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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2010

Brasil y la lucha contra el narcotrfico
Matar al paciente para derrotar al cncer

Susana Merino
Rebelin


No otra cosa es lo que est intentando la embestida, del conjunto de fuerzas, policiales y militares brasileas, al complejo El Alemn que comprende 16 favelas, esos compactos conglomerados de casuchas miserables apiadas en los morros de un paisaje deslumbrante, adonde penosamente sobrevive una parte importante de la sociedad carioca.

Segn algunos clculos, no s si existen datos precisos, son cerca de mil las favelas que segn la definicin del Plan Maestro de la Ciudad de Ro de Janeiro, de 1992, son reas predominantemente habitacionales, caracterizadas por la ocupacin de la tierra por poblacin de bajos ingresos, sin infraestructura urbana y de servicios pblicos, vas estrechas y sin alineacin, lotes de forma y tamao irregular y construcciones edificadas casi exclusivamente por autoconstruccin con materiales de desecho y sin el menor respaldo legal.

Esta situacin que comenz a conformarse a fines del siglo XIX y comienzos del XX, hace ya por consiguiente ms de un siglo, ha venido creciendo desde entonces desordenada y caticamente hasta llegar a albergar alrededor de medio milln de personas (480.429 habitantes segn el Censo del ao 2000) que no cuentan con los servicios bsicos pero que s han visto construir en cambio en una de ellas, de acuerdo con los modernos mtodos de exclusin, un muro de 650 m de longitud para aislarlas del rea urbana legal.

Algunas de estas favelas se fueron convirtiendo con el tiempo en refugio seguro para la delincuencia y el narcotrfico, sometiendo al resto de la poblacin del rea a una convivencia y a una forzada aceptacin agudizadas por las crecientes condiciones de pobreza, de falta de trabajo y de marginacin de las ltimas dcadas. Un refugio respaldado por negocios millonarios que durante aos han aceitado los resortes del poder y que ha estallado ahora en una guerra que el mismo presidente Lula ha aceptado como tal movilizando una inusitada infraestructura militar destinada a atacar a unos calculados 200 narcotraficantes enquistados en una poblacin de cerca de 70 mil habitantes quienes son los que finalmente acusarn el mayor impacto y aportarn como siempre la mayor cantidad de vctimas y de prdidas materiales.

Una destacada dirigente de la justicia paulista, la secretaria del Consejo Ejecutivo de la Asociacin de Jueces para la Democracia (AJD) doctora Kenarik Boujikiab Felippe ha puesto el dedo en la llaga definiendo la respuesta que dieron las fuerzas de seguridad y la onda de violencia en Ro de Janeiro, como un verdadero engao y agregando que lo que se ve es el encarcelamiento de los pequeos. Para lograr un verdadero efecto es preciso combatir a los de arriba. Los de abajo son sustituibles afirma sealando que la punta de la pirmide es el empresario que gana mucho dinero con el trfico. Ese es intocable

Algo parecido aunque en pequesima escala pero conceptualmente similar a lo que ha pasado recientemente con la comunidad Quom de Formosa, a la que se ha castigado por no someterse a la codicia de terceros enancados en el poder, en el sentido de haber recurrido a la represin policial institucional, castigando a los ms dbiles en lugar de juzgar y condenar a los responsables del problema.

Si fusemos ms afectos a los viejos refranes y no menospreciramos la sabidura popular recordaramos ahora aquello de que cuando las barbas del vecino ves afeitar para ir tomando conciencia de que tambin entre nosotros est creciendo solapada y silenciosamente una hydra de tantas cabezas como villas de emergencia proliferan en la regin y cuya hiel letal no es otra que el reiteradamente denunciado paco que tan mortalmente viene atacando y dando muerte a los ms desprotegidos pero que tan poca atencin merece de los responsables de la seguridad y del bienestar de los ciudadanos.

Ms de una vez el grupo de sacerdotes de la Opcin por los Pobres ha denunciado que as como el Mal de Chagas es una ventana que exhibe la pobreza del interior de nuestro pas, el paco denuncia la miseria de las grandes periferias urbanas y habra que agregar el del riesgo ya instalado de que esos mbitos se conviertan en inexpugnable refugio de quienes lucran con el dolor y la vida de sus semejantes porque como dice el P. Pepe di Paola el paco es el nuevo rostro de la exclusin, pero ms sangriento Tampoco puedo dejar de citar otra de sus conclusiones: Si la comunidad entera no asume su responsabilidad, esto va a resultar demasiado caro porque creo que solo a partir de la concientizacin civil, podramos alentar por lo menos la vaga esperanza de que el poder poltico asuma sus responsabilidades y arbitre los medios para que esas olvidadas y denigradas comunidades marginales adquieran un status urbano digno en el que sea definitivamente innecesario recurrir a la represin y a la violencia para extirpar los males que en las condiciones actuales seguirn prosperando en su seno.

Un status al que se accede desde muchos y muy diferentes rumbos comenzando por el de cumplir con uno de los principios bsicos que establece el artculo 14bis de nuestra Constitucin nacional el acceso a una vivienda digna, lo que no solo implica cuatro paredes y un techo sino tambin, agua potable, energa, cloacas, etc. pero tambin la necesaria inclusin de otros servicios como educacin, salud, transportes y generacin de fuentes de trabajo que respalden el mantenimiento de las personas y de las familias. Condiciones todas que no por reiteradamente reclamadas estn siendo siquiera medianamente atendidas hasta que un da fruto de ese postergado y nunca asumido compromiso social se las haga estallar por los aires, como est sucediendo con las favelas de Ro convirtindonos en testigos y responsables de un horror previsible y largamente anunciado.

Hace pocos das el peridico Jornal do Brasil publicaba un reportaje, hecho en la crcel, a uno de los jefes narcos ms importantes de San Pablo, apellidado Marcola y vale la pena mencionar algunas de sus declaraciones porque ponen de relieve la fatuidad de un personaje cuyo enorme poder lo hace sentir (y tal vez lo sea) dueo de la situacin: yo soy una seal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante dcadas y antiguamente era fcil resolver el problema de la miseria. El diagnstico era obvio: migracin rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solucin nunca apareca Qu hicieron? Nada.

Usted cree que quien tiene 40 millones de dlares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dlares la prisin es un hotel, un escritorio Cul es la polica que va a quemar esa mina de oro, entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y "colocado en el microondas".

Nosotros tenemos mtodos giles de gestin. Ustedes son lentos, burocrticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraa. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre 38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la mana del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en "super stars" del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la poblacin de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos "globales". Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros "clientes". Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos.

Esto y mucho ms en un tono temible pero que es el mismo que seguramente usan los que asolan los estados de Mxico lindantes con los EEUU y que ha desmadrado totalmente la relacin gobierno-delincuencia en aquel pas.

No se elimina el cncer destruyendo sus madrigueras porque mientras existan clulas madre enquistadas en el poder y se sigan manteniendo y desarrollando caldos de cultivo aptos para su reproduccin se producirn metstasis y recidivas cada vez ms difciles de combatir. Pongamos las barbas en remojo

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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