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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-12-2010

Por qu somos pobres si somos ricos?

Susana Merino
Rebelin


Por segunda vez, bicentenario mediante, nuestro pas ha vuelto a convertirse en el granero del mundo, pero esta vez en un granero que no solo acopia los cultivos de pan sino que incluye tambin algunas otras materias primas, siempre con escaso o nulo valor agregado, tales como la soja (porotos, harinas, pellets, aceites y en aumento el biodiesel) los clsicos cereales (maz, trigo), petrleo y gas, carnes (congeladas y enfriadas, sin procesar) siguiendo las huellas de una actividad exportadora casi exclusivamente agropecuaria.

Nuestra estructura agraria fue conformndose a principios del siglo pasado, sobre las extensas praderas pampeanas,que han hecho de la Argentina uno de los pases del planeta con mayor superficie apta para el desarrollo de la agricultura, sobre la base de dos tendencias, el latifundio representado por la estancia, cuyos dueos con ingresos mayormente rentsticos vivan en las grandes ciudades y las chacras o establecimientos ms pequeos cuyos propietarios trabajaban directamente y habitaban la tierra junto a su familia configurando una clase media rural (en gran parte de origen migratorio) a partir de la cual se fueron desarrollando los pueblos del interior y adquiriendo su carcter de centros de servicios aglutinantes de funciones sociales, comerciales, bancarias, culturales, etc.

Sin embargo, esta estructura ha sufrido a partir de las ltimas dcadas del siglo pasado una enorme transformacin.La concentracin de la tierra en manos de organizaciones empresarias, la instalacin de una agricultura de monocultivos extensivos,la proliferacin del agronegocio, los pool de siembra, donde la tierra ha perdido su condicin de sostn del trabajador rural para transformarse en un simple insumo industrial, en un factor econmico destinado a incrementar los ingresos de una clase privilegiada y casi annima, absolutamente divorciada de ese sustrato vital que solo le pertenece legalmente pero al que no la une ninguna vivencia directa y cuyo agotamiento o deterioro la dejan indiferente en la medida en que pueda seguir adquiriendo o apropindose deotros territorios (como en los reiterados y ya casi habituales casos de expoliacin de tierrashabitadas por comunidades indgenas en todo el pas).

Este nuevo y expropiatorio concepto de uso del suelo y en especial el dedicado al extendido monocultivo de la soja produce desequilibrios ecolgicos y econmicos que no solo atentan contra la natural fertilidad del suelo sino que est destruyendo progresivamente la estructura socio - demogrfica de nuestra ya de por s dbil y desequilibrada distribucin poblacional. Es decir, engrosando los cinturones periurbanos de miseria en permanente sangra de las comunidades rurales. Pero lo que me interesa destacar es que poseemos una tierra, dira algn clsico, ubrrima y sin embargo somos incapaces de mantener con adecuados niveles de vida a una poblacin escasamente densa y, eso s, absurdamenteconcentrada. Es decir no somos pobres, somos mucho ms ricos que muchos pueblos de la tierra, pero vivimos como si no lo furamos.

Y si analizamos otros parmetros como por ejemplo el de la huella ecolgica (1), un concepto que mide habitualmente en hectreas globales cunta tierra y agua biolgicamente productivas necesita un individuo, una poblacin o una actividad para producir todos los recursos que consume y absorber todos los desechos que genera, usando las tecnologas y la administracin de recursos vigentes y que constituye un instrumento que ha introducido la bioeconoma con el propsito de poder predecir cuales son los lmites que la naturaleza le impone al sistema econmico, podemos descubrir algunas relaciones interesantes.

El clculo directo se hace sobre la base del gasto energtico (agua, electricidad, combustibles fsiles) de cada habitante y depende fundamentalmente del estilo de vida de cada comunidad. El indirecto se relaciona con el transporte de productos que deben ser traidos al mercado local: los productos importados, las frutas, verduras, carnes, ropas y productos manufacturados que vienen de otras zonas del pas o del mundo. Tambin mide el tipo de vivienda que habitamos (si es o no eficiente energticamente) y los bienes y servicios que utilizamos.

Segn datos de un reciente informe de Mario Cafiero (2) El balance bioeconmico surge del siguiente razonamiento. Cada pas tiene una poblacin que consume recursos naturales biolgicos y a su vez posee un territorio con una determinada capacidad biolgica. El consumo del hombre deja una huella ecolgica por el uso de tierras para cultivo, tierras de pastoreo, bosques, territorios martimos, tierras que absorben carbono y tierras urbanas. Los pases tienen una determinada dotacin de estos recursos. La diferencia entre lo que consume la poblacin de un pas o su huella ecolgica; y la dotacin que posee de recursos naturales es lo que se denomina Balance Bioeconmico.

Y en tal sentido se ha calculado que segn el balance bioeconmico de los principales pases del planeta la Argentina estara en tercer lugar, con un consumo de 2,6 Has por habitante, una capacidad bioproductiva de 7,5 Has/hab, y un balance bioeconmico de 194 millones de Has., solo precedida por Brasil y Canad.

G-20 BALANCE BIOECONOMICO por pas

PAIS

CONSUMO(En hectreas por habitante)

BIOCAPACIDAD PRODUCTIVA (En hectreas por habitante)

BALANCE (en millones de hectreas)

Brasil

2,9

9

1160

Canad

7

14,9

260

Argentina

2,6

7,5

194

 

Esto significa que si comparamosnuestro balance bioeconmico de 194 millones de Has con el de China, por ejemplo que es de -1604 millones de Has, o el de Europa de -1388 millones de Has o, finalmente con el de los EEUU de -1266 millones de Has, comprenderemos que sus dficit terminarn incidiendo necesariamente en la biocapacidad de nuestros ecosistemas.

Resulta por lo tanto demasiado evidente que nuestra respuesta a la presin que seguramente ejercern los 1500 millones de habitantes chinos (y otros) sobre nuestro pas ser de difcil manejo y de serias y peligrosas consecuencias si no logramos resolver ante todonuestros propios desequilibrios internos.

Pero estos problemas no solo se plantean en el terreno agrcola o energtico. No debemos ignorar que nuestro pas cuenta tambin con una extensa plataforma submarina de un ancho de 550 km y una longitud de 1.890.000 km2, rica como pocas en recursos pesqueros que hace tiempo viene siendo depredada por barcos factora de distinto origen sin que ni nuestra sociedad ni nuestros gobiernos tomen conciencia del enorme despojo que nos ocasiona la pesca selectiva que realizan, dejando enormes cantidades de peces muertos y desechados, otra riquezaque no somos capaces de controlar.

Y para terminar no puedo dejar de mencionar el enorme venero de riquezas minerales existentes a lo largo de los 4500 km de nuestros ecosistemas cordilleranos vilmente entregadas al saqueo contaminante, masivo y destructivo de empresas transnacionalesque se apoderan de cantidades ignoradas, de minerales metalferos: oro, plata, zinc, manganeso, uranio, cobre, azufre y otros; y digo ignoradas porque extraen y exportan sobre la base de una simple declaracin jurada en la que adems tienen, en virtud de la resolucin 281/98,la opcin de modificar el valor de las transacciones declaradas dentro de los 6 meses de la fecha de embarque, en virtud de variaciones en la cantidad y en la ley del mineral constatadas a su arribo a destino. Sin palabras!

En sntesis, no somos pobres por haber nacido en una tierra estril, desrtica, rida, yerma, infecunda y sin recursos naturales tanto renovables como no renovables,somos pobres porque nos obstinamos en ser pobres o lo que es peor porque quienes han venido asumiendo sucesivamente la responsabilidad de conducir los destinos de esta patria han optado, desde hace muchos aos,porprivilegiar sus propios mezquinos intereses y el de los extranjeros que han hallado aqu, ellos s, tierra frtil y desprotegidade la quelograr la satisfaccin de sus propias necesidades (y ambiciones) en menoscabo no solo de nuestro presente sino tambin de nuestro incierto futuro.

Notas:
(1) Para ampliar el concepto de Huella ecolgica : http://es.wikipedia.org/wiki/Huella_ecol%C3%B3gica
(2) Cafiero, Mario. Deuda, presupuesto y derechos humanos Cmara de Diputados de la Nacin, (23.12 10)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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