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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-12-2010

El pentagonismo y Amrica Latina 42 aos despus

Roberto Regalado
Rebelin/Ocean Sur

Conferencia del autor en el Coloquio Internacional "Pentagonismo 42 aos despus", desarrollado por la Ctedra Juan Bosch de la Universidad de La Habana, entre el 6 y el 8 de diciembre de 2010


En la segunda mitad de la dcada de 1960, el intelectual y poltico dominicano Juan Bosch identifica la escalada del imperialismo norteamericano a un nuevo peldao de su proceso histrico de evolucin involucin, al cual denomina pentagonismo, entre cuyas caractersticas destaca el predominio del poder militar sobre el poder civil y el empleo de las guerras en el Sur para estimular la demanda de la produccin armamentista, y ya no, como antes de la Segunda Guerra Mundial, con el fin de implantar una dominacin colonialista clsica.

Si reparamos en que los crculos cientficos, intelectuales y polticos del orbe tardaron ms de dos dcadas despus de la publicacin de Pentagonismo: sustituto del imperialismo para identificar ese proceso al que, por lo general, se alude con los trminos globalizacin o mundializacin, cuyo comienzo todos los anlisis retrospectivos ubican a mediados de la dcada de 1970, un proceso que es en esencia, precisamente, la metamorfosis del capitalismo monopolista de Estado nacional en capitalismo monopolista transnacional, causa asombro que Bosch percibiera las manifestaciones de este cambio cualitativo en el imperialismo, que en su poca era muy prematuro para ser identificado y, ms an, para ser conceptualizado.

Es un dato menor que Bosch calificase al pentagonismo como un estadio diferente al imperialismo, mientras que nosotros lo consideramos un estadio dentro de esa fase del capitalismo. El dato mayor, insistimos, es que Bosch se percatara del cambio de cualidad cuando apenas se empezaba a manifestar, mientras que veinte, treinta y hasta cuarenta aos despus muchos creen o dicen creer que la globalizacin o la mundializacin es una ruptura epistemolgica con la historia anterior de la humanidad, en virtud de la cual en hoy sera imposible comprender y menos an transformar el mundo.

Con la ventaja del tiempo transcurrido, que convirti en historia lo que para Bosch eran hechos y procesos en abigarrado y vertiginoso desarrollo, hoy sabemos que, en efecto, como l dijo, la Segunda Guerra Mundial, mucho ms que el keynesianismo, fue la que le permiti a los Estados Unidos conjurar la zaga de la Gran Depresin y erigirse en la primera potencia imperialista del planeta, con su industria blica como el principal motor del desarrollo de las fuerzas productivas, y que este motor sigui funcionando, a todo tren, en la posguerra, con el teln de fondo de la guerra fra y la carrera armamentista. Tambin sabemos que aquella prdida de inters en el saqueo de los recursos naturales del Sur que Bosch apreciaba, tena carcter coyuntural y obedeca a que las dos guerras mundiales, con la crisis de 1929 1933 en medio, provocaron una reorientacin de los flujos de capitales y mercancas antes dirigidos hacia el mundo colonial y neocolonial, que hasta aproximadamente el momento de la publicacin de Pentagonismo: sustituto del imperialismo eran absorbidos por la reconstruccin posblica de Europa Occidental, y que poco despus huiran de los sobresaturados mercados del Norte y se volcaran, como un gran tsunami, sobre el Sur, hasta provocar la Crisis de la Deuda Externa.

Bosch llama la atencin sobre la diferencia existente entre la poltica interna pretendidamente democrtica y redistributiva de los Estados Unidos desarrollada por la administracin de Lyndon Johnson (1963 1969), la llamada Gran Sociedad, y la poltica externa pentagonista que aplicaba, en el caso de Asia, mediante la escalada de la Guerra de Viet Nam y, en el de Amrica Latina, mediante la invasin a Repblica Dominicana, pases cuyas fuerzas armadas fueron incapaces de cumplir la funcin de garantes de la dominacin fornea, que la nacin pentagonista les asign, y que oblig a esta ltima a involucrarse en forma directa en esos conflictos militares. Es conveniente apuntar que la Gran Sociedad sera sacrificada por Johnson en funcin de cubrir los costos de la Guerra de Viet Nam.

La Amrica Latina que analiza Bosch es aquella en la que el triunfo de la Revolucin Cubana abre una etapa histrica, frente a la cual el presidente Dwight Eisenhower (1952 1961) reacciona con los mtodos caractersticos de los primeros aos de la guerra fra, y en la que su sucesor, John F. Kennedy (1961 1963), los combina con el esquema contrainsurgente de la Alianza para el Progreso. Fracasados los intentos de Eisenhower y Kennedy de destruir de un zarpazo a la Revolucin Cubana, Johnson recrudece la poltica de agresin, bloqueo econmico y aislamiento poltico destinada a alcanzar el mismo fin a mediano plazo, y en el resto de los pases de la regin en los que se intensifican las luchas populares implanta dictaduras militares de seguridad nacional, un tipo de dictadura concebida para emplear la capacidad represiva de las fuerzas armadas con el propsito de cumplir tres funciones: 1) aniquilar a la generacin de luchadores populares forjada bajo el influjo de la Revolucin Cubana; 2) desarticular las alianzas sociales y polticas formadas durante las dcadas del desarrollismo latinoamericano, predominantes desde la Primera Guerra Mundial y sumidas en una crisis terminal desde mediados de la dcada de 1950; y, 3) sentar las bases para la reestructuracin y refuncionalizacin de a los Estados de la regin acorde con los postulados de la doctrina neoliberal.

En una primera fase, que abarca los perodos presidenciales de Lyndon Johnson, Richard Nixon (1969 1974) y Gerald Ford (1974 1977), las dictaduras militares de seguridad nacional se concentran ms en la represin brutal de la izquierda y el movimiento popular, y en el amedrentamiento de la sociedad en su conjunto. En una segunda fase, signada por la adopcin, en 1976, de la doctrina neoliberal por parte de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, pronto extendida a otros pases, que comprende los mandatos de James Carter (1977 1981) y Ronald Reagan (1981 1989), pasa al primer plano el proceso de reestructuracin y refuncionalizacin del Estado, combinado con el impulso selectivo y escalonado del llamado proceso de democratizacin en los pases donde las dictaduras militares iban terminando de cumplir sus funciones.

Es conocido que hubo un amago de inflexin de la poltica exterior de los Estados Unidos, incluida su poltica hacia Amrica Latina, en el perodo presidencial de Carter, provocado por el impacto psicosocial de la derrota en la guerra de Viet Nam y por la ola moralista desatada por la publicacin de Los Papeles del Pentgono (1971), el Escndalo de Watergate (1972) y la revelacin de la participacin protagnica del gobierno de Nixon en el golpe de Estado del 11 de setiembre de 1973 contra el presidente de Chile, Salvador Allende. Ese amago tuvo como resultados la firma de los Tratados del Canal de Panam y el inicio del pronto interrumpido proceso de normalizacin de relaciones con Cuba. Sin embargo, el carcter sistmico del proceso de democratizacin, ajeno a toda consideracin tica y moral, lo demuestra el hecho de que avanz mucho ms, y que culmin, durante el mandato de Reagan, el artfice de un giro hacia la derecha del fiel de la balanza del sistema poltico estadounidense cuyo impacto llega hasta nuestros das.

En resumen, en Amrica Latina fueron destruidos todos los procesos de signo popular, tanto de carcter revolucionario como reformista, iniciados con posterioridad al triunfo de la Revolucin Cubana. Ello obedece a tres factores:

El primero es la violencia contrarrevolucionaria del imperialismo en sus dos vertientes: la empleada para bloquear, aislar y estigmatizar a Cuba; y la utilizada para aniquilar a los movimientos revolucionarios del resto de Amrica Latina. Entre ambos elementos hay una interaccin de signo negativo. La derrota de las luchas revolucionarias de las dcadas de 1960 y 1970 y tambin de los procesos de reforma progresista encabezados liderados Juan Velasco Alvarado, Omar Torrijos y Salvador Allende, convirtieron a la Revolucin Cubana en lo que el lder revolucionario salvadoreo Schafik Hndal denomin una revolucin insertada: insertada dentro de un entorno hostil, en el cual, durante los primeros aos, su subsistencia dependa de la ayuda de la URSS. Como contrapartida, la capacidad del imperialismo de obstaculizar, elevar los costos y, sobre todo, de retrasar por tiempo indefinido la cosecha de los frutos de la construccin socialista en Cuba, devino potente elemento de disuasin para las corrientes de la izquierda que en un inicio se plantearon recrear su experiencia.

El segundo son las debilidades, errores e insuficiencias de las propias fuerzas revolucionarias, incluidas las pugnas que impidieron su unidad, principio elemental del concepto de revolucin de Fidel y el Che.

El tercero es el cambio en la correlacin mundial de fuerzas, que en Amrica latina repercute a partir de la proclamacin de la poltica de nueva mentalidad de Gorbachov, en particular, mediante las presiones que la direccin sovitica comenz a ejercer sobre el Frente Sandinista de Liberacin Nacional de Nicaragua para que llegase, a cualquier costo, a un acuerdo poltico que pusiera fin a la agresin del imperialismo. Esta presin, encarnada en la amenaza de interrumpir la ayuda econmica y militar que mantena con vida a la revolucin insertada nicaragense, no solo hizo mella en ese pas, sino tambin fren la ola revolucionaria que apuntaba a promisorios resultados en El Salvador en el momento en que Centroamrica era el vrtice de la revolucin latinoamericana.

Entre 1989 y 1992 se cierra la etapa histrica abierta por la Revolucin Cubana, por el enfrentamiento entre las fuerzas de la revolucin y la contrarrevolucin, y se inicia la actual, en la que predominan la combatividad de los movimientos sociales en lucha contra el neoliberalismo y los avances electorales obtenidos por fuerzas de izquierda y progresistas. Los acontecimientos internacionales que inciden este cambio son la cada del Muro de Berln (1989), smbolo de la restauracin capitalista en Europa Oriental, y el derrumbe de la URSS (1991), que marca el fin de la bipolaridad. En nuestra regin, la unipolaridad se manifiesta en la intervencin militar de los Estados Unidos en Panam (1989), la derrota electoral de la Revolucin nicaragense (1990), la desmovilizacin de una parte de los movimientos guerrilleros en Colombia (1990 1991) y, como colofn, la firma de los Acuerdos de Chapultepec (1992), que ponen fin a casi doce aos de insurgencia en El Salvador, el pas donde esa forma de lucha alcanzaba por entonces el mayor desarrollo e intensidad.

Desde ese momento, la situacin de Amrica Latina est determinada por cuatro procesos interrelacionados de manera estrecha e indisoluble:

El primero es la reforma y restructuracin del sistema de dominacin continental del imperialismo norteamericano basada, en el empleo de medios y mtodos de carcter transnacional para ampliar y profundizar la explotacin neocolonial de Amrica latina.

El segundo es la agudizacin de la crisis econmica, social y poltica provocada por la concentracin transnacional de la riqueza y el poder, que inhabilita al Estado latinoamericano para cumplir las funciones que histricamente le haban correspondido como eslabones de la cadena del sistema de dominacin: garantizar la satisfaccin de los intereses de la metrpoli neocolonial; redistribuir cuotas de poder entre sectores de las lites criollas; y cooptar a los grupos sociales subordinados.

El tercero es la organizacin y combatividad alcanzan los movimientos sociales en lucha contra el neoliberalismo.

El cuarto es la reestructuracin organizativa, la redefinicin de alianzas y la reformulacin de objetivos, estrategias y tcticas de los partidos y movimientos polticos de izquierda, para sobrevivir y adaptarse a las nuevas condiciones en las que se desarrolla la lucha popular.

Estos cuatro procesos tienen un efecto en cadena y cada uno predomina en un momento determinado. Al hablar de efecto en cadena nos referimos a que a mayor dominacin, hay mayor crisis; a mayor crisis, hay mayor lucha social; y a mayor lucha social, hay mejores condiciones para la lucha poltica de la izquierda. En lo que al predominio de uno u otro proceso respecta, cabe decir que:

La reestructuracin del sistema de dominacin continental predomin de 1989 a 1993, momento de mayor desconcierto poltico e ideolgico de los movimientos sociales y la izquierda poltica.

Desde 1994, el ao de la rebelin del Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional y la crisis financiera mexicana, hasta 1998 predomina la crisis del Estado y el auge de los movimientos sociales, que derrocan a varios presidentes neoliberales, pero carecen de liderazgo poltico para elegir gobiernos propios.

A partir de diciembre de 1998, cuando se produce la eleccin de Hugo Chvez a la presidencia de Venezuela, predomina la lucha poltica y electoral de la izquierda.

Desde junio de 2009, momento del golpe de Estado en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya, hay una inflexin favorable a la poltica del imperialismo norteamericano destinada a recomponer su sistema de dominacin continental. Este no fue el primer intento de derrocar a un gobierno latinoamericano en la presente etapa histrica pues ya lo haba hecho en Hait y lo haba intentado en Venezuela y Bolivia, pero s fue el primer intento que dio resultado.

Es importante comprender que los triunfos poltico electorales de la izquierda latinoamericana no son resultado de factores solo positivos o solo negativos, sino de la interrelacin de unos y otros. Interpretarlos solo como un producto del acumulado de las luchas populares, o solo como un reajuste en los medios y mtodos de dominacin capitalista, sera igualmente unilateral. Lo primero conduce a pensar que la izquierda lleg al poder o que su inclusin en la alternancia democrtico burguesa es la meta final. Lo segundo conduce a pensar que la dominacin imperialista es infalible o a exigir a los gobiernos de izquierda que acten como si fuesen producto de una revolucin.

