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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2010

Alarma de Estado: el plante de los controladores y la ficcin de la soberana

John Brown
Rebelin


"Non est potestas Super Terram quae Comparetur ei"
(No hay poder sobre la tierra que se le compare") Job, 41,24

"Quien le echa un pulso al Estado pierde"
A. P. Rubalcaba



1. La rabia con que cierta izquierda de tradicin laborista (estalinista, eurocomunista o socialdemcrata) est respondiendo al conflicto de los controladores areos no sorprende. Su posicin es la de la defensa de los intereses residuales de un tipo de trabajador hoy minoritario (el trabajador con contrato indefinido del fordismo), muy en particular de los intereses particulares de sus representantes polticos y sindicales autoproclamados. Estas organizaciones pretenden enfrentar al trabajador modlico del fordismo con lo que hoy es ya la mayora de los trabajadores: precarios, intermitentes, incluso parados, trabajadores cognitivos, domsticos, afectivos etc. Formas de trabajo todas ellas que desconocen los lmites de la jornada laboral y del centro de trabajo, pues corresponden a un trabajo difuso en el tiempo y el espacio. Cuando enfrentan a una autntica "clase obrera" -en desaparicin- con el trabajo social difuso postfordista, algunos de los representantes de la antigua clase obrera se convierten en los ms preciados aliados del capital y de sus gobiernos en su lucha contra el proletariado realmente existente.

2. Los controladores areos son unos trabajadores de un tipo muy particular. Son fundamentalmente trabajadores de la atencin, con una altsima responsabilidad sobre la seguridad y la vida de los viajeros. Su tiempo de trabajo es a la vez dilatado (muchas horas de presencia), intermitente (necesidad de pausas para mantener la capacidad de atencin necesaria) y sumamente intenso (atender a los movimientos simultneos de 60 aviones en Barajas...). En eso se asemeja, por ejemplo al de los intrpretes. Su fuerza de trabajo es por ello mismo una mercanca escasa en el mercado laboral. Por otra parte, su posicin clave en el sistema de flujos de circulacin rpida de mercancas y de personas les ha permitido presionar eficazmente para mantener y mejorar sus salarios (aunque en los ltimo aos, y particularmente en los ltimos meses, ha aumentado su tiempo de trabajo con numerosas horas extras no voluntarias). La conjuncin de estos dos factores explica que sus sueldos sean elevados. Sin embargo, el que sean bastante superiores a la media obedece tambin al hecho de que los salarios de la mayora de los otros trabajadores llevan 30 aos estancados, cuando no se han visto drsticamente cercenados. Tal vez, si se hubiera dado una progresin de los dems salarios en consonancia con la productividad del trabajo y la inflacin, existira ahora una diferencia menor entre los sueldos de los controladores areos y los del resto de la poblacin asalariada.

Los controladores areos constituyen por consiguiente un ejemplo a seguir para todos los dems trabajadores. Ciertamente no corresponden al tipo genuino del "proletario con conciencia de clase", no son esos trabajadores de los que dice Lpez Arnal en un artculo publicado en Rebelin que " cuando los trabajadores van a la huelga no lo hacen por no trabajar sino por hacerlo en condiciones dignas. Aspirando a ser tratados como seres humanos, no como piezas de un mecanismo diablico e injusto". Sera por lo tanto absurdo e indecente segn el moralismo "laborista" que los trabajadores fuesen a la huelga por trabajar menos o por ganar mucho ms, o para dejar de ser trabajadores y asalariados apropindose de los medios de produccin. Los controladores son por ello un muy mal ejemplo de indocilidad por parte de los trabajadores, desde el punto de vista del capital y sus gobiernos, pero tambin de las organizaciones que no tienen ninguna perspectiva que vaya ms all de la identidad obrera y de la "dignidad" del trabajo asalariado . De ah que Lpez Arnal se apresure a excluir a los controladores areos, cuya huelga califica de "huelga burguesa", del mundo del trabajo, pues: " no dan ninguna seal de querer pertenecer al movimiento obrero ibrico, de cultivar los ideales ilustrados de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Ellos no son obreros, son trabajadores especializados de cuello blanco; no se ensucian, no tienen nada que ver con los trabajadores de la construccin o con las trabajadoras de los call center." Afortunadamente, existen otras voces entre las organizaciones sindicales, que son capaces de evitar la trampa hoy tendida a los trabajadores.

3. La militarizacin de los controladores areos aprobada por el gobierno socialista no es, con todo, una sorpresa. No sorprende el grado de docilidad, hija de la costumbre, con que se est aceptando el golpe de Estado social del gobierno del PSOE, quien, por primera vez depus de la muerte del fundador del actual ordenamiento poltico espaol, ha declarado un Estado de alarma para hacer frente a un conflicto laboral. No es esta, por cierto, la primera vez que la socialdemocracia espaola toma medidas radicales contra los trabajadores a fin de establecer condiciones ms favorables para el capital. El gobierno de Felipe Gonzalez fue el reponsable de la mayor reestructuracipn industrial de la historia reciente. En Espaa la labor que en otros pases desempearan Thatcher, Reagan o Pinochet corri a cargo del primer partido de la izquierda. Su ministro de industria de la poca, Carlos Solchaga, afirmaba, emulando el enrichissez-vous ("enriquecos") de Thiers que Espaa es el pas del mundo donde es ms fcil hacer dinero. Sin duda, lo era y lo es para quienes ya tienen mucho. Un general del ejrcito espaol lleg a explicar al autor de este blog en una conversacin privada a principios de los 80 que, aun siendo de derechas, los militares estaban contentos con que el PSOE gobernase, pues una reestructuracin industrial de esas dimensiones con un gobierno de derechas podra haber supuesto una revolucin social. La cnica lucidez del general defina correctamenter la funcin del PSOE en la transicin: hacer pasar como medidas progresistas las principales reformas neoliberales. Ya en los aos 80, los responsables econmicos del PSOE hablaban de los privilegios de los trabajadores. El ms escandaloso era disponer de un empleo con contrato fijo y contra l se activ todo el aparato del gobierno y del partido con notable eficacia. Hoy, la mayor parte de los puestos de trabajo que se crean se rige por contratos a tiempo definido o por formas precarias de contractualidad. El resultado de esto es que, una vez declarada la ltima crisis, Espaa fue el pas que ms puestos de trabajo perdi en menos tiempo y el que ostenta el rcord absoluto de desempleo en la UE.

