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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-11-2010

Lecciones de historia: informe que el reportero comunista John Reed public en 1914 sobre su pas, USA, y la Revolucin Mexicana
Qu pasa en Mxico?

John Reed
Tlaxcala

Traducido por Manuel Talens


Nadie entendi en USA la Revolucin Mexicana de 1910 pero, a pesar de ello, sta ocup un lugar importante en numerosas novelas y relatos y en el cine mudo de Hollywood, si bien fue un lugar marcado por los estereotipos, en el que los mexicanos a menudo aparecan como los malos, siempre derrotados por heroicos cowboys. Tales estereotipos dominaron el cine yanqui sobre Mxico durante la mayor parte del siglo XX. A pesar de todo ello, Francisco Villa, el lder de las revueltas campesinas en el norte de Mxico, se aprovech del inters usamericano en la revolucin para sus propios fines: firm un contrato con una compaa de documentales en el que se comprometi a guerrear durante el da para que las batallas pudiesen filmarse y destin el dinero a la compra de armas. Tambin concedi entrevistas a reporteros prominentes, incluido el comunista John Reed, quien public este artculo, What About Mexico?, en la revista Masses en junio de 1914. En l se declar contrario a la intervencin usamericana y contrarrest la imagen negativa de los mexicanos, que sola difundirse en su pas, representando su lucha como heroica y valiente.


En primer lugar, dejemos las cosas claras sobre si el pueblo mexicano est luchando nicamente porque es pendenciero o porque quiere algo que no puede conseguir de otra manera.

Es evidente que a quienes desean la intervencin y la anexin de Mxico les interesa difundir la idea de que sta es una revolucin de opereta. Quienes deseen saber la verdad de primera mano deben hacer lo que yo hice: recorrer el pas, sobre todo con el ejrcito constitucionalista, y preguntar a las gentes por qu estn luchando y si les gusta la revolucin como manera de vivir.

Se sorprendern al descubrir que los peones estn hartos de la guerra, que, por raro que parezca, no les gusta pasar hambre, sed, fro, necesidades ni sufrir heridas sin que les paguen durante tres aos; que eso de perder sus hogares y de pasar aos sin saber si sus mujeres y sus hijos estn vivos no les hace mucha gracia.

Pero, por supuesto, lo que cuentan los concesionarios extranjeros se parece mucho a ese otro argumento tan familiar en este pas nuestro: que la razn por la que los patronos no pagan mejores salarios es que los mexicanos no sabran en qu gastarlos, porque su nivel de vida es muy bajo. Pero cuando se le pregunta a la gente por qu lucha, a menudo la respuesta es que vale ms luchar que trabajar en las minas o como esclavos en las grandes haciendas.

He visitado esas minas, donde las casuchas de los trabajadores son infinitamente ms espantosas que las de los cinturones de miseria de los pueblos mexicanos. Doy un ejemplo, las propiedades de la American Smelting and Refining Company, en Santa Eulalia, donde ha construido una iglesia para contentar a los trabajadores mientras que, al mismo tiempo, aplasta las huelgas sin piedad y mantiene a aquellos pobres diablos en los barracones ms asquerosos; all, las relaciones entre mineros y operadores son tan buenas que estos ltimos no se atreven a aparecer por el pueblo al caer el da. Y para demostrar lo diferente que podra ser, he ido a Magistral, donde est la planta de la National Mines and Smelters, que es el pueblo ms feliz que he visto en Mxico.

All, los trabajadores, aunque no reciben una paga mucho mejor que los dems, viven en sus propias casas y es rara la noche en que no hay baile, en el cual los muy populares directivos de la compaa siempre estn presentes. No tengo tiempo de explicar las diferencias entre Santa Eulalia y Magistral, pero lo cierto es que son diferentes. Los mineros de Santa Eulalia se unieron a la revolucin para escapar de las minas; los de Magistral no lo hicieron. Y aquellos que no elijan luchar en vez de trabajar en la mayora de las minas yanquis de Mxico son unos degradados.

