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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2010

El BCE contra la Reserva Federal

Pedro Montes
Rebelin


De repente se hizo la luz. Toda la angustia desatada por la crisis financiera europea se ha visto disipada por un descubrimiento que puede remediarla de inmediato. Los expertos de la derecha, Felipe Gonzlez con su profundo conocimiento de la economa y hasta la izquierda han hallado una solucin que entusiasma lgicamente a todos. Deberamos gritar: Milagro! Milagro!, o los menos creyentes y ms atrados por la ciencia: Eureka! Eureka!

La solucin: que el Banco Central Europeo -BCE- compre toda la deuda pblica soberana de los pases del euro necesaria para acabar con la presin de los mercados y la especulacin contra algunos pases. Se tratara de repetir lo que ha hecho la Reserva Federal en Estados Unidos, que ha comprado masivamente cientos de miles de millones de dlares de bonos emitidos por el gobierno estadounidense para hacer frente a las diversas consecuencias de la crisis.

En otros tiempos esto se llamaba monetizar el dficit, algo poco ortodoxo pero de gran ayuda para conducir la poltica econmica: ante una situacin deficitaria, los gobiernos acudan al banco emisor y obtenan el dinero necesario para lo que estimasen conveniente a cambio de nada: antes, unos ttulos de deuda pblica grabados en buen papel; ahora, un asiento contable y virtual en el balance del Banco Central. Una buena manifestacin del poder del Estado cuando mantiene su soberana plena.

Como deca, ante la inquietud que recorre Europa, algo tan elemental debera haberse pensado hace tiempo, al punto de que sorprende que siendo un remedio tan sencillo no se les haya ocurrido antes a quienes ahora lo proponen. Si bien, y por la misma razn, cabe preguntarse si una operacin tan natural oculta problemas que se nos escapan. Y s los hay, como tratar de exponer.

Estados Unidos es un pas que emite una moneda, el dlar, que cuenta con un presupuesto federal nico y con la capacidad del Gobierno de emitir deuda pblica y hacrsela comprar a su Banco Central, la Reserva Federal. Si el BCE decidiera hacer lo mismo, tiene antes que pensar qu deuda adquiere entre la de cada uno de los 16 pases integrados en el euro. Porque tratndose de un favor o de un regalo, si llegara a mantenerse indefinidamente en su balance la deuda comprada, debe preguntarse a qu pases beneficia y en cunto. Si hubiera un sistema fiscal nico en la zona del euro la cuestin se parecera a la de Estados Unidos, pero ocurre, y es una de las grandes carencias del euro, que cada pas tiene su propia fiscalidad y sus propias cuentas pblicas, de modo que, puestos a distribuir regalos, hay que pensar en algn criterio para hacerlo.

Se comprende que dar a cada pas lo que quiera es un disparate, porque sera darle a la mquina de hacer dinero sin ningn control, la poltica monetaria dejara de existir y la inflacin se alimentara hasta un punto insostenible. Adems se abrira una guerra de gasto pblico, puesto que los pases dejaran de vigilar sus presupuestos pensando que los dficit los cubrira el BCE a costa del resto de pases miembros del euro. Como esas cenas en los restaurantes en que la factura se eleva sin freno cuando cada uno, al pedir su plato, piensa que su exceso lo distribuye entre el resto de comensales. Y aunque se trata de un aspecto formal, susceptible de cambiarse en cuanto otros intereses superiores entren en consideracin, el BCE tiene entre sus objetivos declarados controlar la inflacin en el 2% anual, cosa que sera imposible si no est en sus manos controlar la cantidad de dinero que crea y pone en circulacin.

Se estar de acuerdo, pues, en que a la panacea descubierta hay que ponerle lmites o reglas. Hay que fijar qu cantidad de deuda soberana debera comprar el BCE de cada pas, atendiendo a algunos criterios, como podran ser: un porcentaje del PIB, o de la deuda pblica en circulacin o, bien, del dficit pblico, si se tratara de ayudar a los pases con ms problemas.

Pero esto remite a una cuestin de fondo que est latente en la falta de acuerdo que existe entre los pases europeos y el rechazo de la canciller alemana y el presidente francs a entrar en el juego de la compra de deuda pblica o la emisin de eurobonos, que para el tema que se expone es equivalente: deuda pblica avalada por todos los pases del euro para aliviar la presin de los mercados sobre la deuda pblica de algunos de ellos.

Alemania en primer lugar y otros pases sin problemas tambin deben pensar que no es lgico que se compre deuda pblica de los pases con ms desequilibrios, ya sea por el volumen de deuda acumulada o por los dficit actuales a los que tienen que hacer frente. Si ellos han cumplido en el control de sus cuentas pblicas y, sobre todo, si han llevado y mantienen una poltica fiscal ms rigurosa y pagan ms impuestos -lo que ha permitido no slo mantener un estadio del Estado del bienestar ms desarrollado, sino evitar incurrir en dficit insostenibles- no cabe esperar que sean proclives a cubrir los agujeros fiscales de los pases ms irresponsables, como ya han dicho Merkel y Sarkozy al rechazar la emisin de eurobonos. (Lo cual no prejuzga que no puedan cambiar de opinin si para sus intereses respectivos consideran que conviene otra opcin, como gobernantes de pases fuertemente acreedores).

Los ingresos pblicos de Alemania representaron el ao 2008 el 43,9% del PIB -elijo este ao para evitar las cifras de 2009 que, tras el impacto de la crisis, arrojan diferencias ms acusadas-. Otros ejemplos: Francia el 49,5%, Austria el 48,2%, Holanda el 46,6%. En contraste, Irlanda el 35,4%, Espaa el 37,1%, Grecia el 39,7% y Portugal el 40,6%. Es evidente que los ciudadanos de los primeros pases hacen un esfuerzo fiscal considerablemente mayor que los ciudadanos de los PIGS, por lo que no debe ser fcil vender a la opinin pblica de aqullos que ahora se debe comprar sin restricciones la deuda pblica de stos.

Todo ello sin entrar en grado de progresividad de los respectivos sistemas fiscales y en el nivel de rigor en la aplicacin de las normas impositivas, pero no est de ms recordar que en nuestro pas las ltimas reformas fiscales han tenido un marcado carcter regresivo con la rebaja de los tipos en el IRPF, el tratamiento de las rentas de capital y las reducciones del impuesto de sociedades (por no hablar de la eliminacin del impuesto de patrimonio, la casi desaparicin en muchas comunidades autnomas del impuesto de donaciones y sucesiones). Por expresarlo de un modo en apariencia demaggico peroreal, bien pudiera ocurrir que ahora se pretendiera que los trabajadores alemanes financiaran al Estado espaol por la ligereza e irresponsabilidad de los gobiernos del PP y del PSOE al implantar una poltica fiscal profundamente injusta, regresiva e insuficiente.

Existe, pues, un problema de fondo grave cuando se trata de resolver la crisis financiera europea proponiendo que el BCE compre deuda de los pases del euro. Si, como se ha insinuado, la compra de deuda por el BCE tambin debe extenderse a deuda privada, todo lo dicho se recrudecera. Se tratara ahora de que, en una gran operacin de rescate y de socializacin de prdidas, todos los ciudadanos de la zona del euro tuvieran que compensar los errores, los abusos, la asuncin ciega de riesgos, la especulacin y la corrupcin que han cometido, incluidos los bancos, las empresas privadas. Nuestro pas es un ejemplo sin parangn de todo ello.

Se cargan estos das las tintas contra la canciller Merkel y se afirma que Alemania no est a la altura de las circunstancias, supongo que como una frmula de sacudirse las responsabilidades propias por parte de algunos gobiernos europeos y de eludir el fiasco en que ha quedado el proyecto de la unidad europea tras el fracaso del euro, tan unnimemente respaldado en su da por lo que pueden considerarse todas las fuerzas vivas de Europa. Los desastres ocasionados por un proyecto tan disparatado estn pasando factura, pero sera injusto buscar chivos expiatorios porque, cuando se aprob el Tratado de Maastricht y la creacin de la moneda nica, pocas voces, por contar alguna, denunciaron el mal camino emprendido y los peligros que acechaban.

Se suele decir que Alemania siempre ha buscado su inters a la hora de manejar todo lo relacionado con el euro: la poltica monetaria seguida por el BCE, el tema del pacto de estabilidad, o la cotizacin del euro frente al dlar y a otras divisas. Pero esa es una acusacin tan ingenua que quienes la hacen descubren un fondo intelectual muy liviano, al hacer ostentacin de la ignorancia de qu es y cmo funciona el capitalismo. Alemania, y Francia, y los banqueros suizos, y Botn, y los autnomos espaoles, y los cosecheros de vino, y los trabajadores cuando piden subidas salariales, todos buscan su inters porque stas son las reglas del sistema.

Es indudable que la unin monetaria, al eliminar las monedas propias y fijar por tanto tipos de cambio irreversibles entre pases con capacidades econmicas muy diferentes, era un montaje muy desequilibrado y asimtrico a favor de los ms poderosos, con Alemania a la cabeza. Pero descubrirlo a estas alturas es un lamento pattico. Y pretender ser compensados ahora por ello, en medio adems de una crisis general que exacerba los intereses particulares, es una peticin infantil grotesca. Eso del inters general, o del espritu europeo, es moralina para engaar a ilusos o gente de buena voluntad. El farisesmo queda fuera de lugar. Ahora hay que aguantar la crisis que el neoliberalismo, con su exaltacin del mercado y el proyecto mercantil de la construccin de Europa, ha desatado.

Como deca, el descubrimiento del milagro que puede realizar el BCE recorre transversalmente a todas las ideologas. Como es lgico la derecha -y ah incluyo al gobierno del PSOE- pretende presionar y obtener algunos regalos, ganar tiempo, buscar proteccin, taponar la crisis que se avecina, generalizar el problema, evitar el desastre del euro y salvarlo si es posible, dado el alto rendimiento que ha dado para imponer polticas neoliberales. Todava intenta sacar provecho de la situacin impulsando reformas como la de las pensiones, la del mercado de trabajo o la negociacin colectiva, que nada tienen que ver con las causas de la crisis y nada aportan a su solucin.

Ms sorprendente es que tambin haya voces en la izquierda que consideran que el BCE debe participar activamente en solucionar la crisis. Parece como si no hubieran sacado conclusin alguna de la Europa de Maastricht, ni de la experiencia del euro, que no tuvieran opinin del origen y de las causas de la crisis y, ms grave an, que no hayan tomado conciencia de los peligros que corre nuestro precario Estado del bienestar. Respaldar la idea de un rescate por las instituciones europeas es aceptar de antemano las condiciones siniestras que suelen imponer, como ya lo resienten los ciudadanos griegos y los irlandeses.

No es el papel de los intelectuales de la izquierda comportarse como hombres de Estado que cargan sobre sus livianos hombros los problemas del sistema y tratar de aparecer como personas sensatas y razonables ante un desastre tan pavoroso como se ha generado. No es hora de esforzarse en buscar soluciones correctas para ser aceptados, sino de pensar en cmo defender los intereses de la clase obrera y los sectores sociales ms crudamente castigados por la crisis ante las tormentas que se avecinan. Deberan tomar ejemplo de la coherencia con que la derecha y el gobierno servil del PSOE preservan los privilegios de las clases pudientes. Con casi 5 millones de parados, encuentran razones sobradas y justifican sin pudor alguno, ayer, la reforma para abaratar y facilitar el despido, maana, la reforma de las pensiones para elevar la edad de jubilacin a los 67 aos. Por supuesto, por el bien del pas.

El autor es miembro de la Coordinadora Federal de Socialismo 21


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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