Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn: 25 aos de su fallecimiento
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2010

Un texto de 1983
En el primer centenario del fallecimiento de Karl Marx: Carta de la redaccin de mientras tanto

Manuel Sacristn Luzn
Rebelin


Nota edicin: El siguiente escrito fue la carta de la redaccin de mientras tanto en el nmero monogrfico que la revista public con ocasin del primer centenario del fallecimiento del autor de El Capital: Karl Marx. 1883-1983, mientras tanto 1983; 16-17: 5-7. Los miembros del consejo de redaccin de la revista contribuyeron activamente en la discusin del texto pero la redaccin ltima fue realizada por Sacristn. Se recogen en l algunas de las preocupaciones e intereses del ltimo Sacristn y no veo que, bajo ningn punto de vista, pueda o deba ser etiquetado como escrito menor o de mera intervencin. Por lo dems, lo sucedido desde entonces, cuando an no se haba producido la desintegracin de la Unin Sovitica ni la cada del socialismo en Europa del Este, y en China no campaba a sus aires, raudo y veloz, un capitalismo poco afable conducido por un Partido Comunista renovado, cuando, deca, nada de ello haba sucedido en el momento de su publicacin, otorga al escrito, si cabe, mayor inters.

 

En una conversacin de aquel mismo ao con la revista mexicana Dialctica Sacristn sealaba, igualmente a raz de una reflexin sobre el Marx tardo, un interesante y entonces poco explorado sendero socialista: (...) Creo que, a pesar de la aspiracin que siempre tuvo de producir obra muy terminada literariamente -lo cual es una de las causas de que dejara tanto manuscrito indito-, Marx ha muerto sin completar su pensamiento, sin pacificarse consigo mismo. Eso debe tener que ver con el hecho de que la ltima parte de su vida coincide con una importante transicin en el conocimiento cientfico. El ao de la muerte de Karl Marx, recordaba Sacristn, haba sido el ao de la aparicin de la Introduccin a las ciencias del espritu de Dilthey, de la Historia de la mecnica de Mach y de los dos ensayos de Sergio Podolinski en Die Neue Zeit sobre termodinmica y ley del valor, con conceptos que Marx ya no puede alcanzar, pero cuya problemtica, percibido ms o menos claramente, ha hecho vacilar, en mi opinin, al viejo Marx. En las cartas del viejo Marx, podan leerse declaraciones que tenan que ser sorprendentes para muchos marxistas: Hoy ya nos hemos acostumbrado a varias de ellas. Por ejemplo, la actitud de Marx respecto de la comunidad aldeana rusa. Hoy sabemos que Marx escribi a Vera Sassulich que la comunidad aldeana rusa poda ser un camino al socialismo, y que no era verdad que el camino por el capitalismo fuera el nico posible, como pensaban los marxistas rusos. Tampoco sorprenda, aada de manera optimista Sacristn, la declaracin de Marx, en esa misma carta, segn la cual l ha estudiado el desarrollo de ciertos pueblos, a saber, los de Europa occidental. No menos sorprendentes eran, para la vulgata marxista, ciertas consideraciones y reflexiones del viejo Marx a las que yo estoy dispuesto a dar cierta importancia; por ejemplo, consideraciones melanclicas de rechazo de la penetracin del ferrocarril por los valles de los afluentes del Rin. Se dir que stas son declaraciones en cartas, que no se pueden comparar con El Capital. Claro que no se pueden comparar con El Capital, pero tienen tambin una significacin. Hay un abismo entre el Marx que quiere que los Estados Unidos invadan de una vez Mxico para incorporarlo al capitalismo mundial y el Marx que preferira que el ferrocarril se detuviera en las grandes ciudades renanas y no siguiera penetrando en el pas campesino. (Qu habra pensado de las autopistas nazis?). Hay una distancia que no es terica -esto es, que no se refiere a la explicacin de lo real- sino poltica, referente a la construccin de la nueva realidad. Sacristn reconoca que reflexiones anlogas del viejo Marx, la conocida carta a Vera Sassulich o la carta a Engels sobre los ferrocarriles, le haban abierto el camino para pensar que no haba contradiccin entre mantener el modelo marxiano referente a la accin del desarrollo de las fuerzas productivo-destructivas y su choque con las relaciones de produccin, y una concepcin poltica socialista que no confa ciega e indiscriminadamente en el desarrollo de las fuerzas productivo- destructivas, sino que conciba la funcin de una gestin socialista -y no digamos ya de la comuna- como administracin de esas fuerzas, no como simple levantamiento de las trabas que les opongan las actuales relaciones de produccin. Me parece que una vez formulado as, esto resulta muy obviamente coherente con la idea de sociedad socialista, de sociedad regulada [todos los nfasis son mos].

