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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-12-2010

Sindicalismo responsable?

Manuel Marrero Morales
Rebelin


Noticia de prensa: 171.000 euros para estudiar el estrs en CC.OO: curiosa subvencin de la Consejera de Empleo, Industria y Comercio. De inters social y sin concurrencia.

Esta noticia apareca hace unos das en los medios de comunicacin locales. Y precisamente me centro en ella, separndola de esas otras muchas que se publican con la intencin de desprestigiar al sindicalismo. La crtica a este hecho y a la accin sindical que lo rodea, la hago desde la orilla de la defensa del sindicalismo que se pone al servicio de los trabajadores y trabajadoras.

Que en momentos de crisis, en que el Gobierno de Canarias intenta justificar todos los recortes que est haciendo en servicios pblicos bsicos, como la Sanidad, la Educacin o la inaplicada Ley de Dependencia, se produzca un hecho de estas caractersticas, una informacin como sta no deja de resultar no slo curiosa, sino adems insultante para esos cientos de miles de personas que se encuentran actualmente en paro en el archipilago, viviendo muchos de ellos por debajo del umbral de la pobreza.

Se justifica adems esta subvencin a un sindicato por parte del Gobierno Autnomo, por ser el proyecto de inters social, es decir que le debiera interesar al conjunto de la sociedad, que debiera atender a los intereses generales. Adems, esta subvencin pasa a la categora de los grupos selectos a los que se concede subvenciones a dedo, porque s, por decisin poltica, sin concurrencia alguna a una convocatoria pblica a la que todos puedan presentarse, y que est sujeta a baremos, mritos, y dems exigencias, que se le piden al comn de los mortales.

Estos hechos son los que vienen a demostrar las curiosas connivencias entre el Poder y algunas organizaciones sindicales y cmo se pueden explicar las causas de determinados comportamientos sindicales -tanto en Canarias como a nivel de Estado- que han convertido a esas organizaciones en apoyos incondicionales de los poderes establecidos para sacar adelante sus polticas y consiguiente abandono de los intereses generales de los trabajadores. A esto se le suele sumar la perpetuacin de unos grupos que, cual castas cerradas, convierten al sindicalismo y a la poltica en su profesin, que generan dependencias internas para seguir con el control de los aparatos y que, en definitiva, usan a las organizaciones en beneficio propio y de los suyos. Son el autodenominado sindicalismo "responsable", favorecido y favorecedor, firmantes de todo y subvencionados por cualquier motivo, incluso sin necesidad de motivarlo.

En el otro lado de la balanza se encuentran las organizaciones asamblearias, en las que se lucha a pecho descubierto, que no son domesticables, que no admiten componendas ni entran por el tortuoso camino de las traiciones a los trabajadores, ni hacen pactos secretos a espaldas de la gente que est en huelga, ni amaan preacuerdos, ni aceptan los cotos cerrados de los firmantes de los preacuerdos que excluyen al resto en el seguimiento de los mismos, ... esas organizaciones (como el STEC-Intersindical Canaria) no son bien vistas por el poder, y por tanto no entran en el crculo de los favorecidos... ni tampoco aspiran a ello.

Por eso se hace tan difcil sacar cabeza en este mundo del sindicalismo. Porque los sindicatos favorecidos, aunque necesarios, estn siendo denostados, a veces con razn y en muchos casos de forma interesada, para doblegarlos y que se comporten como mansos corderos en todo el proceso de imposicin de reformas laborales, recortes sociales y empeoramiento de los servicios pblicos, que estamos sufriendo. Recortes y reformas hechos por los grupos dominantes: gobiernos, empresarios, instituciones financieras, multinacionales e instituciones internacionales, mientras el sindicalismo mayoritario o guarda silencio o alza su voz tmidamente, como si estuviera aturdido, adormecido, amordazado o tal vez complaciente y connivente?

Esto ltimo, me cuesta creerlo, pero a juzgar por las actitudes de estas organizaciones subvencionadas, por la ausencia de movilizaciones contundentes que se opongan a estas medidas, no tengo muchos motivos para pensar lo contrario, a pesar de que deposit una parte de mi confianza como hicimos muchos miles de trabajadores y trabajadoras- en que la huelga general de septiembre iba a ser el inicio de una serie de convocatorias de protesta y de presin para intentar frenar estas polticas que slo estn dirigidas al perjuicio de los ms dbiles. No ha sido as. Parece que este tipo de sindicalismo ha claudicado.

Esperemos que el sindicalismo asambleario mantenga la coherencia y la dignidad, aunque tenga un precio muy elevado. Pero hay que seguirlas manteniendo a toda costa, puesto que estn en juego los intereses de la mayora.

Manuel Marrero Morales. Profesor y miembro del STEC-IC

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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