Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn: 25 aos de su fallecimiento
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-12-2010

Texto de 1970
Intervencin en el Pleno del Comit Central del PCE de 1970

Manuel Sacristn Luzn
Rebelin


Nota de edicin. (Miguel Manzanera Salavert)

Entre las intervenciones polticas de Manuel Sacristn dentro del PCE figura esta alocucin al Comit Central, en la que se expone la problemtica de las nacionalidades desde el punto de vista marxista y leninista. La poltica comunista sobre este punto se basa en el reconocimiento del derecho de autodeterminacin, expuesto con singular claridad por Lenin, y toda la reflexin posterior de los y las intelectuales marxistas que han continuado su lnea de pensamiento dentro de esa lnea se encuentra Dolores Ibarruri, citada por Sacristn en el texto-.

Por otra parte, merece la pena subrayar que esa doctrina poltica de la autodeterminacin de los pueblos, fue elaborada y expuesta tal vez por primera vez- por el dominico Bartolom de las Casas en su De Regia Potestate, como consecuencia de su labor de defensa de las comunidades indgenas americanas frente a la invasin espaola. Esa doctrina, unida a la del derecho internacional y los derechos naturales, fue luego desarrollada por la escuela de Salamanca y posteriormente recogida por Hugo Grocio, quien la difundi por Europa, y es el antecedente de la moderna teora de los derechos humanos.

En los documentos del Archivo Histrico del PCE, donde est guardado el texto que reproduce este discurso de Sacristn, se indica la autora a travs de un seudnimo Ricardo-, utilizado por l en aquellos aos.

***

INTERVENCION EN EL PLENO DEL CC DEL PCE (verano 1970)

Camaradas, si no he percibido mal, en la intervencin del camarada Luis haba un elemento de sorpresa que yo tambin comparto, y es que en bastantes de nosotros se nota bastante inquietud ante el problema nacional. Uno puede sentirse sorprendido, sin querer ignorar las dificultades, por el hecho de que nuestra doctrina de las nacionalidades es una doctrina clara y realmente sin problema de concepto ninguno. Es uno de los principios ms claros y radicales, explcitamente expuesto por la camarada Dolores en su trabajo, el principio de autodeterminacin; radical en un sentido marxista, en el sentido de Marx. Por una parte no tiene reservas ni en su concepcin ni en su aplicacin, y por otra parte no tiene tampoco ideologizacin.

Ser radical, deca Marx, es coger las cosas por la raz, y la raz de las cosas es el hombre. La raz de nuestra concepcin del problema de las nacionalidades no son conceptos ms o menos mitolgicos, de patriotismo antiguo, de fidelidades feudales, ni de mitos burgueses, sino la presencia real de los individuos con sus caractersticas nacionales en las diversas localizaciones geogrficas.

Tal vez la inquietud que injustificadamente, puesto que la doctrina es tan clara, podemos sentir a veces se deba a dos causas, si no contradictorias, al menos concurrentes en direcciones contrarias. Por un lado, la objecin de tipo abstracto, de tipo extremista, de que el tema de las nacionalidades, el problema o el concepto es de origen burgus. Por otro lado, la crtica confluyente con esto y en sentido opuesto de que no nos tomamos en serio las entidades nacionales.

A lo primero hay que decir bastantes cosas, pero voy a decir pocas para no rebasar el tiempo previsto. Quiz la primera que habra que tener siempre presente es que aunque nos digan que un tema trabajado por nosotros es un tema de origen burgus, no nos han dicho absolutamente nada. El origen histrico de un fenmeno o de un problema no lo agota ni mucho menos. Igual es de origen burgus la ciencia moderna, la fsica por ejemplo o la qumica.

