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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-11-2010

Italia
La dignidad migrante

Matteo Dean
La Jornada


Es la historia de siempre. En la vieja Europa peridicamente los gobiernos en turno se encuentran obligados a aplicar decretos legislativos de regularizacin de los miles de migrantes sin papeles. Adems de ser el indicio ms concreto de la inutilidad de las polticas represivas de las corrientes migrantes que surcan el planeta Tierra, ya que stas, con o sin papeles, nunca paran, las regularizaciones son tambin el instrumento uno ms para el control del inmenso contingente de migrantes indocumentados que vive en los pases de destino.

Por un lado demuestran que la real politik es ms fuerte que cualquier retrica de tinte ms o menos racista. Cuando el nmero de los sin papeles rebasa el lmite arbitrariamente fijado por las necesidades econmicas de grandes y pequeas empresas, las leyes de regularizacin intervienen para poner orden, ya sea otorgando los documentos para regular la estancia, ya sea expulsando a los que sobran. Por otro lado, las regularizaciones se convierten en instrumento en mano del Estado para seleccionar, discriminar y controlar. Y en esta faceta, las regularizaciones se convierten en una lotera, en la cual se rompen los lazos solidarios entre las comunidades migrantes, ya que cada quien juega por su propio destino, con la esperanza de estar entre los elegidos.

El ao pasado, embestido por la necesidad concreta de disponer de mano de obra barata en el rubro de la asistencia a ancianos y enfermos, el gobierno italiano promovi como parte del racista y feroz paquete de leyes de reforma a la normativa migratoria, una sanatoria, es decir, abri un acceso para que se pudieran regularizar las 300 mil colaboradoras familiares, aspticamente llamadas colf. Ah estaba, pues, la puerta para que un migrante sin papeles pudiera conseguirlos y, finalmente, salir de la clandestinidad.

Como siempre sucede, acudieron cientos de miles al concurso para ganar un permiso de regular estancia. Tras pagar hasta 500 euros, llenar papeles, conseguir asesoras, los migrantes indocumentados entregaron las peticiones. Y esperaron. Pocos meses despus, salieron las listas de los aprobados. Los dems, ya que la regularizacin no es otra cosa que una autodenuncia, pasaron de ser sin papeles a potenciales expulsados. La ya imposible vida del sin documentos se convirti en la vida del perseguido.

Y sin embargo, la mquina gubernamental comenz sbitamente a rechinar y luego se rompi. Y para que la mquina se rompiera fue necesaria la dignidad de los ciudadanos migrantes. Resulta que poco despus de anunciada la lista de los ganadores de la regularizacin, cientos de migrantes en la ciudad de Brescia, en el norte de Italia, cerca de Miln, ocuparon la plaza frente al palacio municipal y construyeron un presidio permanente para exigir una mesa de dilogo que permitiera alcanzar un acuerdo de regularizacin para los excluidos del proceso de sanatoria.

Pasaron 37 das en ese plantn. Y luego intervino la polica y los desaloj. La provincia de Brescia, empero, es la que cuenta con el mayor nmero de extranjeros en Italia. Los migrantes, en esta parte del pas y no slo all son parte integrada a la sociedad. A pesar de la retrica racista de quien gobierna, los migrantes aqu son ciudadanos de facto, que trabajan, producen, enriquecen las cajas pblicas pagando sus impuestos, rescatan de la crisis permanente al Instituto Nacional de Previsin Social, hacen hijos que llenan los vacos poblacionales dejados por las poco fecundas familias italianas, envan remesas.

Los migrantes en Italia hoy son una realidad. Son casi 5 millones (7 por ciento de la poblacin de la pennsula), tienen al menos 600 mil hijos nacidos en territorio italiano (los mal llamados migrantes de segunda generacin), producen poco ms de 10 por ciento del producto interno bruto. Son rumanos, albaneses o marroques en su mayora. Existen, pues. La realidad habla de integracin que, frente a las injusticias, se declina en dignidad.

As las cosas, tras el desalojo del plantn de Brescia, el 31 de octubre pasado, seis migrantes subieron a una gra instalada en el centro de la ciudad y de ah gritaron: No nos vamos a bajar, pase lo que pase, sin que el gobierno acceda a establecer una mesa de dilogo. Sus demandas: regularizacin para todos los que la demandaron y retiro del delito de clandestinidad, mismo que condena a miles de seres humanos al destino indocumentado.

Son Arun, de 24 aos, paquistan, con estudios de secundaria, gana en promedio 500 euros mensuales; Jimi, egipcio de 25 aos, termin el bachillerato y es obrero metalrgico con un sueldo de 650 euros mensuales; Rachid, de 35 aos, procedente de Marruecos, es repartidor de volantes y gana 450 euros por mes; Sajad, 27 aos, de Paquistn, tiene ttulo universitario y maestra en lenguas y no tiene trabajo; Singh, de 26 aos, procede de India y tiene varios trabajos precarios; Pape viene de Senegal, tiene 24 aos y lleg a Italia a bordo de un pequeo barco que cruz el Mediterrneo.

Son hoy el icono de la dignidad migrante. No bajarn hasta tener respuestas definitivas por parte del gobierno. Y lanzan una apelacin al presidente de la repblica italiana, Giorgio Napolitano: Hoy vivimos aqu y t eres tambin nuestro presidente. Eres una persona buena y el nico, en el espectro poltico italiano, que no est sometido a las lgicas electorales. Aydanos!

http://www.jornada.unam.mx/2010/11/19/index.php?section=opinion&article=020a1pol


http://matteodean.info



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