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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2010

El poder vaco

Antonio Alvarez-Sols
Gara


Nada hay ms peligroso para la ciudadana que un poder poltico carente de ideologa moral. El poder vaco de moral, es decir, de principios morales, es una cscara frgil que puede alojar cualquier contenido en cualquier momento. Y tambin quebrarse en cualquier momento. Eso le ha sucedido al Sr. Rodrguez Zapatero con los sucesos de El Aain.

Ante la brutalidad del monarca marroqu en el desalojo del campamento saharaui instalado en las afueras de la ciudad -brutalidad tradicional de los monarcas rabes-, el Sr. Zapatero no ha tenido ms respuesta que una serie de contradictorias vaguedades con las que ha contaminado a todo su Gabinete. Tanto el ministro espaol del Interior, Sr. Rubalcaba --implicado en violencias ya viejas que han llevado a una situacin moralmente recusable al Sr. Gonzlez-, como la escandalosamente inexperta ministra de Asuntos Exteriores, han tapizado con comentarios deplorables la postura de Espaa ante el nuevo captulo del genocidio alauita. Una vez ms Madrid ha dejado al aire la indigencia poltica espaola.

As, el Sr. Zapatero inici ese contacto con la opinin pblica de Espaa -tan vaca como siempre de informacin real que produzca un proceso intelectual aceptable- con una vaga y simplista declaracin de principios: Nuestros intereses los ponemos por delante Pero cules son realmente los intereses espaoles en Marruecos? Y por qu aade el presidente ese por delante que implica el menosprecio a otros valores, como la consideracin de los avasallados derechos humanos? Dejando aparte los intereses de un pequeo ncleo de banqueros y personajes implicados en manejos financieros de bajo perfil social, Marruecos tiene dos importantes relaciones internacionales, la una con Estados Unidos y la segunda con Francia.

A Estados Unidos Marruecos debe una fuerte proteccin poltica de su Corona frente a otros pases magrebes, como Argelia. Su posicin es, pues, vicaria. Marruecos tiene, en este aspecto, una funcin de escudo, frreamente controlado, de la poltica norteamericana, a la que subordina el bienestar de su poblacin, mantenida en una visible penuria. De Francia depende casi totalmente la agricultura marroqu, que constituye la base econmica de la vida del reino alauita, que permanece, repetimos, en una fase muy primaria de desarrollo. Las exportaciones agrarias marroques a Europa son asunto totalmente francs y Espaa sirve nicamente como perjudicado camino de trnsito a esas hortalizas y frutas que pasan el Estrecho. Es ms, las infraestructuras industriales y de servicios marroques, muy pobres de cara a las necesidades del pas, estn dominadas por el capital francs, con una creciente intervencin norteamericana. Por tanto los intereses espaoles que se exhiben como importantes por el Gobierno espaol no pasan de referirse a una supuesta colaboracin en materia de seguridad -que Rabat maneja a su antojo- y a un presunto muro para contener la inmigracin, que Marruecos administra como mecanismo de presin frente a Madrid.

Incluso cabe suponer que la servidumbre de Espaa ante Rabat puede estar veteada por ciertos datos que Marruecos posee probablemente acerca de sucesos de origen tan oscuro como el atentado cometido en el acceso ferroviario a la estacin de Atocha. Datos que no me sorprendera tampoco que obrasen en manos de la inteligencia francesa. Los intereses de Espaa pueden ser, por tanto, muy limitados. Espaa no ha decidido nunca su postura en Marruecos o ante Marruecos sin contar de antiguo y hasta el presente con Francia, que acta como polica militar y econmico en el Magreb. La misma sangrienta guerra con Abdelkrim no pudo ganarse sino con la intervencin oprobiosa francesa. Nuestros intereses quedan, pues, en una subordinacin ms, ahora agravada por la pertenencia a la Unin Europea, dentro de la cual la presencia francesa, entre otras, relega a Espaa a un papel muy secundario. Triste cosa que trata de velar Madrid, ahora conducido por el Sr. Rodrguez Zapatero, cscara vaca de la evanescente poltica espaola.

Todo lo que venimos apuntando ha producido consecuentemente una verbalidad impresentable en los diversos ministros espaoles que juegan papel significado en este lance. Empieza el desorden ministerial por el extrao y llamativo nombramiento del relevado Sr. Moratinos, hasta hace nada ministro de Estado, para entenderse con la Corte de Rabat. Y ello, a los dos meses del nombramiento de la Sra. Jimnez para ocupar el Ministerio de Asuntos Exteriores. Las bofetadas del Sr. Zapatero a sus colaboradores marcarn la memoria poltica de esta singladura espaola. Claro que a su vez el Sr. Zapatero ha tenido que transigir con la elevacin del Sr. Prez Rubalcaba al mximo nivel del Gobierno, exigencia que creo pertenece a la vieja guardia del PSOE. La larga y estrecha relacin personal del Sr. Zapatero con la Sra. Jimnez no ha servido a sta de gran cosa para evitarle su degradacin poltica. La cscara vaca empieza a llenarse de raras y danzantes molculas orgnicas que actan como las molculas fsicas en el seno del gas poltico.

El Sr. Gonzlez podra muy bien servir de catalizador de este fenmeno de fsica pblica. Yo creo que el Sr. Gonzlez es la yema ectpica que opera sobre el huevo vaco. Y el Sr. Gonzlez tiene demasiado Marruecos en su ptica.

Y de ah provienen las restantes frases que sirven de grosero empedrado a esta zarabanda que baila el Sr. Zapatero, refugiado en algunas pueriles fotografas internacionales que desea prender, sin llega el caso, del tabln de sus prximas elecciones. Seor, Seor! Por qu nos haces pasar por este trago?

Hablbamos al principio de esas frases detonantes que enmarcan por parte de Espaa este suceso histrico. A la inicial de Zapatero podemos aadir las que se deben al ministro Sr. Rubacaba al escudar su inaccin en la carencia de datos fiables, datos que al fin obtuvo nada menos que de su colega el ministro del Interior marroqu. Por lo visto los servicios de la inteligencia espaola han sido ineficaces. Pero todas estas matizaciones han sido coronadas asombrosamente por la ministra de Exteriores de Madrid, Sra. Jimnez. Una de ellas resulta gloriosa: Espaa siempre ha defendido el derecho a la libre autodeterminacin del pueblo saharaui. Curiosa esta defensa de la autodeterminacin segn los pueblos. La base de la libertad le vale a la ministra de un modo selectivo. Su concepcin de la autodeterminacin es absolutamente circunstancial y no tiene nada que ver con el sentido pleno y permanente que han de tener los derechos humanos. (Euskadi, Euskadi...!).

Y cmo explicar que esa defensa de la autodeterminacin no haya llevado a Espaa a una actuacin fuerte y noble ante los altos organismos europeos? Justifica la ministra esta pasividad aadiendo que pases de tanta implicacin en la zona como es Francia tampoco lo han hecho. Esto ltimo es colosal si tenemos en cuenta el papel francs en el Magreb. Y sigue la ministra: La estabilidad de Marruecos es fundamental para la estabilidad de Espaa. La historia Espaa est hecha de trozos de historia ajena.

Y llega la culminacin del desmadrado torrente verbal: Un Gobierno no puede reaccionar ante opiniones. Seora ministra, el pueblo ha estado en la calle No le vale? Y con que se hace la democracia sino con opiniones que deben ponderarse? Lo peor del engrudo es que acaba afectado a las dos manos con que torpemente se maneja. El pan termina de salir como unas tortas.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20101120/233231/es/El-poder-vacio



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