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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2005

Vzquez Montalbn, un puente

Subcomandante Marcos
Pgina 12


En un principio, nosotros no cremos en su muerte. Lo de desaparecer en un lugar lejano de nuestra geografa, precisamente en un aeropuerto de Bangkok, nos pareci entonces como una suerte de recurso detectivesco y no como una ausencia definitiva. No lo cremos muerto, as que esperamos. Ya aparecera despus con una nueva historia de Pepe Carvalho o con una entrevista a un grupo de "otros" antineoliberales, desconocidos para los dems "otros" que pueblan la complicada geografa de la resistencia mundial. Entonces le diramos algunas groseras (claro, cuidando que l no las escuchara), y seguiramos caminando sabiendo que por ah andaba. El, pensaba yo, no se morira sin avisarnos antes. Pero no, Don Vzquez Montalbn se haba ido de veras, dejndonos a nosotros un poco ms vacos. Y eso, el que se fuera de veras, nos daba (y nos da) un poco de rabia, de coraje.

As nos pasa de por s con las muertes: primero nos dan rabia, luego tristeza, mas despus las dos cosas.

Don Vzquez Montalbn no era nuestro amigo, era nuestro compaero. "Compaero de viaje", dijo l en uno de sus escritos. "Compaero as noms", dijimos y decimos nosotros. No s si eso sea ms o menos para l. Para nosotros es todo.

Slo lo habl en persona una vez, as que no intentar siquiera decir cmo era o cmo no era. Recuerdo que, esa vez, intercambiamos los saludos de rigor y algunas bromas sobre artistas de Espaa (Marisol, Joselito, Pili y Mili), creo que hasta cantamos a dueto aquella de "la vida es una tmbola, tom, tom, tmbola..." Claro que l nunca reconoci que la entonamos a coro y me adjudic entonces el papel de solista.

Despus nos pusimos serios. Bueno, al menos lo intentamos. En realidad, aquel encuentro me pareci entonces como cuando dos boxeadores se enfrentan y pasan los primeros minutos del combate estudindose mutuamente... para despus descubrir que al que hay pegarle es al rbitro. Creo que l trataba de entender. Creo que l trataba de salirse de la falsa disyuntiva de ser "fan" de Marcos o "antifn" de Marcos (dilema entonces de moda entre los intelectuales progresistas). Me parece que, a travs de sus libros y de su vida, Don Vzquez Montalbn demostr que lo suyo no era el abrazar causas acrticamente. Creo que, siguiendo el marxismo de Groucho, no simpatizara con una causa que lo aceptara como simpatizante. Es ms, creo que no era "fan" ni de s mismo. No era de esos intelectuales que cambian de dioses y liturgias como cambian de calzones (bueno, cuando se los cambian). Despus de leer sus ensayos me pareci ser un ateo hasta de Manuel Vzquez Montalbn, pero un firme creyente en la existencia del mal y en la necesidad de enfrentarlo. El filoso bistur de la palabra no slo lo aplic para diseccionar los distintos poderes que se han ido sucediendo en la geografa mundial.

Tambin lo us frente a las supuestas o reales oposiciones que el espejo del Poder produce inevitablemente. Incluso, intuyo, lo emple en l mismo. Cuando hablamos en aquella nica ocasin, me dio la impresin de que buscaba, s, pero no una nueva causa que lo redimiera a la distancia, o una desilusin ms que reforzara un escepticismo frente a todo (esa elegante coartada para no comprometerse con nada). Creo sinceramente que l trataba de ver detrs del pasamontaas para descubrir y encontrar un movimiento: el zapatista. Y pienso que lo encontr, quiero decir, que nos encontr. Slo as puedo explicarme el feliz empecinamiento en saber de nosotros, en estar con nosotros en la luz y en la sombra, aun en Catalua o en un aeropuerto de Bangkok. La ltima carta que nos mand fue en medio de la polmica desatada a raz de nuestro apoyo explcito a la lucha poltica y cultural del pueblo vasco. A diferencia de quienes aprovecharon para deslindarse de nuestra siempre incmoda compaa y, desde el "pulcro" plpito de los medios de comunicacin, nos acusaron (injustamente, como se demostrara casi inmediatamente) de ser partidarios del terrorismo de ETA, Don Vzquez Montalbn nos envi una misiva privada. En ella (creo que ahora puedo revelarlo) nos alertaba sobre lo que vendra: el zapatismo sera vinculado no con una causa justa, sino con el crimen mesinico. Claro que l no pensaba que el zapatismo hubiera recibido el abrazo mortal del fundamentalismo, nos conoca demasiado bien. Pero tambin era un gran conocedor del funcionamiento de los medios masivos de comunicacin y sobre eso nos reconvena. Pronto tuvo su respuesta y casi estoy seguro de que le satisfizo. As, nos hizo llegar uno de sus ltimos libros con una dedicatoria que no era sino un "aqu estoy, con ustedes"; y, reiterando su simpata por Euskal Herria, apoy, junto con otras personalidades de la cultura europea, nuestra malograda iniciativa "Una oportunidad a la palabra".

