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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-11-2010

Rerse de la guerra?

Alfonso Sastre
Gara


Si tratara de resumir por qu me he planteado ahora este tema, creo que lo resumira en la siguiente pregunta: Pueden ser tratadas las guerras -con todos sus horrores y desastres- como un tema cmico en la literatura y el arte en general? Parecera que no, y que slo gente desalmada y carente de la mnima sensibilidad humana puede rerse de lo que ocurre y de cmo ocurre en las guerras. La respuesta que dieron con sus obras grandes artistas va en ese sentido de negar la comicidad de lo blico, y ah estn Goya con su serie Los desastres de la guerra o Picasso con su Gernika. La literatura y el teatro por su parte abundan en tratamientos patticos de las guerras, y baste ahora con recordar un clsico de la literatura contra la guerra, la novela Sin novedad en el frente de Erich Mara Remarque, y, en el cine, grandes obras como Senderos de gloria o Ataque! o Platoon. Tambin es cierto que ya desde los griegos se puede contar con tratamientos cmicos, si no de la guerra, s contra la guerra, como es la Lisstrata de Aristfanes. Por mi parte, las varias veces que he tratado ese tema nunca he dejado que asomara una sola sonrisa en los desarrollos de tales obras. Voz de un lector: Se olvida usted de algo!.

Yo: Dgame, dgame.

Lector: Hay un cuentecito escrito y publicado por usted y que se titula Estrpito y resplandor, en el que dos supervivientes de la bomba atmica de Hiroshima discuten y nos hacen rer -o al menos usted lo intenta- porque el personaje que cuenta la historia termina su relato con esta chistosa frase: que l y yo, en nuestra discusin, por muy enfadados que estuviramos, no podamos, por razn de nuestras mutilaciones, llegar a las manos.

Mea culpa!, exclamo; y contino diciendo ahora que mi lector tiene razn, y que ello me hace pensar en la verdad que hay seguramente en la idea de que la comicidad se produce cuando hay una frialdad de sentimientos y una mecanizacin de los movimientos humanos, como ya lo anot Bergson en su libro La risa. Es por lo que Charlot hace gracia cuando lo vemos sometido a la tortura de un trabajo inhumano. (Mi opinin es que la comicidad es una cuestin de estilo, y que con un mismo tema se puede hacer una tragedia o una comedia. As es que el autor latino Plauto escribi una comedia memorable, comiqusima, con el tema de unas grandes tragedias griegas nada menos que de Esquilo, Sfocles y Eurpides, hoy perdidas: Anfitrin).

Sobre eso de que para rerse hay que dejar a un lado la sensibilidad humana, ser una mala persona, por lo menos para rerse porque alguien -por ejemplo- corre angustiado detrs de su sombrero que se lleva el viento, yo recuerdo que el poeta Gabriel Celaya me dijo un da que la comicidad es de derechas (por cierto que l era de izquierdas y se rea mucho y con muy sonoras carcajadas), pero es cierto que los mejores humoristas espaoles del siglo XX eran de derechas, como Julio Camba, Enrique Jardiel Poncela, Wenceslao Fernndez Flrez, Miguel Mihura o Antonio Lara (Tono). Ah!, pero para arrebatar el trono mundial del humor a las derechas nos basta con la figura memorable del gran Mark Twain, que fue un campen literario de la lucha contra el imperialismo.

Pero vamos a ver, vamos a ver: Hablando de la guerra y su relacin con el arte y la literatura, en seguida observamos que no son slo dos los objetivos de su tratamiento: 1) hacer rer, y 2) hacer llorar, sino que est abierto y muy habitado en la historia de la cultura un tercer objetivo: 3) promover una gran admiracin hacia las guerras trgico-hericas, en las que no se trata de rer ni de llorar aunque en esas obras tambin -con la admiracin- se ra o se llore. En esa lnea estn tan grandes obras como La Iliada de Homero, Los persas de Esquilo o, dando un gran salto histrico, la gran tragedia de Cervantes La destruccin de Numancia, claro ejemplo de una obra que se hace para exaltar el herosmo patritico de los pequeos pueblos frente a sus grandes opresores imperialistas. Este planteamiento est, digamos, ms all de todo pacifismo plorante y eleva las desventuras al rango de sacrificios hericos por la libertad.

Lo que yo intento hoy con este artculo es irrumpir e incurrir en el tema de los desastres de la guerra (recuerdo otra vez la genial serie de grabados de Goya), vividos estos desastres desde la vida cotidiana de los seres humanos que los sufren y de los sufrimientos y las miserias que toda guerra comporta, sea lo que sea lo que en ella se dispute. Es posible rerse de eso o, ni siquiera, con eso? Y cmo rerse en tales casos sin denunciarnos con ello como seres indignos, a quienes puede hacer gracia, por ejemplo, ver que un albail se cae de un andamio si, al caer, hace unas graciosas piruetas? Hacer un chiste, por ejemplo, sobre el bombardeo de Gernika? Sobre la guerra en general? S, es posible. El humorista espaol Gila cre un genero de chistes de un tipo de comicidad que voy a imitar aqu porque no recuerdo ninguno de sus textos: (Al telfono:) Es la ferretera? Soy el general Lpez. Podra enviarme tres pesetas de balas, de esas que matan bien?.

Hemos hecho algunas preguntas que, en realidad, ya estn respondidas en el rea cultural europea, en la que se han escrito algunas obras estticamente cmicas y socialmente revolucionarias sobre la guerra en general y el militarismo en particular, que yo estimo prximas a la genialidad, y estas obras, que yo sepa, son dos, as tituladas: Las aventuras del buen soldado Svejk de Jaroslav Hasek (Galaxia Gutenberg) y, sobre todo, Los ltimos das de la Humanidad de Karl Kraus (Hiru), que acaba de aparecer. La respuesta a nuestra cuestin podra resumirse en la frase rer por no llorar y tambin en la otra, ya proverbial, castigat ridendo mores: critica las costumbres rindote de ellas.

Cuando leemos Los ltimos das de la Humanidad, que es un Apocalipsis cmico y pattico del horror de la Primera Guerra Mundial, rer es... una forma de llorar y, as mismo y sobre todo, de tomar conciencia de la gravedad de estos problemas; y ms cuando se hace una lectura actual de la obra, desde el conocimiento histrico de que la humillacin que sufrieron los alemanes en el Tratado de Versalles (la barbarie campe en los dos bandos: los Imperios Centrales y la Entente) fue una causa muy importante de que naciera el huevo de aquella serpiente del nazismo que definitivamente estall en 1939 con el comienzo de unos nuevos ltimos das de la Humanidad (Segunda Guerra Mundial), que acabara en el doble espanto de Hiroshima y Nagasaki, ya profetizado de algn modo en la obra de Karl Kraus. Desde entonces (bomba atmica), Los ltimos das de la Humanidad no fueron slo la horrible pesadilla de un Criticn desesperado (Karl Kraus) sino el horizonte de una gran amenaza real que hoy, despus de lo que se llam la guerra fra, durante la que vivimos sobresaltados por la posibilidad del final de este planeta, puede asaltar a la Humanidad en cualquier momento, por medio de un casus belli tan sencillo como acusar a Irn de ser un peligro para la vida humana, y ello desde pases que son arsenales de muerte atmica.

La obra del gran escritor austraco Kraus es una pieza maestra escrita sobre los horrores de la guerra, que da risa, s, pero tambin mete miedo y produce clera ante las infamias que denuncia. Leyndola se pasa de la carcajada al escalofro y la ira.

La de Hasek, que cuenta la historia cmica de un inolvidable buen soldado, trata de lo mismo que la de Kraus pero es muy diferente: la novela del genial escritor checo es como una burla suave, una flor del paraso en medio del infierno. Es una obra dulce que provoca, podramos decir, carcajadas blancas.

Por su parte, Karl Kraus defini su terrible texto como una versin escnica de un libro anterior, y ello (decir que esta versin es escnica) es una burla ms de su autor, porque esta versin, desde el punto de vista teatral, tampoco es viable, lo cual no dice nada contra ella, por supuesto. Karl Kraus crea que el teatro era un freno para el espritu y tena razn en cuanto que en el teatro no se puede hacer lo que Kraus pide irnicamente que se haga, aunque tambin es cierto que con esos materiales que l escribi y que lea y recitaba en sus conferencias, directores como Erwin Piscator o Max Reinhardt, a quienes l neg su autorizacin, podran haber hecho espectculos memorables, cada uno a su modo. Ya para entonces Piscator haba enriquecido el escenario con novedades mecnicas (como la banda sin fin) y empleaba proyecciones en la escenografa y para la presentacin de movimientos de masas (vase su famoso libro El teatro poltico), adems de crear una oficina dramatrgica capaz de reescribir, con destino al Teatro Piscator, determinados textos. Entre los mritos de esta oficina est el de que Bertolt Brecht se formara en ella.

En aquella Europa el teatro estaba en la vanguardia de los acontecimientos estticos, sociales y polticos, y los escritores (todava) en las vanguardias del teatro.

Digamos como resumen de estas reflexiones, y para terminar, que rer por no llorar me parece una muestra de sensibilidad moral y no lo contrario.


Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20101126/234354/es/Reirse-guerra



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