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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-12-2010

Tolstoi

Ricardo Rodrguez
Rebelin


Quiero hablarles de Tolsti, de cuya muerte se cumpli el centenario el pasado 20 de noviembre.

Ya s que no toca, y que andamos todos angustiados por sucesos demasiado graves como para distraernos con la menudencia de recordar a uno de los ms grandes escritores de la historia. Lo s, me haba dado cuenta con asombro de lo poco que se ha hablado por estos pagos del autor de Guerra y paz, la que para muchos, entre los que me incluyo, es una de las diez mejores novelas que se han escrito nunca, si no la mejor de todas. No corren tiempos propicios para la buena literatura, ni tampoco para la observacin meticulosa de la realidad o para la duda sincera, virtudes ambas de la obra de Tolsti.

Hemos pasado una semana atroz, que comenz con una nueva carga contra nuestro pas de los mercados -pues es as como hoy se llama a la oligarqua financiera, para espanto de mi frutero-, y ha finalizado con el estallido de un dursimo conflicto laboral de los controladores areos, resuelto por el gobierno manu militari. Es el signo de la oscura poca en la que nos adentramos. El hbito de razonar se considera un vicio paralizante del que hay que librarse; se exige contundencia, dureza, nimo feroz e implacable. Se le pide al gobierno que muestre determinacin y el gobierno responde que no le temblar el pulso, y sin temblor alguno decide condenar al hambre a las ms de medio milln de familias que sobreviven con la ayuda miserable de 426 euros, malvende la riqueza pblica y baja por ensima vez los impuestos a las empresas.

La humanidad, e incluso la compasin, rasgos tan propios del carcter del padre de Ana Karenina, suponen hoy un lujo que quienes mandan no nos permiten. Hay que adoptar medidas anti populares, urgen comentaristas en todos los coloquios televisivos y editoriales de prensa, como si el mero hecho de que irriten a la gente o empeoren su vida hiciese que las medidas fuesen necesarias, quiz por aquella vieja mxima de que quien bien te quiere te har llorar. Y quin ha concedido a los comentaristas la gracia de ver, por encima de sus conciudadanos, lo que a sus conciudadanos conviene aun en contra de su voluntad? Porque ste es el tono inconfundible de la mentalidad pre fascista, la exigencia conminatoria de un golpe de azadn, como reclamaba un terrateniente en la pelcula Novecento.

Por eso, precisamente, me van a permitir ustedes que recuerde ahora que, hace casi un siglo, confinado entre las fras alamedas de Ysnaia Poliana, Lev Tolsti, uno de los ms grandes escritores de la historia, trataba de comprender la turbulenta poca que, a l como hoy a nosotros, le toc vivir. Y vacilaba. Y se compadeca por la suerte de los ms dbiles, y en ocasiones hasta le repugnaba su propia condicin de aristcrata. Buscaba respuestas en una sensible y contradictoria conciencia religiosa, tan poco convencional que la Iglesia ortodoxa lo excomulg en 1901 (en este ao de 2010, la autoridad religiosa de su pas ha vuelto a negarse a perdonarlo, cosa que por otro lado seguramente Tolsti jams hubiese pedido, argumentando que, a pesar de su excelencia artstica, sus ideas hicieron mucho dao a Rusia y al cristianismo; o sea que seguimos como estbamos).

En sus ltimos aos, Tolsti lleg a poner en duda que hubiese merecido la pena el magnfico tesoro de sus mayores obras literarias. Comprenda las razones del movimiento revolucionario y al mismo tiempo hua de l. Declar que abominaba la lucha poltica y que lo que anhelaba era encontrar un camino de perfeccionamiento individual das antes de la masacre de manifestantes pacficos ordenada por el zar el 9 de enero 1905, y luego se sinti horrorizado de su propia pasividad frente a monstruosidad semejante.

Muri atormentado por la duda, en medio de un volcn que vino a entrar en erupcin muy poco despus. Pero nos leg uno de los ms preciosos frutos del espritu humano. Y es seguro que, de no haber dudado, su creacin no hubiera alcanzado ni a sombra de la prodigiosa y turbadora belleza que logr, ni mucho menos nos hubiese regalado a personajes tan asombrosos como el prncipe Andrei o Natasha Rostova.

Maana, si lo prefiere despus del linchamiento correspondiente a los controladores areos, o a los funcionarios, o a los conductores de metro, o a los inmigrantes rabes, que siempre estn a mano, o quien quiera que entonces toque aplastar con el sagrado yugo de nuestra sagrada indignacin, busque un rato para leer o releer un libro de Tosti. Y pregntese de paso si no pudiera ocurrir que se hubiese equivocado en su ltima eleccin de culpables. Mire si no hay otra esquina desde la que mirar. Tal vez no sea tiempo perdido.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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