*

Lector, lectora, dedicar un nmero de mientras tanto [1] a tratar de Marx con motivo del centenario de su muerte es seguramente participar en la fiesta acadmica celebrada bajo la advocacin del Marx de todos. La verdad es que no hay por qu negar que existe un Marx de todos, o de casi todos: de los liberales y de los demcratas, de los socialdemcratas y de los estalinistas, de los trotskistas [2] y de los eurocomunistas...Y, desde luego, el Marx de los acadmicos, el Marx-tema-de-oposiciones. Ni siquiera el narcisismo herido, autoherido, de todos los collettis [3] o antiguos apologistas de Marx que ahora le imputan los campos de concentracin siberianos (aunque conservan suficiente buen sentido para no imputar a Cristo el estadio de Santiago de Chile [4], seguramente porque no sostuvieron antes que Cristo era un cientfico puro sin relacin con el antiguo testamento) renuncia a completar su racin anual de publicaciones con algn paper sobre el santn derribado.

Tambin es verdad que, si Marx puede ser de todos, ser porque est ms o menos exorcizado y ya no se teman de l efectos malficos. Pero la exorcizacin de Marx es un asunto complicado, y decir que ahora ya se ha conseguido es caer en un error: como not Gramsci, ya en otras ocasiones anteriores se ha credo a Marx exorcizado. Gramsci [5] pensaba en los grandes burgueses rusos de finales del siglo pasado y comienzos de ste, para los cuales, deca, El Capital debi de ser libro de cabecera, puesto que con su esquema de filosofa de la historia les prometa el indefectible adviento de un capitalismo perfecto. Pero aquellos grandes burgueses se equivocaron al creerse al pie de la letra las leyes y necesidades que encontraron categricamente enunciadas en El Capital y en otros escritos del Marx que se podra llamar clsico. Exactamente igual se equivocaron los bolcheviques, que creyeron tambin en todas aquellas necesidades y determinaciones infalibles. Si el error de los primeros se inscribi principalmente en los hechos, pues ellos nunca pudieron presidir un capitalismo ingls en Rusia, el de los segundos tiene adems documentacin autgrafa de Marx: las cartas, hoy clebres pero entonces desconocidas, a Otetschestwennyje Sapiski [Anales de la Patria] y a Vera Sassulich, en las que Marx relativiza lo ms especulativo de su sistema, limitndolo a los pases de la Europa Occidental, y, sobre todo, renuncia explcitamente a la filosofa de la historia. Al final de su vida, Marx no pronosticaba nada necesario ni determinado ni a los primeros ni a los segundos; por lo que se puede suponer que su pensamiento acab desembocando ms all de las confortadoras seguridades con que lo exorcizaron burgueses y dspotas.

Cuando se lee a Marx sin seguir creyendo en ms de una necesidad histrica de la que se desprendan previsiones de cumplimiento dudoso, cuando no claramente contradichas por los hechos, qu valor se aprecia principalmente en sus escritos? Ante todo, el de ser lugares clsicos de la tradicin revolucionaria. La obra de Marx se coloca en la sucesin de los que, en nombre de Dios o de la razn, han estado en contra de la aceptacin realista de la triste noria que es la historia de la especie humana, vuelta tras vuelta de sufrimientos no puramente naturales y de injusticias producidas socialmente. Dentro de esa tradicin, Marx se caracteriza por haber realizado un trabajo cientfico fuera de lo comn. Pero, precisamente, no hay trabajo cientfico cuyos frutos estn destinados a durar para siempre, como no sea en las ciencias que no hablan directamente del mundo.

