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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2010

El xito de los republicanos al culpar de la crisis al Gobierno, y sobre todo al Estado, es una muestra de su genialidad poltica
La crisis econmica: lecciones desaprendidas

Thomas Frank
Wall Street Journal


Esta es mi ltima columna semanal para el Wall Street Journal, y al escribirla me he transportado en el tiempo a mis primeros textos para este peridico, en el verano de 2008.

En aquellos das comenzaba a tomar forma el desastre econmico que nos esperaba; en septiembre de ese ao alcanz su clmax, cuando Wall Street estuvo al borde del precipicio y el Estado acudi al rescate con un gigantesco programa de compra de activos financieros.

Para noviembre de ese ao los nimos se haban caldeado tanto que un senador de Illinois se hizo con la presidencia pese a que pareca desafiar las tradiciones polticas en no pocos aspectos. Y mientras tanto, las portadas de los diarios se llenaban de escndalos sobre la corrupcin del antiguo rgimen, la avaricia de las entidades financieras concediendo crditos a diestro y siniestro, el silencio de los reguladores y el adulterado empaquetamiento de valores financieros con la mxima nota posible, la llamada "triple A".

Fueron momentos horribles, pero para alguien en mi situacin tambin haba cierta esperanza en paralelo al desastre que estaba teniendo lugar. Nos adentrbamos en la peor recesin que jams he visto, pero al menos bamos a ver el fin de la farsa que haba construido el consenso intelectual y poltico de las ltimas dcadas.

Nunca ms, pens, caeran rendidos los periodistas ante el nuevo consejero delegado de una gran empresa, nunca ms se dara crdito a los expertos para los que el funcionamiento del mercado era la personificacin de la democracia. Los tericos de la gestin de empresas dejaran de ser intelectuales mediticos y el consejo poltico de los especuladores burstiles se ignorara como el desecho txico que obviamente era.

"El dios de los mercados ha fallado", escrib en esta columna en febrero de 2009, y pens que ese fracaso auguraba no solo una gigantesca reconfiguracin de la relacin entre los bancos de inversin y el resto de la sociedad, sino un revs monumental a los cmodos anlisis de los denominados 'expertos'.

En un principio hubo razones para creer en tal desarrollo de los acontecimientos. La famosa confesin de Alan Greenspan en octubre de 2008, cuando dijo que estaba estupefacto ("shocked disbelief") por los tejemanejes del sistema financiero, me pareci un punto de inflexin, y tambin me pareci histrico que Richard Posner, famoso idelogo de la escuela de economistas de Chicago, reconociera que la desregulacin haba ido "demasiado lejos".

Pero se trataba de intelectuales, unidos por un cdigo distinto del que alimenta a polticos y analistas. Por lo dems, prcticamente nada cambi. S, el nuevo presidente y sus aclitos lograron que el Congreso aceptara una enorme factura del sistema sanitario, pero slo despus de asegurarse (...) de que la nueva ley no enojaba en exceso a las grandes empresas del sector. A continuacin se escenific un pusilnime ataque desregulador contra Wall Street, tras lo cual las reservas de audacia se agotaron por completo.

Mientras la derecha criticaba el "socialismo" de Obama, el presidente se esforzaba en demostrar su lealtad a la agotada fe en el mercado. En las cuestiones comerciales y econmicas, proclam a los cuatro vientos el continuismo con las polticas del desacreditado pasado. En la fundamental cuestin de las malas prcticas de los reguladores (...) apenas ha tocado nada.

La verdadera audacia ha estado en el otro lado. Muchos republicanos decidieron responder a la crisis redoblando su fe en el consenso de los ltimos 30 aos, pidiendo ms desregulacin y un ataque sin cuartel al papel del Estado.

Que hayan vencido con esta estrategia en estos aos de crisis financiera (...) es prueba de su genialidad poltica y del desastroso posicionamiento de los demcratas. (Tambin es prueba de su genialidad) el floreciente movimiento populista del Tea Party, que ha transformado la ira por el paro en protestas contra las pensiones de los empleados pblicos y contra las ayudas a los trabajadores del sector del automvil.

Con todo, donde ms confiaba en que iba a haber cambios era en el rea de los expertos y analistas profesionales, que no haban cuestionado nada sobre el desastre que se avecinaba. Hace ya dos aos y nada ha cambiado en la lite de expertos. Thomas Friedman del New York Times todava suelta las teoras sobre la creatividad que formaron parte de la esencia de la direccin de empresas hace 10 aos. El Washington Post insiste en su guerra no declarada a la Seguridad Social, [...] explicando por qu hay que rescatar a los bancos pero "hay que recortar los derechos (de los trabajadores)". En todo el mundo se asegura que la necesidad de equilibrar las cuentas pblicas es urgente.[...]

En Wall Street, la carretera que nos lleva a la destruccin est repleta de primas para los ejecutivos. Y en las oficinas del gobierno central de Washington la sensacin es la de siempre. La gente prspera y bien educada acude a sus clases de yoga y compra sus pasteles de cumpleaos mientras escuchan cmo los presentadores de la emisora NPR saludan a la nueva generacin de aburridos centristas a medida que se incorporan al glorioso crculo de los biempensantes. Los dirigentes de los grupos de presin siguen reunindose en sus sofisticados restaurantes, haciendo todo lo que est en sus manos por los olvidados miembros del uno por ciento de la poblacin que maneja la pirmide.

En cuanto a m [...], adis y muy buenas.

http://online.wsj.com/article/the_tilting_yard.html

Ilustracin de Acacio Puig

Traduccin de Toms Cobos: http://acuarelalibros.blogspot.com/2008/10/como-los-ultraconservadores.html

Informacin sobre el nuevo libro de Thomas Frank en castellamo: http://acuarelalibros.blogspot.com/2008/10/como-los-ultraconservadores.html


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