Slo hay un libro que cuenta la verdad sobre la Revolucin Mexicana y es el recientemente publicado The Mexican People. Their Struggle for Freedom, de Lzaro Gutirrez de Lara y Edgcumb Pinchon. Recomiendo encarecidamente su lectura. En este artculo no voy a entrar en profundidad en lo que cuenta, nicamente citar lo que dice sobre el autntico carcter de esta revolucin. En primer lugar, no se trata de una revolucin de la clase media, sino de una lenta y progresiva acumulacin de quejas de los peones, la clase ms baja del pas, que por fin ha estallado. Si se les pregunta a veinte de ellos al azar, ni uno solo dejar de decir por qu est luchando: por la tierra. Hace cuatrocientos aos que han luchado de maneras diferentes por lo mismo y, la mayora de las veces, como les sucede a todos los pueblos sencillos y medio primitivos, no fueron capaces de expresar este deseo con claridad. Pero que lo han sentido profundamente lo demuestra el hecho de que se levantaron en armas cada vez que alguien supo expresarlo por ellos.

sta es la causa subyacente de la revolucin. Poco a poco, los propietarios libres de impuestos de las grandes haciendas, originalmente creadas por concesiones de tierras de la corona espaola, han ido absorbiendo las tierras comunales de los pueblos, el campo abierto y las pequeas granjas independientes, y al pueblo no le ha quedado otra eleccin que ser esclavo en las grandes haciendas o renunciar a cualquier futuro. A veces, el gobierno nacional entregaba valles enteros como concesiones a capitalistas extranjeros o declaraba zonas enteras abiertas para la colonizacin sin tener en cuenta a quienes vivan en ellas, como sucedi con las tierras de los yaquis en Sonora, un acto que convirti a una etnia de agricultores, que haba vivido en paz a lo largo de trescientos aos, en una tribu guerrera que no ha dejado de resistir desde entonces.

La culminacin de este proceso fue la infame ley de tierras de 1896, de la que es responsable Porfirio Daz. Esa ley permita la reclamacin de todas las tierras de la Repblica que no tuviesen atribuido un ttulo legal de propiedad.

La cnica criminalidad de esa ley slo salta a la vista cuando uno considera que tres cuartos de las pequeas granjas independientes, e incluso la propiedad de los pueblos, eran de peones demasiado ignorantes como para saber lo que significa un ttulo de propiedad de unas tierras que sus antepasados ya labraban desde hace cuatro generaciones sin que el gobierno nunca se las hubiese reclamado. sas son las gentes a quienes los grandes propietarios despojaron de sus hogares y las obligaron a elegir entre morirse de hambre ser esclavos. Y cuando se negaban a irse, regimientos enteros de soldados federales caan sobre ellos y los exterminaban.

S de un caso en el que cuatrocientas familias fueron literalmente masacradas para que un hombre que ya posea quince millones de acres de tierra pudiese aadir unos cuantos centenares ms a su hacienda. De Lara cuenta casos todava ms horribles.

Y el resultado fue que en 1910 las grandes haciendas ocuparon todo el territorio del norte de Mxico y los campesinos quedaron encadenados a haciendas particulares por deudas, por supersticin religiosa o por la disipacin mental ms astutamente calculada. Las escuelas dejaron de funcionar o, lo que es peor, lo hicieron porque eso es lo que los hacendados queran. No era posible implantar all la enseanza pblica, ya que la ley dice que las haciendas son de propiedad privada.

Pero los peones, dispersos, incapaces de comunicar entre s, sumidos deliberadamente en la ignorancia por sus empleadores, sin ninguna esperanza de poder mejorar, siguieron alimentando un sueo.

He dicho que los mexicanos son un pueblo campesino. Son ms que eso. Como cualquier otro pueblo, nada los estimula ms que ser propietarios de sus hogares y herramientas. Los peones de las haciendas soaban con las granjas que sus abuelos haban posedo y que ellos deseaban poseer. Este instinto era tan fuerte que los propietarios entregaron a cada pen su propio campito para que pudiesen trabajar los domingos. Con tantas dificultades a las que enfrentarse, lo extrao no es que fuesen tantos los peones que se sublevaron, sino que llegasen a sublevarse.

Porque hay otra mentira que gente muy interesada tambin les contar: que el porcentaje de mexicanos que estn luchando en la revolucin es muy bajo, que de una poblacin de diecisiete millones slo unos 400,000 estn luchando en los dos bandos desde hace tres aos.

Es verdad que quienes se sublevaron originalmente en 1910 eran un pequeo porcentaje del pueblo, pero eso es porque las noticias y las ideas se difunden con mucha lentitud en la Repblica.

Cada da hay ms mexicanos que se unen a la revolucin, cada da hay ms pueblos remotos a los que llega la sorprendente noticia de que hay esperanza para los peones. Cada uno de los estados de la Repblica se ha sublevado ya y rinde cuentas semanalmente a Carranza; en todos esos estados la revolucin progresa. El ejrcito constitucionalista del Norte cuenta ya con ms de 50,000 hombres y un clculo por lo bajo en el resto de la Repblica deja entrever que los revolucionarios alcanzan ya los 200,000 hombres.

No todos ellos son soldados todava. Pero incluso los pacficos, los peones que uno encuentra cultivando los campos y cuidando el ganado en los pueblos y en las haciendas del pas, estn a favor de los constitucionalistas.

Dan la bienvenida a los rebeldes cuando llegan a sus pueblos; odian a los federales. Con frecuencia, les he preguntado por qu no se unieron a la lucha.

No nos necesitan, fue su respuesta. La revolucin va bien. Si alguna vez va mal y nos llaman, todo el pas se levantar. Pero si nos vamos a luchar ahora, quin cultivar el maz para el ejrcito y quien criar animales para alimentar a los soldados? Y quin tendr hijos para que crezcan y vayan a luchar?

As de profunda es su fe. Saben que quedan por delante muchos aos de lucha y entienden la necesidad de crear una nueva generacin de soldados que lleven adelante la revolucin.

Zapata fue el primer lder de los peones en esta revolucin que los llam a las armas para solucionar el problema de la tierra, casi un ao despus de que Madero presentase su famoso Plan de San Luis, que enardeci al pueblo porque prometi la distribucin de las grandes haciendas entre los pobres. Zapata se uni a l y no lo abandon hasta que Madero demostr que era incapaz de arreglar el problema. Los ricos latifundistas sobornaron a Orozco para que iniciase la contrarrevolucin contra Madero, pero la nica posibilidad que tena Orozco de reclutar gente era prometindoles granjas y, cuando descubrieron que todo era un engao, lo abandonaron y regresaron a sus casas. A la muerte de Madero, Carranza tom su lugar y refrend vagamente los principios del Plan de San Luis, pero se decidi por la restauracin del gobierno constitucionalista. Zapata denunci entonces a Carranza, que se neg a comprometerse en el problema de la tierra pero que, sin embargo, apoy a Villa, el cual ha confiscado las grandes haciendas y las ha distribuido entre los pobres. Estoy seguro de que Carranza y el general Villa rompern su pacto por esa misma razn, pues la Revolucin Mexicana no se ganar hasta que los peones obtengan sus tierras.

No permitan que nadie les diga que en las batallas mexicanas no hay muertos, eso es un chiste, porque los mexicanos no son slo valientes, sino quiz el pueblo ms valiente y temerario del mundo. Los he visto avanzar por la ladera de una colina de 400 metros de altura haciendo frente a la artillera; los he visto hacerlo siete veces y, en cada una de ellas, los masacraron; he visto cmo avanzaban a pie, armados nicamente con bombas de mano, y atacaba un corral defendido por mil doscientos hombres que les disparaban desde troneras y cinco nidos de ametralladoras; lo hicieron ocho veces y prcticamente ninguno de ellos regres de cada uno de los ataques. Y, con respecto a los pocos muertos que, segn dicen, hay en las batallas mexicanas, djenme decirles que unos tres mil soldados del ejrcito de Villa murieron y fueron heridos en los primeros cinco das de lucha en Torren; y recuerden que ha habido cientos de batallas en estos tres aos.

Han odo alguna vez a uno de esos compatriotas que, cuando se refieren a los condenados latinos, dicen que un yanqui vale por veinte mexicanos o que son una raza sucia, ignorante, traidora, cobarde e inmoral? Durante dos semanas estuve marchando con un centenar de antiguos bandidos, quiz la compaa de peor reputacin en todo el ejrcito constitucionalista, que tambin odian a los gringos. No slo esos pobres harapientos, inmorales y sin sueldo no me robaron nada, sino que no permitieron que comprase comida ni tabaco. Me prestaron sus caballos y sus sbanas para dormir.

Los mexicanos son uno de los pueblos ms generosos y con ms buen corazn que conozco. Son grandes, buenos jinetes, buenos tiradores, buenos bailarines y buenos cantantes. Aguantan a diario lo que hara desertar a un soldado yanqui y nunca se quejan. Y djenme decirles: excepto en tiempos de guerra prcticamente ningn extranjero corre peligro de que lo maten o lo secuestren en Mxico! Y en cuanto a los ataques a extranjeros, los mexicanos no opinan nada de los asesinatos de latinos en el lado yanqui la frontera con Texas. Durante los ltimos diez aos ha habido tantos ataques a ciudadanos de Mxico en Texas y California como para haber justificado cincuenta veces una intervencin del ejrcito mexicano. Puedo darles una lista de todos ellos si me la piden.

