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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-12-2010

Miedo y seguridad

Alberto Piris
El viejo can


En una vieta de El Roto, publicada en el diario El Pas el pasado mes de enero, se lea sobre el frontispicio de un negro portn, ante el que haca guardia un sombro y amenazador vigilante uniformado, la siguiente inscripcin: "Por su propia seguridad, permanezcan asustados", remedando en cierto modo los repetidos avisos tan escuchados en aeropuertos y estaciones.

Era una brillante manera de vincular estrechamente, de modo grfico, dos conceptos que vienen configurando las inquietudes de gran parte de la humanidad: el miedo y la seguridad. Dos conceptos a cual ms borroso e indefinido, y que, por esa misma razn, se convierten en tiles instrumentos para manipular a las personas, cuando se idealiza la seguridad como una aspiracin absoluta y se recurre al miedo para abdicar de la propia dignidad humana, aceptar humillaciones y renunciar a los ms elementales derechos.

Ni siquiera en los momentos ms inquietantes de la pasada Guerra Fra, cuando algunos paranoicos individuos construan refugios antiatmicos en sus jardines y los habituales agoreros de las catstrofes hacan su agosto anticipando el apocalipsis nuclear, ha estado la humanidad tan asustada como ahora y tan dispuesta a aceptar lo inaceptable en aras a disfrutar de una imaginaria seguridad.

Siendo muy amplio el espectro de los efectos producidos por el miedo y afectando a muy diversas facetas de las actividades humanas, merece la pena detenerse un poco sobre una de ellas, que ha suscitado recientemente amplias protestas: el control de los viajeros de las lneas areas.

Cuando un pasajero estadounidense, indignado por el vergonzoso trato recibido en un aeropuerto de su pas, protest airadamente, el agente de la Transportation Security Administration (TSA) que lo cacheaba sin contemplaciones le advirti: "Al comprar su billete de avin usted est renunciando a muchos de sus derechos".

Este suceso se cita en el texto de un proyecto de ley que, para llamar la atencin sobre los exagerados extremos a los que se est llegando en lo relativo a la seguridad en la aviacin comercial, ha presentado un congresista del partido republicano, Ron Paul. Con l trata de "proteger a los americanos (sic) del abuso fsico y emocional causado por los agentes de la TSA que efectan controles en los aeropuertos nacionales". Para justificarlo, recuerda que "hemos ledo los casos de americanos sometidos a humillantes mquinas de imagen corporal o forzados a ser manoseados y palpados en las partes ms ntimas de su cuerpo".

Tras afirmar rotundamente que los ciudadanos jams deberan abdicar de sus derechos para poder viajar en avin, comparaba los derechos garantizados por la Constitucin de EEUU, que son "inalienables", con los de la antigua Constitucin Sovitica, que podan ser anulados en cualquier momento a capricho del Gobierno.

Es interesante leer el final del texto presentado al Congreso: "Mi legislacin es sencilla. Los registros de seguridad en los aeropuertos no estn por encima de ninguna legislacin de EEUU que regule el contacto fsico con otras personas, la captacin de imgenes o el dao que pueden causar los aparatos emisores de radiaciones". Terminaba as: "Imaginemos que las elites polticas de nuestro pas hubieran de sufrir en los aeropuertos las mismas vicisitudes que los que viajan por negocios, por asuntos familiares y todos lo dems. Quiz este problema se resolviera si cada miembro del Gobierno o del Congreso o de otras instancias de la administracin de Obama tuvieran que ser sometidos a los mismos degradantes procedimientos de registro que sufren los ciudadanos que pagan sus sueldos".

Al ser preguntada Hillary Clinton hace unos das sobre los citados registros y cacheos afirm que a ella no le gustara sufrirlos, si pudiera evitarlo: "A quin le gusta eso?", aadi. Pero declar que esas medidas "ofensivas" eran importantes para la seguridad. Naturalmente, segn se comenta en la prensa estadounidense, la Secretaria de Estado casi nunca ha tenido que atravesar descalza un arco detector de metales, estirar los brazos para ser explorada por un detector de explosivos o analizada por una cmara de revisin corporal, ya que desde 1992, como esposa del entonces presidente, viene disponiendo de la proteccin especial de los servicios secretos.

La indignacin que el congresista muestra en su propuesta legislativa no se extiende a la mayora de la sociedad estadounidense que, segn recientes encuestas, acepta con gusto las molestias que implican los cada vez ms exigentes controles previos a embarcar en una aeronave. Lo mismo, aunque a menor escala, se advierte en la opinin pblica europea. Nos han hecho creer que cachendonos, privndonos del cinturn, hacindonos extraer los ordenadores de los maletines mientras observan cansinamente en una pantalla el contenido de stos, viajamos plenamente seguros. Saben que la plena seguridad es inalcanzable; pero nuestro miedo les ayuda a engaarnos.

http://www.javierortiz.net/voz/piris



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