Cuando, a finales de los aos setenta del siglo pasado, Marx relativizaba los resultados de su investigacin, admita que eran posibles desarrollos comunistas que no pasaran por el modo de produccin capitalista, que fueran, por as decirlo, para-capitalistas; la indeterminacin en que estamos hoy respecto de un camino comunista es propia, en cambio, de una situacin que se podra llamar post-capitalista, si por capitalismo se entiende lo que conoci Marx; no porque estemos ms all del capitalismo, sino porque nos encontramos ya ante la urgente necesidad de resolver problemas de los que Marx haba pensado que no seran abordables sino despus del capitalismo. El ms importante de esos problemas previstos por Marx es el ecolgico, desde sus aspectos relacionados con la agricultura hasta el motivado por las megalpolis. A Marx la solucin de esos problemas le pareca cosa del futuro socialista. Difcilmente habra podido imaginar que el crecimiento de las fuerzas productivo-destructivas, iba a plantear esos problemas, y con urgencia, antes de que se vislumbrara un cambio revolucionario de la vida cotidiana, ni siquiera de la mera poltica.

Aunque el principal, se no es el nico terreno de revisin necesaria de las previsiones de Marx, de sus certezas o de sus confianzas. Hay muchos otros, empezando por la misma expresin verbal de las ideas ms elementales del pensamiento comunista. La nica explicacin del mantenimiento de una jerga metafsica de finales del siglo XVIII y principios del XIX para hablar de comunismo es la eficacia emocional de las frmulas rituales (por lo que hace al pueblo fiel) y la utilidad de su dominio para escalar en la carrera acadmica o poltica (por lo que hace a los clrigos).

Cuando se piensa -como pensamos en el colectivo de mientras tanto- que el valor principal y ms duradero de la obra de Marx es su condicin de eslabn de la tradicin revolucionaria, revisar crticamente esa obra quiere decir intentar mantener o recomponer su eficacia de programa comunista. Trabajar la obra de Marx separndola de la intencin comunista de su autor no tiene sentido marxista, aunque puede tenerlo poltico-conservador o acadmico. Separar de aquella intencin motivos que no se sostienen bien cientficamente, o que son ya inaplicables a una realidad cambiada, es seguir la tradicin de Marx: eso mismo intent l con autores como Owen o Fourier [6].

Para contribuir a esa tarea no es malo detenerse de vez en cuando a releer a Marx a la luz de los problemas vivos. Y por qu no en el centenario? [7] [Ninguno de los nfasis es de Sacristn]

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Notas edicin:

[1] En Entrevista con Naturaleza (Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, Barcelona, Icaria, 1987, p.136), Sacristn comentaba: P.: Cmo surge la idea de fundar la revista comunista ecologista mientras tanto? R: Surgi por el deseo de contribuir a que en la izquierda espaola se acogiera y se elaborara los nuevos problemas civilizatorios a los que nos hemos estado refiriendo. El colectivo de la revista procede casi en su totalidad del partido comunista, de las juventudes comunistas y de otros partidos comunistas menores, pero hoy ya el mbito de sus colaboradores y lectores se extiende por ambientes ecologistas de varios tipos, anarquistas, feministas y, en general, contraculturales.

En la primera Carta de la redaccin de la revista (mt nm 1, pp.6-7), se sealaba: (...) La tarea se puede ver de varios modos, segn el lugar desde el cual se la emprenda: consiste, por ejemplo, en conseguir que los movimientos ecologistas, que se cuentan entre los portadores de la ciencia autocrtica de este fin de siglo, se doten de capacidad revolucionaria; consiste tambin, por otro ejemplo, en que los movimientos feministas, llegando a la principal consecuencia de la dimensin especficamente, universalmente humana de su contenido, decidan fundir su potencia emancipadora con la de las dems fuerzas de libertad; o consiste en que las organizaciones revolucionarias clsicas comprendan que su capacidad de trabajar por una humanidad justa y libre tiene que depurarse y confirmarse a travs de la autocrtica del viejo conocimiento social que inform su nacimiento, pero no para renunciar a su inspiracin revolucionaria, perdindose en el triste ejrcito socialdemcrata precisamente cuando ste, consumado su servicio restaurador del capitalismo tras la segunda guerra mundial, est en vsperas de la desbandada; sino para reconocer que ellos mismos, los que viven por sus manos, han estado demasiado deslumbrados por los ricos, por los descreadores de la Tierra. Todas esas cosas se tienen que decir muy en serio. La risa viene luego, cuando se compara la tarea necesaria con las fuerzas disponibles. Las nuestras alcanzan slo para poner cada dos meses noventa y seis pginas a disposicin de quien quiera reflexionar con nosotros acerca de todo lo apuntado. Quienes de verdad tienen la palabra son los movimientos potencialmente transformadores, desde las franjas revolucionarias del movimiento obrero tradicional hasta las nuevas comunidades amigas de la Tierra. Slo cuando unas y otras coincidan en una nueva alianza se abrir una perspectiva esperanzadora. Mientras tanto, intentaremos entender lo que pasa y allanar el camino, por lo menos el que hay que recorrer con la cabeza.

