Portada :: Opinin :: La Izquierda a debate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-06-2004

Contribucin a la polmica entre Celia Hart, Israel Shamir y Oscar Egido
Del modelo orwelliano o paradigma totalitario

Eduardo Nez
Rebelin


La polmica en torno a Stalin y la ideologa dominante como freno al desarrollo del trabajo intelectual honesto... la historia no la escriben los vencidos!

Transcurridos ms de 50 aos de la muerte de Josef Vissarionovich Dzhugashvili (Stalin) persiste el debate entre sus detractores y defensores. Por qu razn perdura en el tiempo esta polmica? Las razones son obvias, se quiera o no, la imagen de Stalin est estrechamente ligada con la primera experiencia (duradera en el tiempo) de un Estado socialista. Stalin fue el mximo dirigente del Partido Comunista (Bolchevique) y, por tanto, tuvo un papel decisivo en la historia de la Unin Sovitica a lo largo del periodo 1924-53. As pues, la causa de este eterno debate tiene su origen en la necesidad de un balance histrico capaz de extraer lecciones de la primera experiencia socialista de la historia, as como de su deterioro y colapso en 1991. Este debate lejos de estar acabado -como les gustara a algunos dogmticos que se quedaron en tesis y frmulas simplistas del siglo pasado- podramos decir que se encuentra en sus orgenes.

El siglo XX finaliz con la cada del Muro de Berln, con el colapso de la Unin Sovitica y, por tanto, con la victoria temporal del capitalismo mundial. As pues, el presente de la polmica entorno al balance del socialismo sovitico y la persona de Stalin se da en un contexto caracterizado por la hegemona intelectual y moral de la burguesa. En consecuencia, todas las parcelas de la realidad social (clases sociales, estratos sociales, estructuras sociales, etc.), especialmente en Occidente, centro del sistema capitalista mundial, estn impregnadas por esta hegemona. En este marco es lgico que la balanza entre detractores y defensores del socialismo sovitico y la figura de Stalin, lejos de estar en equilibrio, se decante por aquellos que las rechazan de pleno.

Hoy, las personas que tienen el coraje de defender el socialismo sovitico y a Stalin en su contexto histrico concreto son tratados como nostlgicos y dogmticos, son motejados con todo tipo de eptetos hirientes, se les coloca en la esfera de los fieles seguidores de un ser diablico, despiadado, inhumano y paranoico cuyo sistema totalitario perpetr los crmenes ms atroces y brbaros que la mente humana pueda imaginar. Para cualquier activista social, para cualquier intelectual acadmico, etc. siempre resultar ms cmodo seguir la corriente de pensamiento dominante que arrostrar de por vida con la etiqueta de estalinista. Una vez la Unin Sovitica y Stalin han sido elevados a la categora de prejuicio se evita todo tipo de debate racional, as como cualquier tipo de actitud mnimamente abierta que posibilite la bsqueda de materiales y/o argumentos que operen fuera del pensamiento dominante, se asume de forma acrtica la ideologa dominante.

Ante este torrente de ideologa dominante, slidamente asentado en las lites intelectuales y en las estructuras sociales y acadmicas del llamado primer mundo, se hace difcil cualquier ejercicio intelectual honesto en relacin a la figura de Stalin y, por tanto, en la direccin de realizar un balance justo de la experiencia sovitica. A pesar de esta realidad, un nmero creciente de historiadores, marxistas y no marxistas, estn haciendo frente a este muro impuesto a la racionalidad y la ciencia para desarrollar un estudio serio y riguroso que posibilite un balance ecunime de la figura de Stalin y del socialismo sovitico. Estos historiadores ya estn siendo atacados como revisionistas, locos, cmplices, etc. pero no importa, pues ya estn removiendo los cimientos sobre los cules se fundamenta la actual historiografa sovitica occidental.

Particularmente interesantes resultan los trabajos de historiadores no marxistas que estn basando su crtica, a los historiadores de derecha y extrema derecha como Conquest, sobre la base de la teora de los paradigmas (modelos) de Kuhn. Estos historiadores estn poniendo en jaque lo que podramos denominar la ciencia histrica normal basada en el denominado paradigma totalitario de la sociedad sovitica sobre la base del esclarecimiento riguroso de los denominados enigmas y/o anomalas de Kuhn. Entre estos trabajos destaca la obra de Philip E. Panaggio Stalin y Yezhov: una versin extra-paradigmtica.

Desde un punto de vista marxista, esto es, a la luz de una concepcin materialista de la historia, no hay ideologas, debates, polmicas o discusiones al margen, ni por encima, de los intereses de clase. Marx, en el prlogo a la primera edicin de su obra El Capital, escriba:

En economa poltica, la libre investigacin cientfica tiene que luchar con enemigos que otras ciencias no conocen. El carcter especial de la materia investigada levanta contra ella las pasiones ms violentas, ms mezquinas y ms repugnantes que anidan en el pecho humano: las furias del inters privado. (Karl Marx, El Capital, Ed. Fundamentos)

La obra de Marx, como no poda ser de otra manera, topaba directamente con los intereses de unas y otras clases. El descubrimiento de la plusvala mostraba el carcter explotador del sistema capitalista, la causa estructural de la lucha de clases bajo el capitalismo. Este hecho no poda dejar indiferentes ni a la burguesa ni al proletariado decimonnico.

Ocurre con la historia exactamente lo mismo. Tras la cada de los pases socialistas de Europa del Este y la Unin Sovitica, la burguesa est objetivamente interesada en evitar un anlisis cientfico que suponga un balance justo de la experiencia sovitica y de la figura de Stalin. Por el contrario, sin este balance, la clase obrera, los dirigentes sociales en general y los comunistas en particular quedarn inermes, carecern del acerbo terico y prctico necesario para hacer frente a las futuras situaciones revolucionarias del siglo XXI.

