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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2010

A la memoria de los derrocamientos de Aristide
Las cleras de Hait

Diana Moreno
cronicasdelotroladodelespejo.blogspot.com / Rebelin


Somos los muertos de otras civilizaciones, de otros tiempos. Existimos en las tierras medievales, en las barracas de los antiguos recogedores de algodn.

Un da fuimos esclavos liberados, republicanos, insumisos; conseguimos ser tan ricos como merece ser cualquier hombre. Pero llegaron ellos, los de arriba (que queran ser ms ricos de lo que un hombre merece).

Nos dieron dictaduras. Nos dieron el hambre. Cambiaron aqullas de nuestras legislaciones que perjudicaban su economa de explotacin. Nos aplastaron los votos, y cuando pudimos acceder a las urnas nos cambiaron al candidato que elegimos por otro -entonces el mundo estaba a dos bandos, y queran implantar el suyo en nuestra casa, en todas las casas-. Los de arriba. Los que posean los huertos de algodn, hace siglos.

Preguntamos el por qu del cambio de dirigente. El por qu de sus marines en nuestra tierra. El a cuenta de qu su control sobre nuestros recursos, su intervencin en nuestras polticas. Pero los de arriba nunca necesitan dar explicaciones; si acaso, algn chiste racista para justificar otra invasin ms.

Y asumimos los costes. Cuando cambiamos las casas de madera por las de cartn, comenzamos a temer a los terremotos. Cuando tuvimos que vivir en las calles, comenzamos a temer a las epidemias. Antes nunca habamos tenido miedo.

Y cuando ya estbamos destrozados llegaron ellos, los mismos!, con otra cara, con otro rol. Nos miraron con pena y nos dieron limosnas y deseos de democracia, y el mundo les dio a ellos algn que otro aplauso. Sus televisiones nos enfocaban entonces ms que nunca, a nuestros enfermos y nuestros muertos y nuestras tierras arrasadas; decan que todo era culpa de la perversa naturaleza, de nuestra miseria, de nosotros mismos. Y la gente suele creer a las televisiones, ya sabemos.

Ahora nosotros estamos lejos del lugar del que partimos. Ya no podemos tener caridad: slo podemos recibirla. En eso se basa el aplastamiento extremo del hombre.

(Pero nada puede aplastarse eternamente, sin que salte. Eso es lo que temen ellos; se es nuestro ltimo consuelo).

Blog del autor: http://cronicasdelotroladodelespejo.blogspot.com/

Foto: Fotografa: Emilio Morenatti, Agencia AP


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