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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2010

Los peligros del periodismo "empotrado"
Una visin deformada de la guerra

Patrick Cockburn
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


El periodismo empotrado se gan una mala reputacin en Irn y Afganistn. La frase lleg a evocar una imagen del corresponsal supuestamente independiente que se somete a mentores militares que le entregan informacin cuidadosamente dosificada de un optimismo absurdo sobre el desarrollo de la guerra. Para muchos, el periodista empotrado es un retorno grotesco al reportaje al estilo de la Primera Guerra Mundial, cuando la horrenda carnicera en las trincheras era presentada como una serie de progresos sabiamente planificados por los generales britnicos.

Muchas afirmaciones contra el sistema de empotrar periodistas, sobre todo con los militares estadounidenses o britnicos, son injustas. Acompaar a los ejrcitos en el terreno es usualmente la nica manera de descubrir lo que estn haciendo o piensan que estn haciendo. Tampoco existe una alternativa obvia para que los corresponsales operen actualmente. Ya que al-Qaida y los talibanes consideran que los periodistas extranjeros son rehenes potenciales, es imposible circular por Iraq o Afganistn sin correr extremo peligro.

No fue siempre as. Cuando comenc a escribir artculos en Irlanda del Norte a comienzos de los aos setenta, era probablemente ms seguro ser periodista que cualquier otra cosa. Sola bromear que los recin formados grupos paramilitares nombraban un encargado de prensa antes de comprar un fusil.Pocos aos despus, en el Lbano, las milicias daban cartas a los periodistas permitiendo que pasramos con seguridad a travs de sus puntos de control. Los libaneses son un pueblo que lee peridicos y yo sola distribuir peridicos locales como un gesto amistoso a milicianos aburridos en turno de guardia. Pero tambin fue en el Lbano donde desde 1984 grupos respaldados por Irn comenzaron a secuestrar periodistas como manera efectiva de presionar a gobiernos y publicitar la causa de los secuestradores.

En estas circunstancias, la dependencia excesiva del empotrado como mtodo primordial de juntar informacin podr ser inevitable, pero produce un cuadro sesgado de los eventos. Los periodistas no pueden evitar que reflejen en cierto grado el punto de vista de los soldados que acompaan. El hecho mismo de que estn con un ejrcito de ocupacin significa que el periodista est limitado a un segmento pequeo y atpico del campo de batalla poltico-militar.

El empotramiento tambin limita la ubicacin y el movimiento. Iraq y Afganistn son esencialmente guerras de guerrilla. Y el comandante de guerrilla exitoso evitar combatir a la principal fuerza del enemigo y en vez de eso atacar en el lugardonde su oponente es dbil o carece por completo de tropas. Esto significa que puede suceder que el corresponsal empotrado con las unidades militares estadounidenses o britnicas se pierda o malinterprete etapas cruciales del conflicto.

Gran parte de las informaciones en los medios britnicos y estadounidenses en Afganistn desde 2006 han tenido que ver con escaramuzas en baluartes talibanes como las provincias Helmand y Kandahar en el sur del pas. Los problemas son reducidos frecuentemente a cuestiones casi tcnicas o tcticas sobre cmo hacer frente a bombas al borde de la ruta o a la falta de equipo. Hasta hace poco, hubo pocas informaciones o explicaciones del motivo por el cual los talibanes han podido extender su control hasta los suburbios de Kabul.

A finales de 2001, en los das siguientes a la derrota de los talibanes, logr conducir de Kabul a Kandahar sin or un solo tiro. El ao pasado no me pude mover sin riesgo ms all de la ltima comisara del sur de la capital. A unoskilmetros, por el camino a Kandahar, patrullas de talibanes en motocicleta estaban estableciendo bloqueos de ruta temporales y controlando a todos los que pasaban.

Este ao es peor. Los talibanes tratan, con bastante xito, de contrarrestar la ofensiva aliada en el sur extendiendo su control en el norte de Afganistn, tomando el control de gran parte de las provincias Kunduz y Baghlan y cortando las rutas de aprovisionamiento de la OTAN a Tayikistn y Uzbekistn.

Justo antes de la guerra de 2001, viaj por las montaas del Hindu Kush desde el norte de Kabul a travs de la provincia Badakhshan en el noreste de Afganistn a Tayikistn. El viaje dur cuatro das pero no hubo talibanes, aunque todava controlaban gran parte del resto de Afganistn. Hoy no podra hacer el mismo viaje porque incluso en Badakhshan, predominantemente tayika y supuestamente antitalibn, los insurgentes comienzan a hacer avances.

