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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-11-2010

Femicidio, realidades y tabes

Susana Merino
Adital


No hay duda de que existe una taxativa diferencia entre, por ejemplo, la lapidacin de mujeres en algunos pases islmicos y la frecuente tortura y muerte de mujeres en Ciudad Jurez (Mxico).

La primera est inslitamente amparada por la ley o por el estado mientras que las segundas parecieran estar protegidas ms bien por el silencio cmplice de las autoridades civiles y policiales de la regin.

Sin embargo en el primer caso, imagen mediante, nos sentimos horrorizados por la incalificable crueldad de un castigo que conduce a la muerte y en el otro la fra mencin de las cifras aunque el nmero de mujeres asesinadas sea considerablemente mayor en la frontera del norte mexicano nos deja tal vez asombrados pero casi indiferentes.

Pareciera que la reiteracin de tan incalificable fenmeno le otorgara a sus autores una especie de "patente de corso" para el crimen y pareciera tambin que al entrar en las estadsticas el horror dejara de golpear en la conciencia de la gente. Un asesinato, una muerte prxima, una vctima identificada nos conmueven pero los crmenes masivos no dejan huella y hasta en situaciones blicas llegan a ser cnicamente calificados y aceptados como "daos colaterales".

Frente a la condena por lapidacin de la iran Sakineh Ashtian, y de la nigeriana Amina Lawal la sociedad se moviliz y centenares de miles de personas en todo el mundo firmaron cartas en las que pedan, en ambos casos, y consiguieron la anulacin del castigo. Un castigo que no est ciertamente ni aprobado ni establecido por el Corn sino que tiene su origen en la tradicin judeo-islmica y puede aplicarse tambin, llegado el caso a los varones. Este tipo de movilizaciones aparentemente teidas sin embargo de cierto tufillo islamofbo no encuentran lamentablemente correlato para las mltiples denuncias mexicanas que afectan a un nmero creciente de mujeres de entre 14 y 25 aos.

En Ciudad Jurez al borde de la frontera mexico-usamericana segn organizaciones no gubernamentales se han producido ms de 350 asesinatos de mujeres y alrededor de 400 desapariciones en la ltima dcada que las autoridades por incompetencia o amedrentadas suelen calificar como fruto de la violencia domstica.

Sin embargo segn las investigaciones llevadas a cabo por Amnesty Internacional muchos de los crmenes tienen sus races en la discriminacin aunque tambin se manejan otras hiptesis relacionadas con el narcotrfico, la trata, el trfico de rganos y las pelculas snuff un gnero tambin conocido como white heat o the real thing, en las que se tortura, viola y asesina con el nico objetivo de registrar esos hechos con algn medio audiovisual y comercializarlos luego a valores incalculables. Sobre esta ltima suposicin no se han hallado constancias que puedan acreditarla aunque no parece tan disparatado pensar que en nuestra enferma sociedad, no haya individuos que disfruten - intelectual o comercialmente - con este tipo de producciones.

Algunos analistas sostienen tambin que podra tratarse de macabros rituales celebrados con el objeto de establecer la cohesin entre los miembros de grupos mafiosos y sellar la pertenencia al grupo, por parte de los asesinos, con pactos de sangre.

Segn la investigadora Rita Laura Segato, "los feminicidios de Ciudad Jurez no son crmenes comunes de gnero sino crmenes corporativos y, ms especficamente, son crmenes de segundo Estado () que administra los recursos, derechos y deberes propios de un Estado paralelo, establecido firmemente en la regin y con tentculos en las cabeceras del pas". Pero lo ms alarmante es que esta lacra ha llegado tambin al llamado "tringulo de la violencia" Guatemala, El Salvador y Honduras, segn la descripcin acuada por Naciones Unidas, que ha alcanzado las ms altas tasas de femicidios de la regin ya no relacionadas con los conflictos armados, que asolaron a esos pases en un no muy lejano pasado. Y podra continuar extendindose.

Y si seguimos descendiendo hacia el sur vamos a encontrar que tampoco nuestro pas se halla exento de un desmedido incremento de las consecuencias que hasta ahora parecieran limitarse a casos aislados pero cada vez ms frecuentes de lo que aqu tambin se califica como producto de la violencia familiar. Las muertes de mujeres quemadas con alcohol o con bencina en "accidentes domsticos" que curiosamente no suceden en soledad sino ante la (impotente?) presencia del marido o compaero, han venido aumentando desde un primer suceso en el que la justicia determin la imposibilidad de probar la culpabilidad del testigo presencial (en este como en casi todos los casos, el marido) por suceder en el mbito privado y ser muy difcil establecer si realmente el hecho es atribuible a un accidente o a un asesinato.

Toda esta manifiesta agresividad masculina hacia la mujer no es una consecuencia ms de las condiciones de vida contempornea a las que solemos atribuir los males que nos circundan sino que pareciera arraigar en el ms profundo primitivismo humano. Desde el principio de los tiempos privilegiar la muerte ha sido un denominador comn de muchas culturas, no de otro modo se entiende la exaltacin del hroe, del guerrero, del combatiente encarnando siempre los valores del arrojo, de la audacia, de la valenta, de la virilidad, del coraje, de la intrepidez en funcin de qu? pues tan solo de la muerte, una funcin reservada a los hombres de la tribu, del estado, del imperio en la que solo mitolgicamente participaron alguna vez las mujeres o sus equivalentes las nrdicas walkirias o las amazonas griegas, compartiendo, en su condicin de diosas, los campos de batalla.

Mientras que la funcin de dar vida que solo le ha sido conferida a la mujer fue secularmente subestimada y confinada al rutinario mbito domstico y su importancia diluida hasta casi desaparecer entre las pedestres tareas cotidianas, de las ollas y las sartenes, los biberones y los cuadernos escolares, producto de una cultura ciertamente elaborada por solo media humanidad. Media humanidad que necesit construir un imaginario de fuerza, de vigor, de invencibilidad para disimular tal vez la frustrante sensacin de esterilidad y de impotencia que debi provocarle al hombre, desde siempre, el misterio de la preez y del alumbramiento en la mujer, junto a la menoscabante conviccin de que es algo a lo que a pesar de su fuerza y de su ingenio jams podra acceder.

Todo esto parece tener en realidad races tan profundas que no solo en nuestra civilizacin judeo-cristiana encontramos evidencias ciertas y reiteradas de subestimacin, de sometimiento, de menosprecio como reaccin al temor que genera la mujer al parecer dotada de "poderes" que escapan completamente al arbitrio de los hombres. Los estudios de antropologa han demostrado que es habitual en todas las culturas que los hombres experimenten cierto sentimiento de inferioridad, frente a la capacidad procreadora de la mujer, sentimiento que tienden a revertir asumiendo para con ella conductas prepotentes teidas de menosprecio y humillacin. Un temor que tambin debe haber jugado un importante papel en el ajusticiamiento y condena de las brujas medievales.

Importantes y minuciosos estudios realizados en los cdices mayas y aztecas ponen igualmente de relieve que "El hombre, en su funcin de genitor, brilla por su ausencia. Si el nacimiento por partenognesis de dioses tan importantes como Quetzalcatl y Huitzilopochtli no deja de reforzar la importancia de la figura materna puede suscitar tambin angustias e inquietudes en el seno de una poblacin masculina incapaz de legitimar ahora la primaca del falo y, por lo tanto, de su poder".

Dice la antroploga francesa Franoise Hritier que "no es el sexo sino la fecundidad lo que representa la verdadera diferencia entre lo masculino y lo femenino" y agrega Nicolas Balutet "que, en la sociedad azteca, la fecundidad estaba en la base de las angustias del hombre. El rechazo a las mujeres que expresan las creencias y las supersticiones va ms all que el tab relacionado con los fluidos de las menstruas y del parto." (La puesta en escena del miedo a la mujer flica durante las fiestas aztecas" - Contribuciones desde Coatepec, UNAM, Mxico).

De modo que para terminar, pese a los grandes avances logrados por las mujeres en materia de igualdad de derechos en las sociedades contemporneas es evidente que nos queda an un largo camino por recorrer para superar y remover tabes, usos y costumbres, que no por atvicos y ancestrales estamos condenadas a soportar eternamente. Ellos y nosotras debemos encontrar, en cambio el modo de integrar nuestras dismiles capacidades, de construir una relacin hombre-mujer basada en el reconocimiento y la aceptacin de nuestras diferencias, capaz de ahuyentar los fantasmas de ese pasado que ha generado y sigue generando tanto dolor y para poder entonar juntos un canto a la vida que es el prodigio ms maravilloso con que Dios o la Creacin nos han honrado.

[Fuente: Desdemimesma - http://desdemimisma.blogspot.com ]


* Arquitecta argentina, editora del informativo semanal "El Grano de Arena" de ATTAC Internacional
Fuente: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=52377



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