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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-11-2010

Espaa
Reforma o ruptura: no hay salida progresista a la crisis

Pedro Montes
Rebelin


Toda organizacin de izquierdas que se precie tiene como objetivo una salida progresista a la crisis. IU ha sostenido en su propaganda y en sus documentos que hay una salida progresista a la crisis. La ltima declaracin conjunta de CCOO y UGT de anlisis y propuestas tras la huelga general es un compendio de medidas progresistas para enfrentar la crisis, con un ttulo expresivo: Recuperar derechos y defender el estado social. Hasta el gobierno del PSOE, antes de quitarse la careta en mayo, hablaba de una poltica para remontar la crisis sin regresin del Estado del bienestar.

En este afn no hay nada de sorprendente: es lo menos que puede decirse en una situacin tan desoladora, donde los ataques a las condiciones de vida de la inmensa mayora son continuos. Sin embargo, quisiera hacer algunos comentarios para aclarar lo que entiendo por eso de la salida progresista a la crisis y la coherencia poltica y econmica que tal demanda lleva consigo. Mi propsito es demostrar que no hay salida progresista sino nicamente un futuro traumtico, convulso, propenso a conmociones. Esto para la izquierda implica prepararse para cambios sustantivos que no slo han de romper con los dogmas neoliberales sino tambin con la lgica del capitalismo.

Algunos criterios para la salida progresista

Una salida progresista debera ocuparse, en primer lugar, de amortiguar los daos ms dolorosos y desgarradores de la crisis, y entre ellos destaca el paro. Pero justamente esta crisis es sinnimo de paro, por lo que ste no puede tener remedio al margen de la resolucin de la propia crisis. Slo una medida exgena, de carcter poltico, tendra efectos notables sobre el paro. Sin embargo, paradjicamente, en las propuestas de salida progresista de la crisis no se encuentra. Me refiero a una medida como la reduccin drstica de la jornada laboral que, con todas las dificultades de aplicacin y efectos desiguales por sectores y actividades econmicos, implicara nuevos puestos de trabajo. En buena lgica, el lema trabajar menos para trabajar todos adquiere en estos momentos de paro masivo y perspectivas oscuras su mxima vigencia, tanto ms cuanto que la cuestin salarial que se liga siempre con la reduccin de jornada est disipndose con la reduccin de los salarios, como en el caso directo y contundente de los funcionarios. Es el momento de hablar de salarios y jornada en todos los mbitos del debate y la negociacin. Y resulta extrao que una reivindicacin histrica como las 35 horas semanales haya desaparecido justo cuando ms necesaria es y ms inexorable parece.

La proteccin a los parados es, sin discusin, un aspecto ineludible de toda salida progresista. Nadie puede estar condenado al desempleo y al mismo tiempo a no disponer de unos ingresos mnimos para hacer frente a las necesidades vitales esenciales. Las prestaciones por paro se agotan y las subvenciones no estn garantizadas. He aqu un terreno donde el combate est ms que legitimado y donde se contar con amplias bases para la lucha, pues son y sern millones los afectados, que por necesidad estarn dispuestos a ella si se les proporciona los cauces organizativos adecuados.

Por la naturaleza de la crisis en nuestro pas, el impago de las hipotecas est llevando a cientos de miles de familias al deshaucio. No puede ser. Toda salida progresista debe incluir propuestas de accin para impedir los desahucios. Y, asimismo, la crisis inmobiliaria, fruto de tantos desmanes y explotacin, ha puesto sobre el tapete la exigencia de revisin de la naturaleza jurdica de los prstamos hipotecario que, como crditos personales, ahora impiden liberar a los atrapados de sus cargas y los ligan casi de por vida a ellas, a veces hasta a sus herederos y eso despus de haber perdido la propiedad de sus viviendas.

En positivo, una salida progresista implica reforzar las funciones redistributivas del sector pblico y de atencin a los servicios pblicos, con las pensiones y las prestaciones a los parados a la cabeza, en el caso de las primeras, y la sanidad y la enseanza, en el caso de la segundas. Otras muchas reivindicaciones pueden levantarse, como pueden ser los gastos para atender las discapacidades de todo tipo y las situaciones de dependencia, al punto de que, siendo tan raqutico el Estado del bienestar en nuestro pas en comparacin con los pases ms avanzados de Europa, medido por el porcentaje de los gastos sociales pblicos en relacin con el PIB, el terreno para avanzar es enorme y podra constituir un campo idneo para fomentar el progresismo de la salida a la crisis.

El mundo laboral lleva muchos aos degradado y su descomposicin se ha agravado con la crisis. La ltima reforma laboral ha supuesto una bomba muy destructiva de las relaciones laborales, aparte de sus consecuencias en las facilidades y abaratamiento del despido. La enorme precariedad constituye un terreno abonado para toda ofensiva contra los trabajadores y es necesario acabar con ella como condicin indispensable para recomponer la fuerza y capacidad de negociacin de los trabajadores y los sindicatos. Los salarios se reducen a ojos vistas y, adems de fomentar una creciente desigualdad social, son un factor que est profundizando la depresin econmica. Este es otro campo, todo lo relacionado con los derechos y las condiciones laborales, en que la salida progresista tiene tajo en que ocuparse.

No se escapa a nadie que todo intento de hacer una sociedad menos desigual y mejor atendida en sus servicios bsicos pasa por procurarse un sistema fiscal ms justo, con ms poder recaudatorio y donde se combata el fraude. La regresin sufrida por el sistema fiscal espaol es notoria: de ah que toda salida progresista tenga en la fiscalidad un filn inexplorado para ahondar.

Como la crisis ha puesto de manifiesto, habr que ampliar las posibilidades de intervencin y regulacin del Estado para impedir que en el futuro sucedan acontecimientos equivalentes a los que se sufren ahora. Surge as la necesidad, cuando se plantea la salida progresista, de impulsar una banca pblica capaz de atender las necesidades de financiacin de empresas y actividades viables, liberndolas de las garras del sistema bancario privado, que debe someterse a controles y restricciones que eviten crisis financieras como la actual. El tema de las nacionalizaciones de aquellos sectores que por su papel estratgico en el funcionamiento de la economa estn en condiciones de chantajear al Estado y a la sociedad no puede estar ausente de toda salida progresista, y el sistema financiero ocupa un lugar preeminente a este respecto.

Cabra aadir que la sociedad en su conjunto debera adquirir los instrumentos y los resortes necesarios para poder instrumentar una poltica econmica e impulsar un modelo econmico distinto del que ha dejado descarnadamente al descubierto esta crisis.

En suma, una salida progresista a la crisis es aquella que permitira mejorar el estado del bienestar, fortalecer los derechos laborales y la capacidad de negociacin de los trabajadores, reducir las desigualdades econmicas y sociales, y potenciar los recursos e instrumentos del Estado para conducir a la sociedad por derroteros distintos de los que nos han conducido a esta crisis pavorosa.

Todo lo anterior rezuma sensatez y, con los matices y aadidos que se crean necesarios para afrontar otros aspectos de la crisis o corregir otros daos graves colaterales de la situacin -como son los de la sostenibilidad ecolgica o la regresin en la igualdad y liberacin de la mujer, la necesidad de acotar la desaforada especulacin financiera con algn impuesto, la exigencia de combatir los parasos fiscales de manera contundente- se tendran los criterios fundamentales para pergear un programa ampliamente compartido por toda la izquierda. Ningn debate sobre todo esto est cerrado pero, en general, puede lograrse un acuerdo sobre las lneas bsicas de las reivindicaciones a proponer y los objetivos por los que luchar.

Sobre la coherencia poltica.

S, y digo luchar, entrando en lo que es esencial en este asunto de la salida progresista. Sin tener que exaltar principios ideolgicos conocidos y experimentados, y sin tener que esforzarse en resaltar cmo la crisis est exacerbando las tensiones sociales, toda la izquierda estar de acuerdo en que sern la lucha y sus resultados los que determinarn el progresismo con el que se pueda resolver la crisis. Tanto es as que cabra establecer una relacin bastante estrecha entre el grado de progresismo con que se quiere resolver la crisis y el precio en trminos de lucha que costara, la factura de organizacin y movilizacin que hay que pagar. Para muchos avances, mucha lucha. Para cosas modestas, menos, pero tambin bastante lucha, porque en ausencia de sta, dada la relacin actual de fuerza entre las clases y los vientos desencadenados, se producirn retrocesos. La lucha, pues, para resistir o para avanzar, es el complemento imprescindible de toda oferta poltica que se haga sobre la salida progresista a la crisis.

Todos los llamamientos, las propuestas, la propaganda que se haga sobre la salida progresista, si no van acompaadas de un proyecto poltico de cmo reforzar ideolgica y organizativamente a la izquierda, de cmo unirla y hacerla confluir, son un brindis al sol.

Surge muchas veces una competicin entre la fuerzas de la izquierda por radicalizar sus propuestas para salir de la crisis, al punto de que se pierde de vista que las batallas polticas no se ganan sobre el papel sino sobre la realidad social. Una guerra virtual programtica es ridcula cuando los objetivos que se proponen son inalcanzables y se olvidan las palancas para ejercer la fuerza que los hagan posibles. Cabe entender el radicalismo como un aspecto necesario de la propaganda, e incluso de la agitacin, para expresar el proyecto social que cada fuerza poltica tiene y la distingue de las dems, pero hay que evitar utilizar los programas como armas arrojadizas para dividir artificialmente a la izquierda cuando tanto terreno ideolgico y material nos ha sido arrebatado por la derecha. Unas pinceladas sobre la revolucin, el socialismo, el socialismo libertario bastan para entender el ideario de las fuerzas polticas pero no conviene construir la sociedad del futuro con un radicalismo verbal intil, surgido de la impaciencia y con base en la imaginacin.

Sobre la realidad econmica

Y, en efecto, no acaban aqu los problemas relacionados con la salida progresista a la crisis. Es preciso comprender la realidad econmica de nuestro pas, inserto en la globalizacin capitalista, abierto de par en par, sin frontera alguna protectora y con un Estado sin resortes ni instrumentos para imponer una poltica econmica propia, tras las importantes cesiones de soberana que tuvieron lugar con la integracin en el euro. Hay que destacar su debilidad competitiva por factores histricos y recientes. Los problemas acumulados -endeudamiento de todos los agentes econmicos y dficit pblico descontrolado-; el contexto en que ha de resolverse la crisis -una crisis financiera internacional no resuelta y pendiente de nuevas sacudidas, una Europa desgarrada, una moneda nica insostenible por los desequilibrios que ha causado-; las presiones existentes -de los mercados financieros, las instituciones internacionales y los gobiernos ajenos preocupados por la inestabilidad que se puede transmitir y los agujeros financieros que puede originar un pas como el nuestro, relevante por su dimensin a escala europea-; un sistema crediticio en convulsin y con problemas de solvencia y liquidez casi irresolubles; una economa que ha sufrido un estallido inmobiliario. En fin, un caso claro de siniestro total.

Este conjunto de hechos condiciona de tal modo y restringe de manera tan acusada las posibilidades de afrontar la crisis que sta ha dejado de ser una cuestin interna, asptica y pura de lucha de clases en nuestra sociedad para convertirse en un verdadero atolladero de carcter histrico.

Hay que reconocer que la creacin de situaciones como sta, inmanejables y con contradicciones graves cualquiera que sea la opcin que se adopte, es una de las victorias del neoliberalismo: haber maniatado a los pases, dejndolos inermes y conducindolos a un callejn sin salida, donde la alternativa en apariencia menos traumtica y ms lgica es seguir aplicando el dogmatismo neoliberal. Eso s, en dosis crecientes. Se ha creado un orden, desorden queremos decir, en el que muchas veces la lucha deja de tener sentido porque las mejoras que puedan conseguirse llevan aparejados efectos tan contraproducente que las hacen discutibles. Las mejoras salariales implican prdidas de competitividad que, en economas sin proteccin alguna, implican prdidas de empleo. Mejoras de los gastos sociales aumentan el dficit pblico, lo que ocasiona desconfianza de los mercados y subidas de los tipos de inters a satisfacer con perjuicios de todo tipo. Avance fiscales progresistas inducen a salidas de capitales que estremecen a las instituciones crediticias y los Gobiernos. Los ejemplos pueden extenderse, al punto de que realmente estamos en un impasse, que aprovecha a fondo la derecha.

El necesario afirmar, y est en la conclusin que pretendo destacar, que, en la actualidad y con los problemas vigentes, en el marco de la globalizacin neoliberal y en el contexto de la unin monetaria, no hay salida progresista a la crisis. El giro emprendido por el Gobierno Zapatero no se debe a su perversidad, sino a la imposibilidad de preservar el Estado de bienestar existente en el marco y las condiciones actuales. Reconocido lo cual, no le exime de responsabilidades en cuanto a la situacin generada, la confusin creada, los engaos cometidos y las falsas respuestas a los problemas surgidos, como la ltima reforma laboral, tan intil para crear empleo como destructiva para los derechos laborales.

La hora de la verdad

Una afirmacin tan rotunda requiere de una aclaracin inmediata: decir que no hay salida progresista no es lo mismo que decir que las cosas deben continuar como estn. La crisis tiene tal naturaleza y tales races que no es posible disear una poltica que la supere, pero siempre hay mrgenes para introducir cambios que, sin ser solucin, mejoren muchos aspectos de una situacin social y econmica tan degradada. Cabe combatir el fraude fiscal, caben reformas fiscales que mejoren la progresividad del sistema, caben subidas de pensiones mnimas,caben muchos cambios que, sin modificar el fondo de la situacin, la haran menos angustiosa para muchos. De ah, la necesidad de la lucha a la que hemos hecho referencia.

