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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-11-2010

Lectura de Pablo Antoana, de Snchez-Ostiz
Cuando el papel habla

Rafael Castellano
Rebelin


Hace unos meses se entreg a la imprenta y ahora se difunde por la editorial Pamiela el libro Lectura de Pablo Antoana, en el cual Miguel Snchez-Ostiz (Pamplona, 1950) acomete el nada fcil empeo de someter a cmputo de vividuras a la figura para l muy predilecta, digamos que filial, de otro escritor de su zona a quien la Navarra de las cuatro guerras civiles por la Comunin Foral y Tradicionalista del Rey Legtimo marc a fuego. Sobre todo por las levas -a capricho de politicastros, obispos castrenses y conmilitones- de gentes del campo, de las de alpargata, trillo manual y laya de sol a sol con sopas de ajo como combustible. Le corroe a Pablo la duda de que toda esa juventud se dejara despanzurrar por Dios y por Espaa. Tambin le conturba la certeza de que los mrtires de la Tradicin lo fueron muy a su pesar. Y de que los supervivientes siempre fueron forzados por los mandos de borln y flordelis en bocamanga a ejecutar en nombre del Corazn de Jess (un hombre rubio en gevacolor con una vscera cardiaca en la mano) a zombis atados ante la fosa comn. Hasta que abrasara el cerrojo del rifle. Le dola su especie, que llaman humana.

Era el mundo interior de Pablo Antoana Chasco, y sigue sindolo en sus volmenes, un descenso a sus infiernos, a veces en clave de humor negro -nunca forzado- y exquisita distorsin solanesca. No injuria, le basta con describir. Residen sus personajes en paisaje nublo, atemporal, desasosegado. Difcil de extricar, Pablo. La motivacin de Snchez-Ostiz procede, en su larga entrevista con el ausente que sigue presente, del temor a que se produzca la segunda muerte del escritor, la que sigue a su extincin fsica, esa de la que hablaba Pierre Mac Orlan: el olvido.

Un daguerrotipo

El autor lo deja claro, lo suyo es una hagiografa. A base de convivencia, complicidad, contactos, confidencias tras unos vasitos, artculos de prensa y relectura minuciosa de los libros sorprendentes de Antoana, relatos que enganchan desde el primer prrafo, logra un daguerrotipo, quizs un carboncillo del personaje contenido en la persona. Y viceversa. Sin veneracin. Le enfada, y queda claro, que Antoana no haya alcanzado ese dudoso olimpo de los-ms-ledos o los ms glorificados, o los ms malditos. Me dara por satisfecho, confiesa, si estas pginas sirvieran para que alguien que no conozca la obra de Pablo Antoana se acercara a alguna de sus pginas, se dejara seducir por ellas y sintiera la emocin que procura el asomarse a un mundo literario nuevo

Antoana es Antoana

Dificulta Antoana su retrato, por mucho que se le haya ledo y frecuentado, porque el ddalo que en su mente hipersensible qued diseado siempre resulta ms amplio y pluridimensional que el fonema (sonema, se empeaba en definir Jorge Oteiza) con el que trata de describirlo de palabra no escrita.

Huelgan aqu las comparaciones y mucho me temo que, si bien goz de preferencias de biblioteca, nunca tuvo que matar al padre. Me refiero al estilo que presuntamente le sirviese de gua inicitica. Tiene mucho de literato ruso, de un Leonid Andriev, por ejemplo, que residiera en parajes de siesta tropical. (Nos enteramos, a travs de las pginas, de que su padre fue maestro de escuela que, sin futuro en la zona, se traslad nada menos que a Guinea Ecuatorial). No es Baroja, no es Faulkner, no es Zane Grey ni Valle-Incln. Se le busquen donde se le busquen los arquetipos, las races, el sonsonete, nos resulta que Antoana fue, es, simplemente Antoana. O sea, un novelista que se toma el oficio literario como terapia de sus zozobras o como ejercicio que ahuyenta -otra revelacin desconocida para muchos sus depresiones endgenas. Es decir, congnitas y sin trauma aparente. Sus ocasionales rebotes eran, pues, la coz en el vaco del caballo herido.

Con ello no quiere decirse que no alimentara ambiciones. A veces en sordina, otras abiertamente, se sola quejar de la displicencia administrativa ante ese espcimen extravagante que dedica horas y horas a escribir cuando, segn reza la ltima campaa oficial contra la cultura, ya nadie lee, y menos en crisis. Traducido: miren la televisin. No le eran tampoco ajenas las zancadillas y usurpaciones que toda persona de letras sufre a lo largo de su carrera. Ms an cuando se est convencido de que, pese a todo, la lealtad y la tica subyacen en el sapiens.

Generacin trastornada

El hombre cuya sombra cordial y a largos ratos huidiza persigue Snchez-Ostiz, no lo olvidemos, forma parte de una generacin trastornada de criaturas que, testigos de un conflicto blico en el frente ms avanzado, la retaguardia, no participan directamente de l. Presencian, eso s, crueldades, rencillas solventadas por la delacin, camillas que lanzan alaridos de dolor y mdicos sin morfina que amputan, como en el gnero llamado western, drogando al malherido con orujo puro. Nios que temen, adems, que la conflagracin se eternice, que les salga bigote y que ello les obligue a acudir a las trincheras sin el menor deseo de dispararle a su prjimo. O sea, que ms temen matar que morir. Ni por Dios, ni por Espaa, ni por el rey hereditario verdadero ni por unos Fueros que garantizan a los caciques tartufos y estraperlistas el control de comarcas y concejos. En Navarra o en otras coordenadas.

Aquellos carteles de Senz de Tejada como Las tres generaciones, del abuelo al nieto bajo la cruz de Borgoa, tambin causan insomnio en vigilia en el chaval crecedero.

Tengo ante m una fotografa de Don Jaime de Borbn en 1875, con seis o siete aos, disfrazado de oficial carlista con galones hasta el codo. Detrs, forma un pelotn de requets adolescentes armados de fusiles y enormes bayonetas de ms de un metro.

Ringorrango apolillado

La hemeroteca de Antoana en su estudio-taller de Los Arcos era ms que explcita. Colecciones amarillentas, con aromas de plvora fra, de Monarqua Popular, Boina Roja, Boletn de Orientacin Tradicionalista, Patria!, A.E.T. Iba a nacer Pablo en la casona solariega, de ringorrango apolillado, de Francisco Navarro Villoslada, escritor integrista y autor de panfletos de propaganda, como el referido al guiolesco Carlos el Stimo; texto que los carlistas de Asturias refritaron en los aos 1940 con el ttulo de El Prncipe que Espaa necesita, esta vez aludiendo al exiliado Francisco Javier de Borbn-Parma.

Otros documentos que examin en lectura adictiva el no tan nio Pablo le informan de que a la primera carlistada la precedi desde los recovecos de Palacio una tal Sociedad del ngel Exterminador, fundada por el Obispo de Osma. Supo que en Catalua existan las Bandas de la Fe. Se entera de que el coronel Don Joaqun de Pablo, alias Chapalangarra, entr solo por Valcarlos creyendo que sus paisanos le secundaran y lo que los fanticos absolutistas hicieron con l fue fusilarle, descuartizarle y pasear triunfalmente sus despojos.

Complemento fundamental de todo esto, como seala el autor, fue su madre. sta, en un balconcillo de persiana y silla baja, relataba a su criatura, vida de fantasas, toda suerte de fbulas y quimeras populares. Tradicin oral y acceso a documentacin privilegiada van conformando al narrador.

Hoy se clama contra los nios-soldado de pases de frica. Los hubo tambin en la Alemania nazi y en las guerras del Norte que defendan a Cristo Rey llevando al cuello un detentebala: vud catlico. Ntese que los pabloantoanas que crecen en postguerra tampoco quedan emocionalmente ilesos. El impacto se agrava, sal sobre herida, por el posterior mbito conventual y cuartelero en que se sumergen ciudades y villorrios cuyo libro de estilo es el Ripalda. Y como banda sonora, el bordn de campanarios y los cornetines de los acuartelamientos en una Irua superpoblada de ese mito tan FET y JONS del mitad monje-mitad soldado. Slo el siete de julio, a lo largo de una semana, se desahogan las turbas en orga dionisiaca de minotauros, encierros y talanqueras. Tambin, noviazgos de urgencia. Todo dentro de un orden.

Inteleccin imposible

Snchez Ostiz ha llegado al lmite de la indagacin de otro ser humano de idntico oficio. Por muy evidente y sincero que ste haya resultado en momentos de extraversin, cuando se dispara lo comprimido, quien escruta a la persona, y ello consume al bigrafo, jams alcanza los tutanos de una personalidad. Confiesa el psiquiatra y publicista gallego Garca Sabell que las palabras son como los nudos que cien con rigor el proceso del conocer conforme a las categoras formales del pensamiento. As que a cada lector le llega, mediante este anlisis, una estampa siempre sugerente y enigmtica del personaje. Aunque, sigo con Garca-Sabell, en este sentido podemos decir que toda inteleccin del fondo ltimo de la persona es, por esencia, imposible.

Los indios y el papel

Resulta incontrolable alcanzar el sentido pre-lgico del subconsciente, rayano con lo consciente, de un escritor de rico lxico que se desahoga alanceando con la pluma a estafermos no tan antaones; a personajes eternizados en la memoria como estereotipos reales e inmortales. Pero digamos tambin que el acercamiento, en este caso, al ente vivo, licenciado en Derecho y Magisterio, que es Pablo Antoana, puede realizarse a travs de los papeles y los aromas. Cita Vives a Madariaga, impresor y calgrafo del XVI, y cuenta cmo los escribanos vascos que iban a Indias desconcertaban a los nativos. A los indios de Amrica les pareci no haber cosa ms admirable que poder los hombres darse a entender lo que sienten a grandes distancias con tan pocas letras y preguntaban si por ventura saba hablar el papel.

En el escrutinio contenido en la Lectura de Pablo Antoana se constata cmo se le fija al sujeto del ensayo aquel aroma agrio de su niez ya avanzada: papel de biblia, de barba, sellado, en archivos, librotes, informes de Intendencia; efluvios de hule de entarimados, de tabacazo, plvora fra, panoplias y correajes siempre a punto. Con lo cual se perpeta en el futuro escritor, una muy vlida memoria olfativa.

Sus funciones de secretario de Ayuntamiento en Sansol (Navarra) ponen a su alcance, aadido a su manejo del lenguaje procesal, toda suerte de inventarios de ajuares, desahucios, herencias, litigios. Pablo, el galopn, ha accedido por otra parte al contenido de cajones, escritorios y arcones cuyos objetos cargados de magnetismo animal viene a definir su bigrafo -- le inspirarn cuando empue el manguillero. En viejos archivos y papelotes judiciales se sintetiza la muy prxima historia de aquellas llanadas de Winchester en puo y sucesos latebrosos y, a la vez, sutilmente chuscos. Vagabundos, forajidos, proscritos y personas al filo de la justicia sern sus personajes predilectos.

Fumaderos de incienso

En cuanto a Miguel Snchez-Ostiz, el autor, hay que situarle en la generacin del susurro. La que se pregunta, inquiere, insiste en ello y acaba averiguando por su cuenta -trabajosa desintoxicacin- y transmitiendo a su vez la verdad aproximativa de lo que aqu y all ocurri (no pas). Aunque nunca se alcance la realidad, tan vagarosa, se vive entre paredes que oyen, vecindario de poco fiar, confites de taberna, chotas de tertulia, propaganda subliminal continua y enigmas que, a saber por qu, una democracia por decreto que an teme a los Ejrcitos prefiere que no se descifren del todo.

Existen puntos geogrficos en los que socilogos consultados afirman que el pnico transgeneracional tardar an lustros en disiparse. Es, ms o menos, procuro no destriparles el contenido del ttulo del que hablamos, lo que suceda en la mente lbil de un Pablo Antoana ya maduro y calvo bajo txapela negra que, desafiante en la zona, decide acudir a clases de euskara y pronunciarse contra la manipulacin de las masas. Tambin iniciar la campaa de la an llamada recuperacin histrica (por ley, y teniendo a un genocida enterrado con flores frescas en el hrrido santuario de Cuelgamuros). Ser en Sartaguda donde se erija, por iniciativa suya y de otros, un monumento a los asesinados por el glorioso Alzamiento en 1936. Detalla Snchez-Ostiz, en este episodio, cmo Pablo presenci las primeras aperturas semiclandestinas de fosas del genocidio en el cementerio de Echauri.

Vea Antoana, ya se dijo y el autor tambin lo destaca, en su territorio apache de triple mojonera sin deslindes fijos, Tierraestella, un farwest vascn, cainita e irredento. Respiraba all el nio Pablo una atmsfera de fumadero de incienso, un ozono de sangre seca como el lacre de las rdenes de atacar y vencer sin cuartel. Nace en Viana, en 29 de octubre de 1927, y le paren, ya dijimos, en la mansin fantasmtica de Navarro Villoslada. All su madre, la que le alimentaba de narrativa popular, era hija del administrador. Cumpli esta mujer como seorita de compaa y confidente de la hija del prcer y, en agradecimiento, recibi en herencia un bal lleno de libros religiosos y una cama, detalla el bigrafo.

Pequea crnica

La vida en un escenario inhumano a fuer de sobrehumano y chupacirios, propicia fatalmente ecos de escaramuzas, batallas y siluetas de personajes calcados de la realidad monrquica degenerativa. El ms simblico, aunque de carne y hueso, es el nio-monstruo aristcrata y tenebrista, tan propio de un Carreo de Miranda, que protagoniza su magistral Pequea Crnica. Quienes siempre tuvimos a Antoana por introvertido contumaz dependiendo del pie con que se despertara-; por genio ninguneado e injustamente desprovisto de los halagos con que literatos de menor dimensin y bagaje han sido agasajados, imaginamos el esfuerzo ingente de todo ensayista a la hora de realizarle una radiografa casi astral. Pablo falleci hace un ao y se homenaje a un personaje cuya magnitud an se desea reivindicar. Da que pensar si Pablo Antoana Chasco lo nico que pretenda (y regresamos a la imposible inteleccin ltima de las personas exploradas) era ser lo que fue, aliviarse con ello, gozar de satisfaccin ante lo elaborado y pervivir, tal y como lo pretendan los indios a los que Vives alude, en aquellos papeles que, por ventura, siguen hablando.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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