Y eso que el tejano no es particularmente un mal hombre. Es como el resto de los yanquis, no comprende el temperamento mexicano y tampoco quiere comprenderlo; pero los tejanos estn en contacto con mexicanos y son un poco menos civilizados que el resto de nosotros ms al Norte. Basta con investigar quines son los que preconizan la intervencin para enterarse de que son tejanos o bien gente que ya posee grandes intereses en Mxico o esperan poseerlos al abrigo de nuestra bandera. O quiz sea algn hombre de negocios yanqui de los que viven en Mxico, que son lo peor de lo peor.

Porque los hombres de negocios yanquis en Mxico son una autntica vergenza. Desprecian a los mexicanos por ser diferentes, parlotean de nuestras intenciones democrticas y, al mismo tiempo, afirman que los peones deberan trabajar para ellos a punta de pistola. Se jactan en privado de nuestra superioridad y luego se ponen del lado del partido que est en el poder.

Los otros extranjeros que hay en Mxico suelen apoyar al opresor, pero al yanqui se lo puede ver en la sala de audiencias del palacio a todas horas para que le protejan su pequea inversin. Y nuestro pas est al borde de una guerra de conquista para proteger a esos hombres, que claramente obtienen ganancias del 40% o 50% con su dinero porque, segn dicen, toman riesgos pero luego se quejan cuando pierden.

Si estn interesados en conocer qu pasa en Mxico, seguro que encontrarn a mucha de esa gente que lo sabe todo porque, les dirn, han vivido all desde hace quince o veinte o treinta aos. No se dejen intimidar, porque esa gente no sabe nada de Mxico, desde luego no ms de lo que sabe sobre el mundo del trabajo el capitalista que ha tenido trabajadores a su cargo veinte aos.

Cada vez que oigan que alguien se refiere a Porfirio Daz como el gran educador o el estadista guerrero, estn seguros de que conocen a uno de esos que han vivido en Mxico desde hace quince aos, as que salgan corriendo, pero no antes de decirle que la prueba de la barbarie del rgimen de Daz es que fracas y que ninguna de las grandes repblicas sudamericanas progres menos que Mxico durante su caritativo mandato.

Por el momento, Villa se ha negado sabiamente a dar la orden que levantara en armas al Norte contra nuestras legiones que ocupan Veracruz. Tiene la promesa de nuestro presidente de que no estamos en guerra contra el pueblo mexicano, de que vamos a retirarnos de Mxico tan pronto como nos indemnicen y, sin duda, respetar su neutralidad y har que la mitad de Mxico la respete tambin le basta con dar la orden a menos que rompamos nuestra promesa. Las presiones sobre el presidente Wilson para que declare la guerra son muchas y en la frontera estn tratando por todos los medios de provocar algn tipo de agresin por parte de los mexicanos. No insistir aqu en Mr. Hearst, porque todos recuerdan que hace unos aos declar que iba a invertir la fortuna de su familia en Mxico para asegurar el porvenir de sus hijos.

Pero si atravesamos la frontera y nos inmiscuimos en la poltica mexicana, eso significar el fin de la revolucin. Porque nunca reconoceramos a un gobierno que no le conviniese a los poderes europeos (de hecho, no veo cmo podemos ahora) y un gobierno que le convenga a los poderes europeos significara la confirmacin de las concesiones extranjeras, el establecimiento de la gente respetable en el poder y el fin de cualquier redistribucin radical de la tierra entre los peones. No podramos reconocer a un gobierno realmente elegido por los peones, porque ste les dara aquello por lo que han estado luchando durante tanto tiempo. Y eso significa confiscaciones, algo que cualquier nio de escuela sabe que es un crimen peor que el robo.

Estoy convencido de que el gobierno yanqui tiene en mente la poltica de civilizarlos a punta de fusil, un proceso que consiste en imponer a la fuerza nuestras grandes instituciones democrticas a extranjeros que tienen temperamentos extranjeros, y me estoy refiriendo al gobierno de los inversionistas, del desempleo y de los salarios de miseria.


Fuente original: John Reed, What About Mexico?, Masses, June 1914.
Fuente: http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=2329

Artculo relacionado: http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=2411



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