Sin embargo el fondo de la cuestin es irresoluble. El pas est en una posicin de quiebra. Aparte de las deudas que las instituciones pblicas y los sectores privados tienen, desde las modestas economas domsticas hipotecadas hasta ayuntamientos como el de Madrid, la economa espaola con respecto al exterior mantiene una posicin deudora tan brutal que simplemente no es ni sostenible ni pagable. Recuerda al veredicto al que se dio al Tercer Mundo cuando se lleg a la conclusin de que los pases no podan hacer frente a las cargas de su deuda externa y terminaron en las garras del FMI y sus planes de ajuste estructural. Igual ocurre ahora a nuestro pas, slo que en una dimensin disparatada, propia de la hipertrofia financiera que han sufrido el capitalismo y, en particular, los pases del euro, que crean haber descubierto un medio taumatrgico para endeudarse indefinidamente. Todos los das hay que afirmar que Espaa no es Grecia o Irlanda, ambos pases ya bajo la tutela del FMI, que tampoco es Portugal Mientras, la situacin se va degradando, mostrando cada vez ms descarnadamente que es imposible evitar una debacle financiera. No pasar mucho tiempo antes de que cualquier acontecimiento prenda la chispa que haga explotar el depsito sobrecargado de la deuda externa.

Es preciso comprender, pues, que la sociedad espaola est abocada a sufrir una catstrofe econmica de muy gravsimas consecuencias. El cerco se est cerrando, el tiempo se acorta y los problemas se agravan. Por acotar plazos, puede decirse que el tsunami ya se ha desatado y lo nico que queda por saber es el tiempo que tardar en llegar a la costa, la altura de las olas y cules sern sus efectos destructivos. El desastre est garantizado, slo falta saber la envergadura que tendr y los caminos por los que se recompondr la sociedad espaola. Incgnitas hay muchas y las alternativas las determinarn de modo decisivo la poltica o, lo que es lo mismo, la lucha de clases. De esta previsin surgen unas tareas ingentes para la izquierda, tanto ms cuanto que parte de una situacin muy dbil en todos los sentidos.

Reforma o ruptura

El viejo dilema de la transicin, reforma o ruptura, vuelve a aparecer determinado ahora por la crisis econmica en lugar de por la muerte del dictador. Traducido a las alternativas polticas, la concepcin de que hay una salida progresista a la crisis lleva a perfilar unas posiciones que hacen hincapi en la lucha contra el neoliberalismo. Sectores importantes de la izquierda se encuentran cmodos definindose como anti neoliberales, en una posicin que se enmarca en el reformismo, que trata de combatir los aspectos ms repudiables del capitalismo pero que no plantea superarlo.

Si la conclusin de que no hay salida progresista a la crisis es vlida, que no hay mrgenes para polticas reformistas, la consecuencia es que el anti neoliberalismo tendr que trascender a una posicin anticapitalista. No se trata de una cuestin semntica, antineoliberalismo frente a anticapitalismo, sino de un tema de fondo, que habr de irse clarificando en los prximos tiempos y posiblemente con ms urgencia de la que se piensa.

Por supuesto, en la necesaria convergencia y reforzamiento de la izquierda, la unidad puede y debe prevalecer, pues el estadio de la lucha en que nos encontramos y siendo tan arduo el camino a recorrer hay que marchar unidos, dejando que sean la realidad y las experiencias las que configuren el carcter de la izquierda nueva que ha de surgir de la crisis.

Un ejemplo final y reciente aclara lo que trato de explicar. En la huelga general del 29 de septiembre se comprometi toda la izquierda, al margen del radicalismo de posiciones, y su xito estuvo determinado justo por la confluencia y la unidad de accin de muchas organizaciones y movimientos. Sin embargo, a la movilizacin le falt el carcter poltico y de ruptura que la situacin reclama.

En la ltima fiesta del PCE, en los das previos a la huelga general, en el mitin en el que participaban los secretarios generales de CCOO, UGT y el PCE, junto con el Coordinador General de IU, despus de un anlisis muy crtico de la situacin, proponan cambios en el sentido de combatir la versin ms cruda del neoliberalismo que en esos momentos haba puesto en marcha el PSOE. Pero, sorprendentemente, ninguno de los intervinientes que denunciaban con tal clarividencia la desolacin que recorre al pas y principalmente a los trabajadores y a sectores sociales ms dbiles, provocada por un sistema que histricamente empieza a mostrar todos los sntomas de senilidad, agotamiento y perversin, no citaron en ningn momento la palabra socialismo. Tantos aos resaltando las contradicciones, la injusticia y la violencia del sistema capitalista y cuando ste se declara en bancarrota se nos ha olvidado la alternativa del socialismo. El enorme retraso que delata este olvido hay que recuperarlo si no queremos que la barbarie nos muestre su rostro ms siniestro y terrorfico.

El autor es miembro de la Coordinadora Federal de Socialismo 21

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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