2) Sobre Trotsky el trotskismo, estas breves anotaciones de Sacristn del fichero Marxologa depositado en Reserva de la BC de la UB:

1. La oposicin de izquierda se propone como fin decir lo que hay (A la redaccin de la revista Comunismo, Comunismo 1, marzo de 1931). Sacristn: Es el comienzo ms fundado y natural de la disidencia en un partido revolucionario. [Melanclica comprobacin].

2. La debilidad del trotskismo (ya en Trotsky) respecto de la III Internacional es la de Gramsci: racionalismo y, sin embargo, permanencia en poltica en sentido clsico. Logicismo, dualismo, voluntarismo. Cuando reprocha senilizacin a Togliatti, se trata de esto. Togliatti dej de ser senil cuando se supo representante de organizacin fuerte de clase.

3. S, el fascismo avanza ahora en el mundo entero a paso de gigante. Pero dnde est su fuerza? En la desorientacin de las organizaciones obreras, en el pnico de la burocracia obrera, en la perfidia de sus dirigentes. Bastara al proletariado de un slo pas oponer una resistencia implacable a la canalla reaccionaria, y con una resuelta ofensiva conquistar el poder, para que el avance del fascismo se trocara en su desbandada prctica y en su descomposicin (Manifiesto de los comunistas al proletariado mundial. Por la IV Internacional. Comunismo, 1936, Fontamara, 1978, p.186). La subestimacin de la causa del fascismo es aqu tan demaggica que parece provocacin, en particular si se tiene en cuenta la estimacin acertada del avance del fascismo.

4. Si la organizacin de la III Internacional fue imposible sin antes depurar la doctrina de Marx del revisionismo, ahora la creacin de partidos revolucionarios proletarios es inconcebible sin una depuracin de los principios y los mtodos del comunismo de las falsificaciones del centrismo burocrtico (Declaracin de la Oposicin Comunista de Izquierda Internacional.Comunismo, 28, 1933.Fontamara, 1978, p. 172). La primera lectura es de risa: qu revisin del marxismo habr cometido Marx? Lo primero, naturalmente, es eliminar esta supraescolstica idealista que supone la existencia de una teora en s y eterna. Pero hay buen instinto: habla de las incrustaciones positivistas de las que habla Gramsci, del economicismo y del fatalismo: del reformismo, de la falta de alteridad suficiente. Hay algo inmutable: lo que no es ciencia. Claro que puede ser imperativos muy formales.

5. Las Tesis sobre la direccin oficial del partido presentadas a la III Conferencia por Esteban Bilbao contienen una excelente explicacin de la involucin rusa (CC, pp.68-69). Luego se estropea por la idea de desviacin (ms o menos consciente) idea que obstaculiza el anlisis causal y la autocrtica autntica. Pero al final vuelve sensatamente a lo mejor de la actitud trotskista de la poca (C. 70) (La izquierda comunista... (IV)).

3) Sobre Lucio Colletti, este interesante paso de Una conversacin con Manuel Sacristn por J. Guiu y A. Munn (Acerca de Manuel Sacristn, ed cit, pp.112-116): (...) Colletti, ha sido un representante muy caracterstico de un marxismo cientificista en el sentido de un marxismo entendido como teora cientfica. En mi opinin es obvio que el marxismo no es eso, que el marxismo es una tradicin del movimiento emancipatorio moderno, del movimiento obrero [] Bien, en cualquier caso, en mi opinin, la crisis del marxismo vista desde un punto de vista internalista, esta crisis del marxismo, la ejemplificable con Colletti y con Althusser, es la natural bancarrota de quien ha credo que el marxismo era una ciencia, cosa que no es. En el momento que descubre que no lo es, si l ha credo que el marxismo era eso se queda sin marxismo. Es evidente. Colletti se pas la vida intentando depurar el marxismo como ciencia, quitndole Hegel al marxismo, que es como quitarle la Biblia a Jess de Nazaret, claro, o como quitarle la Biblia al Evangelio de San Mateo, aproximadamente. Cuando descubre que no puede, que no hay nada que hacer, que Marx ni siquiera tiene inequvocamente el concepto moderno de ciencia, entonces se le hunde aquello. Para m es claro, desde el punto de vista internalista; lo describira as: es la bancarrota del cientificismo, pero un cientificismo que (...) yo no creo que Althusser o Colletti fueran cientificistas en el sentido en que lo son los positivistas. Es otro tipo de cientificismo; es marxismo cientificista, por as decirlo. La creencia en que el marxismo sea una ciencia [la cursiva es ma].