En este sentido destacan los trabajos y obras de personalidades comprometidas con la lucha por el socialismo como Mario Sousa (Mentiras acerca de la historia de la Unin Sovitica), Harpal Brar (El colapso revisionista de la Unin Sovitica) y Ludo Martens (Otra visin de Stalin, La contrarrevolucin de Terciopelo) entre otros, que evidencian, desde una ptica marxista, la debilidad terica y la parcialidad manifiesta -en una palabra- el sello de clase, del denominado modelo totalitario de la sociedad sovitica y del periodo histrico liderado por Stalin.

Algunos de los principales axiomas del paradigma totalitario o algunos de los principales dogmas de la ideologa dominante...

El seor Oscar Egido en su artculo El padrecito Stalin (rplica al justo artculo de Israel Shamir en respuesta a Celia Hart) nos honra con la tpica batera de argumentos que forman parte del modelo totalitario y que sern brevemente comentados en este artculo.

Es importante, por tanto, mostrar algunos de los principales axiomas (o dogmas) sobre los cules se sustenta el modelo totalitario y parte de su discurso:

1) Las prescripciones del desmo apologtico que sostienen la existencia de un Dios todopoderoso cuya voluntad determina todas y cada una de las dimensiones del universo. Adems, en este universo, las cosas estn dispuestas siguiendo un orden jerrquico piramidal en cuya cspide se encontrara Dios (Stalin) ejerciendo el poder y control absoluto.

Por tanto, Stalin est en el centro del paradigma dominante y, en consecuencia, sus facetas, defectos y virtudes juegan un papel primordial en las justificaciones del modelo totalitario. Por lo general, con algunas variantes, se nos presenta a Stalin como un ser paranoico, despiadado, un autntico genocida sin escrpulo alguno, un asesino de sus adversarios polticos con grandes dotes para la manipulacin y con un gran sentido de la oportunidad, etc. Estas cualidades, entre otras, sern las que posibiliten al revolucionario georgiano una hipottica autoproclamacin en la Secretara General del Partido en 1923.

La llegada al poder de Stalin se explica por su capacidad de explotar las debilidades de carcter de otros bolcheviques y los desencuentros personales, animadversiones, entre camaradas, por su capacidad para aislar y eliminar paulatinamente a todos sus adversarios polticos, en especial al legtimo heredero Trotsky. Este hecho se dio, naturalmente, contra la voluntad de Lenin, el cul vea en Len Trotsky - bolchevique de toda la vida! - su legtimo heredero. Por tanto, el ao 1923 marca el fin de las esperanzas en una construccin socialista en la Unin Sovitica.

2) Partiendo del punto anterior se plantea al modelo la necesidad de dar explicacin a la perpetuacin en el poder y largo liderazgo de Stalin.

Esto punto es explicado a travs del recurso al terror en forma sistemtica y masiva por parte de Stalin y su camarilla burocrtica (Molotov, Sverdlov, Malenkov, etc.). Asimismo, un Partido omnipresente desplegar los propsitos de Stalin desarrollando sus planes econmicos y sociales estalinistas tales como la industrializacin y la colectivizacin forzadas. El Partido burocratizado hasta la mdula tambin ser un aparato destinado al control social.

En esta lnea, la banda criminal de Stalin expresin de Trotsky- recurrir a todos los medios represivos a su alcance tales como el NKVD (polica de seguridad interna y servicio de inteligencia) para desarrollar las purgas o depuraciones, establecer la versin sovitica de los campos de concentracin nazis (los famosos gulags), se realizarn deportaciones masivas que tendrn como principales vctimas a las nacionalidades y tnias minoritarias, etc. Las purgas tendrn su punto lgido en el periodo 1936-38, periodo denominado Gran Terror.

3) Otro de los puntos cruciales para el paradigma totalitario es la eliminacin de la vieja guardia bolchevique.

Este punto da solidez al argumento segn el cul la direccin del Partido pierde su carcter revolucionario como consecuencia lgica de la desaparicin fsica de la vieja guardia. As se llega a la conclusin final de que la antigua direccin revolucionaria qued sustituida por una burocracia estalinista con intereses propios ajenos a la clase obrera y a la edificacin del socialismo.

Algunos de los apstoles del credo...

Desde el establecimiento del poder de los soviets hasta nuestros das, el cuerpo terico de este paradigma o modelo totalitario se vio nutrido con los aportes de determinados personajes. Estos personajes tambin jugaron un papel considerable a la hora de la difusin del paradigma o modelo. Considero, por tanto, que es necesario citar alguno de ellos, aunque slo sean los ms relevantes, y hurgar brevemente en su historia:

1) Len Trotsky, decidido enemigo de Lenin hasta 1914. En 1904, deca de Lenin que era un "escisionista fantico", un "revolucionario demcrata-burgus", un "fetichista de la organizacin" partidario de un "rgimen cuartelario", un "dictador queriendo sustituir al comit central", un "dictador queriendo instaurar la dictadura sobre el proletariado" para quien "toda intromisin de elementos que pensaban de otra manera era un fenmeno patolgico". Todos estos improperios sern repetidos poco tiempo despus contra Stalin. En 1913 escribi el leninismo descansa por completo en estos momentos, en la mentira y la falsificacin y lleva en su seno el elemento emponzoado de su propia desintegracin (E.H. Carr, La Revolucin bolchevique (1917-1923), Tomo I, Alianza Universidad).

El bigrafo del presidente estadounidense Woodrow Wilson, J.C. Wise, escribi: Los historiadores nunca deben olvidar que Woodrow Wilson hizo todo lo posible para que Len Trotsky entrara en Rusia con pasaporte americano. Trotsky durante la cada de la autarqua zarista en febrero-marzo de 1917 se encontraba en Nueva York, cuando decidi dirigirse a Rusia fue detenido por las autoridades de Canad y stas le permitieron continuar su viaje tras... la mediacin del Gobierno Britnico!

