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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2010

Proyecto nacional y proyecto socialista

Fernando Buen Abad Domnguez
Aporrea


Por el engao nos han dominado ms que por la fuerza

Simn Bolvar


El dilogo y la accin son el ncleo de nuestra agenda para derrotar al capitalismo

La efervescencia revolucionaria que avanza en Amrica Latina pone a la orden del
da la necesidad de una alternativa socialista, e internacionalista, para terminar con las calamidades que produce el capitalismo en materia de explotacin de los trabajadores, miseria, saqueo de materias primas, degeneracin cultural y destruccin de los ecosistemas. En este contexto se ha desarrollado una tradicin nacionalista, en la izquierda, que reapareci, especialmente en Argentina, bajo la premisa de nacional y popular.

Nos interesa impulsar dilogos fraternales con compaeros que sostienen tesis nacionalistas de izquierda, sin dejar de simpatizar con el socialismo que es, necesariamente, antiimperialista, anticapitalista, latinoamericanista e internacionalista. Como lo soaron San Martn, Simn Bolvar, Benito Jurez, Jos Mart... Pensamos que es necesario abogar por la unidad para encontrar, en comn, la claridad necesaria para el debate y las coincidencias que nos permitan, sin dogmatismos, reivindicar el programa de la Revolucin Socialista en manos de los mejores luchadores, militantes y activistas del nacionalismo revolucionario.


La burguesa nacional, una clase reaccionaria. Si fuesen tan buenos no necesitaramos hablar de justicia social

Creemos que los militantes nacionalistas de izquierda deben incorporar a sus herramientas polticas, la teora de la lucha de clases, sin tergiversaciones. Creemos que se debe reconocer que entre la clase dominante y los explotados, es decir los trabajadores, la idea de la reconciliacin es ilusoria. El cordero y el lobo no pueden convivir como hermanos. Lobo suelto, cordero atado.

La historia de la humanidad sera incomprensible si no la entendemos como la pugna histrica entre dos clases antagnicas: los oprimidos (que hemos sido y somos la inmensa mayora) y los opresores (que han sido y son la inmensa minora). No se trata de una contienda abstracta entre grupos, sino es la contienda por la propiedad privada contra la propiedad social de la riqueza, es la contienda del capital y el trabajo, es la contienda de los que se han apropiado de las riquezas contra los desposedos que con su trabajo la producen. En sntesis es la historia de una lucha por dominar la plusvala.

No es necesario volver a explicar que la ganancia empresaria proviene del trabajo no pagado al obrero, es decir, producto de la explotacin. Los empresarios, nacionales o extranjeros, tratan que el obrero trabaje largas jornadas y con el salario ms bajo posible. Despiden y persiguen ferozmente a los obreros que piden mejores condiciones laborales, castigan a aquellos que, obligados a luchar contra los patrones, defienden sus derechos y exigen sus reivindicaciones para una vida digna y libre.

Muchos grandes empresarios, latifundistas, banqueros, clrigos argentinos (nacionalistas) que han adquirido franquicias o alianzas con grupos trasnacionales Clarn, Soldati, Macri, Mercedes Benz, Ford, Fortabat...- tienen un largo y siniestro registro de crmenes contra la clase obrera. Las fechas del primer centenario (1910), de la semana trgica en 1919, de la Patagonia rebelde en 1921, del bombardeo de la Plaza de Mayo en junio de 1955, del Plan Conintes en los 60, o de la dictadura militar en 1976-1983, son testigos del odio de clase y del sadismo sangriento que los industriales, banqueros y terratenientes nacionales y extranjeros, mostraron (y muestran) hacia sus trabajadores compatriotas.

La propia experiencia de los gobiernos peronistas bajo Pern y el kirchnerismo avalan esta afirmacin. El golpe de la Libertadora, conducido por los militares, fue organizado e inspirado por los sectores decisivos de la clase dominante, la burguesa terrateniente de la Sociedad Rural y la gran burguesa industrial agrupada en la Unin Industrial Argentina (UIA). De la misma manera, el acoso sufrido por los gobiernos de Nstor Kirchner y Cristina Fernndez ha tenido como actores principales a los mismos protagonistas, apoyados por sus lacayos polticos en la derecha peronista, la UCR y la Coalicin Cvica.

Los empresarios son la clase dominante en materia econmica, poltica y cultural. Son los dueos de la vida social. Cuando se pide que nos abracemos todos, que la patria se una, lo que se est proponiendo realmente es que el obrero se olvide de quien es su amo explotador y, mirndolo con buenos ojos, se someta a los intereses de las clases privilegiadas. No son hermanos la victima y el victimario.

Las burguesas nacionales latinoamericanas han demostrado, suficientemente, su carcter reaccionario, su odio contra los pueblos contra sus nacionalidades, contra sus tradiciones, contra sus races... las burguesas despliegan con impudicia su codicia irrefrenable, su sometimiento al imperialismo y su miedo a los trabajadores de cada pas. Los nacionalistas de izquierda, en cambio, creen que es posible encontrar un sector progresista de la burguesa mediana con quien aliarse para liberarse de la opresin imperialista. Hasta hoy semejante sector jams apareci.

Especialmente en la historia en general, y la de nuestro pas en particular, se ha demostrado con creces que ese sector no existe, o es tan dbil e irrelevante que no puede jugar ese papel que han pretendido atribuirle algunos sectores del nacionalismo popular. La protesta de los patrones agropecuarios argentinos, entre los cuales algunos dicen haber identificado una burguesa mediana rural progresista, volvi a revelar su carcter reaccionario y antipopular. Un ejemplo dramtico es Cobos y su papel en los episodios de la 125.


Una economa nacional independiente?

La economa capitalista, hoy Globalizada, se sustenta en la produccin privada de mercancas para su venta en los mercados nacionales y extranjeros. Al hacer esto, los empresarios no estn pensando en la grandeza de su nacin, sino en la de su bolsillo. Y la competencia comercial lleva a choques entre las burguesas nacionales como vemos recurrentemente con Brasil y Argentina. Esa fue la razn por la cual el capitalismo nos meti en la primera y la segunda guerra mundiales y en todas las guerras burguesas que padecemos hasta el presente. Por eso, dialcticamente, lo nacional de un pas se opone necesariamente a lo nacional de los dems pases. En lugar de la concordia y la confraternizacin de los pueblos, las fronteras nacionales, bajo el capitalismo, son una fuente permanente de conflictos. Todos los pases latinoamericanos mantienen entre s disputas territoriales y fronterizas. En el plano ideolgico esto se refleja en la tendencia al chauvinismo y a la arrogancia nacional. Burgueses nacionalistas de Brasil, odian a los de Argentina y estos odian a los chilenos y aquellos son recprocos con todos... cada cual quiere dominar el mercado de los otros. Quieren imponer su nacionalismo a todos los dems pases. Los trabajadores no queremos asfixiarnos en ese ambiente de codicias y crmenes.

Nosotros creemos en la tarea de profundizar y ensanchar las alianzas fraternales, como el ALBA, y las polticas de unidad en lo concreto que vienen desarrollando los procesos hacia el socialismo: Bolivia, Venezuela. Cuba, Ecuador... a pesar de las bases capitalistas que Amrica Latina ha heredado, con las rivalidades nacionales que existen en su seno, para mejor servir a los intereses del imperialismo. La pretensin nacionalista de una economa nacional independiente es una quimera. El mercado mundial capitalista unifica y esclaviza a la mayora de las naciones. Todas son exportadoras e importadoras de mercancas y estn sometidas a una divisin internacional del trabajo de la que no podremos escapar a menos que rompamos con semejantes reglas y avancemos hacia un estadio histrico en el que lo social, la justicia, la igualdad y la dignidad sean la jerarqua prioritaria: el socialismo.

Seguramente los compaeros que defienden las ideas nacionales de izquierda, aspiran a que sus pases alcancen, al menos, un grado importante de independencia econmica respecto del imperialismo. Pero esto slo podra conseguirse desarrollando una poltica comercial agresiva que debilite la competencia extranjera en el mercado nacional y que organice empresas multinacionales que acten en otros pases y mercados para proveerse de materias primas y ofertar productos ms baratos que los de la competencia. Es decir, la nica va, hipottica, para alcanzar cierto grado de independencia econmica, bajo el capitalismo, no es otra que una poltica comercial agresiva, de carcter imperialista o subimperialista (imperialismo de segunda fila limitado al entorno regional) tal como hemos visto desarrollarse en China, Brasil o en algunos pases del sudeste asitico, como Corea de Sur.

Dialcticamente, la demanda antiimperialista de una economa nacional independiente , como reclaman los compaeros con pensamiento nacional de izquierda, slo puede tomar cuerpo en el capitalismo, hipotticamente, con la conversin de su pas en una nacin imperialista o subimperialista respecto de los pases de su entorno. Contradiccin insoportable si realmente se pretende independencia econmica, soberana, igualdad, fraternidad y justicia social.

Nacionalizaciones y proyecto nacional

Aunque algunos consideran que las nacionalizaciones de empresas y sectores clave de la economa son la caracterstica genuina de un gobierno nacional y popular es necesario precisar que, en realidad, la nacionalizacin de empresas es la caracterstica, no del nacionalismo, sino del socialismo, al dirigirse, histricamente, contra la propiedad privada de los medios de produccin bajo un programa de planificacin econmica y en el que el excedente no se quede en manos de un sector empresarial sino que vuelva, ntegramente, a la sociedad bajo el control de la clase trabajadora, que es realmente quien lo produce.

El modelo histrico del nacionalismo no es la economa estatizada, sino un pas de pequeos y medianos propietarios independientes, felices y satisfechos; que no existe en lugar alguno. Hay nacionalizaciones dentro del modo de produccin capitalista, y a su servicio, que reflejan la parlisis y la incapacidad de la burguesa nacional para desarrollar el pas al nivel de las necesidades que demanda el desarrollo objetivo de la sociedad y que obliga al Estado capitalista a hacerse cargo deimportantes palancas de la economa nacional para suplir la insuficiencia de la propiedad privada.

Es totalmente distinto el caso de experiencias como la venezolana, donde el presidente Hugo Chvez, que no le rinde cuentas a ninguna oligarqua, decide tomar medidas expropiatorias y los trabajadores impulsan tomar la direccin de las empresas socialistas. Eso incluye casos de empresas como nuestros parsitos connacionales Prez C0mpac, Techint, en el pasado propietarios en el pas hermano de Sidor expropiada por Venezuela... donde, adems, los trabajadores, que hoy las dirigen, no reparan en problemas de nacionalidad. Todo lo contrario ahora los trabadores, desde sus pases cooperan sin importar donde nacieron.

La intervencin del Estado en la economa, como vemos ahora generalizarse, refleja la necesidad de que la clase obrera tome la posesin del timn de la sociedad. La clase obrera es el producto genuino del sistema capitalista, sostiene todo el andamiaje econmico y social del pas. Trabaja, lucha y sufre colectivamente. El obrero es ajeno a la bsqueda mezquina y enajenante del inters individual por la ganancia, presente en todas las clases propietarias, grandes o pequeas. Por lo tanto, la clase obrera es la clase ms capacitada para velar por los intereses generales de la sociedad, por la conservacin de un medio ambiente sano, por la reduccin de la jornada laboral, por el incremento general del nivel de vida, por que haya escuelas y sistemas de salud pblicos y de excelencia. Es decir, el socialismo se dibuja como el modelo de sociedad al que aspira de manera latente la conciencia poltica de cada trabajador. Nadie puede despreciar esta aspiracin, ms bien hay que trabajar unidos para impulsarla.

Qu entendemos por "soberana nacional"

Uno no debe someterse a la ideologa de la clase dominante. Hay un nacionalismo que se adecua completamente a la psicologa de las clases propietarias y, particularmente, de la pequea burguesa, cuyo sentimiento nacional no es ms que la extensin de su ilusin de considerarse parte poseedora del pas que habita y de las riquezas que contiene.

Y vaya ilusin!, porque slo el 2% de los propietarios argentinos posee la mitad de la tierra cultivable del pas. Y los recursos naturales y las principales fuentes de produccin del pas estn en manos de un puado de monopolios extranjeros y grandes familias y empresarios nacionales (Grupo Clarn, Eurnekian, Techint, Roggio, Eskenazi, Werthein, Prez Companc, Urqua, Acevedo, Mastellone, Madanes, Cirigliano, Pescarmona, etc.).

La verdadera soberana nacional pasa por recuperar Argentina para los argentinos y arrancarle a este puado de oligarcas la propiedad de estos recursos para que sean nacionalizados y puestos a producir para atender las necesidades sociales de la poblacin. Fuera de esto, hablar de soberana nacional es un engao y una estafa.

No somos indiferentes a los sentimientos nacionales de los trabajadores, de la juventud revolucionaria y de otras capas oprimidas de la sociedad. Denunciamos el nacionalismo de los ricos y empresarios, de las jerarquas eclesisticas, de la banca usurera, que buscan desviar a los trabajadores, quitar de su cabeza su papel en la lucha de clases y adormecer su conciencia. Pero el nacionalismo de los obreros y campesinos pobres es honesto y contiene elementos progresistas. Refleja su instinto antiimperialista y est asociado al rechazo a la pobreza, la miseria y la explotacin, causadas por la opresin imperialista y el sistema capitalista.

Pero debemos decir la verdad a los trabajadores y jvenes revolucionarios de nuestro pas. La nica forma de resolver nuestros problemas es con la expropiacin de la propiedad de los banqueros y capitalistas, nacionales y extranjeros, en unidad con los trabajadores y campesinos de Amrica Latina en una federacin socialista. La gran idea de la Patria Grande slo puede concretarse en la realidad como una Amrica Latina unida y socialista.


El futuro Socialista lleg hace rato

 

Brindemos por el futuro que es lo nico que no tenemos... pero es lo nico con lo que contamos. Afortunadamente, podemos recurrir a la experiencia viva del proceso revolucionario ms avanzado que existe actualmente en Amrica Latina y el mundo, la revolucin bolivariana de Venezuela. La revolucin venezolana proclam su voluntad de avanzar hacia el socialismo para superar la vieja dicotoma entre revolucin socialista y revolucin nacional y popular. Aunque la Revolucin Venezolana enfrenta tareas aun incompletas y su destino se decidir por la lucha implacable de fuerzas vivas, el hecho de que haya fijado como objetivo el socialismo, abre un inestimable respaldo moral a los socialistas revolucionarios.

Hoy, como ayer, slo la revolucin socialista puede completar las tareas democrtico-nacionales no resueltas aun (la emancipacin frente al imperialismo, la reforma agraria, una economa moderna y desarrollada, la definitiva separacin, econmica y poltica, de las Iglesias y del Estado, etc.) y poner las bases para sacar a nuestros pueblos de la miseria y el atraso. Creemos que es necesario e impostergable, organizar y fortalecer una corriente marxista fuerte en el pas, necesariamente antiimperialista e internacionalista, para llevar estas ideas al movimiento obrero y a la juventud.

Proponemos que todos los jvenes y trabajadores, organizaciones sociales y polticas, dialoguemos, fraternalmente, hacia la unidad concreta en acciones concretas, hasta derrotar al capitalismo...

Proponer un dilogo implica asumir una responsabilidad respetuosa que, aunque no garantice la coincidencia, abra caminos que, tarde o temprano, nos permitan construir la unidad indispensable para superar al capitalismo. Sabemos que hemos tenido diferencias tericas y prcticas, y que las tenemos aun respecto a la idea de lo nacional. Sabemos que hay demasiadas exageraciones y tergiversaciones respecto a las diferencias, pero sostenemos que las diferencias no implican incomunicacin y que la unidad es una prioridad histrica que debemos atender de inmediato. Nosotros no queremos crear una emboscada disfrazada de dilogo, queremos un dilogo fraternal y honesto, que admita la crtica y la auto critica como herramientas del respeto y para el avance.

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*Corriente Marxista Internacional. Centro de Estudios Socialistas Carlos Marx

Agradecemos las sugerencias aportadas para la elaboracin de este folleto de la Campaa Manos Fuera de Venezuela, del Comit de Redaccin del peridico El Militante y de todos quienes leyeron el borrador y lo enriquecieron con sus valiosas contribuciones.

Fuente: http://aporrea.org/ideologia/a112939.html



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