Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn: 25 aos de su fallecimiento
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-12-2010

Texto publicado hacia finales del franquismo
Sobre la cuestin nacional

Manuel Sacristn Luzn
Rebelin


Nota edicin: El siguiente escrito es el texto-base de lo que seguramente fue, o iba a ser, una intervencin de Sacristn, a finales probablemente del franquismo, en alguna reunin de militantes del PSUC (y afines) donde se discuti sobre el derecho de autodeterminacin y las caractersticas nacionales del Estado espaol. En otros textos suyos de esa poca, que an permanecen inditos, hay tambin referencias a esa temtica.

El manuscrito, que no est titulado, resulta especialmente difcil. Mis dudas las he sealado con un interrogante si logro imaginar la palabra con alta inseguridad por mi parte, o con un corchete cuando no he sido capaz de conjeturar ni tan siquiera un trmino/s para completar o construir el sentido de la oracin.

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En esta reunin el problema de las nacionalidades me interesa sobre todo desde el punto de vista de la teora de la clase obrera como sujeto de la transformacin socialista y comunista de la sociedad. O sea, desde el punto de vista del marxismo.

En la tradicin leninista, el tema de las nacionalidades qued claro desde el principio como un problema que no tiene ms solucin posible que el ejercicio del derecho de autodeterminacin por las distintas poblaciones. Desde el principio quiere decir que la cuestin se concret en ese sentido ya antes de la llegada de los comunistas al poder en Rusia. Los conocidos textos de Lenin y de Stalin son anteriores a ese momento.

Sin embargo, Lenin ha tenido en la ltima fase de su vida una preocupacin especial por el problema. La ltima batalla de Lenin, segn la expresin que ha hecho clebre un conocido libro del historiador Moshe Lewin, est motivada entre otras cosas, por la defensa de la nacionalidad georgiana frente la saa de Stalin -la palabra es de Lenin-, contra lo que ste llamaba el social-nacionalismo. Yo creo -escriba Lenin en la carta del 30/XII/1922 a la direccin del partido ruso- que en este asunto han ejercido una injerencia fatal las prisas y los afanes administrativos de Stalin, as como su saa contra el decantado social-nacionalismo (Obras escogidas III Mosc 1966, p. 774). Y contesta a la objecin que espera: Se dice que era necesaria la unidad del aparato. De dnde han partido esas afirmaciones? No ser de ese mismo aparato ruso que, como indicaba ya en uno de los anteriores nmeros de mi diario, hemos tomado del zarismo, habindonos limitado a ungirlo ligeramente con el leo sovitico (ibid, 773).

Lenin, pues, achaca la exigencia de unidad del aparato, esgrimida para despreciar la nacionalidad georgiana, precisamente a los burcratas gran rusos, procedentes del zarismo. Pero antes, en la misma carta, haba manifestado la profundidad de su preocupacin escribiendo como primeras palabras: Me parece que he incurrido en una grave culpa antes los obreros de Rusia [MSL: de Rusia, no de la URSS en general] por no haber intervenido con la suficiente energa y dureza en el decantado problema de la autonomizacin [...] (ibid, 773).

De dnde le viene a Lenin esta preocupacin por un correcto planteamiento del problema de las nacionalidades, ese estado de nimo un tanto pesimista que se manifiesta en la autocrtica con que empieza la carta? Le viene seguramente del pasado del tema en el movimiento marxista. Lenin -y tambin, en la teora, Stalin, pese a su posicin en el asunto de Georgia- haba planteado radicalmente el problema de las nacionalidades sobre la base del principio de autodeterminacin. Pero no siempre haba sido as. La socialdemocracia haba sido insensible y hasta, a veces, reaccionaria ante el problema de las nacionalidades por causa del estatismo, de la identificacin de la idea de socialismo con la de Estado central fuerte, que es una tendencia caractersticamente socialdemcrata (en el sentido dominante en la II Internacional).

La debilidad del socialismo en las nacionalidades peninsulares ibricas -por hacer referencia a hechos prximos- se debi en gran parte al desprecio estatista de la socialdemocracia espaola por las nacionalidades perifricas. Pero la actitud ms fuertemente conservadora de la socialdemocracia respecto del problema de las nacionalidades -como en todo lo dems- se produjo al inclinarse la II Internacional por la lealtad a las patrias, o a los estados militaristas en la guerra de 1914-1918. La lealtad para con el estado propio, por ejemplo, de los socialdemcratas austriacos no-leninistas [] de las minoras nacionales checa, polaca, serbia, croata, eslovena, alemana, blgara, rumana. Los mismos hechos que desencadenaron la revolucin rusa destruyen los grandes potencias estatales con las que se haba solidarizado la socialdemocracia con su abandono -entre otras cosas- del principio de las nacionalidades.

Un hecho como tal recomienda prudencia crtica cuando se habla del carcter burgus de tal y cual reivindicacin nacional. Pues mientras haya nacionalidades, la opresin o el mero desprecio de una de ellas ocurrir por fuerza desde otra nacionalidad. El internacionalismo de la socialdemocracia austriaca era simple opresin de las dems nacionalidades por la germnica. Y la saa de Stalin, [] contra el social-nacionalismo georgiano era, como dice Lenin, nacionalismo gran-ruso, chauvinismo de gran potencia.

Ms en general, hay que darse cuenta de lo que quiere decir la afirmacin verdadera de que el principio de las nacionalidades es de origen burgus. Quiere decir que la vieja aristocracia feudal y dinstica era una casta cosmopolita, como an lo siguen siendo sus ltimos y ms o menos cmicos descendientes. Ese universalismo mismo de casta del siglo XIV es (entre otras cosas, naturalmente) la ideologa de esa casta que, mientras quiere, puede saltar indiferentemente de Hungra a Valladolid o de Centroeuropa a Sicilia. El pueblo, mientras tanto, no habla latn, ni quiere ni siente con el cosmopolitismo de sus seores. La burguesa es la clase que, durante siglos, ha dirigido la resistencia y las rebeliones de esos pueblos contra sus amos. Por eso ha dado voz por vez primera a la reivindicacin nacional, del mismo modo que ha vuelto a inventar las de libertad, igualdad, fraternidad. Tambin la igualdad, la libertad y la fraternidad, en sentido moderno, son invenciones burguesas. Pero de la burguesa ascendente. Nadie dira hoy que la igualdad o la libertad sean precisamente rasgos de la vida burguesa. Por no hablar ya de la fraternidad.

La clase burguesa no podr realizar el programa pues no es una clase que represente una visin universal y sea suficiente la ideologa de su ascenso. Por eso sus ideales fueron slo, como dice Marx, ilusiones heroicas: no intentar la libertad, ni la igualdad ni la fraternidad. Ni tampoco el principio de las nacionalidades. Algunas nacionalidades facilitaron su lengua y sus tradiciones para imponer nuevos estados opresores de las clases subalternas y, con ellos, de las nacionalidades minoritarias. El llamado estado nacional, el francs, por ejemplo, es un estado de Reinos de nacionalidades, de algunas que estuvieron a punto de serlo, como la Borgoa, demogrficamente ms importantes que la utilizada por los reyes y la burguesa de Francia para construir su estado. Quien estudie la uniformidad con la cual el poder burgus de Francia consolida durante ms de cien aos [...] sabr a qu atenerse sobre la vindicacin del principio de las nacionalidades por el poder burgus. El poder burgus se caracteriza por la exacerbacin del principio del estado, no por el de las nacionalidades. Por eso dice el Manifiesto Comunista que los proletarios no tienen patria: Tambin se ha reprochado a los comunistas que quieran abolir la patria, la nacionalidad. Los trabajadores no tienen patria. No se les puede quitar lo que no tienen. Pero como el proletariado tiene que conquistar primero el poder poltico, alzarse a clase nacional, constituirse como nacin, es l mismo nacional, aunque de ninguna manera en el sentido de la burguesa.

Patria, no nacin: porque la Patria es el pilar nacionalmente resuelto en un estado, de una dictadura de clase. Y el proletariado tiende objetivamente a la superacin del estado. El internacionalismo no puede consistir en hacerse cmplice de esa opresin de las nacionalidades no utilizadas como revestimiento cultural del estado, sino en oponerse a esa imposicin como a cualquier otra.

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La idea de que el proletariado no est objetivamente interesado en el problema de las nacionalidades tena races tericas profundas en el marxismo socialdemcrata. ste era, a principios de siglo, un marxismo unilateralmente obrerista, determinista, economicista, penetrado de la idea de que el momento histrico no tiene ms motivos que los basados directa e inmediatamente en la vida econmica. Es mero oportunismo de las vigentes teoras socialdemcratas la espera del socialismo a travs de las simples contradicciones de las relaciones y fuerzas [] de produccin. Esta reduccin de la lucha de clases a su base ms estrecha hace que desaparezcan todos los problemas no estrictamente econmico-corporativos. Y as la socialdemocracia acaba por proponer a la clase obrera una poltica en realidad medieval: corporativista, estamental, impropia de una clase que va representando y ms, con el trabajo, los elementos definitorios de la vida de la especie.

Para ser revolucionaria, para conseguir el cambio y la sociedad que nazca de l, la clase obrera tiene plenamente que superar su desinters corporativo y construir, organizar explcitamente, su universalidad, su carcter de representante de toda la especie, de portadora del futuro de toda la especie. Para conseguir eso tiene que abarcar todas las realidades sociales, e indicar las vas del desarrollo de stas.

El hecho nacional es una de esas realidades. La nacionalidad es, por de pronto, un conjunto de rasgos del individuo, un bloque de caractersticas lingsticas, culturales y principios que constituyen su modo de ser. Si existe histricamente una comunidad [] que propague esas caractersticas y, con ella, una integracin econmica de algn orden, entonces los rasgos tnicos del individuo tienen en su base una nacin ya formada. Todo eso es realidad, incluso cotidiana del individuo. Lo que no es vida real de cada cual, sino aparato ideolgico de dominio sobre los individuos, es la serie de ideas especulativas postuladas para gobernar esa realidad, como la idea de destino histrico, el patrimonio imperial, etc. Ningn individuo ni pueblo tiene ms sentido que el de vivir, incluyendo en el vivir la muerte. Todo lo dems, todas las vestimentas patriotas son ideologa encubridora de dominio.

El internacionalismo [1] es el reconocimiento de la realidad plural nacional, la condena de las ideologas patritico-imperialistas. No se puede ser internacionalista empezando por aplastar las nacionalidades. sta es una verdad elemental pero, por lo visto, necesitada de repeticin.

Desde que el capitalismo conquist prcticamente el mundo entero, instaurando ms o menos completamente un mercado mundial, se aprecia un proceso de unificacin de la especie humana. La unificacin de la especie es genticamente tan burguesa como el principio de las nacionalidades. Ni una ni otra posibilidad se puede realizar bajo el capitalismo, y en los dos casos por la misma razn: porque el capitalismo no puede legalizar situaciones sin dominio poltico. La nica unificacin posible bajo el capitalismo sera del mismo tipo que su nica realizacin posible del principio de las nacionalidades: la instauracin de un dominio que pretendiese ser unin sin igualdad. El gobierno de Estados Unidos lo habra intentado al comienzo de la guerra fra si la URSS no hubiera conseguido construir ella tambin la bomba atmica. Pero una voluntad resistente no puede seguir ese camino de integracin de la especie humana. Las peculiaridades nacionales o tnicas, como las dems, tendern a superarse, como las dems, por una va de sntesis. Pero nadie puede proponer, por ejemplo, como va histrica de superacin de la peculiaridad tnica, []. El socialismo y el comunismo han de permitir que una tendencia se active en [], en histrica, no poltica, no estatal [NOTA EDICIN: ESTE LTIMO FRAGMENTO ES ESPECIALMENTE DIFCIL].

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Sera malo terminar una exposicin, por terica que sea, sin aludir al menos, a la problemtica propia. Malo moralmente y malo intelectualmente.

La principal dificultad prctica del tema nacional ha sido posiblemente su explotacin por las clases dominantes para tener sometidas a las clases. Francia y Castilla-Espaa [2] son seguramente los dos ejemplos histricos ms claros a este respecto.

La distincin entre el hecho nacional y su fetichizacin patritico-imperialista es importante para no sucumbir a la propaganda patritica y pseudo-nacional burguesa. Pero lo esencial es darse cuenta de que el capitalismo no ha resuelto el problema nacional, que su principio es el del poder estatal, no el de las libertades nacionales. Hay que poner eso de manifiesto e impedir que la clase burguesa finja contar con un elemento de universalidad social del que carece. Esto es particularmente visible en el caso cataln [3]: la gran burguesa catalana no es sino un elemento ms -casi tan importante como los grandes financieros vascos- en la alianza oligrquica que dirige igualmente este pueblo y a los otros pueblos de la pennsula, incluido el castellano. Igual que contribuy a financiar el ejrcito de Franco durante la guerra civil, la gran burguesa catalana se opondr maana al principio de autodeterminacin, al igual que a todo cambio democrtico.

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Los textos escogidos por Sacristn para su exposicin, prctica habitual en sus conferencias, fueron los siguientes:

1. En mis obras acerca del problema nacional he escrito ya que el planteamiento abstracto del problema del nacionalismo en general no sirve para nada. Es necesario distinguir entre el nacionalismo de la nacin opresora y el nacionalismo de la nacin oprimida (Lenin, O.E. III 775; 31/XII/1922).

2. Qu es importante para el proletariado? Para el proletario es no slo importante, sino una necesidad esencial, gozar, en la lucha proletaria de clase, del mximo de confianza por parte de los componentes de otras nacionalidades. Qu hace falta para eso? Para eso hace falta compensar de una manera o de otra, con su trato o con sus concesiones a las otras nacionalidades, la desconfianza, el recelo, los ofensas que en el pasado histrico les produjo el gobierno de la nacin dominante (Lenin, O.E. III 776, 31/XII/1922).

3. De acuerdo con su tarea fundamental de luchar contra la democracia burguesa y desenmascarar su falsedad e hipocresa, el partido comunista, intrprete consciente de la lucha del proletariado por el derrocamiento del yugo de la burguesa, debe en lo referente al problema nacional centrar tambin su atencin no en los principios abstractos , sino 1) en apreciar con toda exactitud la situacin histrica concreta y, ante todo, la situacin econmica; 2) en destacar los intereses de las clases oprimidas, de los trabajadores, de los explotados, distinguindolos con toda claridad del concepto general de intereses de toda la nacin en su conjunto, que significan los intereses de la clase dominante; 3) en establecer tambin una neta diferencia entre naciones oprimidas, dependientes, no soberanas, y naciones opresoras, explotadoras, soberanas, por oposicin a la cultura democrtica-burguesa... (Lenin, 5/V/1920; Esbozo inicial de las tesis sobre los problemas nacional y colonial. Para el II Congreso de la IC).

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Notas edicin:

[1] En una entrevista de 1983, con la revista Argumentos (Una broma de entrevista!!, Salvador Lpez Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel Sacristn, Destino, Barcelona, 1996, p. 232), sealaba Sacristn:

P: El marxismo se ha convertido en un fenmeno universal, pero creo que ms como mtodo de solucin a todos los problemas. Sin embargo, en este momento, la tendencia es hacia una interiorizacin, hacia una nacionalizacin de la poltica. No soy universal porque soy de este mundo, soy universal a partir de un punto concreto, un barrio, una ciudad, de un pas o una autonoma, y a partir de ese momento, puedo trascender para llegar a la universalidad. No obstante, el marxismo no ha entendido ni las autonomas, ni los nacionalismos y mucho menos los elementos subjetivos, psicolgicos de las sociedades. Cree usted que esta crisis del marxismo es definitiva?

La nacionalizacin de la poltica es uno de los procesos que ms deprisa pueden llevarnos a la hecatombe nuclear. El internacionalismo es uno de los valores ms dignos y buenos para la especie humana con que cuenta la tradicin marxista. Lo que pasa es que el internacionalismo no se puede practicar de verdad ms que sobre la base de otro viejo principio socialista, que es el de la autodeterminacin de los pueblos. Lo que hay que hacer es criticar a muchos partidos de izquierda, marxistas o no, que han abandonado un principio fundamental como es el de la autodeterminacin de los pueblos. Todo lo dems que dice usted en esta pregunta es pura moda neorromntica irracionalista, efecto de la prdida de esperanzas revolucionarias [la cursiva es del editor].

[2] As defina Espaa Sacristn en 1984 en la revista mientras tanto (Otra pgina del diario filosfico de Filghelo,mientras tanto, n 18, pp. 151-152):

Estaba yo pensando profundamente en todo eso cuando me lleg un sobre voluminoso con el membrete de El Pas. Cspita! me dije, como si estuviera traduciendo el Cuore, esta carta debe ser muy importante, a juzgar por su remitente y por lo gorda que es. Abr el sobre y vi que era una carta con ttulo. Y qu titulo. A saber. Qu es Espaa?.

Me precipit a consultar el Ferrater, para ver si don Miguel de Unamuno, o don Jos Ortega y Gasset, don Ramiro de Maeztu, o incluso don ngel Ganivet (todos esos autores son inevitablemente don) estaba todava vivo. Comprob que no.

Por otra parte, la carta no da muchas pistas para responder a la pregunta; es verdad que dice que Espaa no es una unidad de destino en lo universal, pero eso no me lo resuelve todo, porque tambin podra ser un dolor, o un enigma histrico, o un problema, o un sin-problema, o incluso un invertebrado.

Ni tampoco contribuye mucho a resolver la cuestin el encomiable ejemplo de las democracias occidentales ante las que se postra la carta al exhortarnos a adoptar la perspectiva moderna con que, con la ayuda de la razn crtica, los pases ms civilizados afrontan sus problemas. Es obvio que la Gran Bretaa es un pas de los ms civilizados, por lo menos desde que Asterix y sus amigos ensearon a los anglos a tomar el t. Entonces, la razn crtica que segn El Pas, nos permitir descubrir qu es Espaa tendr que ver con la muerte por inanicin de algn preso del IRA? O tal vez con algn bombazo corso, ya que tambin Francia es un pas muy civilizado.

Consult el diccionario de Mara Moliner, cosa siempre recomendable. Y en la pgina 1199 de su primer volumen descubr que la autora no se atreve a definir Espaa. Pero, sin decirlo, explica, en realidad, por qu no define, enjaretndonos la retahla de trminos que transcribo slo parcialmente: alanos, arvacos, rtabros, astures, autrigones, bastetanos, benimerines, bticos, cntabros, caporos, cartagineses, celtas, celtberos, cerretanos, cibarcos, contestanos, cosetanos, deitanos, edetanos, fenicios, godos, iberos, ilercavones, ilergetes, iliberritanos, ilicitanos, ilipulenses, iliturgitanos, indigetes, italicenses, lacetanos, layetanos, masienos, moriscos, mozrabes, numantinos, oretanos, psicos, saldubenses, santones, suevos, tartesios, tugienses, turdetanos, trdulos, vacceos, vndalos, vrdulos, vascones

Entonces me puse a pensar profundamente sobre todo eso.

Cinco aos antes, en 1979, en momentos de neta y creciente ofensiva nacionalista perifrica, en una entrevista para el diario Tele-Express, haba recordado: [...] porque Espaa no es propiedad de los reaccionarios, yo me siento y soy espaol aunque fuera de una Espaa pequea que limitara con los Picos de Europa, Andaluca, Galicia y el rea catalana, porque Espaa no es una ficcin, es la nacin de mis padres y abuelos, de Garcilaso, de Cervantes... (Manuel Sacristn o el potencial revolucionario de la ecologa,TE, 2/6/1979).

Igualmente, un conjunto de observaciones de Sacristn, de lugares heterogneos, sobre esta temtica y ms, en general, sobre la cuestin nacional y el sentimiento de pertenencia a una determinada comunidad, incluyendo referencias a Catalunya y al tema del atraso espaol.

En unas Observaciones de 1972 a un proyecto de programa del PSUC, Sacristn sostena que dada la complicacin e incluso confusin con que se presentaban en aquella poca las cuestiones fundamentales del socialismo, un documento como el discutido -Proyecto de introduccin al programa del PSUC- deba contener una presentacin de principios sobre la naturaleza de los partidos comunistas y sobre sus objetivos finales, un planteamiento de futuro, no de pasado, sealando que en una introduccin de este tipo deban aparecer reflexiones y tesis sobre, bsicamente, dos series de cuestiones. Una de ellas se enmarcaba en lo que Sacristn llamaba problemas post-leninianos. La otra serie de problemas afectaban a la naturaleza del partido comunista.

Sobre este punto, Sacristn indicaba la conveniencia de recordar algunas de las posiciones bsicas del Manifiesto Comunista, y aada: (...) Como es sabido, Marx y Engels dicen all, entre otras cosas ms importantes, una que tiene, en cambio, especial inters para estimar este proyecto de Introduccin, a saber: que los proletarios no tienen patria; en cambio, el arranque del presente borrador de Introduccin acarrea un desarrollo enteramente limitado a Espaa y Catalunya. No es que haya que teorizar explcitamente sobre la naturaleza, aptrida e internacional del proletariado y, por lo tanto, del partido comunista, pero s que conviene atenerse, en una Introduccin, a los principios generales del comunismo y a una exposicin muy breve de su gnesis histrica, sin aludir a ninguna patria en particular. A lo sumo, si el desarrollo lo exige, se puede aludir a la nacionalidad como simple hecho, como un rasgo ms -muy secundario- entre los que componen la realidad proletaria, su perspectiva o futuro y el intento de formulacin de esa perspectiva por el Partido comunista.

Sobre la unidad de los pueblos de Espaa en una repblica federal, Sacristn se manifestaba de la forma siguiente en la nota 14 de estas mismas observaciones de 1972: 1. Esta posicin poltica es una tesis que debera restringirse al perodo histrico durante el cual subsistan an un Estado espaol y un Estado francs. 2. Espaa y Francia no son naciones en sentido primario, pero tampoco son exclusivamente estados, como sostenan (y sostienen) algunos sectores catalanistas. 3. En su opinin, eran formaciones para-nacionales, menos intensamente unificadas que el conglomerado de nacionalidades que ha dado lugar a la super-nacin germnica, por ejemplo, pero que, de todos modos, han originado, con el paso de los siglos, ciertos rasgos nacionales de segundo orden, por as decirlo, en millones de individuos de nacionalidades bsicas diferentes. 4. Desde un punto de vista marxista, aada, se debe dar la opcin primaria de organizacin poltica -mientras las sociedades sigan siendo polticas- a las nacionalidades bsicas o primarias. Sobre todo en casos como el espaol o el francs...

En otro texto de esa mima poca, ste de 1974, Sacristn se opone a la estricta correlacin general nacin-burguesa. Le parece que esa identidad vale si acaso para el caso de Pars en los siglos XVIII-XIX. La proposicin general no es sino una generalizacin idealizada del modelo francs, parisino ms bien. No haba, ciertamente, nacin inglesa, sino supranacionalidad britnica. A la clase dominante inglesa, le ha bastado con un mercado estatal, no nacional. En otras ocasiones, como en Hungra o en Polonia, ha sido la nobleza quien ha construido la nacin y el estado nacional. En otras situaciones, como en el caso de Rusia, ha sido la propia autocracia. Los espaoles y los centroeuropeos, en su opinin, tenemos la suerte (relativa a esta cuestin) de haber vivido siglos bajo la dinasta ms imperial, esto es, menos destructora de nacionalidades, de todo Occidente, o sea, los Haubsburgo. De aqu que an estn vivas las naciones hngara, checa, croata, eslovaca, serbia, catalana, euskera, gallega, etc., mientras que no lo estn tantas otras de la Europa borbnica. De hecho, no exista nacionalismo castellano (o no exista por aquel entonces); exista, s, obviamente, chauvinismo espaol, a menos que se suponga la identidad entre Castilla y Espaa, y podamos entonces identificar ste con aqul.

Por lo dems, una carta del 9 de septiembre de 1978, dirigida a Rafael Garca de la Editorial Villalar de Madrid, es indicio de un cierto estado (poltico) de nimo que nunca olvid, vale la pena insistir en ello, el gran-nacionalismo espaol-ol:

Apreciado amigo: le agradezco (avergonzado) las expresiones de aprecio con que me honra, pero no tengo ms remedio que renunciar a la posibilidad que usted me ofrece de prologar el libro sobre la autogestin en Yugoslavia. Yo no tengo suficiente conocimiento de la realidad yugoslava. Lo que s ser es atento lector del libro, y desde ahora me propongo publicar una resea del mismo en Materiales.

Me interesa mucho su programa de publicaciones, y hasta el nombre de su editorial (en esta poca de nacionalismo frentico los castellanos de la dispora estamos un poco incmodos). Le ruego que, si tiene tiempo para ello, me mande informacin de lo que editan.

Materiales fue una revista, la anterior a mientras tanto, que se public entre 1977 y 1978: doce nmeros y tres extraordinarios. Uno de sus grandes artculos poltico, su aguda crtica al eurocomunismo, se public en el nmero 6 de esta revista.

[3] Tambin en una entrevista, sta de 1984, con Mundo Obrero, sealaba Sacristn: A m me parece que los nacionalismos ibricos estn ms vivos que nunca, los tres. Paradjicamente el menos vivo es el espaol. Por eso no he dicho los cuatro. Lo digo en el sentido de que en el caso espaol los nacionalistas son de derechas, incluida mucha gente del PSOE, pero de derechas de verdad. En cambio, en los otros tres nacionalismos, por razones obvias, por siglos de opresin poltica y opresin fsica, el nacionalismo no es estrictamente de derechas, sino que hay tambin nacionalistas de izquierda (...). A m me parece que la vitalidad de los tres nacionalismos no espaoles de la Pennsula es tanta, que aunque parece tpico yo no creo que se clarifique nunca mientras no haya un autntico ejercicio de derecho a la autodeterminacin. Mientras eso no ocurra, no habr claridad ni aqu, ni en Euskadi, ni en Galicia. Slo el paso por ese requisito aparentemente utpico de la autodeterminacin plena, radical, con derecho a la separacin y a la formacin de Estado, nos dar una situacin limpia y buena. Ya se trate de un Estado federal o de cuatro Estados. Todas las tcnicas polticas y jurdicas que se quieran aplicar para hacer algo que no sea eso no darn nunca un resultado satisfactorio. Eso siempre ser una justificacin para el mayor mal que sufre Espaa, que es tener un Ejrcito poltico como el que tenemos.

Un ao y medio antes, en el prlogo para la edicin catalana de El Capital, escriba Sacristn en 1983: La aparicin de esta traduccin catalana de El Capital puede parecer intempestiva. En efecto, este libro se edita poco ms o menos un siglo despus que empezase a estar presente en la vida social y cultural de Catalunya; y, adems, en un momento que no se puede considerar de excesivo predicamento de la obra del autor, sobre todo si se compara con lo que pasaba hace quince o veinte aos. Es obvio que la primera circunstancia est muy ligada a los obstculos con que ha chocado la cultura superior catalana durante estos cien aos, desde los de ms lejana raz histrica hasta los particularmente difciles que provoc el franquismo. Desde el punto de vista de esta consideracin, la publicacin de El Capital en cataln, como la de cualquier otro libro clsico, es una buena noticia para todos los que se alegren porque los pueblos y sus lenguas vivan y florezcan.

Entre los varios reconocimientos al PSUC, que no fueron obstculo para crticas que parecieron irracionales e izquierdistas en algn momento, Sacristn seal:

1. Este movimientismo es caracterstico de los partidos eurocomunistas con un acento, y, con otro acento, y con mayor o menor retraso en las posiciones adoptadas, lo es tambin de los partidos comunistas menores. Se puede recordar a este propsito, como ejemplos ilustrativos, que hace unos ocho aos los partidos minoritarios de extrema izquierda (y su inconsistente corte de intelectuales deslumbrados) vituperaban la defensa de la lengua catalana (la lengua de la burguesa como decan en castellano con mucho acento cataln) por el PSUC, antes de convertirse en destacados catalanistas; y que todava hace cuatro aos combatan con graves acusaciones la consigna de amnista propugnada entonces exclusivamente (entre los comunistas) por el PCE-PSUC...

2. El nuevo movimiento lo haca todo: desde la protestas por deficiencias particulares de la enseanza, la difusin de consignas simplemente liberales o demogrficas que estaban a la orden del da, hasta la propaganda marxista, pasando tambin por la presencia de la lengua catalana en la Universidad: la nica prensa universitaria catalana y en cataln que ha durado ininterrumpidamente desde el curso 1956-57 hasta hoy en la Universidad de Barcelona ha sido la prensa del Comit Estudiantil del PSUC.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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