Trotsky nunca perteneci al Partido Bolchevique hasta Julio de 1917, es decir, a penas dos meses antes de la Revolucin Socialista de Octubre. En Diciembre de 1917 se opone a la Paz de Brest-Litovsk que permiti consolidar el Poder Sovitico y preparar la guerra contra la reaccin blanca apoyada por la intervencin de los catorce Estados de la Entente que haban ganado la Primera Guerra Mundial.

En el periodo 1924-26, se da el gran debate sobre la posibilidad o no de construir el socialismo en un solo pas. Trotsky, como antes de Octubre de 1917, vuelve a teorizar sobre el carcter reaccionario y atrasado del campesinado, niega la alianza entre la clase obrera y el campesinado medio y pobre defendida por Lenin. Trotsky declara que el poder sovitico se ver irremediablemente ahogado por el campesinado y, en una lnea claramente derrotista, afirma que la construccin socialista en un pas terriblemente atrasado como Rusia era imposible. Trotsky vuelve a sus fueros de la Revolucin Permanente y proclama la tesis metafsica de la exportacin de la Revolucin. Una vez descartadas sus teoras polticas por la mayora del Partido pasa al ataque personal contra Stalin y a la prctica de la conspiracin anti-sovitica. En su libro titulado Stalin, Trotsky, con tintes claramente racistas, escriba:

"El difunto Lenidas Krassin, viejo revolucionario, eminente ingeniero, brillante diplomtico del Soviet, y sobre todo, criatura inteligente, fue quien primero llam a Stalin "asitico". Al decir esto no pensaba en atributos raciales problemticos, sino ms bien en esa aleacin de entereza, sagacidad, astucia y crueldad que se ha considerado caracterstica de los hombres de Estado de Asia." (Len Trotsky, Stalin, http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1940s/stalin/01.htm)

En 1929 Trotsky se exilia de la Unin Sovitica para ser adorado hasta la saciedad por todas las lites occidentales. Churchill viendo la potencialidad de este gran bolchevique escribira en Grandes Contemporneos (1937): Trotsky se esfuerza por reunir a todo el hampa de Europa para derrocar el Ejrcito ruso.

A lo largo de los aos 30 como indica Churchill- Trotsky se vuelve un anti-comunista decidido, desarrolla su teora sui generis a prueba de imbciles del Termidor Sovitico en claro paralelismo con el Termidor de la Revolucin francesa iniciado en 1793. Desarrolla su teora del burocratismo sovitico, del Estado obrero degenerado, de la imposibilidad de la restauracin capitalista! y la Revolucin anti-burocrtica, etc.

"Slo verdaderos tontos son capaces de creer que proposiciones capitalistas, tales como la propiedad privada de los medios de produccin, o de la tierra, puedan restablecerse de una manera pacfica en la Unin Sovitica, y que desemboquen en un rgimen democrtico-burgus. De hecho el capitalismo slo puede restablecerse en Rusia a travs de un violento golpe de Estado contrarrevolucionario, que exigira diez veces ms de vctimas que la Revolucin de Octubre y la guerra civil." (Trotsky, El aparato policial del estalinismo, Ed. 10-18, Pars)

Pensemos las palabras del profeta desarmado a da de hoy, cuando hace ms de diez aos del derrumbe del Muro de Berln y del colapso de la Unin Sovitica... Slo verdaderos tontos?

A finales de septiembre 1938 se firma el Tratado de Munich, Francia y Gran Bretaa acceden a la invasin de Checoslovaquia por parte de Hitler a cambio de un Pacto de no agresin. Este Pacto, a diferencia del Pacto Molotov-Ribbentrop de 1939, siempre es olvidado por todos los reaccionarios de diversa ndole. Francia y Gran Bretaa empujaban a Hitler a la guerra contra la Unin Sovitica. En este contexto, Trotsky hace suyas las campaas iniciadas por la GESTAPO que preparaban el terreno para la agresin nazi. Por estas fechas, Trotsky llama al levantamiento de los soviticos contra la direccin bolchevique (direccin estalinista deca l) del Partido y difunde, junto con Radek y otros, la teora de que el poder sovitico no durara dos semanas frente a la maquinaria de guerra nazi.

"Solo un levantamiento del proletariado Sovitico contra la tirana vergonzosa de los nuevos parsitos puede salvar lo que queda en las bases de la sociedad de las conquistas de octubre" (Trotsky, El aparato policial del estalinismo, Ed. 10-18, Pars, 14 de noviembre de 1938)

2) William Randolph Hearts, conocido multimillonario norteamericano, propietario de un gran nmero de peridicos y radios en EE.UU., ayud a los nazis en la guerra psicolgica contra la Unin Sovitica.

William Hearts, ultraderechista hasta la mdula, en 1934 lleg a Alemania, donde fue recibido personalmente por el mismo Adolf Hitler. Tras este viaje, los peridicos del magnate, con ms de 40 millones de lectores en EE.UU., iniciaron una campaa propagandstica reaccionaria contra la Unin Sovitica y especialmente contra Stalin. Los medios de comunicacin de Hearts dieron cobertura a los propagandistas nazis en EE.UU. Entre otras mentiras y calumnias, Hearts, utilizando las invenciones suministradas por la GESTAPO, hizo difusin del famoso genocidio de Ucrania en el cual murieron ms de 6 millones de ucranianos como consecuencia de la colectivizacin bolchevique. Esta campaa iniciada por los nazis, responda a elucubraciones de Hitler escritas en Mi lucha [Mein Kampf]. El Frher hablaba en su libro de una Gran Alemania, tnicamente pura, que se extendiese hasta territorios soviticos. Ucrania, habitada por seres inferiores (eslavos, comunistas, etc.) deba ser el trigal de la Alemania nazi. Con esta campaa propagandstica, Goebbels preparaba el terreno para la agresin a la Unin Sovitica.