Un peligro del empotramiento es que coloca a los periodistas en el sitio equivocado en el momento equivocado. En noviembre de 2004, marines estadounidenses invadieron la ciudad de Faluya al oeste de Bagdad, que haba sido capturada por insurgentes. Las tropas fueron acompaadas por casi todos los miembros del cuerpo de prensa de Bagdad, que corran considerable riesgo personal. Sus informes y fotos de la batalla fueron convincentes y el resultado fue una indudable victoria para EE.UU.

Pero los informes sobre el xito estadounidenses fueron engaosos porque los insurgentes haban utilizado la concentracin de fuerzas de EE.UU. alrededor de Faluya para lanzar su propio ataque contra la ciudad mucho mayor de Mosul, en el norte de Iraq, que capturaron brevemente. El ejrcito y la polica huyeron, 30 comisaras fueron ocupadas, y armas por un valor de 40 millones de dlares fueron capturadas por los insurgentes. Considerando que Mosul es, por su tamao, la tercera ciudadde Iraq, fue un sorprendente revs para las fuerzas dirigidas por EE.UU., pero pas virtualmente sin mencionarse ya que no haba tropas estadounidenses presentes y por lo tanto tampoco haba periodistas empotrados.

Hay una desventaja ms sutil del empotramiento: lleva a los periodistas a ver los conflictos en Iraq y Afganistn sobre todo en trminos militares, mientras que los eventos ms importantes son polticos o, si son militares, pueden tener poco que ver con fuerzas extranjeras. Se ha convertido en un artculo de fe entre muchos en EE.UU. que los militares estadounidenses terminaron por ganar la guerra en Iraq en 2007-2008 porque adoptaron un nuevo conjunto de tcticas y enviaron 30.000 soldados adicionales en lo que se conoci como oleada. Las bajas de las tropas de EE.UU. bajaron a cero y las de los iraques cayeron de sus anteriores niveles horrendos. Esta explicacin fue profundamente satisfactoria para la autoconfianza nacional estadounidense y rescat la reputacin del ejrcito de EE.UU. En los meses antes de la eleccin presidencial de 2008, fue imposible que un poltico estadounidense sugiriera que la oleada no haba tenido xito sin provocar acusaciones de falta de patriotismo.

Sin embargo, los acontecimientos que terminaron con lo peor de los combates en Iraq tuvieron en su mayor parte poco que ver con EE.UU., que slo fue uno de los protagonistas en una batalla compleja. Los ataques contra los militares estadounidenses provenan casi por entero de insurgentes rabes sunes, pero en 2007 los sunes estaban siendo derrotados en gran medida por las fuerzas de seguridad y milicias predominantemente chies y ya no podan permitirse seguir combatiendo tambin a los estadounidenses. Al-Qaida haba ido demasiado lejos al tratar de controlar a toda la comunidad sun. Los sunes eran expulsados de Bagdad, que ahora es una ciudad con una abrumadora mayora chi. Ante el peligro de aniquilacin de su comunidad, los insurgentes sunes cambiaron de lado y se aliaron con los estadounidenses. En este contexto EE.UU. tuvo la posibilidad de enviar pequeos grupos de soldados a reas sunes que desesperaban por encontrar defensores contra escuadrones de la muerte chies y comandantes de al-Qaida que exigan que enviaran a sus hijos a la lucha.

Pero ese tipo de tcticas no puede reproducirse en Afganistn, donde las condiciones son muy diferentes. A pesar de todo, hasta hace unos meses se haba convertido en la sabidura aceptada de las pginas de opinin y de los presentadores de televisin estadounidenses que el ejrcito de EE.UU. haba encontrado una frmula de uso general para la victoria en sus guerras posteriores al 11 de septiembre. El autor de la victoria, el actual comandante estadounidense en Afganistn, general David Petraeus, se convirti en el oficial militar ms popular, prestigioso e inconmovible de EE.UU. El que las tcticas de la oleada no hayan dado resultados en el sur de Afganistn hasta la fecha ha comenzado a debilitar esa fe en la nueva estrategia, pero la poltica estadounidense y britnica sigue basada en la oleada: fuerzas extranjeras apoyadas por tropas afganas obtendrn el control en el terreno; lo retendrn e impedirn que vuelvan los talibanes; y luego, finalmente, entregarn el poder a los soldados y policas afganos y a los funcionarios enviados por Kabul.

Es poco probable que llegue a suceder de esa manera algn da. Como en Iraq, las acciones militares sobre el terreno en Afganistn no tienen mucho sentido si se separan del acontecer poltico. La corrupcin del gobierno afgano es tristemente clebre y los gobernantes estn considerados por la mayora de los afganos como una coleccin de mafiosos. Todos los informes en los medios sobre acciones de pequeas unidades cuyo objetivo final es imponer la autoridad de Kabul en el sur de Afganistn tienen poco sentido, ya que el gobierno es tan dbil que apenas existe. En casi un 80% del pas el Estado no existe.

La realidad de la guerra en Afganistn, me dijo un diplomtico, que nunca es revelada por el periodismo empotrado, es que un 60% de los soldados del gobierno afgano enviados a Helmand o Kandahar desertan lo antes posible. Son mayormente tayikos aterrorizados ante la idea de ser enviados al sur pastn. Los sacan de los campos de entrenamiento, los colocan en autobuses y echan el cerrojo a las puertas antes de decirles a qu lugar los envan. Pero son esos mismos soldados aterrados, que a menudo ni siquiera hablan el lenguaje de la gente del lugar, los que constituyen el ncleo del plan de la OTAN para la victoria en Afganistn.

Vale la pena preguntar hasta qu punto se ha informado bien sobre las guerras de Iraq y Afganistn. Podra obtener el lector o televidente medio una idea aproximada de lo que ha estado sucediendo en ambos pases durante los ltimos ocho aos?

Es fcil informar sobre las guerras, pero es difcil hacerlo bien. Las guerras provocan tales pasiones que los editores y los principales productores en las centrales frecuentemente dejan de reflejar el sano escepticismo del periodista. Presentan ideas demasiado simplificadas sobre el tema de la historia, sea victoria lograda con esfuerzo o parlisis sangrienta. Televidentes y lectores esperan que el conflicto contenga drama y piensan que saben cmo es. Las primeras fotos de las guerras de Afganistn en 2001 yde Iraq en 2003 estaban dominadas por instantneas de grandes llamaradas provenientes de misiles que estallaban en Bagdad y Kabul.

Pero ese melodrama era engaoso, ocultaba lo que haba sucedido en realidad. El factor ms importante de esas dos guerras fue que apenas tuvieron lugar en su primera etapa de guerra convencional. Los combatientes talibanes desaparecieron hacia sus aldeas o cruzaron la frontera hacia Pakistn. En Iraq la mayora de las unidades de elite mimadas por Sadam Hussein se disolvieron y se fueron a casa lo antes posible.

Fue muy difcil informar sobre todo esto a las redacciones en aquel entonces. Las organizaciones noticiosas se preparan para la guerra y se sienten desilusionadas cuando se les dice que no pasa gran cosa. Yo segu a los talibanes en retirada de Kabul a Kandahar en el ao 2001 y vi pocos combates a lo largo de la ruta. En una ciudad importante como Ghazni haba media docena de talibanes muertos, en su mayora en tiroteos por la propiedad de coches del gobierno. En Iraq, 18 meses despus, haba numerosos tanques quemados del ejrcito iraqu en las carreteras pero, al mirar al interior, haban sido casi todos abandonados antes de que fueran destruidos por ataques areos.

Los gobiernos de EE.UU. y Gran Bretaa sacaron precisamente las conclusiones equivocadas del hecho que los talibanes y el ejrcito iraqu no hayan combatido. En ambos casos, se haba advertido al presidente Bush y a Tony Blair de que se estaban metiendo en un cenagal y en su lugar pareca que haban logrado victorias fciles. Creyeron, de manera arrogante, que controlaban los acontecimientos mientras que en realidad no fueron otra cosa que protagonistas poderosos que deberan haber prestado atencin a la manera en que los afganos, iraques, iranes, sirios y paquistanes estaban reaccionando ante sus acciones. Su ceguera es fcil de criticar en retrospectiva, pero entonces en aquel momento el sentido de omnipotencia estadounidense fue compartido por la mayor parte de los medios de EE.UU.

En un aspecto consider que fue ms fcil informar sobre Iraq que sobre la guerra afgana. En Gran Bretaa la divisin fue tan profunda sobre la guerra que desde el comienzo hubo numerosos escpticos dispuestos a creer que el gobierno les estaba mintiendo y que el proyecto iba por mal camino. Los corresponsales estadounidenses tuvieron una tarea ms difcil porque sus salas de redaccin todava estaban preocupadas de que no las considerasen poco patriticas hasta bien avanzado el ao 2005. Tres aos despus, los corresponsales estadounidenses en el terreno se sentan frecuentemente desanimados al ver que autoproclamados expertos en Iraq afirmaban firmemente en sus propios canales de televisin o peridicos que la oleada era una memorable victoria. Los iraques seguan muriendo por cientos, pero en cuanto los militares de EE.UU. dejaron de sufrir bajas, gran parte de la televisin estadounidense dej de informar sobre Iraq.

La guerra de Iraq puede haber sido la despedida de los medios estadounidenses, porque muchos de ellos se han reducido o han cerrado en los ltimos aos. Los medios britnicos nunca han invertido suficientes recursos en ninguna de las dos guerras como para cubrirlas de modo adecuado. La BBC fue la nica compaa de televisin que mantuvo una oficina permanente en Bagdad. La mayora de los peridicos cubrieron de vez en cuando el conflicto. Fue en parte porque la informacin sobre las guerras es siempre muy costosa y, especialmente en Iraq y Afganistn, por la necesidad de pagar a compaas de seguridad, En algunos casos stas se dieron cuenta de que su tarea era posibilitar que los corresponsales obtuvieran la informacin con el menor peligro posible, pero otras se comportaron como si fueran funcionarios de prisiones en su determinacin por garantizar la seguridad de los corresponsales. Recuerdo que Robert Fisk y yo recibimos un mensaje de texto de un distinguido y valeroso corresponsal britnico en otra parte de Bagdad que lamentaba no poder encontrarse con nosotros en nuestro hotel porque su jefe de seguridad haba decidido que el almuerzo propuesto no era una necesidad operativa.

Los peligros inevitables en la cobertura de Iraq tuvieron otro efecto. Gran parte de la mejor cobertura haba sido hecha por periodistas experimentados que conocan Iraq desde antes de 2004. Despus de eso se hizo muy difcil que jvenes corresponsales llegaran a tener alguna especie de curva de aprendizaje porque cualquiera que quisiera aprender de sus errores en Iraq no iba a vivir mucho tiempo. A mitad de camino durante la guerra de Iraq, un jefe de oficina se quej diciendo: El nico sitio relativamente seguro para poder enviar a jvenes periodistas, que no han estado antes en Iraq, es como empotrados, pero entonces se tragan todo lo que el ejrcito les dice e informan como si fuera un hecho. La mejor informacin durante el clmax de la matanza sectaria en Iraq en 2006-2007 fue en The New York Times, que simplemente resolvi el dilema contratando a corresponsales experimentados y bien reputados de otros peridicos. A pesar de todo, a pesar de los riesgos, siempre fue posible informar sobre Iraq y Afganistn desde fuera del regazo de los militares, como lo demostr gente extraordinariamente valerosa como Ghaith Abdul-Ahad y Nir Rosen, quienes arriesgaron sus vidas mezclndose con insurgentes y milicianos.

Yo sola recibir una cierta cantidad de aplausos inmerecidos en festivales del libro cuando me presentaban como un cronista que nunca ha estado empotrado, como si me hubiera abstenido de vicios antinaturales. Empotrarse evidentemente lleva al sesgo, pero muchos periodistas son suficientemente listos para descubrir la propaganda militar y sus pensamientos ilusorios y no divulgarla en su totalidad. Saben que es poco probable que aldeanos afganos, entrevistados frente a la polica afgana o a soldados estadounidenses, digan lo que realmente piensan sobre los unos o los otros. Sin embargo, es posible que el efecto ms daino del empotramiento sea suavizar la brutalidad de toda ocupacin militar y minimizar la reaccin hostil de la gente del lugar. Sobre todo, el hecho mismo de que un corresponsal est con un ejrcito de ocupacin da la impresin de que los conflictos en Iraq y Afganistn, pases que han sufrido 30 aos de crisis y guerra, pueden resolverse por la fuerza.

Patrick Cockburn es autor de Muqtada: Muqtada Al-Sadr, the Shia Revival, and the Struggle for Iraq.

Fuente: http://www.counterpunch.org/cockburn11232010.html

rCR



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