autorizacin para el desarrollo de negocios privados en 178 reas; la ampliacin de las licencias para el trabajo por cuenta propia, incluyendo la contratacin por particulares de mano de obra, con las debidas regulaciones laborales, lo que hasta el momento slo se permita en el sector agrario; la autorizacin de la comercializacin de la produccin generada por estas actividades privadas; y el pago de un impuesto escalonado, en pesos cubanos, sobre la renta para los autoempleados y los pequeos empresarios privados. Los nuevos impuestos persiguen un propsito regulador para evitar concentraciones indeseadas de riquezas y el uso indebido de trabajo asalariado. Sin embargo, tambin se espera que constituya una aportacin para sufragar los gastos sociales del Estado en material de educacin y salud, entre otros.

La ampliacin de lo que se ha llamado los cuentapropistas, que en la actualidad ya llegan a cerca de 150,000, persigue absorber parte de los 500,000 trabajadores que, en una primera etapa, sern cesanteados como parte de un proceso necesario de sana depuracin de la clase trabajadora cubana con estrictos criterios de idoneidad, es decir, necesidad y productividad. La idoneidad ser determinada por una comisin de expertos, con participacin de representacin sindical, de la administracin y los trabajadores del centro laboral. Se estima que en etapas sucesivas de la reestructuracin laboral planteada, la cantidad de cesanteados y reubicados podr llegar al milln trescientos mil.

Dichas cifras le ponen los pelos de punta a cualquiera, sobre todo por los efectos sociales y econmicos devastadores que procesos similares de despidos masivos han tenido en otros contextos y la incapacidad real de la esfera privada para absorber los desplazados. Pero, segn el presidente cubano, nadie debe quedar abandonado a su suerte como resultado de las transformaciones laborales. Los cesanteados podrn seguir contando con el seguro por desempleo, aunque ste ha sufrido unas revisiones. En vez de la cobertura por tiempo indefinido que ha existido hasta el momento, en las nuevas circunstancias el cesanteado recibir durante cinco meses una compensacin mxima de 60 por ciento del salario si llevase sobre 30 aos de servicio. La compensacin ser menos para los de menor antigedad. Si el cesanteado rechaza cualquier oferta empresarial de reubicacin, se entiende concluida de inmediato la relacin laboral, as como la cobertura del seguro por desempleo.

No ajeno a los peligros potenciales que encierran estos cambios, sobre todo por el efecto inmediato que tendr para la seguridad y bienestar de miles de cubanos, Ral Castro insiste en la imperiosa transparencia que tiene que caracterizar todos los procesos de implantacin, incluyendo un estricto control sindical en la restructuracin de las plantillas laborales para que las determinaciones se hagan en los mritos y no medien favoritismos o discriminaciones de ndole alguna. Asimismo, puntualiz que har falta igualmente una reestructuracin del Estado para que su acostumbrado paternalismo o dirigismo centralista no obstaculice la puesta en marcha de este proceso de descentralizacin socioeconmica.

Los riesgos

Los riesgos, como bien apunt el mandatario cubano, no son inventados pues no deja de ser curioso que, coincidiendo con el anuncio de esta poltica de descentralizacin y apoyo a nuevas iniciativas econmicas, la gubernamental Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) anunciara el ofrecimiento de tres millones de dlares para la promocin de la pequea empresa en Cuba entre grupos marginados. Sin duda la Revolucin le seguir muy de cerca la pista a esta ayuda envenenada, un nuevo intento de potenciar la sociedad civil de acuerdo a la experiencia en otras geografas.

Sin embargo, tambin hay otros riesgos como los sealados recientemente por la cientfica social cubana Camila Pieiro Harnecker (Riesgos de la expansin de empresas no estatales en la economa cubana y recomendaciones para evitarlos, www.rebelion.org, 11 de octubre de 2010). Segn sta, el riesgo mayor es que al privilegiar formas individuales y privadas por encima de las colectivas para generar los empleos que debern absorber a ms de un milln de trabajadores, se est promoviendo la expansin de prcticas y valores capitalistas. Ello sirve para ir orientando la actividad econmica hacia la ganancia privada en lugar de hacia la satisfaccin de intereses sociales.

Pieiro Harnecker, hija de quien en vida fue uno de los ms reconocidos dirigentes histricos de la Revolucin, Manuel Pieiro Losada, y la prominente intelectual marxista chilena, Marta Harnecker, advierte que es la propia lgica del funcionamiento de los mercados lo que generalmente no le permite a la empresa orientar sus actividades acorde a los intereses sociales. Es por ello que incentivar la maximizacin de beneficios individuales la justificacin que generalmente se utiliza para promover las relaciones mercantiles no es equivalente a promover ni siquiera la satisfaccin de necesidades materiales bsicos.

La alternativa, segn Pieiro Harnecker, es promover el control social de las empresas no estatales por gobiernos locales y sus ciudadanos. Abunda al respecto: Pero un sistema de mercado no es la nica alternativa a la planificacin autoritaria. Varios economistas han apuntado a cmo pueden disearse instituciones que promuevan y faciliten relaciones de intercambio horizontal con una lgica compatible con el inters social, es decir, relaciones de intercambio no mercantiles. En lugar de aceptar a las relaciones mercantiles como ineludibles dada las indiscutibles ventajas de las relaciones de intercambio horizontales (rapidez, flexibilidad, posibilidad de elegir entre distintas opciones) y la inefectividad de la planificacin autoritaria es posible establecer una sntesis superior que combine las ventajas de las actividades descentralizadas con las ventajas de que esas actividades estn guiadas por intereses sociales definidos en los territorios y grupos sociales donde ellas impactan. Esto no es ms que hacer que las empresas, estatales o no, operen bajo una lgica que premie los comportamientos socialmente responsables y penalice los que atenten contra el inters social.

Concluye que ms all de la forma estatal y la forma privada, existen otras formas empresariales democrticas y socializantes que son ms prometedoras desde la perspectiva de la construccin de una sociedad ms justa y humana: la empresa autogestionada o cogestionada por los mismos productores, as como la empresa cooperativista.

Trascender la forma-valor del mercado

El reto que encara Cuba desde 1959 para construir una sociedad que supere definitivamente las lacras tanto del neocolonialismo como del capitalismo, es el de trascender la forma-valor propia del mercado capitalista hacia la forma-comunidad como eje democratizante del proceso social de produccin y distribucin. En ello radica la esencia de la propuesta comunista, no como ideal o ideologa, sino como horizonte emprico del movimiento real que asume la historia ante el agotamiento y debacle del orden civilizatorio capitalista.

Quien mejor lo entendi fue Ernesto Che Guevara cuando a comienzos de la Revolucin cubana, a propsito de su crtica visionaria del socialismo real europeo y el anticipo de su crisis inminente, sentenci: Con la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercanca como clula econmica, la rentabilidad, el inters individual como palanca, etctera) se puede llegar a un callejn sin salida.

Segn el Che, en medio de las debilidades estratgicas propias del periodo inicial de la Revolucin bolchevique, Lenin se equivoc cuando accedi a iniciar la construccin del socialismo con el Nuevo Plan Econmico, el cual le otorg una centralidad a la ley del valor y a sus mecanismos de desarrollo. La Revolucin bolchevique arranc as con un cierto sentimiento de inferioridad frente a los capitalistas (Apuntes crticos a la economa poltica, Ocean Sur, La Habana, 2006).

No hay usos inocentes y aspticos de las lgicas capitalistas de organizacin y produccin social, insisti el Che. Es una ilusin creer que se pueden controlar para que no desemboquen en las asimetras econmicas y desigualdades sociales de siempre. Para el clculo econmico del capital, la produccin de riqueza est reida con la potenciacin de libertad. De ah que bajo el modelo sovitico la produccin de riqueza progresivamente se fue divorciando de su socializacin material, tanto en el mbito de la distribucin equitativa como de la decisin poltica. Se crey que bastaba con la estatizacin de los medios de produccin y de distribucin. El socialismo real europeo advino as en un capitalismo monopolista del Estado.

Hacia nuevas formas de propiedad social

Romper con ese modelo hiperestatizado surgido de la experiencia sovitica constituye uno de los mayores imperativos del momento para la potenciacin de nuevas experiencias histricas de construccin de lo comn. Sobre ello nos dice el reconocido politlogo argentino Atilio Boron en su nueva obra titulada Socialismo del Siglo XXI: Hay vida despus del neoliberalismo?: Uno de los problemas ms serios que tuvo la experiencia sovitica, y todas las que en ella se inspiraron, fue el de confundir propiedad pblica con propiedad estatal. Uno de los desafos ms grandes del socialismo del siglo XXI ser demostrar que existen formas alternativas de control pblico de la economa distintas a las del pasado.

Pero es menester inventar para no seguir errando. Por ello insiste Boron : No hay modelos por imitar. El neoliberalismo impuso el pensamiento nico sintetizado en la frmula del Consenso de Washington. Pero hay otro pensamiento nico: el de una izquierda detenida en el tiempo y que carece de la audacia para repensar y concretar la construccin del socialismo rompiendo los moldes tradicionales derivados de la experiencia sovitica. Por qu no pensar en un ordenamiento econmico ms flexible y diferenciado, en el que la propiedad estatal de los recursos estratgicos y los principales medios de produccin cuestin esta no negociable conviva con otras formas de propiedad pblica no estatal, o con empresas mixtas en las que algunos sectores del capital privado se asocien con corporaciones pblicas o estatales, o con firmas controladas por sus trabajadores en asociacin con los consumidores, o con cooperativas o formas de propiedad social de diverso tipo como las que se estn impulsando en la Venezuela bolivariana pero ajenas a la lgica de la acumulacin capitalista? .

Por ejemplo, ms all de las formas empresariales auto o cogestionadas o las cooperativas, emergen otras formas de organizacin de la produccin para apuntalar las experiencias de lo comn en estos tiempos. Es el caso de la empresa de produccin social que se ha estructurado en Venezuela como instrumento del llamado socialismo del siglo XXI, cuyo propsito es incorporar a las comunidades en la gestin democrtica de la economa. Asimismo, en la economa global ha surgido incluso una nueva modalidad de empresa privada llamada Corporacin B, dedicada a operar con fines sociales y comunes, y no individuales, en lo que se conoce como la nueva economa verde.

Sin embargo, si subsiste an un taln de Aquiles al interior del proyecto histrico de lo comn es el de la dependencia en la forma-mercado como eje primordial del periodo de transicin hacia la nueva sociedad poscolonial y poscapitalista. Ello incluye la fijacin en la forma privada de produccin social como nica alternativa a la forma estatal, as como en la miope reduccin de la propiedad social a la propiedad estatal.

Hay que admitir que estamos ante una manifestacin de la pobreza terica y prctica de la que an adolece el proyecto comunista. Mientras no se entienda que hay vida de lo comn ms all de lo privado e, incluso, de la esfera de lo pblico como instancia centralizada y burocratizada de mando poltico que est por encima de la sociedad, se seguir reproduciendo las mismas relaciones sociales y polticas alienantes del orden que se aspira a enterrar.

El reto de una economa poltica de lo comn

Segn advierte el terico social ruso Alexander V. Buzgalin en su obra El futuro del socialismo: El socialismo, a fines del siglo XX, perdi con el capitalismo incluso en el terreno de la teora. Sin jugar hasta el final este partido; sin dar una explicacin - suya - ms precisa, ms perspectiva, de las leyes del actual mundo global que las elaboradas por el liberalismo burgus y por el post-modernismo; sin repensar dialcticamente (de manera positiva, que conserve lo positivo) y criticando al Marxismo, sin crear una teora del socialismo del siglo XXI, marcharemos como a ciegas, por el mtodo de pruebas y errores y perderemos.

Precisamente, en ausencia de modelos alternativos centrados en la construccin de lo comn, no son pocos los que intentan convencer al gobierno cubano de las bondades del socialismo de mercado de los chinos, una neoliberalizacin ms limitada bajo el control del Estado y el Partido gobernante, como una alternativa real para la reestructuracin de su propio modelo econmico, sobre todo por sus evidentes xitos macroeconmicos.

Sin embargo, segn el economista cubano Omar Everleny su pas se encamina hacia el desarrollo de un modelo propio ms descentralizado que sirva para estimular las fuerzas productivas. Y segn el profesor de la Universidad de La Habana y vicedirector del Centro de Estudios de la Economa Cubana, si bien no se estar adoptando in toto el modelo chino o el vietnamita, por las diferencias que existen entre las realidades respectivas, s se estarn aplicando algunas experiencias de ambos casos.

Ahora bien, hay quienes como Martin Hart-Landsberg y Paul Burkett (China, entre el socialismo real y el capitalismo: Reformas de mercado y luchas de clases, Centro Internacional Miranda, Caracas, 2007) advierten sobre las particularidades histricas concretas de la experiencia china y las problemticas consecuencias sociales de sus polticas econmicas.

Al intentar vencer a los neoliberales con sus propias herramientas, los progresistas han perdido de vista la observacin marxista bsica que el desarrollo capitalista implica la alienacin social de los trabajadores de las condiciones necesarias de la produccin, incluidas las condiciones naturales, y la conversin de dichas condiciones y de la fuerza de trabajo de los obreros en medios para la produccin de mercancas a fin de obtener beneficios. En otras palabras, se pierde de vista el hecho de que la produccin capitalista es explotadora de clases y se fundamenta en una clase alienada, sealan los economistas estadounidenses.

Es hora de comprender que no hay mejor palanca para el desarrollo y la produccin de riqueza que una democracia radical, es decir, la participacin activa de todos los miembros de la sociedad como protagonistas de los procesos decisionales de su comunidad, incluyendo los relativos a la produccin social y la distribucin de sus frutos. En fin, no hay otro modo de potenciar la emergencia histrica de lo comn en estos tiempos que no sea a partir del parto de una economa poltica de lo comn, es decir, como gestin colectiva que encarne la capacidad comn de producir y reproducir lo social dentro de un marco societal heterodeterminado.

He ah el reto de cualquier reestructuracin econmica y social como la emprendida actualmente en Cuba. Y como tantas veces han advertido sus dirigentes, lo que est en juego es nada menos que el futuro de su Revolucin.


* El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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