El nazi William Randolph Hearts muri en 1951 en su casa de Beverley Hills, California, dejando a sus espaldas una corporacin a su nombre que a da de hoy cuenta con ms de cien compaas y 15 mil empleados. Peridicos, revistas, radios, televisiones y agencias de prensa que siguen difundiendo verdades acerca del comunismo.

3) Robert Conquest anti-comunista visceral, exagente britnico, profesor en un despacho de Harvard que depende directamente del Pentgono y asesor electoral en varias candidaturas presidenciales del recientemente fallecido (y no por ello menos fascista) Ronald Reagan.

Robert Conquest es, decididamente, el creador de gran parte de los mitos y mentiras acerca de la Unin Sovitica y Stalin. Conquest atribuye millones de muertes al comunismo sovitico. En su libro "El gran Terror" (1969) sintetiz la mayora de los argumentos que conforman el paradigma totalitario.

La metodologa de Conquest se caracteriz como l mismo explica en el Prefacio de 1990 a la reedicin de su libro ya citado El gran terror- por elaborar las estadsticas referentes a las barbaridades estalinistas contando como nica fuente con personajes que huyeron de la Unin Sovitica tras la Segunda Guerra Mundial por su apoyo decidido a los crmenes nazis en territorio sovitico, as como con los materiales proporcionados por Khruschov en su famosa pre-glasnost.

Adems, Conquest escribi libros cuyos ttulos hablan por si solos de su nivel intelectual: Qu hacer cuando vengan los rusos? Manual de supervivencia; escrito, curiosamente, en 1984.

4) George Orwell, informador del gobierno britnico a la caza del enemigo comunista. Orwell delat a los servicios de inteligencia britnicos a gran nmero de comunistas y progresistas, apunt una lista de ms de 130 nombres entre los cules haba personalidades britnicas tan famosas como el actor de cine Charlie Chaplin y el dramaturgo George Bernard Shaw. Tambin figuraban en la lista maldita John Steinbeck y Orson Welles.

El modelo totalitario, igualmente, se apoya en creaciones literarias contenidas en libros como "Rebelin en la granja" y "1984", libros de George Orwell. Estas obras, desde principios de los aos 60, servirn a un gran nmero de acadmicos e intelectuales occidentales como modelo del paradigma totalitario: el gran hermano (Stalin), la polica del pensamiento (NKVD), doblepensamiento (distorsiones de la verdad por los estalinistas), agujeros en la historia (manipulaciones fotogrficas y modificacin de los libros en la sociedad sovitica), una sociedad de nulos mentales con el cerebro lavado, estructura piramidal en cuya cspide se haya el poder omnmodo, etc. Es una realidad que lejos de construir el modelo totalitario sobre la base de la realidad sovitica, los intelectuales y acadmicos operaron a la inversa, es decir, utilizaron el modelo orwelliano para entender y explicar la sociedad sovitica que ellos queran que existiese realmente.

Asimismo, la fantasa de otros autores como Soljenitsyn, reconocido admirador del dictador Franco y autor de Archipilago gulag y Un da en la vida de Ivn Ivanovich entre otros libros, o Medvedev, conocido opositor ruso que hoy se reclama admirador fantico del mafioso Putin, contribuyeron a desplegar otras dimensiones necesarias para la solidez del modelo totalitario.

Crtica al modelo totalitario de marxistas y no marxistas

Los paradigmas sustentados en principios destas no son aceptados como cientficos si bien se reconoce que son ampliamente utilizados por todo tipo de sectas con la finalidad de captar pblico. Esta captacin de pblico es fcil como consecuencia de la identidad existente entre principios destas y valores tico-morales judeocristianos. Este hecho explica en gran medida los grandes niveles de aceptacin de que goza el modelo totalitario sobre la sociedad sovitica en Occidente.

El modelo totalitario tiene sus principales axiomas justamente en aquellos puntos que implican grandes enigmas y/o anomalas. Esta debilidad es superada sobre la base de las omisiones premeditadas y descontextualizaciones, de invenciones y tergiversaciones histricas, de la introduccin de matrices de distorsin, de la parcialidad manifiesta en la toma en cuenta de testimonios, de la exageracin de las cifras, etc. Toda esta ciencia se realiza conforme a la adecuacin al paradigma, con la finalidad de darle solidez an cuando se desconoca totalmente la realidad de sovitica por Occidente. Esta ignorancia de lo que aconteca en la Unin Sovitica es un hecho omitido permanentemente, hoy se sabe que, por ejemplo, la nica fuente de informacin real con que contaba la CIA en el periodo 1946-54 era el nazi Reinhard Gehlen reciclado como jefe de la Bundesnachrichtendienst (BND) (servicio secreto de la Alemania Federal) por Allan Dulles. Tras el desmantelamiento de la Unin Sovitica los historiadores anti-comunistas del mundo entero corrieron a la busca y captura de los archivos secretos de la KGB, esperaban corroborar sus teoras apriorsticas repletas con la sangre de millones de muertos, presos en los gulags, vctimas de las deportaciones masivas, etc.

Los estudios recientes, a la luz de los materiales desclasificados, indican en relacin a los principales axiomas del modelo totalitario brevemente explicado que:

1) Los historiadores anti-comunistas no toman en cuenta los materiales que ponen en tela de juicio su modelo. Por ejemplo, nunca se cita la evidencia segn los documentos desclasificados- de un Lenin que, en los ltimos meses de su vida, estrech su relacin con Stalin y le deleg paulatinamente sus tareas con absoluta normalidad. Tampoco se explica por lo general el hecho de que la mujer de Lenin, Krupskaya -instigadora de la famosa polmica con Stalin que llev a un Lenin gravemente enfermo a escribir el famoso Testamento- ocup a lo largo de toda su vida la direccin de un ministerio sovitico.

Es curioso ver como entorno a la pretendida autoproclamacin de Stalin se escamotean preguntas sencillas como: Quin escogi a Stalin para la Secretaria General en 1923? No le corresponda esta funcin al Comit Central del Partido Bolchevique? Si el Comit Central del Partido en 1923 estaba conformado por los bolcheviques de toda la vida (salvo raras excepciones como Trotsky) cmo eligieron a Stalin? Estas preguntas obvias son sustituidas por la explicacin citada ms arriba, es decir, por una ilustracin ms propia de programas televisivos de salsa rosa que de una investigacin histrica seria. Los seguidores de Trotsky ponen nfasis en el hecho de que ste era el legtimo heredero, como si la toma de responsabilidades en un Partido Comunista se tratar siguiendo criterios dinsticos propios de monarquas feudales.

En relacin a las capacidades y rasgos de la personalidad de Stalin, el modelo hegemnico se basa en una parcialidad manifiesta a la hora de seleccionar los testigos que vivieron junto a Stalin. Por ejemplo, los defensores del modelo dominante siempre toman como ciertas las afirmaciones de Khruschov pero, por ejemplo, descartan en todo momento las afirmaciones escritas en las memorias de personalidades como Molotov, Zhukov, etc. Incluso se evitan los testimonios de personas nada sospechosas de afinidad poltica con el georgiano -como el Ministro de Asuntos Exteriores britnico Anthony Eton- que se vieron sorprendidas por sus dotes intelectuales y habilidades como negociador en el transcurso de los encuentros dados durante la Segunda Guerra Mundial con Churchill y Roosevelt.

Afirmaciones de este estilo en nada interesan a los historiadores carentes de prejuicios:

Hoy da, despus de todo lo vivido, reflexionando crticamente en el pasado, puedo decir que la direccin del pas menospreci errneamente nuestras demandas sobre las medidas impuestas regables que haba que haber adoptado inmediatamente despus de la guerra con Finlandia y que en el perodo de preverla los dirigentes militares no fueron suficientemente insistentes ante Stalin en estas cuestiones. Stalin no era un hombre ante el cual no se pudieran plantear cuestiones agudas y con quien no se pudiera discutir e incluso mantener firmemente el punto de vista propio. Si alguien afirma lo contrario dira francamente que sus afirmaciones no son ciertas. Adelantndome quiero decir que durante la guerra tuve que objetar con crudeza contra las indicaciones de Stalin sobre la estrategia de las operaciones y el problema de la defensa del pas en su conjunto, y a menudo se aceptaban mis razones. (Gueorgui Zhukov, Memorias y reflexiones. Tomo I. Ed. Progreso, Mosc, 1990)

2) La descontextualizacin general de la realidad concreta a la cual tuvo que hacer frente el poder sovitico desde sus orgenes es obviada de manera reiterada en el modelo totalitario. El socialismo sovitico, desde sus orgenes, tuvo que hacer frente a grandes dificultades: debi enfrentar a la reaccin interna y externa, remontar el desastre econmico tras la guerra civil apoyada en la intervencin extranjera (1918-22), el Estado sovitico tuvo que prevenir todo tipo de conspiraciones occidentales, etc.

Desde un punto de vista marxista, resalta especialmente que el modelo totalitario evite en todo momento mostrar la complejidad de la lucha de clases en sus dimensiones nacionales e internacionales. As los historiadores que escriben la historia de la Unin Sovitica desde la ptica dominante rehuyen entrar, por ejemplo, en la funcin social que, en las dcadas de los aos 20 y 30, ejercieron los reaccionarios de toda ndole para acabar con el Estado sovitico. Por el contrario, se nos muestra una violencia ejercida en una nica direccin y sentido, venida desde el Partido, la burocracia estalinista y el mismo georgiano contra una masa amorfa de personas inocentes.

Los recientes estudios muestran claramente que, tras la derrota del Ejrcito Blanco apoyado por las potencias de la Entente (Estados Unidos, Gran Bretaa, Francia, Japn, etc.), los elementos reaccionarios pertenecientes a las antiguas clases sociales, los trepas sin escrpulos que odiaban a muerte el bolchevismo, etc. renunciaron a ver el final inmediato del poder sovitico pero, no por ello, desistieron de infiltrarse en el Partido y las instituciones soviticas con la finalidad de boicotearlas y desprestigiarlas frente al pueblo sovitico.

Por ejemplo, el saboteo econmico fue una prctica permanente de estos elementos que estaba terriblemente mal vista por la inmensa mayora de la poblacin. La misma NKVD (lejos de tener una funcin de represin poltica como indica el modelo totalitario) tuvo sus orgenes en la necesidad de reprimir los abusos contra los obreros, as como los saboteos econmicos cometidos por algunos directores de empresas y dirigentes venidos de la antigua burguesa y el ejrcito blanco. La propia direccin de la NKVD siempre estuvo en manos de reconocidos stajanovistas que se destacaron por su herosmo en el trabajo y que eran especialmente sensibles a las denuncias emitidas por los obreros contra estos directores y gerentes reaccionarios. Esto es difcil de imaginar para los historiadores de Occidente que viven en una realidad marcada por la precariedad laboral, el despotismo de encargados y el terrorismo empresarial. La direccin bolchevique, consciente de estos fenmenos de arbitrariedad y saboteo, emprenda con decisin y a travs de la movilizacin de las bases y la NKVD la lucha contra estos elementos oportunistas en el seno del Partido, las instituciones y empresas del Estado socialista. A la luz de los documentos desclasificados y de recientes estudios estadsticos, en contra de lo que afirma el paradigma dominante, la represin, lejos centrarse en una masa inocente y en la vieja guardia bolchevique, en la mayora de los casos, tuvo como principales vctimas a estos elementos enemigos irreconciliables del socialismo naciente. A pesar de ello, los elementos procapitalitas que estaban infiltrados denunciaron en muchos casos a autnticos comunistas como traidores, etc. Esta labor entraaba una gran dificultad; los errores, los extremismos (como en el caso Yezhov) fueron inevitables.

El desarrollo de la lucha de clases en el campo tambin ha sido tratado por el paradigma dominante por ejemplo en el libro de Conquest La cosecha del dolor (1986). Segn este libro la colectivizacin forzada hizo que murieran a causa del hambre en Ucrania 15 millones de personas!

Las medidas del primer gobierno bolchevique el 25 de Octubre de 1917 referentes al campo fueron nacionalizar toda la tierra y repartirla entre los campesinos en forma de usufructo, esto es que el campesino dispona libremente de la tierra a pesar de que esta fuera propiedad del Estado socialista. Esto contribuy, en aquella situacin concreta de ruina total tras la guerra civil, en la lnea de reactivar una produccin y un comercio mnimos que posibilitaran satisfacer las necesidades bsicas alimenticias de las ciudades y del 80% de la poblacin rusa: el campesinado pobre y medio. En una primera etapa predominaron las relaciones sociales de produccin capitalistas en el campo, esto comparado con el feudalismo que reinaba hasta entonces fue un hecho positivo que coloc al campesinado junto al proletariado y que ayud a reactivar una economa completamente destrozada. A finales de los aos 20, el gobierno bolchevique decide orientar a los campesinos medios y pobres -mediante la persuasin y el estmulo econmico y social- hacia el trabajo en cooperacin, hacia la colectivizacin progresiva. Esta poltica choc con la resistencia feroz de los kulaks (terratenientes), los cules iniciaron la quema de las cosechas, la retencin del trigo para venderlo a un precio ms caro, la intoxicacin de los animales de las granjas colectivas, el saboteo de los tractores de las cooperativas, etc. Esto implicaba una situacin grave en la medida que los kulaks controlaban el 80% del comercio de trigo y, por tanto, tenan un elemento de chantaje clave que poda asfixiar el poder sovitico y la industrializacin iniciada con el I Plan Quinquenal (1929). De manera espontnea los campesinos pobres y medios se sublevaron contra los kulaks dando rienda suelta a su odio secular, el Partido era muy dbil en el campo y no pudo evitar ciertas arbitrariedades y colectivizaciones forzadas. El Partido lejos de ser un aparato presente en todos los rincones de la sociedad sovitica, como nos quiere hacer creer el modelo totalitario, apenas contaba con influencia en las amplias zonas rurales del vasto territorio sovitico. La lucha de clases en el campo se agudizaba terriblemente y el Partido debi enviar ms de 25000 comunistas voluntarios al campo para dirigir la colectivizacin de forma ordenada y anti-burocrtica, muchos comunistas fueron asesinados por los kulaks, sus testaferros e incluso por elementos del campesinado pobre radicalizados.

Toda esta complejidad de la lucha de clases y de los procesos econmicos y sociales que vivi la sociedad sovitica a lo largo de los aos 20 y 30 choca con las concepciones simplistas y reduccionistas del paradigma dominante. Las visiones pertenecientes al modelo nos describen una sociedad homognea y esttica, dominada por un totalitarismo cuyo centro se encuentra en un Partido omnipresente que, controlado por un ser depravado, encarna los intereses de la nueva burocracia estalinista contra las masas.

3) Igualmente, de cara a dar solidez el argumento paranoide, o a la llamada espionitis de Stalin, se omiten deliberadamente las conspiraciones occidentales permanentes para barrer al gobierno bolchevique de la faz de la tierra, as como las conspiraciones internas en clara coordinacin con los gobiernos occidentales. Por ejemplo, un caso de omisin descarada es el trato dado a la famosa "Conspiracin de los Embajadores" (o Conspiracin Lockart) urdida por Churchill y Really con el agente britnico en terreno sovitico Lockart. Esta conspiracin dio con el asesinato del bolchevique Uritsky y con el atentado a Lenin. El gobierno bolchevique, primero con Lenin y luego con Stalin, tuvo que hacer frente de manera permanente a este tipo de conspiraciones. Esta parte de la historia no interesa a los historiadores defensores del modelo totalitario.

4) Toda la mitologa referente a la cuestin de los gulags, acrnimo en ruso de "Central Administrativa de los Campos de Trabajo Correccionales", las deportaciones y genocidios masivos de las minoras tnicas y nacionales ser difundida por historiadores del estilo de Conquest, Soljenitsyn y otros. Toda esta mitologa como digo- contar con gran resonancia en los medios de comunicacin occidentales.

Hoy, recientes estudios realizados a la luz de los documentos que desclasific Gorbachov muestran que la naturaleza real de los gulags y las deportaciones fueron completamente distorsionadas para ceirlas al modelo orwelliano, que las cifras de vctimas fueron infladas de forma inusitada para justificar el dogma del terror masivo e indiscriminado necesario al modelo. Estos trabajos muestran que, muy contrariamente a lo que se pueda pensar a da de hoy, el pueblo sovitico consideraba que las autoridades del Estado socialista eran excesivamente benvolas. Esta actitud intransigente del pueblo sovitico tena su razn de ser en los grandes esfuerzos hechos tanto para reconstruir econmicamente el pas (tras las dos Guerras Mundiales) como para derrotar a la maquinaria de guerra nazi. Era lgico, por tanto, que los soviticos odiaran de forma particularmente aguda los intentos (muy comunes en los aos 20 y 30) de saboteo econmico, as como las colaboraciones o deserciones del Ejrcito Rojo para pasarse a las filas del nazismo.

Los trabajos actuales de historiadores nada sospechosos de estalinistas o comunistas, como los rusos Zemskov, Dougin y Xlevnjuk o el estadounidense J. Arch Getty, demuestran que la cifra de prisioneros en los gulags, lejos de llegar al extremo manejado por los defensores del pensamiento dominante, ni siquiera superaba el 2,8% de la poblacin reclusa en los Estados Unidos a da de hoy. Asimismo, los documentos desclasificados revelan que nada tiene que ver con la realidad las teoras que indican que los presidiarios del gulag eran presos polticos o disidentes, por el contrario los presos eran homicidas, ladrones, violadores, saboteadores econmicos, etc. que siguiendo el precepto socialista de quien no trabaja no come- deban trabajar una media de 7 horas diarias.

Para aquellos que no se cuestionan la historia y asumen las grandes verdades que resultan ms cmodas de defender en pblico por estar de moda les pasan inadvertidos nuevos estudios fundamentados estadsticamente como la genial obra Chechenia versus Rusia. El caos como tecnologa de la contrarrevolucin del historiador y analista poltico espaol, residente por ms de diez aos en Rusia, Antonio Fernndez Ortiz.

Este libro editado por El Viejo Topo- explica detalladamente como el imperialismo utiliz (y sigue utilizando) las contradicciones tnicas en el Cucaso Norte como instrumento para generar el caos y la inestabilidad social y poltica en la Unin Sovitica. El autor del libro, tras hacer un estudio de los censos poblacionales y de las caractersticas de las diferentes etnias y nacionalidades en lo que fuera la Unin Sovitica en tiempos de Stalin, desmiente los principales mitos relativos a las deportaciones, as como las visiones que intentan mostrar al que fuera el pas de los soviets como una crcel de nacionalidades.

Asimismo, cuando el autor de Chechenia versus Rusia describe los principales instrumentos que utiliz el imperialismo para generar el caos social en la Unin Sovitica cita en primer lugar -casualidad?- la manipulacin de la historia! y seguidamente: la criminalizacin de la sociedad, la guerra, el terrorismo y la manipulacin informativa de los medios de comunicacin. Antonio Fernndez Ortiz cita como ejemplo tpico de manipulacin histrica la metamorfosis operada en la conciencia colectiva del pueblo checheno que pas de asumir que fue un pueblo trasladado a Kazajstn y Kirguizia por sus delitos durante la Segunda Guerra Mundial colaboracin con los nazis durante la invasin del territorio sovitico- a que ellos fueron un pueblo represaliado por el estalinismo por motivos tnicos y religiosos.

Tendencia histrica general que indica la debilidad del paradigma o pensamiento dominante...

Alzando la perspectiva del anlisis histrico, dando una panormica, tambin es posible valorar la historia de la Unin Sovitica. Este ejercicio puede ayudar a ver en qu grado el paradigma totalitario adolece o no de coherencia.

Son hechos histricos objetivos, difcilmente negables, que la Unin Sovitica, a lo largo del periodo 1924-56, pas del arado de madera a la mecanizacin del campo y a la conquista del espacio, que se erradic el analfabetismo llegando a tener el porcentaje por cpita de ingenieros y cientficos ms elevado del mundo desarrollado, que la esperanza de vida del pueblo sovitico se duplic! y que, adems, se contaba con un sistema igualitario que satisfaca con creces las necesidades materiales, sanitarias y culturales bsicas de la poblacin.

En el orden de los procesos histricos, tras la primera oleada revolucionaria marcada por el triunfo de la Revolucin de Octubre de 1917 y la derrota de la Revolucin Alemana de 1919, el nuevo Movimiento Comunista Internacional se orient en su proyeccin internacional, en la defensa del socialismo naciente en la Unin Sovitica y, tras el VII Congreso de la III Internacional, en la estrategia de los Frentes Populares para frenar el ascenso vertiginoso del fascismo iniciado con la llegada al poder de Mussolini (1923) y Hitler (1933). En plena Segunda Guerra Mundial, la capitulacin de la Wehrmacht (Ejrcito Alemn) en Stalingrado (1943) marcara el inicio de la derrota del nazismo por el Ejrcito Rojo y la gnesis de una segunda oleada revolucionaria mundial que llevara el socialismo a los pases del Este de Europa, a China y a Corea del Norte. El socialismo pasaba de un solo pas a un conjunto de pases, se conformaba por primera vez en la historia un campo socialista. Paralelamente, los pases del Tercer Mundo se desprendan paulatinamente del yugo colonial impuesto por las metrpolis capitalistas. Es un hecho objetivo, por tanto, que la Revolucin y los procesos de liberacin nacional anti-coloniales, a lo largo del periodo 1924-56, siguieron una curva ascendente.

Esta breve visin panormica nos indica el grado de incoherencia entre lo acaecido y un modelo totalitario que nos muestra un rgimen totalitario sovitico encerrado en si mismo, que a penas hizo nada por su pueblo, que poco o nada tuvo que ver con la derrota del fascismo y que fren invariablemente el avance de la Revolucin Mundial y la liberacin de las masas oprimidas del Tercer Mundo.

El modelo orwelliano aplicado a Cuba socialista...

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y durante la primera mitad de la dcada de los aos 50 el prestigio de la Unin Sovitica era tan elevado que el anti-comunismo de los grupos trotskistas y anarquistas careca de arraigo social alguno entre la clase obrera y los sectores populares. Es a partir de los aos 60, como consecuencia de la pre-glasnost khruschoviana, que todo este alud de anti-comunismo disfrazado de anti-estalinismo -como muy bien indica Israel Shamir- va a encontrar caldo de cultivo entre unos Partidos Comunistas muy fuertes en Occidente y, por tanto, entre la clase obrera y los sectores populares de estos pases.

Este mismo modelo totalitario se cierne hoy sobre Cuba socialista minando todos los das el apoyo a la Revolucin Cubana de amplios sectores intelectuales mundiales y de gran parte de los movimientos populares que emergen nuevamente tras la cada del Muro de Berln.

El Comandante en Jefe Fidel Castro es situado en la cumbre de la pirmide de poder de un Estado que Occidente no se cansa de repetir es un residuo estalinista o un rgimen dictatorial. Fidel Castro es presentado como un viejo loco y trasnochado comunista, como un dictador que mantiene al pueblo de Cuba bajo el ltigo de una tirana autoritaria y criminal. Los rasgos personales de Fidel -segn Norberto Fuentes, recientemente exiliado- son los de un gran conspirador y un encantador de serpientes.

Asimismo, la Revolucin Cubana continuando con el hilo del modelo totalitario orwelliano- tambin aplica a la realidad de la Isla dosis de terror que mantienen a Fidel Castro y a la burocracia castrista en el poder. Cuba no est exenta de depuraciones y fusilamientos injustificados (caso de Arnaldo Ochoa, los tres mercenarios de las lanchas, etc.), el establecimiento de gulags con pretendidos periodistas disidentes (como Ral Ribero y compaa), etc. La Isla de Cuba segn voceros residentes en Miami- es una crcel de la cul huyen los cubanos en balsa, desertan de la tirana para llegar al mundo libre. El vicepresidente del Comit de Relaciones Exteriores en el Senado republicano, Chris Smith, afirmaba frente a la Comisin de Derechos Humanos en Ginebra:

Sabemos que es un hecho que hay cientos de prisioneros polticos que estn siendo torturados ahora en los gulags de Cuba Sabemos que no hay libertad de prensa, de culto, ni de asociacin (El Nuevo Herald, 10 de Abril de 2004).

Debera al menos darnos qu pensar que el doctor Luis Aguilar Len cubanoamericano residente en Miami y accionista de Bacard!- describa la sociedad cubana en trminos muy parecidos a los citados por el seor scar Egido para el caso sovitico:

En una sociedad totalitaria, como la que existe hoy en Cuba, donde el fingir es necesario y salvador, la presin del aparato oficial fomenta la creacin de "exilios internos" para sobrevivir. Pero, y sto es importante, resulta que tambin los dictadores totalitarios, para quienes no existe los trminos medios, se hunden en un parecido refugio y tratan de cerrarle el paso a la realidad. (Luis Aguilar Len, El exilio de Castro, http://www.luisaguilarleon.com/2001-02-24.htm)

En todo momento, la aplicacin del modelo totalitario a Cuba -igual que en el caso sovitico- omite, por parte de los medios de comunicacin occidentales, las terribles dificultades contra las cules el socialismo cubano debe sobreponerse desde hace ms de cuarenta aos y muy especialmente desde que se iniciara el periodo especial. Los atentados terroristas organizados en Miami, los saboteos econmicos como la disposicin de bombas en hoteles de la Isla y en los aviones de Cubana de Aviacin, la intoxicacin de ganado, etc. no tienen cobertura meditica alguna en las agencias de prensa capitalistas. La Revolucin Cubana tambin ha tenido que hacer frente a numerosas conspiraciones (del estilo Lockart) y planes imperialistas que tenan por objetivo restaurar la libertad en Cuba o denigrar la imagen del gobierno revolucionario frente a su pueblo. Entre estos planes se cuentan ms de 600 intentos de asesinato de Fidel Castro, la invasin armada en Playa Girn, la Operacin Peter Pan, bloqueo econmico, financiero y comercial, leyes de ajuste cubano, etc.

Los ms atrevidos en la aplicacin del modelo orwelliano a Cuba tambin afirman que la Revolucin Cubana tiene su propio Trotsky, Ernesto Che Guevara, el cual se march de la Isla por sus discrepancias con Fidel Castro, para continuar con la Revolucin Permanente en Amrica Latina. En este punto los ms fundamentalistas aseveran que el guerrillero argentino-cubano fue asesinado por agentes de Castro.

Una reflexin final fuera del modelo totalitario...

Me gustara finalizar este artculo recordando una breve reflexin extra-paradigmtica de un hroe de la Revolucin Cubana, Ernesto Che Guevara:

"En los llamados errores de Stalin est la diferencia entre una actitud revolucionaria y una actitud revisionista. Se debe ver a Stalin en el contexto histrico en el que se desarroll, no se debe ver como una especie de bruto, sino que se le debe apreciar en ese contexto histrico particular... Yo he llegado al comunismo por pap Stalin y nadie puede decirme que no lea su obra. Lo he ledo an cuando era considerado muy malo leerlo, pero ese era otro tiempo. Y como soy una persona no demasiado brillante y adems testaruda continuar leyndolo. (Koba M., No hay que olvidar que el Che era un autntico comunista. in Resumen, 1996)

 

Bibliografa:

1. E.H. Carr, La Revolucin bolchevique (1917-1923), Tomo I, Alianza Universidad

2. Jos Antonio Egido, Breve historia de Trotsky y del trotskismo.

3. George Orwell, 1984.

4. George Orwell, Rebelin en la granja.

5. Gueorgui Zhukov, Memorias y reflexiones. Tomo I. Ed. Progreso, Mosc, 1990

6. Harpal Brar, Trotskisme ou lninisme?, Ed. EPO. 1993

7. Khruschov, Informe al XXII Congreso, Mosc 1961

8. Koba M., No hay que olvidar que el Che era un autntico comunista. In Resumen, 1996

9. Ludo Martens, El trotskismo al servicio de la CIA, www.solidaire.org

10. Ludo Martens, Another view of Stalin. Ed. EPO

11. M. Bsmanov, La esencia antirrevolucionaria del trotskismo contemporneo, Departamento de orientacin revolucionaria del CC del Partido Comunista de Cuba, La Habana, 1977.

12. Mario Sousa, Mentiras acerca de la historia de la Unin Sovitica.

13. Philip E. Panaggio, Stalin y Yezhov: una versin extra-paradigmtica.

14. Len Trotsky, El aparato policial del estalinismo, Ed. 10-18, Pars

15. Len Trotsky, La revolucin traicionada, Ed. Fundacin F. Engels

16. Len Trotsky, La lucha antiburocratica en la URSS, Union gn. DEditions, 1975

17. Len Trotsky, Stalin, http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1940s/stalin/01.htm



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter