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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2010

Shara Occidental
El espejismo de una tregua

Ana Camacho
En arenas movedizas


N o hay nada como el mtodo deductivo: como sospechbamos lo de Trinidad Jimnez a Bolivia y Ecuador iba de toccata y fuga. El aviso de Taieb Fassi Fihri fue un gesto con el que ganar puntos con la flamante ministra que le debe ahora haberse evitado un papeln de lo ms incmodo en Rabat. Pero esta cortesa no tiene por qu ser incompatible con un hecho que asoma con contundencia: algo busca desesperadamente Mohamed VI en Espaa, desde este verano, algo que seguro que tiene que ver con el Shara y que Zapatero no le da. Un indicio de este pulso son los llamados problemas o crisis de Melilla que, como ocurri con la crisis de Perejil, tienen relacin directa con una situacin de nerviosismo extremo en Rabat. Una de las consecuencias de la brutal represin a sangre y fuego en el campamento de Gdeim Izik y El Aain es que se va a disparar el nerviosismo del ya muy desquiciado strapa alauita y sus prisas por lograr lo que Zapatero le niega. As que abrochmonos los cinturones que vienen curvas.

La prioridad ahora mismo son los centenares de desaparecidos en la batalla campal de El Aain que hay que rescatar antes de que las crceles negras los condene, en el mejor de los casos, a una existencia de muertos en vida. Dicen que son al menos 150, pero podran ser muchos ms. Las redadas en los domicilios de saharauis no se han limitado a los supuestos cabecillas de la revuelta como dicen hoy en las televisiones. Han sido indiscriminadas y, en algunos barrios la ronda de los camiones policiales que han cargado con detenidos a destino desconocido se ha repetido hasta tres veces a lo largo del da. Una amiga anoche me contaba desde El Aain que no poda soportar los lacerantes llantos de los nios que abarrotaban la casa del vecino: eran tantos los que andaban perdidos por las calles quizs porque en sus casas no haban quedado mayores o porque sus padres no haban podido volver, que los que no haban sido detenidos se dedicaban a recogerlos en sus casa. La clave de la vuelta a la calma que en El Aain que hoy destaca la prensa marroqu parece que est ms en el siniestro y preocupante silencio radio de los que hasta ayer informaban a travs de sus mviles, que de una rendicin.

HACER ALGO POR LOS DESAPARECIDOS

Los heridos, los detenidos, por supuesto deben ser nuestra prioridad.Pero no perdamos de vista otro elemento sustancial de la lucha porque, de lo contrario, su sacrificio habr sido intil. Mohamed VI ha vuelto a cometer un grave error y va a intentar rehacerse. La va ms corta es la que pasa por contar con la potencia que tiene la ltima palabra cuando se trata del Shara Occidental y no slo por solidaridad, historia y cultura sino por imperativo legal, tal como lo recoge el art. 73 de la Carta de Naciones Unidas y el dictamen de 2002 del asesor jurdico de la ONU Hans Corell.

El hecho de que Zapatero no haya hasta ahora cedido no debe hacer cantar victoria a ninguno de los espaoles indignados con el drama de El Aain . Las lamentables declaraciones con llamamiento a la prudencia del vicepresidente Rubalcaba prueban una vez ms de lo que es capaz Zapatero, con tal de librarse de los problemas sin afrontarlos. As que hay que deducir que, quizs, no ha podido satisfacer a Mohamed simplemente porque lo que le pide es tan gordo, que est fuera de su alcance. Algo tan grave, como por ejemplo, un golpe de mano para que la comunidad internacional reconozca su soberana en el Shara Occidental saltndose a la torera el derecho a la autodeterminacin del pueblo saharaui.

Eso, para que nos entendamos, sera el remate de los Acuerdos de Madrid que firm el ultimo gobierno del general Franco el 14 de noviembre de 1975. Hasta Zapatero comprende que una cosa es saltarse el derecho internacional a la torera, como sigue haciendo no condenando la brutalidad marroqu y no haciendo nada para que los desaparecidos y los detenidos vuelvan a sus casas, y otra muy distinta es cruzar una lnea roja que la creciente disidencia de su propio partido y un importante sector de sus votantes, no le perdonaran. Lo uno tiene remedio y deja abierta la esperanza a un arrepentimiento, lo segundo no.

ENGAO CON TAPADERA IDEOLGICA

Hay sin embargo otro sector poltico, sin embargo, que tampoco se va a librar de las curvas y son los que se han fiado de los Gustavo de Arstegui y sus teoras, sospechosamente coincidentes con las del inefable Moratinos (bye, bye). Se trata de los que alientan la indiferencia entre su feligresa enarbolando la bandera ideologica y los intereses de Espaa, formula mgica para zanjar cualquier discusin con transfondo de derechas. Preprense porque cuando los reyes de Marruecos sienten que sus aspiraciones a hacerse con el Shara peligran, inmediatamente le retuercen el brazo a Espaa y entonces, ya no son slo los indefensos saharauis los que pagan las consecuencias de una poltica de dejacin e inanidad: que si amenaza de dejar a los pesqueros sin faena, que si amago de desestabilizacin en Ceuta, Melila, Perejil y lo que tercie, que si ultimtum con de por medio la repeticin de la no cooperacin que condujo al atentado del 11-M

Claro que los Arstegui , al igual que los Moratinos, tienen la cuadratura del crculo: se contenta a Mohamed VI con el Shara y tendremos el comienzo de una nueva era de amistad verdadera. Para cuando sus electores les pidan explicaciones por haberles tomado el pelo, ellos estarn cmodamente prejubilados en alguna playa tropical.

Fuente: http://enarenasmovedizas.blogspot.com/2010/11/sahara-occidental-el-espejismo-de-una.html



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