Pero, volviendo a nuestro nico encuentro, recuerdo que hablamos un poco de Antonio Machado. Ambos admirbamos el "Juan de Mairena", sus cuestionamientos, sus dudas. A lo largo de la pltica (se supone que era una entrevista, pero fue una pltica) hubimos de coincidir en que, muchas veces, los mejores textos de anlisis poltico estn en la literatura universal, y, sin hacerlo explcito, concluamos que el mundo ira mucho mejor si los polticos profesionales supieran ms de literatura que de mercadotecnia, y si leyeran ms libros de poesa y novela, y menos reportes estadsticos y boletines de prensa.

Dicho esto, permtanme una divagacin. La habitacin donde el Poder decide est cerrada a cal y canto. La democracia, nos dicen, es que nosotros, los de afuera y los ms, podemos elegir quin entra y quin sale. Pero se les olvida aclararnos que slo podemos escoger de entre los pocos que los ms pocos nos presentan.

Y no slo. Nosotros, los ms y los de afuera, quienes padecemos las consecuencias de las decisiones que se toman en esa habitacin, nada sabemos de ella. La poltica, nos repiten, es asunto de especialistas que slo comprenden especialistas.

As nos encontramos con que aparecen guerras envueltas en el papel celofn de argumentos insostenibles, programas econmicos que no son sino guerras "blandas", crmenes culturales perpetrados en nombre de la modernizacin, aniquilamiento de identidades diferentes mediante el recurso expedito de eliminar a quienes las portan. En suma: la arbitrariedad asesina de la fuerza, pero vestida de "razn de Estado", de "razn econmica", de "razn divina", de "razn neoliberal".

En algn lado del libro de Machado, Mairena y sus alumnos discurren sobre el teatro, sobre cmo las escenas en una habitacin transcurren con la ausencia de un cuarto muro, y que es la ausencia de ese muro la que nos permite saber lo que pasa dentro. De la misma manera, los actores "hablan" sus pensamientos y es as como sabemos lo que pasa dentro de un personaje. Quienes hacen del ejercicio de la razn y el arte su trabajo pueden contribuir a derribar ese cuarto muro de la habitacin del Poder y a hacer "hablar" a los personajes que la habitan. No slo ayudaran a derrumbar el mito de la "poltica especializada" y a desaparecer el halo sobrenatural del Poder, tambin contribuiran a echar a andar otro mundo, uno mejor, uno donde quepan todos los mundos. La democracia sera as liberada de la prisin de los spots publicitarios, la frivolidad dejara de ser programa de gobierno, y la estupidez ya no sera la bandera que ondearan, orgullosos, los gobernantes neoliberales.

Sera magnfico que, a quienes estn en el Poder, se les obligara a leer al menos siete libros: uno de poesa, uno de cuentos, uno de novela, uno de teatro, uno de ensayo, uno de filosofa... y uno de gramtica. Yo s que todo esto puede sonar subversivo, utpico, o las dos cosas, as que no hagan mucho caso. En realidad lo traigo a cuento porque si algo puede definir el trabajo de Don Vzquez Montalbn es el mazo con el que se pas derrumbando muros y la hbil ventriloquia con la que hizo hablar a los poderosos y a los intelectuales que les sirven.

Creo que l, Don Vzquez Montalbn, le tena un profundo respeto al lector. Creo que se cuestionaba qu escribir, por qu y contra qu, y que trasladaba esas preguntas a la lectura: qu se lee, por qu y contra qu. Y creo que, como escritor, no les expropi las respuestas a sus lectores. Contradiciendo el ttulo de uno de sus libros, no hizo panfletos. Por el contrario, hizo de la palabra una ventana, y una y otra vez, en sus escritos, se esmer en mantenerla limpia y transparente. Fuera de entre los neoliberales, la palabra suele concitar respeto entre quienes la enfrentan, es decir, los que la hablan y escriben y los que la leen y escuchan. Si alguien me pidiera un ejemplo que sintetizara la resistencia de la humanidad frente a la guerra neoliberal, dira que la palabra. Y agregara que una de sus trincheras ms empecinadas, y afortunadas, es el libro.

Aunque, claro, es una trinchera muy otra porque se parece extraordinariamente a un puente. Porque quien escribe un libro y quien lo lee no hacen sino cruzar un puente.

Y el cruzar puentes, viene en cualquier manual de antropologa que se respete, es una de las caractersticas del ser humano.

Ya me despido, pero no quisiera hacerlo sin antes declarar que, si alguien me pidiera una definicin de Don Manuel Vzquez Montalbn dira que fue, y es, un puente. Vale. Salud y que la vida, algn da, transcurra sin muros.

* Extractado del texto enviado por Marcos al homenaje realizado en la FIL de Guadalajara al escritor.


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