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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-11-2010

El paso del tiempo pareca convenir a todos excepto a los saharauis
El levantamiento saharaui

Samuel
Quilombo


Hace aos que Marruecos coloniz manu militari la mayor parte del Shara Occidental y convirti a la poblacin originaria en una minora en sus propias tierras. Mientras el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas mantiene la ficcin de unas negociaciones sobre la aplicacin del derecho de autodeterminacin, la realidad es que sus miembros -principalmente Estados Unidos y Francia- nunca han presionado seriamente a Marruecos en esa direccin, que es la acorde con el derecho internacional. Y la monarqua alau nunca ha considerado otra opcin que la soberana marroqu sobre el Shara. Para el Majzn, como para la prensa y el conjunto de los partidos polticos marroques, no existe un problema de descolonizacin o, en todo caso, lo identifican con el proceso que permiti la incorporacin al Reino de Marruecos del Rif y Tetun (1956) o Sidi Ifni (1969). Una opinin que parece compartir el Estado espaol, que hace tres dcadas que hizo mutis por el foro -con independencia del color del gobierno- y que desde la Conferencia de Algeciras (1906) no ha dejado de jugar un papel subalterno en el norte de frica. Puede encontrarse un buen resumen de la historia reciente en un reciente artculo de Jos Abu Tarsch, profesor de la Universidad de La Laguna.

En trminos militares, el alto el fuego de 1991 -verificado, con mandato limitado, por una desprestigiada Minurso- confirm la derrota del Frente Polisario, que desde entonces se mantiene replegado en los campos de Tinduf. En 2005 Mohammed Beslem Yissat, representante del Frente Polisario en Argel, explicaba a la organizacin International Crisis Group la dramtica debilidad de la posicin negociadora del Polisario:

"En 1991, abandonamos la independencia sin condiciones; en 1994 cedimos en el censo de 1974; en 1997 admitimos la identificacin de las tribus contestadas [tribus cuya mayora de integrantes viven fuera del Shara Occidental], y en 2003 admitimos que los marroques [los colonos que viven en la zona ocupada] puedan llegar a votar en nuestro referndum. Qu nos ha dado Marruecos a cambio? Nada."

Nada le incita a hacer concesin alguna. Sin presiones por parte de las potencias que se sientan en el Consejo de Seguridad, con un Frente Polisario neutralizado, y con una Argelia que no est dispuesta a iniciar una escalada en favor de sus huspedes, Marruecos no tiene ningn inters en modificar su posicin acerca de la marroquinidad del Shara Occidental. Su oferta de autonoma, presentada por primera vez en 2003 y reformulada luego en 2007, no tiene otro objetivo que concluir un proceso que le permita obtener la legitimidad y el reconocimiento internacionales. Y, al contrario que los palestinos, los saharauis no pueden jugar a su favor la baza demogrfica. James Baker, un enviado personal del Secretario General de la ONU poco imparcial (haba sido secretario de Estado con George Bush Sr), lo expresaba hace unos aos, con gran cinismo, en una entrevista:

"esta es realmente una disputa de muy baja intensidad, de bajo nivel. Mire, no hay ningn acontecimiento que fuerce las cosas en el conflicto del Shara Occidental. Marruecos gan la guerra. Se encuentra en posesin del territorio. Por qu debera acordar nada?"

Pero los acontecimientos comenzaron a sucederse. Eso s, no en forma de incursiones guerrilleras o de atentados terroristas. Los que Marruecos considera como sbditos de las Provincias del Sur comenzaron a alzar su voz y a replantear los trminos del conflicto.

Le campement - TotasproD. Panormica del campamento de Gdeim Izik, antes de su desmantelamiento. Rue89. Un nuevo ciclo de revueltas

Cinco aos despus de las protestas de 2005, miles de saharauis realizaron un inslito xodo desde El Aain y otras ciudades para instalar un multitudinario campamento de protesta en Gdeim Izik, a 18 km de la capital saharaui. Una iniciativa que en cierto modo recuperaba el espritu nmada de antao y la epopeya del jeque saharaui Ma al'-Aynayn (1830-1910), fundador de la ciudad de Smara (hechos rememorados por Le Clzio en "Desierto"). Entre 15 y 20 mil personas se autoorganizaron durante semanas en medio del desierto, pese al cerco al que pronto les someti el ejrcito marroqu. Una cifra enorme que supone el 10 % de la poblacin saharaui de los territorios ocupados. Casi todas las familias de El Aain tenan algn miembro en Gdeim Izik, que acab siendo desmantelado por parte de la polica y el ejrcito en vsperas de una nueva ronda de conversaciones entre Marruecos y el Frente Polisario. A la violenta expulsin de los acampados siguieron manifestaciones de protestas en El Aain y un brutal operativo policial que se ha visto acompaada por un bloqueo informativo, apenas roto por la presencia de algunos activistas espaoles. La ofensiva marroqu ha dejado un saldo de cientos de detenidos, torturados y cifras inciertas de muertos y desaparecidos, que podran ser bastante elevadas segn el Frente Polisario y numerosos testigos. El Shara Occidental contina en estado de sitio.

La exhibicin de fuerza policial coincidi con el trigsimo quinto aniversario de la Marcha Verde. El ao pasado, una semana despus del trigsimo cuarto aniversario de dicho acontecimiento, el gobierno marroqu haba expulsado a Aminatu Haidar de El Aain. Cada golpe de fuerza estuvo precedido por un discurso del rey Mohamed VI en el que reafirmaba la soberana de Marruecos sobre el territorio saharaui. El ao pasado el monarca alau declaraba lo siguiente: "o el ciudadano es marroqu, o no lo es. (...) O se es patriota o se es un traidor." Este ao conden "el abuso vergonzoso de las libertades que otorga nuestro pas". No cabe, pues, cuestionamiento alguno del carcter marroqu del Shara Occidental, que es lo que para el rey condiciona el ejercicio de todo derecho.

La reafirmacin de la soberana del Estado pasa, al mismo tiempo, por la negacin de la autonoma del movimiento saharaui y del carcter poltico de su protesta. Marruecos contina con la retrica, cada vez menos creble, de la manipulacin extranjera. Para Mohamed VI,

"ahora es el momento de la verdad, cuando la comunidad internacional ver la represin, la intimidacin, la humillacin y la tortura que sufren nuestros hijos e hijas en los campos de Tinduf, en flagrante violacin de los principios bsicos del derecho internacional humanitario."

Este ltimo es el argumento retorcido que suele esgrimir el Estado marroqu. Para ello se apoyan, por ejemplo, en casos como el de Mustaf Sala, que poco tiene que ver con lo que ha sucedido en El Aain. Tambin eran unos "delincuentes" quienes, segn las autoridades, "mantenan secuestradas" a miles personas en el campamento, despus de que el gobierno hubiera aceptado supuestamente algunas de las reivindicaciones sociales de los saharauis. La prensa marroqu, como el diario Tel Quel, tambin duda de la naturaleza de la rebelin popular de Gdeim Izik:

"Lo que es seguro es que el transporte y montaje de miles de tiendas en pleno desierto necesita medios financieros y logsticos importantes. El campamento se despleg en un tiempo rcord, lo que deja suponer una preparacin minuciosa previa."

La prensa no cree posible que se hayan movilizado de esa manera por su cuenta, que los saharauis hayan protagonizado semejante xodo y que hayan podido crear un "Estado dentro del Estado", en palabras de un funcionario marroqu, mediante la divisin de tareas y la organizacin de servicios como el de recogida de basuras o el de la seguridad. Slo los servicios secretos argelinos podran haberlo montado. Lo cual es comprensible cuando se piensa en sbditos y no en ciudadanos.

Pero no es el Frente Polisario, mucho menos Argelia, el que organiz la protesta. Se trata de un movimiento ms amplio, popular y urbano, que reivindica una mejora sustancial de sus condiciones de vida en tanto que saharauis, lo cual podr pasar o no por la consecucin de un Estado propio. Algunos piensan que slo adquiere dimensin poltica cuando hay reclamos abiertos por la independencia. Pero esto es porque parten de una concepcin muy pobre de la poltica. La cruenta reaccin del gobierno marroqu indica ms bien todo lo contrario: que el reclamo, articulado en torno a la identidad saharaui, de una ciudadana sustancial que incluya no slo el reconocimiento de mayores libertades sino el fin de la discriminacin a la hora de obtener un empleo y un acceso ms justo a los recursos econmicos (pesca, fosfatos) del territorio, constituye una verdadera amenaza. A falta de Repblica saharaui, porque as lo ha querido el gobierno marroqu, la amenaza ser interna.

Geopoltica y gobernanza

Vandalism, Lajuad

Acto vandlico sobre el yacimiento arqueolgico de Lajuad (territorio "liberado" del Shara Occidental), realizado por un militar croata de la Minurso. Fuente: Western Sahara Project (2007).

La rebelin saharaui altera el guin establecido de las negociaciones entre Estados y una fuerza poltica que aspira a controlar uno propio. En los ltimos aos el Frente Polisario intenta mantenerse como representante de los saharauis en los foros internacionales, e intenta influenciar el movimiento desde dentro, pero ha jugado claramente un papel secundario en el desarrollo de los ltimos acontecimientos. La escala de las protestas, sin precedentes, obliga a Marruecos a reconsiderar el discurso de la manipulacin exterior, al menos de puertas adentro, y a profundizar sus planes de autonoma. Si se mantiene en el tiempo un alto grado de tensin, algunos prohombres saharauis colaboracionistas, como Khali-Henna Ould Errachid, que hoy manejan el Corcas y que lideran las redes clientelares con el Estado en beneficio propio, podran verse tentados a adoptar un discurso ms nacionalista.

Este es otro aspecto que, vinculado a la cuestin demogrfica, diferencia la situacin saharaui de la palestina. Es cierto que, del mismo modo que el Estado de Israel necesita la segregacin de la poblacin rabe/palestina -tendencialmente mayoritaria sobre todo si inclumos a los refugiados- para mantener un sistema poltico racista, la monarqua alau vera peligrar seriamente su legitimidad poltica en el caso del reconocimiento de un Shara independiente. Pero, por s misma, la poblacin saharaui -an contando con los refugiados de Tinduf- no constituye una amenaza existencial al sistema de dominacin en Marruecos, como s es el caso en Israel. De ah que, por ms violenta que sea la represin, todava no llega al grado de ensaamiento israel.

Otro paralelismo es que tanto Marruecos como Israel mantienen relaciones privilegiadas con Estados Unidos y con la Unin Europea. Por lo que respecta a Marruecos, la ministra espaola de Exteriores Trinidad Jimnez aseguraba que

"es una relacin esencial que debemos preservar por razones de seguridad, de combate contra el terrorismo, de control de los flujos de inmigracin y del narcotrfico, y por las relaciones comerciales y econmicas".

Es un error pensar que con esta afirmacin el gobierno espaol simplemente "se baja los pantalones" ante el gobierno marroqu, como suele alegarse. Ambos Estados estn tan ntimamente ligados por un entramado de relaciones -empezando por el vnculo monrquico- que en ciertos asuntos resulta difcil hablar con propiedad de relacin bilateral en sentido clsico. Obsrvese que buena parte de los mbitos que enumera la ministra tienen que ver con la seguridad y el control policial de las poblaciones. Cmo es posible, si Marruecos no es una autntica democracia!, se indignan muchos. Pero ese es precisamente el valor aadido de los Estados del sur del Mediterrneo y, a su manera, ms liberal, de Israel. Tanto Marruecos como Israel mantienen con la Unin Europea unos acuerdos de asociacin euromediterrneos con los que se pretende extender la gobernanza europea de mltiples niveles y actores al otro lado del Mediterrneo. Dichos acuerdos estn presididos, respectivamente, por un mismo artculo 2 que hace de los derechos humanos un "elemento esencial" de los mismos. No es que los gobiernos occidentales los sacrifiquen ante espurios intereses. Si los acuerdos econmicos se mantienen y profundizan, si el comercio de armas florece, si se subcontrata la tortura y el control de las migraciones, es porque la interpretacin que todos ellos hacen de dichos derechos, de la democracia, en el fondo no difiere tanto. La "democratizacin" que se solicita desde Europa slo puede consistir en una apertura controlada desde arriba, como demuestra la experiencia argelina.

La determinacin saharaui

La ferocidad de la represin, el bloqueo meditico y la intensidad de la propaganda reflejan bien las verdaderas dimensiones del levantamiento saharaui. El ataque policial al campamento fue resistido con determinacin, con un elevado nmero de bajas entre las fuerzas de seguridad. El pogromo de los ltimos das, con apoyo de los colonos marroques, pretende por ello aterrorizar a la poblacin y prevenir futuras acciones audaces. Falta por verificar si la represin ha llegado en estos das a parmetros argelinos. Activistas canarios y saharauis cuentan que mucha gente est dispuesta a recurrir a la lucha armada, an al margen del Polisario, pero esto puede dar lugar a diversos escenarios posibles: reconstitucin de una guerrilla, el desarrollo del bandidaje o una conflictividad crnica, como en la Cabilia argelina (con la gran diferencia de que esta ltima es una zona montaosa).

Nos encontramos en un punto importante de inflexin que abre desde luego un futuro incierto, pero un futuro al menos, mucho ms estimulante que el callejn sin salida de un languideciente proceso negociador. Por el lado saharaui, aunque el nacionalismo contina siendo el marco ideolgico dominante entre los saharauis -hasta el punto que resulta notable el nulo arraigo del salafismo, poco amigo de proyectos de contruccin estatal-, los recientes acontecimientos podran traer consigo el ascenso de lderes o facciones polticas o tribales que se encuentran fuera del control tanto del Corcas como del Polisario, cuya legitimidad podra verse erosionada an ms. Marruecos podra jugar entonces -de nuevo, como Israel- la carta de la divisin, entre los saharauis de los territorios ocupados y los de Tinduf. El desplazamiento del centro de la protesta reduce tambin la influencia de Argelia.

Los saharauis han querido recuperar un tiempo que arriba queran mantener congelado. Los poderes marroques y espaol se han visto claramente superados por abajo. Lo sucedido debera animar a las organizaciones sociales, canarias y del resto de Espaa, a reforzar las acciones de solidaridad con los movimientos saharauis y perseverar. Para acompaarles en unos meses que se adivinan difciles. Y construir, juntos, algo nuevo.

Fuente: http://www.javierortiz.net/voz/samuel/el-levantamiento-saharaui


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