4) Sacristn hace referencia a un estadio de Santiago de Chile donde fueron detenidos, torturados y asesinados numerosos miembros y simpatizantes de la Unidad Popular (y de otros partidos de la izquierda revolucionaria chilena). La bendicin eclesistica en sta, como en otras ocasiones conocidas y cercanas, no se hizo esperar.

5) Del cuaderno Gramsci depositado en Reserva de la BC de la UB, estas breves anotaciones de Sacristn sobre Gramsci, "La rivoluzione contro il Capitale, IGP 5-I-1918. E: SG 149-153 [Planteamiento explcito de su problema con Marx]:

Es el primer artculo de Gramsci sobre Octubre. El mismo da (24-XI) haba escrito acerca del tercer rgano que faltaba -pero que no era an los consejos, sino la Asociacin de cultura. Desarrollo:

1. Los bolcheviques, hasta ahora fermento que ha evitado el estancamiento de la revolucin rusa, se han hecho con el poder.

2. La revolucin de los bolcheviques esta hecha de ideologa ms que de hechos. A eso sigue la frase: Es la revolucin contra El Capital de Carlos Marx (E 150).

3. La explicacin de cmo son y no son marxistas los bolcheviques. La interpretacin de Marx: 1 versin: las incrustaciones positivistas.

4. Segunda versin: Marx no poda prever la formacin rpida anormal de voluntad popular ya por la guerra [Implcito: El esquema marxiano est hecho para la normalidad]. Luego lo dice explcitamente. La sensacin es que admite la interpretacin socialdemocrtica de Marx, y por eso tiene el problema.

5. Tercera explicacin: el pueblo ruso ha hecho la evolucin normal con el pensamiento.

Es de mucha importancia notar la oscilacin de Gramsci. El tratarse de textos periodsticos es una suerte, permite verla fcilmente: en un libro habra eliminado contradicciones.

6) En el coloquio de la conferencia Por qu faltan economistas en el movimiento ecologista? (1980), se le pregunt a Sacristn por su opinin sobre Illich y los socialistas utpicos. Esta fue su respuesta: (...) A m, francamente, Ivan Illich me parece no slo flojo y mal pensador sino que me parece insincero. Indirectamente es un defensor de tecnologas, detrs de las cuales estn grandes monopolios. Por ejemplo, esa apologa de los medios electrnicos y del telfono, que l hace constantemente. El objeto de su ataque siempre es lo pblico... En cambio, de los socialistas utpicos mi actitud ahora, que no s hasta qu punto puede interesar (...), pero ya que estoy lo digo, claro: Fourier me interesa muchsimo ahora; Saint Simon, poqusimo -bueno, algo, pero poco-; Owen, poco tambin; Cabet y los menores, casi nada; Babeuf, bastante. Pero el que ms Fourier.

7) Dado que este texto es una carta de la redaccin de mientras tanto, no ser acaso insustancial algn apunte ms sobre esta publicacin. Entre los papeles usados en la discusin de la lnea editorial de la entonces nueva revista de ciencias sociales, hay uno elaborado por Sacristn con fecha 1/7/1979, que lleva por ttulo Para la discusin de la lnea de mientras tanto, donde se sealan algunos de los puntos bsicos de la publicacin. El papel lleva una advertencia Esta nota est escrita conociendo ya la de Paco [Fernndez Buey], cuyo anlisis de la situacin comparto y est dividido en cuatro apartados. El primero: Para trazar la lnea de la revista me parece til empezar por un repaso de puntos que creo ya fijados por los dos aos de existencia de la redaccin:

1. mientras tanto es principalmente una revista de pensamiento social. Este punto me parece que qued establecido por el pblico lector de materiales, tanto como o incluso ms que por eleccin nuestra. 2. Pensamiento social es un rtulo que se tiene que entender de modo amplio, no en el sentido de la Filosofa social acadmica. La temtica de la revista no queda materialmente especificada por esa rotulacin, sino slo el punto de vista. La msica, o la literatura, o la fsica, etc., son tambin objeto de consideracin por el pensamiento social en el sentido que nos interesa. 3. Ese pensamiento social es de tradicin marxista, es marxista en sentido histrico cultural, no necesariamente en sentido dogmtico o institucional (Pero la tradicin marxista incluye, naturalmente, tambin el marxismo profesional o institucional). 4. El marxismo de mientras tanto se puede, adems, caracterizar materialmente por un intento de ampliacin y revisin del pensamiento de los clsicos, intento al que aludimos en serio y en broma al hablar de una lnea rojo-verde-violeta.

El segundo apartado puntualiza algunas de estas consideraciones. Especialmente interesante es el punto 6: Creo que esos puntos, presentes ya en Materiales, se tienen que puntualizar a su vez en mientras tanto a tenor de los siguientes repuntos: 5. mientras tanto debera construir las naturales consecuencias polticas concretas (espaolas y mundiales) del pensamiento social que cultiva. Me parece que este repunto es ya acogido por toda la Redaccin, como lo sugiere la aceptacin de la frmula de los artculos editoriales (Con este repunto 5 me adhiero a los puntos 1 y 3 del catlogo del papel de Paco. Tambin estoy de acuerdo con los dems puntos del mismo). 6. Sin embargo de lo dicho en el repunto 5, creo que la inflexin de lnea respecto de Materiales, por ser, como se habra dicho en la Edad de Oro de los grupsculos, un paso a la ofensiva, y por serlo de una revista marxista no dogmtica, sino rojiverdelila, debera desembocar en una frmula no estrechamente poltica. Creo que podemos publicar, en modesta medida, piezas literarias de significacin revolucionaria-cultural, en particular versos (p.e., de Schelley, de Guillevic, de Brecht, etc.), y tambin prosas (p.e. del fondo egipcio, de Los trabajos y los das, del Bhagavad-Gita, de la Biblia, de Eckhart, de los herejes franciscanos, de los anabaptistas, de Bacon, de Moore, de Mably, de Babeuf, de Benjamin, etc) pero no de corte pico, sino ms bien lrico, como conviene a derrotados de buen humor. El repunto 6 se basa en la conviccin de que una mentalidad revolucionaria sana y en parte nueva no puede obtener su potencia afectiva de dogmas pseudocientficos, sino de un cultivo adecuado de la sensibilidad y el sentimiento (no de Marta Harnecker, sino de los poetas revolucionarios).

El apartado 3 del papel enumera los puntos bsicos de la lnea de la revista: Los dos aos de existencia de Materiales y de su redaccin hacen posible enumerar puntos de la lnea de la revista sin preguntarse antes cul es la finalidad de sta. Sobre esta cuestin -a un inquietante aspecto de la cual alude el ltimo prrafo del folio 1 del papel de Paco- me parece que ni siquiera sabemos si hay o no hay acuerdo unnime ni mayoritario en la redaccin. Se podra discutir o considerar los siguientes objetivos posibles, que no se excluyen todos unos a otros: 1. mientras tanto tiene por finalidad realizar el gusto que tienen redactores y colaboradores en publicar y en influir de un modo genrico en la cultura de nuestra sociedad, particularmente en la subcultura de las clases explotadas. 2. mientras tanto tiene por finalidad influir crtica y positivamente en las organizaciones que son agentes principales de una cultura revolucionaria (partidos y sindicatos obreros). 3 mientras tanto se propone facilitar la unificacin de los pequeos partidos comunistas no reformistas (a la izquierda de PTE [Partido del Trabajo de Espaa]). 4. mientras tanto se propone contribuir a una nueva concepcin comunista que supere la presente crisis marxista, sin preocuparse de su realizacin. 5. mientras tanto se propone contribuir a una nueva concepcin comunista que supere la presente crisis marxista y pueda contribuir al nacimiento de una nueva organizacin.

Finalmente, en el ltimo punto 4 -Miscelnea-, sostena Sacristn: 1. Tanto lo que observa Paco sobre los autores rojos extranjeros cuando consideraciones ms positivas me llevan a creer que mientras tanto debe ser una revista muy indgena. Los autores rojos extranjeros deben ser muy ledos y comentados en la revista, pero no necesariamente publicados.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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