Los espacios institucionales que ocupan los gobiernos latinoamericanos de izquierda y progresistas se abrieron con los condicionamientos derivados de la interaccin de cuatro elementos, tres de ellos positivos y uno negativo. Los elementos positivos son:

1. El acumulado de las luchas populares libradas durante toda su historia y, en particular, durante la etapa 1959 1989, en la cual, si bien no se alcanzaron todos los objetivos que esas fuerzas se haban planteado, ellas demostraron una voluntad y una capacidad de combate que oblig a las clases dominantes a reconocerle los derechos polticos que les estaban negados.

2. La lucha en defensa de los derechos humanos, en especial contra los crmenes de las dictaduras militares de seguridad nacional, que forz la suspensin del uso de la violencia abierta y grosera como mecanismo de dominacin.

3. El aumento de la conciencia, la organizacin y la movilizacin, social y poltica, registrado en la lucha contra el neoliberalismo, que establece las bases para un incremento sin parangn de la participacin electoral de sectores populares antes marginados de ese ejercicio poltico.

Como contraparte, el factor negativo es la imposicin del Nuevo Orden Mundial, que restringe la independencia, la soberana y la autodeterminacin de las naciones del Sur. Fue, precisamente, la apuesta a que podra someter a los Estados nacionales latinoamericanos a mecanismos transnacionales de dominacin, la que movi al imperialismo norteamericano a dejar de oponerse de oficio a todo triunfo electoral de la izquierda, como hizo histricamente.

El nuevo sistema de dominacin pareci funcionar acorde a lo previsto durante la mayor parte de la dcada de 1990, adornado y prestigiado por la tolerancia demostrada ante los espacios institucionales ocupados por la izquierda en los parlamentos y en los niveles subnacionales de gobierno de un creciente nmero de pases. En esas condiciones, las administraciones de George H. Bush (1989 1993) y William Clinton (1993 2001) se esmeraron en dejar establecido que democracia representativa es democracia neoliberal, y en crear una tupida madeja de mecanismos supranacionales destinados a evitar que algn pas de la regin se le escapara del redil. Una vez ms, como ya ocurri antes en la historia de las relaciones interamericanas, el imperialismo llam a condenar toda interrupcin del orden constitucional, un orden constitucional que crey le sera eternamente favorable. Sin embargo, el perfeccionamiento neoliberal del sistema de dominacin agrav la crisis econmica, poltica y social, y esta, a su vez, provoc el aumento de las luchas populares. A partir de la eleccin de Chvez a la presidencia de Venezuela, sucedi lo que, ni el imperialismo, ni buena parte de la propia izquierda y el movimiento popular esperaban: el esquema de democracia burguesa implantado como plataforma de la reforma neoliberal, devino plataforma para la eleccin de gobiernos de izquierda y progresistas, de diverso origen, composicin y modulacin.

Sorprendido ms que nosotros el imperialismo, una vez ms se vio compulsado a desechar la defensa del orden constitucional que no le sirvi para evitar la eleccin de gobiernos hostiles y que en Venezuela, Bolivia y Ecuador, se convirti en un nuevo orden constitucional defensor de la soberana y los intereses de los pueblos. De manera que era necesario hallar la frmula para retornar al cuartelazo, utilizado contra los gobiernos de Jacobo Arbenz en Guatemala (1954) y Salvador Allende en Chile (1973), pero con una hoja de parra que incluye el protagonismo de los oligopolios de la comunicacin y la imposicin inmediata de otra institucionalidad democrtica. De modo que, para evitar el recuerdo de los crmenes de las dictaduras militares de seguridad nacional, la nueva metodologa estipula que los militares golpistas desaparezcan rpido de escena y le cedan el espacio visible a un presidente y un gobierno civiles que, mediante una eleccin, una reforma constitucional u otra frmula, imponga un nuevo statu quo democrtico. Eso fue lo que se intent sin xito en Venezuela, Bolivia y Ecuador, y eso fue lo que el imperialismo logr con el golpe de Estado contra el presidente Zelaya.

En conclusin, asistimos a lo que se ha dado en llamar un cambio de poca, al parto de una poca en la que a Juan Bosch le habra gustado vivir; vivir, pero tambin luchar dentro de ella. Al afirmar esto ltimo, partimos del rechazo a la visin hasta hace poco imperante de que la eleccin de gobiernos de izquierda y progresistas en Amrica latina es el resultado de un triunfo abstracto de la democracia o de un abandono de la poltica estadounidense que Bosch calific de pentagonista. El cambio de poca es, simplemente, producto de un cambio en la correlacin de fuerzas en la regin favorable a los sectores populares que el imperialismo norteamericano intenta e intentar revertir. La tarea es evitar que eso suceda.

Roberto Regalado es profesor del Centro de Estudios Hemisfricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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