Portada :: frica :: Gdaim Izik, asalto al campamento de la dignidad
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-11-2010

Nuestra deuda con el Shara Occidental

Atenea Acevedo
Rebelin


En esta poca desquiciada la tragedia es el nico pasaporte que garantiza el trato privilegiado de los titulares y las primeras planas de las grandes corporaciones mediticas. Desde la madrugada del 8 de noviembre el horror del ataque armado contra el campamento de Agdaym Izik en las afueras de El Aain ha obligado al mundo a recordar la existencia del Shara Occidental, tierra mtica y legendaria, militarmente controlada y explotada por la autoritaria monarqua marroqu, con sus cientos de detenidos desaparecidos, sus presos de conciencia, su gente sometida a la violacin constante de los derechos ms elementales. Ah, otra vez, corren ros de sangre y el fuego devora las jaimas, pero nada parece contener la sed de libertad.

No tienen nada y te lo dan todo es una expresin casi tpica de tan repetida entre quienes viajan a los campamentos de poblacin saharaui refugiada en Argelia o a los territorios saharauis ocupados por el ejrcito marroqu desde 1975. Sin embargo, son las palabras que mejor describen la realidad. Pocos gestos desarman con mayor eficacia la arrogancia occidental que la calidez o la generosidad saharauis, solo superadas por la leccin invaluable de su amor por la dignidad y la resistencia.

Esa leccin es una de tantas que tiene a la humanidad en permanente deuda con este pueblo. Le debemos, adems, la concrecin de su salida del limbo causado por una descolonizacin no consumada por Espaa y la ocupacin militar alau. Le debemos la destruccin del Muro de la Vergenza, la consolidacin del derecho al retorno y la recuperacin de las familias. La deuda incluye, tambin, el coraje de hacer los eufemismos y las ambigedades a un lado y llamar de una vez a las cosas por su nombre. A la lista se suman las tareas de abandonar la indiferencia disfrazada de neutralidad, exigir el reconocimiento del cinismo que acompaa los intereses econmicos y geoestratgicos, respetar el camino que democrticamente decidan seguir y no abandonarlos en esta hora decisiva.

Sobre todo, le debemos a la juventud saharaui la posibilidad de un horizonte que no est ensombrecido por el exilio o la tortura, ni exija la renuncia a su identidad o la negacin de su historia. A los mayores les debemos el final de la pesadilla que es vivir de la ayuda internacional y el dolor de aferrarse a una esperanza insostenible. En resumen, les debemos, a cada uno, al menos una certeza: la capacidad de pronunciar la palabra futuro sin lgrimas en los ojos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter