Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2005

Rebelin en la Granja y 1984 perfeccionan las utopas negativas presentadas en las novelas de Swift, Kafka y Huxley, pero no consiguen tampoco dar cuenta totalmente de los totalitarismos contemporneos
Parbolas del Gran Hermano

Robert Kurz
Rebelin


(Traducido del portugus para Rebelin por Horacio Garetto)

En todas las pocas de la historia de la literatura se ha dado el fenmeno de que ciertos libros se convierten en universales, en algo as como los libros del siglo, ofreciendo a su poca una figura paradigmtica, obteniendo con ello un gran efecto, cuyos ecos perduran por un largo tiempo. No es por casualidad que la forma literaria de esas obras sea frecuentemente la parbola. Esa forma literaria permite exponer ideas filosficas fundamentales de una forma tal que pueden ser ledas, al mismo tiempo que como obras filosficas, tambin como historias entendibles, coloridas, vinculantes.

Esa doble naturaleza dice a la persona culta algo cognitivamente diferente de lo que dice a los nios o a los jvenes pero, no obstante ello, todos terminan leyendo la obra con igual voracidad. Es justamente por eso que tales obras dejan una impresin profunda en la conciencia del mundo, penetrando en los tpicos del pensamiento y de la conversacin cotidiana y de la imaginacin social.

Durante el transcurso del siglo XVIII fueron las parbolas de Daniel Defoe y de Jonathan Swift las que llegaron a constituirse en los paradigmas literarios de la alborada de la modernidad capitalista. El Robinson Crusoe de Daniel Defoe lleg a convertirse en el prototipo del hombre blanco, burgus, diligente, optimista, racional, que como administrador de su alma y de su existencia, en una isla salvaje, crea de la nada un lugar confortable y, mejor todava, adems de eso, pasa a purificar a los hombres de color subdesarrollados por medio del trabajo, terminando por ensearles modos de comportamiento magnficamente civilizados. En contrapartida, el Gulliver de Jonathan Swift vaga por mundos fabulosos, peligrosos, bizarros, en los cules la modernizacin capitalista se retrata con stira mordaz y dnde se parodian las virtudes del hombre burgus de Daniel Defoe.

Podramos entender el Gulliver de Swift como la primera utopa negativa de la modernidad, repleta de presentimientos. En el siglo siguiente, el siglo XIX, positivista y creyente en el progreso, ese gnero literario-filosfico sali un poco de la escena. Pero en el siguiente siglo XX vivi un imprevisto florecimiento. Un primer precursor fue la novela La mquina del tiempo de H.G.Wells , del ao 1895. En la obra de Wells encontramos una especie de prolongacin de la sociedad de clases de la era victoriana hasta el estado de su degeneracin completa, en el cul los descendientes de los capitalistas de otrora viven en la superficie de la tierra como abuelos afables, bondadosos, medio tontos y seniles, al tiempo que los descendientes de la clase obrera de otrora se transforman en seres del mundo subterrneo, que se alimentan canibalsticamente de sus antpodas.

Bajo la impresin causada por las guerras mundiales, grandes crisis econmicas y dictaduras industriales, el gnero de utopa negativa se perfecciona. Las parbolas sombras de un Franz Kafka, por ejemplo, pertenecen a ese contexto, tanto como las obras de ficcin cientfica negativa y popular. As, llegaron a ser clebres novelas como Nos de Ievgueny Zamiatin, escrita en 1920, Admirable Mundo Nuevo de Aldous Huxley, del ao 1932, pero sobre todo los dos famosos libros correspondientes a George Orwell: Rebelin en la Granja y !984 , esta ltima tal vez la ms conocida de todas las utopas negativas, publicada en 1949.

Es fcil adivinar de qu modo la obra de Orwell ser tomada por los entusiastas propagandistas del sacrosanto capitalismo globalizado. Ellos toman y ven a Orwell como a uno de los suyos, un hombre que supo ver, anticipar y horrorizarse con dictaduras tan poco democrticas como las de Hitler y Stalin. Todos estn encantados con sus famosas parbolas cuyo conocimiento, dicen, habran contribuido a conducir a la humanidad a un futuro de libertad, de democracia y de economa de mercado, hoy por suerte ya casi alcanzado. Por ltimo se nos dir que la obra de Orwell nos invita a un estar alertas contra las tentaciones del totalitarismo, que siempre estn a la vuelta de la esquina, acechadas por los malos de este mundo, siempre esperando su oportunidad para asolar nuestro hermoso mundo democrtico. Y habr entonces con toda probabilidad en esos discursos referencias al fundamentalismo islmico y a Saddam Hussein o a Slobodan Milosevic. Pero difcilmente alguno de esos oradores democrticos, dedicados a reverenciar a Orwell, llegar a esta constatacin, a saber: que su utopa negativa hace ya mucho tiempo que se torn realidad y de que vivimos hoy en el ms totalitario de todos los sistemas, cuyo centro est formado por el propio Occidente democrtico. Seguramente el propio Orwell no pens de ese modo. Es obvio que el, desde su perspectiva de los aos 40 del siglo pasado, cuando escribi sus parbolas, no tena a la vista otra cosa que las experiencias de los totalitarismos nazis y estalinistas; algo parecido sucedi con las obras filosficas de Hanah Arendt, con las principales de los aos 50. Las grandes obras filosficas y las grandes parbolas literarias se caracterizan muchas veces por decir ms de lo que sus propios autores saban y por lanzar una luz sorprendente sobre la situacin posterior, cosa que en la poca de surgimiento de esas obras no podan todava ser tenidas en cuenta de una forma consciente. La primera de las parbolas orwellianas, Rebelin en la Granja, elucida ese aspecto. Vista superficialmente, se tratara de una fbula de la vanidad (o futilidad) de todas las revoluciones sociales, ya que la esencia de la dominacin social, la estructura de poder, permanece siempre igual. Ese motivo anticipa una idea bsica del pensamiento pos-moderno de Foucault, el cul presupone de manera parecida una especie de ontologa del poder. En ese sentido Orwell es ms bien un pesimista antropolgico antes que un idelogo lleno de hurras al orden dominante, aunque, como todos los pesimistas, al final termina defendiendo la sociedad existente, en su caso la anglo-sajona, como la mejor de todas las posibles. No sin razn Orwell fue comparado frecuentemente a Swift. Rebelin en la Granja es una parodia brillante de la Revolucin Rusa, con los cerdos como la lite burocrtica y el cerdo supremo Napolen en el papel de Stalin. Naturalmente se burla de todos los clichs del pensamiento burgus acerca de la naturaleza de todos los intentos de emancipacin humana. Pero la parbola contiene tambin un subtexto bastante distinto del cual el propio Orwell evidentemente no tena conciencia. Por un lado ella puede ser leda en el sentido de que el problema no reside en la idea en s misma de emancipacin sino en la revolucin tracionada (Isaac Deutscher), una vez que los cerdos, bajo el liderazgo de Napolen, traen la igualdad a la granja. Por otro lado ese subtexto contiene a su vez otro subtexto segn el cul no es esa traicin de los cerdos a la Revolucin en la Granja lo que hace fracasar la Revolucin sino la falsa comprensin de la propia represin, la cual, no se deriva de la forma como la revolucin se organiza sino meramente de la voluntad de poder del terrateniente humano, llamado Jones, de explotar a los animales de la granja. De ese modo las ovejas sofocan regularmente toda discusin sobre el sentido de la accin colectiva, baliendo con vehemencia cada cuarto de hora el eslogan Cuadrpedo es bueno, bpedo es malo, lo que al fin es desmentido, porque los propios cerdos se transforman en bpedos.

C oercion interna

Sin querer, Orwell llega as a la conclusin implcita de que no es un cambio en la identidad de los detentadores del poder lo que constituye la emancipacin sino la superacin de una determinada forma de organizacin de la vida social, es decir, en este contexto, del moderno sistema de produccin de mercancas, que atraviesa todas las clases sociales. De esta manera queda transparente que hasta el mismo trabajo abstracto no es un principio ontolgico y menos que menos todava un principio de emancipacin humana sino por el contrario el verdadero principio del poder represivo, que somete a los animales al fin en s mismo irracional de producir por el amor de producir, simbolizado en el personaje un tanto estpido del caballo de traccin Boxer, una especie de obrero-patrn que quiere resolver todos los problemas con la aplicacin de la divisa yo quiero y yo voy a trabajar todava ms duro para acabar siendo vendido por Napolen a un matadero de caballos, desgastado hasta el punto de no poder ya ms seguir trabajando.

El problema de la forma comn del nexo social sistmico se vuelve an ms claro en 1984, un libro que se parece mucho a la novela Nos de Zamiatin (tal vez influenciada por esta). En el primer plano, tanto en Zamiatin como en Orwell tenemos la figura de un lder todopoderoso y colosal, en un caso denominado simplemente benefactor, en el otro denominado Gran Hermano. Naturalmente ambos imitan las dictaduras polticas totalitarias de entreguerras.

Pero tambin aqu aparece un subtexto que va ms all, ms lejos de los mensajes explcitos. Por detrs del poder personificado en el Gran Benefactor o en el Gran hermano, aparece el carcter annimo, reificado, del totalitarismo: el benefactor de Zamiatin se termina revelando como una mquina inteligente y tambin el gran hermano de Orwell puede ser ledo fcilmente como una metfora de una matriz annima de control sistmico, que en el totalitarismo econmico actual funciona de manera mucho ms coercitiva que lo que lo eran las dictaduras polticas de la primera mitad del siglo XX.

En la parbola de 1984 lo siniestro ya no es tanto la coercin externa sino algo mucho peor todava que es la interiorizacin de esa coercin, la que acaba apareciendo como un imperativo del propio yo. El fin en s mismo irracional de la valorizacin interminable del valor por medio del trabajo abstracto quiere un hombre autorregulado, que se reprima a s mismo en nombre de leyes annimas sistmicas. El ideal es la autoobservacin y autocontrol de s mismo del empresario individual por medio de su superego capitalista: soy productivo, ajustado, eficiente? Estoy siguiendo la tendencia, soy capaz de competir? La Voz del Gran Hermano es la voz del Mercado Mundial Annimo; y la polica del pensamiento de las relaciones democrticas de competencia funciona de forma mucho ms refinada que todas las policas secretas juntas.

Esto se aplica tambin al famoso lenguaje orwelliano o nueva lengua, con su inversin de significados, que es en el fondo, de hecho, el lenguaje del liberalismo econmico: cundo se dice, en nombre del Gran Hermano, que libertad es esclavitud, entonces eso significa inversamente que esclavitud es libertad, o sea la autosumisin alegre a las pretendidas leyes naturales de la fsica social de la economa de mercado. Esto se aplica tambin a otros lemas de la nueva lengua: Guerra significa Paz, nadie sabe eso mejor que la OTAN y la potencia mundial democrtica, los EEUU, autodesignada polica mundial, y el lema ignorancia es fuerza, quin en buena conciencia suscribira mejor esa mxima que el consumidor democrtico o los manageres empresariales, cuyo xito depende de la ignorancia social? Poner en cuestin, aunque sea solo en el pensamiento, los criterios del sistema significa estar out, o sea la muerte social.

Se puede tal vez salir de una secta poltica o, en un Estado Totalitario, se puede partir hacia la emigracin interior; pero el hombre capitalista autoregulado no puede salir, no se puede retirar as porque s, cuando el quiere del mercado totalitario porque ello equivaldra a nada ms y nada menos que salir de su propio yo, convertido en capital humano. La conciencia es reintroducida en el mecanismo omnipresente de la competencia, incesantemente calculndose a s misma como instrumento de valorizacin y, al mismo tiempo, engandose a s misma con las frmulas de la novilingua econmica neoliberal: por ej. la locura de la productividad es autoexperiencia; la autosumisin es autorrealizacin; la angustia

social es autoliberacin, etc. etc. o, como divisa esquizofrnica de cabecera del hombre moderno, formulada por Rimbaud de manera insuperable hace ya ms de cien aos: Yo soy otro.

La libertad no tiene ms significado, en ese mundo, que saber lo que el Gran Hermano, o el Gran Benefactor , es decir, el Mercado Totalitario, quiere de los hombres, saber y poder presentirlo y obedecer sus presiones o quedar a medio camino, perder la existencia social y morir prematuramente. Para que estas sanciones se apliquen a los perdedores no es ms necesario un gran sistema burocrtico. Eso fluye por s solo desde el poder annimo siniestro de la mquina social del capital . Ese es el poder de las leyes econmicas ciegas, que violenta los recursos naturales y humanos, emancipado de toda voluntad social, inclusive el de la propia subjetividad del management.

En cierto modo el mundo entero se convirti en una nica y gigantesca granja orwelliana en la cul es indiferente quin manda, si el terrateniente Jones o si el cerdo supremo Napolen, visto que los comandantes subjetivos son de todas maneras los rganos ejecutivos de un mecanismo autonomizado, que no descansar hasta hacer del mundo, por medio del trabajo, un desierto sin vida.

En esa Granja-Mundo orwelliana de leyes econmicas autonomizadas toda cuestin crtica acerca del sentido y de la finalidad de la organizacin demente entera es sofocada de inmediata porque las ovejas democrticas no paran de balar: Trabajo es Bueno; Falta de Trabajo es Malo; Competencia es Buena, Reivindicaciones Sociales son Malas, etc.

Si podemos leer las parbolas orwellianas de esta manera podremos vernos a nosotros mismos como los prisioneros de un sistema ya maduro cuyo totalitarismo es tal que Rebelin en la Granja y 1984 de Orwell parecen casi inocentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter