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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2010

Cuba, tiempos de cambio

Atilio A. Boron
Rebelin


En Cuba se est generando un gran debate sobre el futuro econmico de la Isla. Entre los cubanos se ha hecho carne la conviccin de que el actual ordenamiento econmico, inspirado en el modelo sovitico de planificacin ultra-centralizada, se encuentra agotado. Tal como lo advirtieron Fidel y Ral, su permanencia pone en entredicho la supervivencia misma de la revolucin. Si se la quiere salvar ser preciso abandonar un esquema de gestin macroeconmica que, a todas luces, ya pas a mejor vida.

La experiencia histrica ha enseado que la irracionalidad y el derroche de los mercados pueden reaparecer en una economa totalmente controlada por planificadores estatales, los que no estn a salvo de cometer gruesos errores que producen irracionalidades y derroches que afectan al bienestar de la poblacin. Ejemplos: en un pas con un dficit habitacional tan grave como Cuba el ente estatal a cargo de las construcciones registra 8.000 albailes y 12.000 personas dedicadas a la seguridad y a custodiar los depsitos de las empresas constructoras del estado. O que los informes oficiales del gobierno consignen que el 50 % de la superficie agrcola de la isla est sin cultivar, en un pas que debe importar entre el 70 y el 80 % de los alimentos que consume. O que casi la tercera parte de la cosecha se pierda debido a problemas de coordinacin entre los productores (sean stos organismos estatales, cooperativas agrcolas o empresas de otro tipo), las empresas de almacenaje y acopio y los servicios estatales de transporte que deben llevar la cosecha hasta los grandes centros de consumo. O que actividades tales como la peluquera y los salones de belleza sean empresas estatales -en qu pgina de El Capital recomend Marx tal cosa?- en las cuales los trabajadores reciben todos los implementos y materiales para realizar su labor y cobran un sueldo, pese a lo cual cobran a sus clientes diez veces ms que el precio oficialmente establecido, fijado dcadas atrs, y sin pagar un centavo de impuestos.

Estos son unos pocos ejemplos que conversando con los amigos cubanos se multiplican ad infinitum. Pero plantean una cuestin de importancia prctica y tambin terica: el proyecto socialista, se realiza al lograrse la total estatizacin de la economa? La respuesta es un terminante NO. Si en la Unin Sovitica (que slo tuvo como precursora a la heroica Comuna de Pars) las condiciones especficas de su tiempo no le dejaron otra alternativa que fomentar la estatizacin integral de la economa, nada indica que en las condiciones actuales se deba obrar de la misma manera. Tal como con perspicacia lo anotara Rosa Luxemburgo a propsito precisamente del caso sovitico, no hay razn alguna para hacer de necesidad virtud. Y si la estatizacin total y la planificacin ultracentralizada pudo haber sido necesaria -y an virtuosa- en su momento, al hacer posible que en un lapso de cuarenta aos Rusia, el pas ms atrasado de Europa, pudiera derrotar al ejrcito Nazi y tomar la delantera en la carrera espacial, hoy ya no lo es. Dicho en trminos del marxismo clsico, el desarrollo de las fuerzas productivas decret la obsolescencia de formas e intervenciones estatales que siendo eficaces en el pasado ya no tienen posibilidad alguna de controlar la dinmica de los procesos productivos contemporneos, decisivamente modelados por la tercera revolucin industrial.

Cuba se interna en un proceso de cambios y de actualizacin del socialismo. Los primeros borradores del proyecto, un documento de una veintena de pginas aparecido como suplemento especial del Granma y Juventud Rebelde, fue distribuido masivamente en la poblacin. Se tiraron 500.000 ejemplares que fueron inmediatamente adquiridos por la poblacin, invitada reiteradamente a leerlo, discutirlo y hacer llegar sus propuestas. Van a hacer otra gigantesca tirada ms, porque el ansia de participacin es enorme. El documento ser examinado crticamente por todas las organizaciones sociales, sin distincin alguna: desde el Partido Comunista hasta los sindicatos y el enjambre de asociaciones de todo tipo que existen en la isla. Por eso se equivocan quienes se ilusionan con que la introduccin de las reformas de inicio a un indecoroso -y suicida!- retorno al capitalismo. Nada de eso: lo que se intentar hacer es nada ms y nada menos que llevar adelante reformas socialistas que potencien el control social, es decir, el control popular de los procesos de produccin y distribucin de la riqueza. El socialismo, correctamente entendido, es la socializacin de la economa y del poder, ms no su estatizacin. Pero para socializar es necesario primero producir, pues en caso contrario no habr nada que socializar. Por lo tanto, se trata de reformas que profundizarn el socialismo, y que no tienen absolutamente nada que ver con las que plagaron Amrica Latina desde los aos ochentas.

Va de suyo que el camino a recorrer por la Revolucin Cubana no ser nada fcil y se encuentra erizado de peligros. A las dificultades propias de toda transicin se le agregan los derivados del infame bloqueo impuesto por Estados Unidos (y mantenido por el Premio Nbel de la Paz Barack Obama), el permanente bombardeo meditico y las presiones a que se ve sometida la isla procurarn por todos los medios hacer que las reformas socialistas degeneren en una reforma econmica capitalista. El quid de la cuestin est en la brjula poltica, la orientacin que tendrn estos procesos de cambio. Y el pueblo y el gobierno cubanos disponen de una muy buena brjula, probada por ms de medio siglo, y saben muy bien que es lo que deben hacer para salvar al socialismo de las mortales amenazas que le plantea el agotamiento de su actual modelo econmico. Y saben tambin que si hay algo que liquidara las conquistas histricas de la revolucin, que las barrera de un plumazo, sera la re-mercantilizacin de sus derechos y su conversin en mercancas. Es decir, la reintroduccin del capitalismo. Y nadie quiere que tal cosa ocurra.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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