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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2010

Resea del libro de Csar Roa "La Repblica de Weimar. Manual para destruir una democracia"
Una gua para entender la "desdemocratizacin" contempornea

ngeles Diez
Rebelin


El pasado deja huellas por todos los rincones del presente, dice Csar Roa en la introduccin de su libro. Sin embargo, recoger esas huellas no es suficiente, es necesario saber interpretarlas y querer hacerlo, sentir la necesidad de extraer las enseanzas imprescindibles para construir un futuro mejor, plantearse adems, la urgencia de ese futuro mejor. Aqu radica la importancia de La repblica de Weimar. Manual para destruir una democracia. No trata el texto de establecer paralelismos o simples analogas, ms bien se rescata la tradicin de la sociologa clsica comprensiva (M. Weber, G. Simmel, K. Marx): estudiar y conocer para comprender y transformar. Es el presente, el momento que vivimos aqu y ahora, el que mueve este trabajo de investigacin histrica, y es la urgencia de las fuerzas desatadas contra la democracia, contra el Estado de Derecho, aqu y ahora, la que nos urge a estudiar el periodo de entreguerras en Europa.

Este libro no es un texto de coyuntura ni un ejercicio de erudicin, es el resultado de una necesidad sentida por el autor y transmitida de forma clara, rotunda y brillante Por qu elegir la Repblica de Weimar? Sin duda un acierto, porque son los periodos de crisis en los que el teatro de la vida queda iluminado plenamente vemos el proscenio, el foso, el escenario, la tramoya, los bastidores..- todas las contradicciones se evidencian casi de forma simultnea porque se extreman, se rompe el consenso que regula la pacfica sociabilidad del orden impuesto o autoimpuesto-. Es en estos momentos cuando el poder aparece evidenciado, despojado de cualquier pretexto, de cualquier justificacin. Las crisis, dir Gramsci, son esos periodos en los que lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir. Entre lo viejo y lo nuevo, diramos nosotros, surge ese instante en el que lo probable puede llegar a no serlo, y lo posible, puede llegar a ser. Durante la Repblica de Weimar, la democracia surgi como una posibilidad en Alemania plasmada en su novedosa Constitucin que, como seala Csar, junto con la mexicana de 1917 y la sovitica de 1924 reconoce que el hombre tiene unas necesidades sociales, que estn ms all de la responsabilidad personal del individuo. Esa constitucin contena tanto elementos progresistas como autoritarios porque fue el resultado de las contradicciones de una poca en la que las fuerzas revolucionarias estuvieron a punto de hacerse con el poder, pero fue un momento tambin en donde las fuerzas ms reaccionarias encontraron aliento en un rgimen temeroso de perderlo todo si no haca concesiones.

La paradoja que nos plantea la Repblica de Weimar la enuncia Csar como la contraposicin entre la modernidad poltica y la modernidad econmica. Se nos ocurre que el lector puede fcilmente ir un paso ms all e interpretarla como democracia versus capitalismo, o hacerse una doble pregunta Es compatible la democracia con el capitalismo? Qu relacin existe entre fascismo y capitalismo? De hecho algunos autores alemanes de la poca ya lo plantearon en esos trminos (R. Luxemburg, K. Liebknecht, A. Rosenberg, H. Marcuse, A. Thalheimer) Dice C. Roa: Por una parte, desde un punto de vista poltico, modernidad implica reconocer que la soberana emana del pueblo y que el poder slo puede ser ejercido por la nacin y sus legtimos representantes. [] Por otra parte, desde un punto de vista econmico, modernidad significa divisin del trabajo, aplicacin de la tecnologa al proceso productivo y racionalidad instrumental. Por racionalidad instrumental se entiende la utilizacin eficiente de los recursos disponibles para alcanzar un objetivo. Dado un fin, las distintas alternativas que se presentan para realizarlo deben ser evaluadas con criterios tcnicos y, acto seguido, seleccionar aquella que mejor emplea unos recursos escasos. De esta forma nos pone sobre la mesa las cartas que estaban en juego: la sociedad alemana como un proyecto democrtico gobernado por la voluntad de los hombres (la poltica), o una sociedad sometida a las leyes inmutables de naturaleza econmica (las leyes del mercado); es decir, un proyecto democrtico o un proyecto autoritario.

Los captulos dos y tres del libro tienen una importante carga histrica concreta, en ellos se detallan los acontecimientos que ilustran la contradiccin en la que se debata el gobierno alemn: o se resolvan los problemas sociales -unos derivados de la guerra, otros de la crisis econmica, otros de la propia explotacin productiva-, o se doblegaba a las masas de obreros y campesinos a los dictados econmicos, es decir, o se les convenca o se les venca. El terico C. Schmitt desgranaba esta situacin del parlamento alemn en varias de sus obras demostrando la imposibilidad de crear mayoras parlamentarias en un contexto en el que la burguesa no contaba con el poder absoluto, la democracia de masas se converta en un obstculo para la toma de decisiones de un ejecutivo urgido por salvar la economa [1] .

Si la modernidad o ms bien la burguesa- es la que determina el fin ltimo de una sociedad, este fin no puede ser otro que la economa [2] , todo lo dems, se subordina a ese fin previamente determinado cual destino inmutable. La poltica se torna tcnica, administracin y gestin de la economa. Obviamente, un mundo en el que el dinero se ha convertido en un valor supremo, en el que las relaciones entre personas slo dependen de los precios de las mercancas, en el que se termina clasificando a las personas en funcin de la rentabilidad que puedan aportar, no es un mundo humanamente viable. La sociedad burguesa decimonnica lo descubrira muy pronto, dice Csar al inicio del captulo cuatro dedicado a la tecnologa. En l encontramos una de las claves de su propuesta de anlisis: la Repblica de Weimar haba nacido de un acto de rebelda de los marineros en Kiel que se negaban a obedecer rdenes que no les tomaban en cuenta. En este origen est el germen democrtico, la posibilidad de que nada quede fuera de la discusin y decisin de los hombres, ni siquiera la economa y mucho menos la tecnologa que hace posible esa economa. La discusin sobre la tecnologa est plasmada en la Constitucin de Weimar en donde, segn Csar, encontramos uno de los esfuerzos ms ambiciosos por controlar y humanizar un desarrollo tecnolgico que, de otro modo, podra descarrilar en catstrofes aterradoras. Estos aspectos sociales de la Constitucin de Weimar la hicieron tremendamente avanzada para la poca e implicaban un embridamiento necesario de las fuerzas tecnolgicas que surgieron al servicio de la economa y de la guerra.

No hay que olvidar que la economa se presenta al hombre, ya en el siglo XVIIII B. Mandeville (La fbula de las abejas) A. Smith (Teora de los sentimientos morales), Franois Quesnay (Cuadro econmico)-, como una ciencia exacta, siguiendo el modelo newtoniano de finales del XVII [3] . De lo que tratar la nueva ciencia econmica es de descubrir las leyes universales que regulan las relaciones humanas y ofrecer a la poltica los modelos que ha de seguir (imponer). Podemos decir que una nueva teologa sustituye a la teologa medieval adoptando una forma secularizada, en ella el hombre est sometido a su propia naturaleza (regida por el deseo), sometido a unas leyes naturales de las que no podr zafarse. La economa deviene destino de la humanidad. La libertad es la libertad de seguir los propios dictados de la naturaleza humana, una naturaleza econmica por lo dems. Si la ciencia social se reduce a la exactitud, la funcin de los economistas y los polticos, dado que son gestores ser sustituir el mundo natural, la realidad social, por su representacin racional. Este contexto ideolgico, el del liberalismo, es el que nos permite entender los esfuerzos del gobierno de Weimar y su funcionariado por amoldar una realidad social que entraba en contradiccin con estos postulados. Guiados por los modelos econmicos construidos para servir a un nico fin (la economa) la Repblica de Weimar colaps.

El profesor Andrs Bilbao deca que los modelos econmicos no expresan la realidad social sino que son modelos de disciplinamiento social. El mercado como principio de organizacin social no puede ser otra cosa que un sistema totalitario, y no puede sino entrar en conflicto con el sistema poltico cuando ste est ocupado por fuerzas democrticas. Por eso, cuando Cesar Roa nos documenta el colapso de la Repblica de Weimar, que sita entre 1930-1932, se ve obligado a hablarnos de las difciles relaciones entre la economa y la poltica, entre un legislativo que representa la soberana popular constantemente en conflicto con un ejecutivo dispuesto a hacer cumplir las leyes de la economa y someter al parlamento.

El libro se cierra con el captulo titulado La decorosa destruccin de la democracia y la concepcin de la poltica como espectculo, se trata de una sntesis brillante del mundo poltico contemporneo que el nazismo ayud a construir. Es fcil reconocer en sus pginas las analogas con el mundo presente: unos sistemas polticos donde puede convivir el parlamento y el sufragio universal con el dominio del capital.

La destruccin de la democracia que subyaca en la Repblica de Weimar fue una lucha a muerte en la que las fuerzas revolucionarias fueron derrotadas. Mientras dur, hasta el ascenso del nazismo, estas fuerzas fueron capaces de descubrir una segunda paradoja de la modernidad, lo que al principio hemos llamado la contradiccin irreconciliable entre democracia y capitalismo.

De esa primera paradoja que nos planteaba Csar entre modernidad poltica el pueblo es el soberano- y econmica sociedad regida por leyes que se escapan al soberano-, surge, me parece, una segunda contradiccin en el principio de soberana: Dnde reside el poder supremo? El soberano es aquel que decide el estado de excepcin, nos deca C. Schmitt, el que tiene el poder absoluto. Si el soberano es el pueblo, y esto ha de ser as en un sistema democrtico, es el pueblo quien define los fines que guan la poltica, es el que tiene la ltima palabra pues nada escapa al poder del soberano. Pero si es la burguesa y sus instituciones quienes delimitan cul es el fin ltimo hacia el que dirigir la sociedad Entonces? Es realmente soberano el pueblo?

El fascismo, considerando el fascismo como un movimiento poltico general del siglo XX que adopt particularidades en Italia y en Alemania en un momento histrico concreto, fue un fenmeno profundamente arraigado en los caracteres fundamentales de la poca; fue continuador e impulsor de esa tendencia autoritaria que describe Csar en la repblica de Weimar -expresada en el artculo 48 de la Constitucin-, fue el fundamento ltimo del sistema poltico del Antiguo Rgimen, y de su principio de soberana el monrquico autoritario- que no haba desaparecido a pesar de la ilustracin y las revoluciones burguesas. Junto a este movimiento poltico continuador del absolutismo, la democracia y el socialismo fueron corrientes ideolgicas tambin presentes en esa poca y propulsadas por la ruptura poltico-ideolgica que supuso la ilustracin. Segn Reinhard Khnl la ilustracin haba destruido el fundamento de la legitimidad del Estado medieval, la creencia en que la autoridad estatal tena derecho a actuar por encargo y en nombre de Dios. El Estado era considerado ahora como institucin humana que deba su legitimidad a la voluntad del pueblo y que, por lo tanto deba procurar a ste un bienestar terreno [4]  Las revoluciones burguesas tuvieron que romper con los principios de legitimidad precedentes apelando a los valores de libertad, igualdad y fraternidad. La fuerza de estos principios -y la guerra-, desplazaron la fuente de la soberana: de Dios a la razn, del monarca al pueblo.

En el periodo de entreguerras, Alemania fue presa de esos mismos demonios democrticos que ahora venan de la mano de las revoluciones socialistas que haban fecundado la Repblica de Weimar. El Parlamento alemn de ese momento era un reflejo de las fuerzas en pugna. Estaba claro que un parlamento democrtico chocaba con los requerimientos de la economa. Si previamente las masas no han sido disciplinadas, -bien mediante la guerra, bien mediante el convencimiento [5] - y en el parlamento no se consiguen las mayoras necesarias para gobernar, entonces el Parlamento se convierte en un obstculo. El respeto escrupuloso de las reglas abstractas de un mercado puro terminar chocando con la voluntad popular recoge Csar del anlisis de F. Hayek (no sus propuestas) en el que se seala que los Parlamentos democrticos son un riesgo para el orden econmico, de modo que los defensores del mercado y de la propiedad tienen que edificar una serie de defensas que limiten las iniciativas de los legisladores. Quiz resulte arriesgado plantearlo as pero, de nuevo, las semejanzas con la actualidad son ms que evidentes en esta subordinacin de los parlamentos nacionales a los mercados y las instituciones internacionales que les representan.

En la Repblica de Weimar las tensiones sociales que se trasladaban al sistema jurdico-poltico hicieron que se acabara identificando al Parlamento como el origen de tensiones que ponan en riesgo los cimientos del sistema econmico. La economa, el capitalismo, necesita de un andamiaje jurdico-poltico que lime las resistencias de los pueblos a la explotacin. La extraccin de plusvalor del hombre libre no slo se logra con la desposesin y la coaccin. Al capitalismo, despus del cambio del principio de soberana, no le han servido las formas tradicionales de ejercicio del poder. Para el clasicista G. Ferrero una vez que todos los hombres son iguales, no existe ningn otro derecho ms necesitado de justificacin que el derecho de mandar de unos sobre otros. La justificacin del ejercicio del poder, o el deber de la obediencia a la ley, dada una sociedad de iguales, se logra bajo el principio de legitimidad democrtica: todos hacemos la ley (a travs de nuestros representantes) y libremente aceptamos someternos a ella. Ese principio de soberana es la base de cualquier sistema realmente democrtico. Tanto durante la Primera Guerra Mundial como despus de ella en los Estados europeos surgieron movimientos caracterizados por un rechazo a la democracia parlamentaria, al movimiento obrero, a las teoras marxistas, al nacionalismo y al anticapitalismo. La base ideolgica del nazismo estaba en estas corrientes pero no pasaban de ser sectas o grupos de desclasados apenas significativos. La crisis del capitalismo tras la guerra es la que alimentara estas corrientes hasta dotarlas de una base social significativa. El nazismo reclut a sus miembros entre las clases medias, la pequea burguesa cuya base econmica estaba amenazada.

Despus de leer el texto de Csar Roa llegamos a la conclusin de que el nazismo no fue el resultado de un exceso de democracia sino todo lo contrario, un proceso de desdemocratizacin. Podemos decir que por mucho que el nazismo alterara la estructura social y poltica de la poca la contradiccin entre produccin social y apropiacin privada sigui en pie, y que para que esto fuera as haba que acabar con el Parlamento y con la Constitucin, corazn y cerebro, de todo orden democrtico porque tanto el Parlamento como la Constitucin alemana se haban convertido en serios obstculos para el capitalismo. Dicho de otra forma: el nazismo acab con la democracia alemana porque la expansin econmica, las medidas tcnicas que era necesario aplicar para el desarrollo del capitalismo, necesitaban acabar con la democracia.

Leda en estas claves, la destruccin de la democracia alemana no vino de la mano del nazismo sino que ste fue su brazo ejecutor. Despus de la I Guerra Mundial, los movimientos obreros revolucionarios y el desastre de la guerra, permitieron la democratizacin de las instituciones pblicas pero no se consigui la democratizacin de la economa. De modo que podemos interpretar esta poca como una guerra entre dos esferas, la poltica y la econmica; en la primera se daba una correlacin de fuerzas favorable a las clases populares, en la segunda dominaban los grupos que haban llevado a Alemania a la guerra (los que necesitaban una expansin del capital, es decir, las fuerzas imperialistas)

La economa -el capitalismo-, es por definicin dictatorial, no puede ser de otra forma, de modo que hay que excluir de ese mbito a cualquier sujeto que pueda variar su orientacin, no cabe la democracia en el mercado, eso slo sera posible en el socialismo. En la Repblica de Weimar la lnea imaginaria que falsamente divide economa y poltica perdi sus mrgenes, la II Guerra Mundial volvi a restablecerlos.

Hablar de democracia implica pues restaurar la conexin entre el mbito de la poltica (donde aparentemente se disputa el poder) y mbito de la economa, y a la vez, poner en manos del pueblo soberano el mximo poder de decisin: decidir sobre la economa. La batalla alemana la perdi la democracia y la gan la democracia capitalista dira Harold Laski-. La democracia que surge despus de la II Guerra Mundial no es ya la que corresponde a esas fuerzas revolucionarias que entraron en lucha en la Repblica de Weimar. En los sistemas polticos contemporneos la democracia se nos presenta ya como pura ideologa, cobertura frgil pero necesaria para legitimar la reproduccin del orden capitalista. Si en algn momento esos genios invisibles reclamaran la adecuacin entre ideologa y realidad los fantasmas autoritarios emergern de nuevo.

La fascistizacin de las democracias parlamentarias de la poca, como describi Thalheimer fue gradual. El parlamento no estaba sirviendo para implementar los intereses de la burguesa, se inici la desdemocratizacin que adopt diversas formas segn la realidad histrica concreta. En Alemania de la poca fue el nazismo quien asumi la tarea restaurando el orden incluso en contra de algunos sectores de la burguesa, por lo menos en lo que respecta a determinadas libertades y garantas. El nazismo toma el poder para restaurar el control poltico directo de la burguesa sobre la economa. Adems, tom el poder de forma plena cuando las organizaciones del movimiento obrero, tanto las reformistas como las revolucionarias se haban visto reducidas a la impotencia. Los obreros perdieron confianza en sus organizaciones y perdieron confianza en s mismos. Para los autores crticos de la poca, el autoritarismo que invada Europa no era la ltima alternativa del capitalismo, era ms bien, una nueva forma poltica que expresaba el podero del capitalismo tras la aniquilacin de las resistencias. Segn A. Rosenberg el fascismo no es ms que una forma moderna de la contrarrevolucin burguesa capitalista, disfrazada de movimiento popular [6] .

Hoy en da, somos ya muchos los que presentimos de nuevo la barbarie, este libro de Csar Roa nos ensea que ese presentimiento tiene fundamento. Sin duda podemos vivir este tiempo de barbarie desde la impotencia, pero tambin como un tiempo de resistencia. Podemos leer en el presente las huellas del pasado y encontrar la forma de transformarlo.



[1] Ver especialmente los textos de C. Schmitt: Los fundamentos histrico-espirituales del parlamentarismo en su situacin actual, cap. I y apndice Disolucin del Reichstag (1924); y Legalidad y legitimidad, cap. II

[2] Vamos a utilizar el trmino economa como sinnimo de capitalismo ya que a partir del XVIII podemos decir que el modo de produccin capitalista se ha convertido en hegemnico en toda Europa aunque con sus variantes en trminos de composicin social, por ejemplo entre Alemania e Italia, y teniendo en cuenta como seala Arthur Rosenberg que aunque de cada 100 alemanes en 1925 slo unos 28 pertenecan a clases propietarias, unos 72 eran en sentido amplio asalariados y proletarios, pero de estos slo 32 eran autnticos obreros fabriles; lo que no impide que se pueda hablar del capitalismo como modo de produccin dominante ya que cualquiera de las otros modos de produccin son subsidiarios o marginales en relacin a la economa capitalista.

[3] Quiz no tan casualmente Mandeville y Quesnay eran tambin mdicos adems de filsofos y economistas.

[4] R. Khnl, Liberalismo y fascismo, Fontanella, Barcelona

[5] Es interesante saber la obra del periodista estadounidense W. Lippman, La opinin pblica, fue escrita en 1922 tras su experiencia como informador en el I Guerra Mundial, que en esta obra teoriza sobre la relacin entre democracia y medios de comunicacin de masas y que fue una obra conocida y citada por C. Schmitt en su demoledora crtica del Parlamentarismo alemn.

[6] A. Rosenberg, Democracia y socialismo, Cuadernos de pasado y presente, Mxico, 1981

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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