Si hubiera que calificar desde el punto de vista de clase las cosas por su gnesis, ya podramos borrarnos lo poco o lo mucho que sepamos de geometra, porque resulta que sera esclavista puesto que es un tipo de producto cultural nacido en el esclavismo. Y no es que no haya relacin entre el esclavismo y la geometra, claro que la hay. Sin una determinada estructuracin de la agricultura que fue posibilitada por el esclavismo, no habra habido geometra. Y sin el desarrollo de fenmenos incipientemente burgueses, supongo que tampoco habra habido aparicin de fenmenos nacionales, tal como los conocemos al menos. Pero es que la relacin gentica de nacimiento de un fenmeno con una estructura clasista, con un sistema social, no determina ni mucho menos para siempre todos sus contenidos sociales o significaciones sociales cuando cambian los sistemas mismos, cuando cambia la estructura. Porque lo que determina los contenidos parciales de la dialctica es la estructura total. Esto es en general lo primero que habra que decir. Lo segundo es que las naciones tal y como las conocemos no coinciden exactamente con lo que cuentan los libros de historia. Los libros de historia los han hecho ellos y segn los libros de historia, las naciones que conocemos son pleno fruto de la fecundidad de la burguesa. Yo no quiero negar la fecundidad de la burguesa, sera ridculo, sera no ser marxista. No hay quiz ninguna exposicin tan esplndida y abierta a la fecundidad de la burguesa como el Manifiesto Comunista, que el manifiesto del 48. No se trata de negar eso ni mucho menos.

Pero lo que no es ni mucho menos verdad, es que el fenmeno de la constitucin de las nacionalidades haya sido un fruto tan directo de la evolucin burguesa como parece en las historias. Por ejemplo, no se ve por qu, no hay ninguna ley interna a los rasgos nacionales, para que lo que se llama la nacin francesa tuviera que ser ms nacin que lo que habra podido ser una nacin occitana con trozos de lo que hoy es Francia y trozos de lo que hoy es Espaa; o en el caso de Euzkadi exactamente igual.

Propiamente, lo que s es fruto de la burguesa es el Estado nacional. Un estado que no coincide necesariamente, como manifiestamente lo prueba el caso espaol, pero tambin cualquier otro como el francs, con una nacionalidad. Es nacional en el sentido que representa el dominio y tambin la hegemona, la funcin dirigente de una determinada burguesa nacional. En el caso de Francia la del centro, la del ncleo parisiense, y en el caso espaol no me atrevo a decirlo porque es demasiado complicado histricamente; en el caso italiano, la Toscana, etc.

Precisamente esto, la no coincidencia estricta entre cosas a las que se puede llamar nacin, por ejemplo Euzkadi, por ejemplo Occitania, y aquello a lo que llaman nacin las historias burguesas y que es el Estado nacional, est detrs de una afirmacin del camarada Alfonso de hace un rato. A saber, que en el fenmeno nacional tal como lo conocemos ahora, sin resolver por la burguesa, hay un visible predominio del elemento sobrestructural. Por qu? Porque los elementos bsicos, es decir, los econmicos, fueron ms o menos cristalizados con la constitucin del mercado que en cada caso dio pie al Estado nacional. Pero como el Estado nacional no es exactamente una nacin, han quedado elementos no fundamentados, ni en la delimitacin del mercado, ni por tanto recogidos por el poder, que quedan no solo como sobrestructuras, sino como sobrestructuras sin poltica, casi solo como cultura. De aqu el aspecto muy cultural que tienen algunos fenmenos nacionales: el occitano a que me he referido antes.

Esto no es ninguna manera ma. Es que en el PSU lo cultivamos un poco por razn de alianzas con camaradas franceses que trabajan tambin con nosotros. O reflexiones muchas ms de este tipo, -yo no soy ningn historiador-, deben quitar toda inhibicin ante el reproche sin fundamento de que tratar el problema nacional era tratar un problema burgus. En absoluto.

La creacin burguesa del Estado nacional, el hecho de rasgos nacionales es un hecho radical, son rasgos que estn en el hombre: su lengua, su constitucin psicolgica, muchsimos otros elementos que no se trata de enumerar y que precisamente porque no se quedaron calcados en la realidad econmica la burguesa no resolvi, pues ella ha sido un agente muy fecundo, pero dentro del reino de la necesidad.

Si la dinmica del reino de la necesidad no bastaba para resolver el problema occitano, para satisfacer el desarrollo nacional, el desarrollo de los rasgos nacionales occitanos, culturales, quedaron sin resolver. Si, en cambio, la necesidad dio bastante para resolver de un modo u otro la expansin nacional del ncleo francs, eso fue resuelto.

Este problema de las nacionalidades en lo que tiene de irresuelto apunta, como otros tantos problemas de gnesis burguesa, -los de las libertades, los de la democracia,...-, precisamente ms all del reino de la burguesa, hacia ms all del reino de la necesidad.

Ya recogiendo brevemente en el otro sentido el problema, el reproche de que no nos tomamos en serio el problema de las nacionalidades, tampoco querra poner la cosa rosa, puede ocurrir que muchsimos comunistas no se lo tomen en serio. Confluyen en esto dos posibles causas histricas. Una, la que se ha puesto de manifiesto aqu, la opresin de la oligarqua dominante espaola. Y otro que no se ha dicho, pero que habra que decirlo porque lo llevamos ms dentro, y es el centralismo, el estatismo de la segunda tradicin marxista, de la tradicin socialdemcrata, que realmente fue muy ciega para este tipo de problemas por la enorme importancia dada al Estado y a las instancias centrales en la resolucin de cualesquiera de problemas sociales.

Por eso puede ocurrir el que muchos de nosotros seamos poco sensibles. Yo me he visto obligado hace aos en Barcelona a convencer durante largos minutos a un conocido intelectual comunista madrileo -yo tambin lo soy y no es que con esto quiera acusar a los madrileos- para que en la conferencia que tena que dar en Barcelona de economa regional y que se aproximaba por minutos, no cometiera la barbaridad de decir que Catalua era una regin y el cataln era un dialecto; lo que estaba dispuesto a hacer siendo un intelectual brillante, uno de los intelectuales comunistas ms brillantes del pas. Era angustioso porque era una carrera contra el reloj. Se acercaba la hora y la discusin no llegaba a resultados.

De modo que esto no lo ignoro. Pero de todas maneras, si uno parte con una claridad doctrinal como la nuestra, que sobre este punto es tan clara que llega a ser simple, yo no veo que haya que temer particularmente el reproche de que no nos tomamos en serio la cuestin de las nacionalidades. Acaso subjetivamente tal o cual camarada no lo haga, pero el movimiento es absolutamente inequvoco al respecto.

Y por otra parte, aunque esto pueda ser injustificado, porque en el caso de los camaradas de Euzkadi, que es en el que ms preocupante ha resultado el tema, tal vez no sea as, dir que no se puede olvidar que en esas discusiones hay tambin mucho de oportunismo del enemigo. Esto lo puedo ilustrar, y con esto termino, con una experiencia que el camarada Estvez y yo, y otro camarada que no est aqu, vivimos no hace mucho tiempo, a principios del 68 o final del 67, en Barcelona, y que es lo siguiente.

Tenamos que ir ante un grupo de intelectuales catalanes un poco como acusados, un poco como sospechosos de inautenticidad ante el problema nacional, para argumentar que no, que el PSU es un partido cataln y que el P C tiene una poltica de nacionalidades correcta. Nos reciban como jueces, tenamos que argumentar largamente, y de repente ocurren los hechos de mayo y se produce una cierta contaminacin de extremismo en la intelectualidad barcelonesa y en los estudiantes. Entonces un tercer camarada, ni Estvez ni yo, pero que haca relaciones de este tipo, se vio obligado en la semana siguiente a defenderse de la acusacin de catalanismo procedente de los mismos medios y de dos de las tres personas ante las cuales, semanas antes, Estvez y yo habamos tenido que justificar la naturaleza catalana del Partido.

No quiero generalizar esto. Muy posiblemente los reproches con que os encontris son sensatos. Pero en cualquier caso, yo no veo que ninguna otra fuerza poltica hoy existente tenga la claridad, que ya limita con simplicidad, de la doctrina nacional nuestra. Yo creo por tanto que, por inmaduro que est el tema, entre vosotros no lo s -y me sorprende un poco, porque entre nosotros en el PSU no lo est-, no hay motivo para tener inhibiciones al respecto.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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