An as, la lucha contra los privilegios no haba ido lo bastante lejos y el gobierno progresista de Zapatero ide no ya salvaguardas contra el despido como correspondera a una socialdemocracia digna de ese nombre, sino subvenciones al despido en favor de las empresas...Adems, para mantener debidamente intimidado al ya nutrido ejrcito de reserva de trabajadores que cuenta con la bonita cifra de 4.100.000 exponentes y sigue creciendo, el gobierno socialista espaol suprimi la ayuda de 460 euros para los parados sin subvencin. Los mercados estn ya ms tranquilos, a la espera de lanzar la siguiente ofensiva depredadora contra los ttulos de deuda del Estado espaol. En este contexto de denodada lucha del gobierno socialista contra los supuestos privilegios...de los trabajadores y en favor de los muy reales privilegios del capital, surgen el plante masivo de los controladores areos y las medidas de excepcin del gobierno.

4. Las medidas de excepcin, que se concretan en la declaracin por quince das del Estado de alarma, se presentan como una firme toma de control de la situacin por parte del ejecutivo espaol en nombre de la defensa de los usuarios frente a un colectivo profesional priviluegiado e irresponsable y del mantenimiento de la buena imagen exterior del pas. Rubalcaba resuma el espritu de las medidas con la energa de un nuevo Fraga Iribarne: "quien le echa un pulso al Estado pierde". Atacando a los controladores areos, el gobierno tiene la seguridad de ganarse la simpata de los usuarios, pero tambin la de la izquierda laborista y fordista, para la cual el resentimiento contra un colectivo "privilegiado" hace las veces de conciencia de clase; de una muy peculiar conciencia de clase que se traduce en un patritico llamamiento a arrimar el hombro junto a la patronal y el gobierno para recuperar el crecimiento y el empleo. El terror provocado por la militarizacin y el estado de alarma ya ha permitido "normalizar" la situacin de los aeropuertos, aun a punta de pistola. Es ciertamente un resultado apreciable. Otro es la leccin que por anticipado se emite a quienes pretendan bloquear los flujos de transporte y comunicacin esenciales para el funcionamiento del capitalismo postfordista. La prxima huelga general que intente bloquear el conjunto del espacio social metropolitano puede recibir una respuesta particularmente firme.

Con todo, mediante esta exhibicin de "fuerza", el gobierno espaol intenta ocultar con gesticulaciones su apabullante debilidad. Debilidad ante el capital espaol e internacional que se expresa en sus varias series de concesiones para "calmar a los mercados": reforma laboral, reduccin de los sueldos en la funcin pblica, privatizaciones, subsidios al despido, eliminacin de ayudas a los parados, y prximamente, si nadie lo evita, una brutal reduccin de las pensiones. Todas estas medidas son en principio contrarias a la supervivencia de un gobierno socialdemcrata, salvo que este haya optado clara y definitivamente por una tercera va semejante a la de Tony Blair en el laborismo britnico, consistente en prescindir cada vez ms de un voto obrero y popular que se dirige a la abstencin o a la extrema derecha, en favor de una competicin con los partidos conservadores por el voto del electorado tradicional de la derecha. Para ello es importante dar una impresin de fuerza del Estado, de ejercicio de la soberana, pues, nuestros socialistas saben perfectamente que, como afirmaba el gran jurista -y deleznable cmplce del nazismo- Carl Schmitt: "Soberano es quien decide sobre la situacin de excepcin" (C. Schmitt, Teologa poltica). Decidir sobre la situacin de excepcin es hoy reconocer la peligrosidad del "mal ejemplo de los controladores" para el conjunto de la poblacin y tomar las medidas de excepcin correspondientes.

Como, por otra parte, el ejercicio de la soberana frente a los intereses de los poderes financieros es estrictamente imposible si se aceptan las condiciones del capitalismo mundializado, la actuacin "soberana"debe desplazarse a un objetivo menos peligroso. De momento, intervencin soberana que restablece el orden legal y constitucional se ejerce sobre los controladores areos e indirectamente sobre el conjunto de los trabajadores del Estado espaol. De esta manera, ese triste apndice del capital globalizado que es el gobierno de Espaa puede permitirse lucir un poco creble disfraz de Leviatn, afirmndose como soberano all donde ya no pueden ejercer ni el ejecutivo ni ningn otro de los poderes del Estado la ms mnima soberana efectiva. Lo que ocurre es que todo tiene sus lmites y que no es posible militarizar al conjunto de la sociedad, ni gestionar la fuerza de trabajo mediante el simple terror dentro de un rgimen postfordista en que el tiempo y el espacio del trabajo y por consiguiente el tiempo y el espacio del conflicto y del bloqueo de los flujos mercantiles cubre el conjunto de la sociedad. A lo mejor, con un poco de suerte, Julian Assange ha introducido algn "secreto de Estado" del gobierno espaol en su florilegio de chismes: esto quiz pueda regalar alguna escama al lamentable disfraz del pattico Leviatn hispnico.

Publicado por John Brown en Iohannes Maurus

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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