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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-01-2011

La coyuntura geopoltica de Amrica Latina y el Caribe en 2010

Atilio A. Born
Rebelin

Ponencia presentada en Casa de las Amricas, 22-24 de Noviembre 2010


Auge o declinacin del imperialismo norteamericano

Hablar de la coyuntura geopoltica de Amrica Latina y el Caribe en el momento actual nos obliga a examinar, en trminos globales, la situacin del imperio. Al iniciarse la dcada de los ochentas haba ganado creciente gravitacin, no slo en Amrica Latina sino en buena parte del mundo, un discurso que anunciaba la decadencia del imperialismo norteamericano. 1 Una serie de acontecimientos de significacin histrico-universal, al decir de Hegel, daban pie a tal prediccin: en primer lugar, la catastrfica e ignominiosa derrota de Estados Unidos en Vietnam; cuatro aos ms tarde, en 1979, el derrocamiento de las tiranas del Sha de Irn y de Somoza en Nicaragua, privando al imperio de la inestimable colaboracin de dos de sus principales gendarmes regionales en Medio Oriente y Centro Amrica respectivamente; aos despus, el derrumbe, siguiendo el tan temido efecto domin de los estrategas del Pentgono, de las dictaduras que Washington haba promovido o instalado directamente en Amrica Latina y el Caribe y la impetuosa irrupcin de una nueva ola democratizadora que encontr en esta parte del mundo una de sus expresiones ms acabadas. En el otro extremo del mundo, el lento inicio del irresistible ascenso de China en el firmamento de la economa y la poltica mundiales le prestaba an ms verosimilitud a las tesis decadentistas que, en la izquierda latinoamericana, lograron amplia repercusin a lo largo de toda la dcada. No slo la izquierda latinoamericana tom nota y elabor argumentos sobre esta situacin: en el capitalismo desarrollado proliferaron tambin teorizaciones de diverso tipo que pretendan dar cuenta de este lento pero inexorable ocaso del imperialismo norteamericano. Dos contribuciones sumamente significativas de aquellos aos fueron los libros de Emmanuel Todd y del historiador Paul Kennedy y su teora de la sobre-expansin imperial (imperial overstretching).2

No obstante, ms pronto que tarde las cosas habran de cambiar. En la inauguracin de la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989) algunos analistas vieron una primera tentativa de recomposicin de la primaca imperial -obsesionada por dejar atrs el ominoso legado del sndrome de Vietnam- sobre todo luego del inicio de una brutal ofensiva militar en contra de la Unin Sovitica -la guerra de las Galaxias- que oblig a este pas a incurrir en un gasto militar de fenomenales proporciones que, a la postre, aceleraran el catastrfico final del experimento sovitico. Pero no sera sino hasta finales de la dcada y comienzos de la siguiente cuando, cada del Muro de Berln (1989) e implosin de la Unin Sovitica (1991) mediante, amn del triunfo en la Guerra del Golfo (Agosto 2 de 1990 - Febrero 28 de 1991), el discurso sobre la decadencia imperial habra de ser archivado. A partir de ese momento se generaliz la tesis contraria: no slo que no haba ni hubo decadencia imperial -sino apenas un momentneo tropiezo- sino que, de hecho, el imperio se haba recargado y apareca en la escena universal con renovados bros. Algunos tericos, como Charles Krauthammer, por ejemplo, construyeron laboriosos argumentos para fundar su tesis sobre la permanencia del llamado momento unipolar. 3 Este nuevo humor social, que permeaba los distintos estratos de la opinin pblica mundial y que, por supuesto, prevaleca sin contrapesos en los crculos dirigentes del capitalismo, atraera una plyade de intelectuales y publicistas que conformaran este estado de nimo en una nueva y completa doctrina internacional. Hablamos de la obra de autores tales como Thomas Friedman, Robert Kagan, Samuel P. Huntington y Francis Fukuyama, entre otros, quienes en el clima optimista de los nuevos tiempos se dieron a proclamar a los cuatro vientos el carcter imperialista de los Estados Unidos. Slo que, a diferencia de los anteriores, el norteamericano es un imperialismo benvolo, moral y libertario, que descarga sobre los hombros de la sociedad norteamericana la dura tarea de crear un mundo seguro para la libertad, la democracia y, de paso, los mercados. No hace falta demasiada erudicin para corroborar las simetras entre este razonamiento y el que expresara Sir Cecil J. Rhodes, en la Inglaterra victoriana, sobre la responsabilidad del hombre blanco en llevar la civilizacin a las salvajes poblaciones del frica negra e inculcndoles el amor por la justicia, la democracia, la libertad y la propiedad privada. Cabe anotar que esta visin idlica del imperio rebals con creces el espacio ideolgico de la derecha para penetrar profundamente en las interpretaciones de una cierta izquierda manifiestamente incapaz de entender el significado de los nuevos tiempos. Un caso paradigmtico de este extravo lo ofrece la obra de Michael Hardt y Antonio Negri, en donde se desarrolla la curiosa tesis de un imperio sin imperialismo. 4

Los atentados a las Torres Gemelas y al Pentgono, el 11 de Septiembre de 2001, pusieron abrupto fin a esta ensoacin y el imperialismo reafirm urbi et orbi su disposicin a pelear con quien fuera necesario para preservar sus privilegios. Los dichos de George Bush Jr. son bien elocuentes al respecto: buscaremos a los terroristas en cada rincn oscuro de la Tierra. 5 El optimismo cedi su lugar a la crispacin y a la furia, y a un inusitado proceso de militarizacin cuyas funestas consecuencias no tardaron en tornarse claramente visibles de inmediato.

En la actualidad, y como fiel reflejo de los cambios registrados en la escena internacional, al finalizar la primera dcada del siglo veintiuno ya son los grandes estrategas del imperio quienes plantean una visin declinacionista del futuro norteamericano. Todos los documentos elaborados por el Pentgono, el Departamento de Estado y la propia CIA sobre los escenarios futuros (en torno al 2020 o 2030) coinciden en sealar que Estados Unidos jams volver a disfrutar de la supremaca que supo tener en la segunda mitad del siglo veinte y que ese tiempo ya se acab. Es ms, en un informe especial elaborado por el Pentgono se dice que en los prximos aos Washington deber prepararse para vivir en un mundo mucho ms hostil y competitivo, con numerosos rivales y adversarios que cuestionarn su predominio en todos los frentes y que, en consecuencia, las guerras sern una condicin permanente durante los prximos treinta o cuarenta aos.6

Las razones de fondo que subyacen a este pronstico son bien conocidas. Por una parte, la relativa prdida de gravitacin econmica de Estados Unidos por comparacin a la que gozaba a la salida de la Segunda Guerra Mundial. Si en ese momento su contribucin al PIB mundial rondaba el 50 % en la actualidad es poco menos que la mitad de esa proporcin, y la tendencia es hacia la baja, suave pero hacia la baja. El pas sufre, adems, de los dficits gemelos (fiscal y de balanza comercial) que han adquirido dimensiones extraordinarias. El dlar norteamericano, a su vez, ha visto declinar significativamente su valor en los ltimos aos y de moneda de reserva de valor que era se convirti en una divisa cada vez ms sostenida por sus propios rivales en la economa mundial, como China, Japn, Corea del Sur y Rusia. Una economa, en suma, en donde los hogares, las empresas y el propio estado se encuentran endeudados en grado extremo. Durante ms de 30 aos Estados Unidos vivi artificialmente del ahorro y del crdito externo, consumiendo muy por encima de sus posibilidades reales y tanto uno como el otro no son entidades infinitas e inagotables. El estado se endeud al lanzar varias guerras sin subir los impuestos. No slo eso, reduciendo los impuestos a los ricos y las grandes corporaciones. Las familias tambin se endeudaron, impulsadas por una infernal industria de la publicidad que promueve patrones de consumo no slo irracionales sino brutalmente agresivos con el medio ambiente. A mediados del 2007 un informe de la Reserva Federal de los Estados Unidos adverta sobre el peligroso ascenso del endeudamiento de los hogares norteamericanos que haba pasado de ser equivalente al 58 % del ingreso de las familias en 1980 a 120 % en el 2006. Segn un estudioso del tema, Eric Toussaint, esa proporcin sigui aumentando y hasta situarse, en la actualidad, en un 140 % del ingreso anual de las familias. El mismo autor seala que si se suma la totalidad de la deuda norteamericana, es decir, la de las familias, las empresas y el estado, se llega a un exorbitante 350 % del PIB de los Estados Unidos. Situacin insostenible que, finalmente, estall a mediados del 2008 desencadenando una nueva crisis general en la cual estamos inmersos. 7

El resultado de este descalabro econmico del centro imperial es que, por primera vez en la historia, un pas situado en el vrtice de la pirmide imperialista se convierte en el principal deudor del planeta. Tradicionalmente la situacin era la inversa: eso fue lo que ocurri durante el largo reinado de Gran Bretaa en la economa mundial (desde comienzos del siglo diecinueve hasta la Gran Depresin de 1929) y eso tambin aconteci durante un tiempo en las primeras dcadas de la hegemona norteamericana, entre 1945 y comienzos de los setentas. Pero en la actualidad la situacin es completamente distinta y Estados Unidos ostenta la poco gloriosa condicin de ser el mayor deudor del mundo.

Un cambiante, y amenazante, escenario estratgico mundial

Lo anterior no poda dejar de tener profundas implicaciones polticas. Tal como lo aseguran numerosos documentos oficiales, Estados Unidos se enfrenta ante un escenario internacional profundamente amenazante: la situacin en Medio Oriente parece deslizarse por un tobogn que culmina en el descontrol, y donde el fundamentalismo islmico, alentado por la CIA para repeler la invasin sovitica en Afganistn, ahora amenaza a las monarquas petroleras pro-americanas de la regin. Israel, a su vez, es el gendarme regional que acta cada vez con mayor autonoma sabiendo que dispone de suficientes mecanismos extorsivos como para garantizar el incondicional apoyo de Washington a sus polticas sionistas. Sus provocaciones y sus desafiantes polticas racistas y colonialistas han exacerbado sin cesar el polvorn del conflicto palestino-israel, que bien podra finalizar desencadenando un nuevo holocausto nuclear habida cuenta de la pertinaz ofensiva desatada en contra de Irn por parte de la Casa Blanca y el gobierno sionista de Israel. Siete aos de guerra en Irak no lograron estabilizar a ese pas y normalizarlo para extraer de l el precioso recurso petrolero en la cantidad deseada; por el contrario, la ocupacin norteamericana que finaliz con una ingloriosa retirada sin victoria de las tropas yankees ha destruido el delicado equilibrio que mantena a ese pas unido y que, roto hoy de manera aparentemente irreparable, se convierte en un factor de desestabilizacin de toda la regin, incluido Turqua, dado el papel de la minora kurda en su territorio. Ms hacia el este las aguas lejos de calmarse se agitan an con ms fuerza: sumido en otra aventura militar en Afganistn, la presencia de sus tropas en el rea ha movilizado fuertes sentimientos anti-norteamericanos que tambin se expanden como un reguero de plvora hacia su vecino Pakistn, irresponsablemente dotado de un poderoso arsenal nuclear cedido por Washington a fin de contrabalancear el programa atmico de la India, que la estpida y crnica paranoia de la dirigencia de Estados Unidos atribua a su condicin de Proxy sovitico.

En el extremo oriente no mejora la situacin poltica global de Estados Unidos: el inslito desafo de Corea del Norte prosigue su curso sin que el imperio pueda interponer obstculos con suficiente capacidad de disuasin. China se encamina en pocos aos ms a ser la principal economa del mundo y, adems, un formidable poder militar pero de naturaleza eminentemente defensiva. Por su parte, Europa da muestras de una radical incapacidad de conformar una unidad poltica que le permita constituirse como un actor poltico gravitante en la arena mundial.

Como no poda ser de otra manera, el impacto de todos estos cambios econmicos y polticos tuvo una enorme repercusin en Amrica Latina y el Caribe. Veremos este tema en ms detalle en la siguiente seccin de este trabajo. Por ahora bstenos con decir que el acontecimiento ms significativo en este terreno ha sido la estrepitosa derrota del ALCA en Mar del Plata, en Noviembre del 2005, en la medida en que se trataba del proyecto estratgico ms importante del imperio desde la formulacin e implementacin de la Doctrina Monroe. En realidad, el ALCA no era otra cosa que la culminacin del proceso anexionista contemplado en aquella, y que fue abortado gracias a la rebelin de algunos gobiernos de la regin y la colaboracin de otros.

El reverso de la medalla de todos estos procesos ha sido la desorbitada militarizacin de la poltica exterior y, como complemento necesario, el progresivo recorte de los derechos civiles y libertades individuales dentro de las propias fronteras de los Estados Unidos, tema ste que ya ha suscitado numerosas protestas por parte de distintas organizaciones defensoras de las libertades y los derechos humanos. Un indicio muy claro de este proceso es el evidente desplazamiento del Departamento de Estado en el diseo e implementacin de la poltica exterior a favor del Pentgono. Por supuesto, esto no es algo que haya ocurrido de la noche a la maana: se trata de un proceso y no de un acontecimiento que ocurre sin aviso previo. En todo caso, si hubiera que fijar un momento emblemtico en donde esta tendencia se acelera considerablemente el 11 de Septiembre del 2001 sera sin duda alguna la fecha ms indicada. Luego de esto el estallido de la Guerra de Irak vendra a acentuar an ms esta orientacin, as como la significativa marginacin de Colin Powell quien en su carcter de Secretario de Estado aconsej a la Casa Blanca no declarar la guerra a Irak y ocupar su territorio dado que luego de ello Estados Unidos no podra retirarse del teatro de operaciones. Su tesis fue vapuleada por la intervencin del Vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney; por el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld; y por la presidenta del Consejo Nacional de Seguridad, Condoleezza Rice, ninguno de los cuales, al decir de Powell, tena el ms mnimo conocimiento de las cuestiones militares y eran incapaces de diferenciar un simple revlver de una pistola.

Esta marginacin del Departamento de Estado ha sido acompaada por un fenomenal aumento del presupuesto militar, para lo cual se apel a pretextos tan remanidos como la necesidad de librar una batalla frontal en la guerra contra el terrorismo, o la guerra contra el narcotrfico todo lo cual, adems, desde el 11 S dio pie para la elaboracin de una nueva doctrina militar y estratgica: la guerra infinita. Una rpida ojeada a la progresin del gasto militar norteamericano revela los descomunales alcances del proceso. En 1992, el presupuesto militar de Estados Unidos equivala al de los 12 pases que le seguan en la carrera armamentista; cuando en 2003 se decide la invasin y posterior ocupacin de Irak el gasto norteamericano ya era equivalente al de los 21 pases que le seguan en ese rubro. Las complicaciones de esa guerra sumada a la intensificacin de las operaciones en Afganistn hizo que, para el 2008 el gasto militar de los Estados Unidos slo pudiera ser igualado si se sumaban los presupuestos militares de 191 pases. Para el 2010, ya es superior a la totalidad del gasto militar de todos los pases del planeta, superando la barrera psicolgica del billn de dlares (un milln de millones de dlares), pese a que en sus comunicados oficiales la Casa Blanca habla de una cifra poco superior a los 750.000 millones de dlares. Claro est que esa cifra no contempla el multimillonario presupuesto de la Veterans Administration, encargada de prestar asistencia mdica y psicolgica a los ex combatientes de las sucesivas guerras del imperio, desde la de Vietnam en adelante. Si a esto se le agregan los gastos realizados por subcontratistas vinculados a actividades de infraestructura (como la Halliburton, por ejemplo) y algunos otros relacionados con la contratacin de mercenarios se comprender fcilmente las razones por las cuales las cifras que se dan a conocer subestiman notablemente el gasto militar de los Estados Unidos.

La formidable expansin de las bases y misiones militares de los Estados Unidos por todo el mundo es otra de las facetas de este proceso de tenebrosa militarizacin de las relaciones internacionales impulsado por Estados Unidos. Un recuento de hace poco ms de un ao arrojaba un nmero de 872 diseminadas por 128 pases. No obstante ello, en meses recientes la Casa Blanca aument su presencia en nuestra regin mediante cuatro nuevas bases que habran sido concedidas motu propio por el gobierno de Panam, dos en el litoral caribeo y otras dos en el Pacfico y una o dos bases aeronavales que el gobierno de Alan Garca habra puesto a disposicin de las tropas norteamericanas en el Per con el objeto de compensar la prdida producida por el abandono de la base de Manta en Ecuador.8 Hay que aclarar, de todos modos, que la Corte Constitucional de Colombia sentenci que el acuerdo Obama-Uribe es inconstitucional; en realidad, el dictamen fue ms all pues la sentencia establece que el tratado de marras es inexistente porque no cumpli con los requisitos fundamentales que lo constituyan como tal. Esta sentencia podra, en principio, obstaculizar la implementacin de los planes blicos del Pentgono en esa regin. Pero decimos en principio porque el dbil espesor de la legalidad colombiana no permite asegurar que la sentencia del mximo tribunal vaya a ser efectivamente aplicada. Otro tanto ocurre con la legislacin aprobada por la Asamblea Nacional de Costa Rica autorizando el ingreso de un elevado nmero de marines a ese pas (entre 6 y 14 mil) y de 46 naves de guerra del ms diverso tipo. A fines de Noviembre del 2010 tal legislacin fue recurrida y hay indicios de que el Tribunal Constitucional de ese pas podra llegar a declarar la inconstitucionalidad de esa pieza legislativa. Claro est que, al igual que en el caso de Colombia, esto no significa que no puedan apelarse a argucias especiales en virtud de las cuales se pueda burlar la sentencia de los jueces. Una simple mirada al mapa regional bastara para comprobar que Amrica Latina y el Caribe se encuentran rodeados de bases militares, la gran mayora de las cuales fueron instaladas -o acordado su uso- en los ltimos aos. Bastara, para circunscribir por completo la gran cuenca de la Amazona, que las negociaciones en curso entre Washington y Pars prosperaran para que, mediante el otorgamiento a los Estados Unidos de la base que los franceses tienen en Cayena, en la Guayana Francesa, el control territorial y del espacio areo fuera total, con una proyeccin que, inclusive, llegara hasta el frica Occidental y la Isla Ascensin, crucial para el desplazamiento de las tropas de la OTAN hacia el Atlntico Sur. 9

Una ltima consideracin de carcter cuantitativo es la siguiente: al momento actual, el total del personal civil del Comando Sur, cuya sede se encuentra en Miami, excede con creces al nmero total de funcionarios que, en todas las dems agencias y secretaras del estado federal, se desempean en programas o iniciativas relacionadas con Amrica Latina. Ntese que estamos hablando del personal civil del Comando Sur, esto es, con exclusin del personal militar. Esta situacin, otra vez, no tiene precedentes en la historia de las relaciones interamericanas.10

Finalmente, habra que agregar en este relevamiento de la desorbitada militarizacin del imperio y de las polticas imperiales la reactivacin de la IV Flota, que no se haba movilizado nsi siquiera en la Crisis de los Misiles, de Octubre 1962. Mantenida en sus apostaderos en esa ocasin, se reactiva a mediados del 200 en sugestiva coincidencia con el anuncio formulado por el presidente Lula relativo al descubrimiento de un enorme manto petrolfero submarino en el litoral paulista.11

Para resumir: expansin desorbitada del gasto militar, de las bases militares, del personal dedicado a monitorear y controlar a la regin en el marco del Comando Sur, la movilizacin de la IV Flota: hace falta alguna evidencia ms para concluir que el imperio se ha lanzado con todas sus fuerzas a recuperar el terreno perdido y a corregir el curso de los acontecimientos regionales para adecuarlo a sus intereses? Y no hay duda alguna de cules son los objetivos estratgicos de tamaa reaccin: en lo inmediato tumbar a Chvez y, de ese modo, lograr el estrangulamiento econmico y financiero de Cuba, Bolivia y Ecuador. Pero el objetivo estratgico supremo, ms all de lo inmediato y circunstancial, es posicionar a los Estados Unidos en una situacin tal que le permita controlar el acceso a las enormes riquezas concentradas en el corazn de Sudamrica. Se verifica tambin en el caso estadounidense la tendencia observada en otros imperios: en su fase declinante se acrecienta su agresividad, su peligrosidad. Su prolongada agona est signada por violentas convulsiones.

James Monroe define (para siempre) la poltica hacia Amrica Latina

Un lugar comn en el discurso de muchos analistas de las relaciones internacionales y, lamentablemente, de muchos funcionarios gubernamentales de los pases latinoamericanos asegura que nuestra regin carece de relevancia y que no suscita mayor inters en Washington. Que lo ms que podemos aspirar es a una negligencia benigna, a un ninguneo apenas disimulado con algn ocasional gesto aislado, o un oportuno tic diplomtico. La razn de esta autodepreciacin, segn los cultores de esta tesis, es que para la Casa Blanca las prioridades son en primer lugar Medio Oriente, luego Europa, luego Asia Central, luego el Extremo Oriente y, en el mejor de los casos, en quinto lugar, aparecera Nuestra Amrica, mendigando atencin y buenos modales.

En realidad, este discurso no surgi endgenamente sino que, gracias a la frrea supervivencia de nuestra colonialidad, fue importado precisamente de Estados Unidos. Ese discurso es al que sistemticamente Washington apela cuando tiene que relacionarse con sus vecinos al sur del Ro Bravo y que la abrumadora mayora de nuestros gobernantes y una proporcin no demasiado menor de nuestros intelectuales han asumido como una verdad revelada e irrefutable. No podemos entrar en mayores detalles para explicar las razones de esta sinrazn. Bstenos con sealar, en lnea con las esclarecedoras reflexiones de Fernndez Retamar contenidas en su Todo Calibn, la pertinaz influencia de una larga historia de sumisin colonial y neocolonial que hunde sus races en la Conquista de Amrica y que hasta el da de hoy atenaza con sus pesadillas el sueo de los vivos, para abusar de un clebre pasaje de Marx en El Dieciocho Brumario.12

La premisa de la irrelevancia ha sido una estrategia muy eficaz utilizada por Washington para desalentar y desmoralizar a los gobiernos latinoamericanos. Pero de su eficacia prctica no puede inferirse que sus fundamentos sean correctos. Son profundamente errneos, por varias razones. 13

En primer lugar no deja de asombrar que si la nuestra es una regin tan irrelevante, que tan poco cuenta en el tablero de la poltica mundial, que haya sido precisamente ella la destinataria de la primera doctrina de poltica exterior elaborada por Estados Unidos tan tempranamente como en 1823, es decir, un ao antes de la batalla de Ayacucho que puso fin al imperio espaol en Amrica. Naturalmente, se trata de la Doctrina Monroe que con sus circunstanciales retoques y adaptaciones ha venido orientando la conducta de la Casa Blanca hasta el da de hoy. Cmo explicar tamaa contradiccin entre irrelevancia y precocidad? La inconsistencia se vuelve clamorosa cuando se repara que habra de transcurrir casi un siglo para que Washington diera a luz, en 1917, a una nueva doctrina de poltica exterior, esta vez referida al teatro europeo, convulsionado por la Primera Guerra Mundial y el estallido de la Revolucin Rusa en Febrero de ese mismo ao. Ms all de la retrica y de tacticismos diplomticos lo sustancial del caso es que Amrica Latina es la principal regin del mundo para la poltica exterior de los Estados Unidos: es su frontera con el Tercer Mundo, su hinterland, su rea de seguridad militar, la zona con la cual comparte la ocupacin de la gran isla americana que se extiende desde Alaska hasta Tierra del Fuego, separada de las dems masas geogrficas y, ms encima todava, depsito de inmensos recursos naturales. Una periferia sometida al insaciable apetito del imperio, que saquea y domina a pueblos y naciones, generando con ello una vasta zona de crnica inestabilidad y turbulencias polticas que brotan de su condicin de ser un riqusima regin lindera con el centro imperial y, a la vez, la de peor y ms injusta distribucin de ingresos y riquezas del planeta. Esas y no otras son las razones de la temprana formulacin de la Doctrina Monroe; las razones profundas, tambin, del ms de centenar de intervenciones militares norteamericanas en la regin, de tantos golpes de mercado, de asesinatos polticos, sobornos, campaas de desestabilizacin y desquiciamiento de procesos democrticos y reformistas perpetrados contra una regin, carente por completo de importancia? En tal caso, no hubiera sido ms razonable una poltica de indiferencia ante vecinos revoltosos pero insignificantes? Precisamente a causa de su relevancia se entiende el sobresalto de Washington ante el surgimiento de cualquier gobierno siquiera mnimamente reformista, an en pases tan pequeos como Grenada (344 km2 y 60.000 habitantes al momento de su invasin por los Marines en 1983!) que fueron demonizados por los administradores imperiales por su capacidad de poner en peligro la seguridad nacional de los Estados Unidos. Fue Zbigniev Brzezinski quien, al promediar la dcada de los ochentas y en plena Guerra de las Galaxias que la Unin Sovitica era un problema transitorio para Estados Unidos, pero que Amrica Latina constitua un desafo permanente, arraigado en las inconmovibles razones de la geografa. De ah la persistencia del criminal bloqueo contra Cuba durante medio siglo y la excepcional ayuda militar prestada a Colombia, pas que es el tercer receptor mundial slo superado por la que se le presta a Israel y, en segundo lugar, Egipto.14

Petrleo, gas, minerales estratgicos, biodiversidad

Fue nada menos que Colin Powell, el Secretario de Estado de George W. Bush quien dijo, a propsito de la obstinacin de la Casa Blanca para lograr aprobar el ALCA, que: nuestro objetivo es garantizar para las empresas estadounidenses el control de un territorio que se extiende desde el rtico hasta la Antrtica y el libre acceso sin ninguna clase de obstculo de nuestros productos, servicios, tecnologas y capitales por todo el hemisferio. 15 Irrelevantes? Ntese la importancia de nuestra regin como un gigantesco mercado para las inversiones estadounidenses, grandes oportunidades de inversin, fabulosas expectativas de rentabilidad posibilitadas por el control poltico que Washington ejerce sobre casi todos los gobiernos de la regin, y todo esto en un territorio que alberga un repertorio casi infinito de recursos naturales de todo tipo.

Pero adems de ello la nuestra podra ser, en funcin de probables desarrollos tecnolgicos, la regin que cuente con las mayores reservas petroleras del mundo: esa es la promesa contenida en la Faja del Orinoco y los megayacimientos submarinos recientemente descubiertos por Petrobrs en el litoral paulista. No lo es hoy, pero podra serlo en un futuro prximo. En todo caso, aun en las condiciones actuales, es la que puede ofrecer un suministro ms cercano y seguro a Estados Unidos, dato harto significativo cuando las reservas del centro imperial no alcanzan para ms de 10 aos y las fuentes alternativas de aprovisionamiento son mucho ms lejanas y cada vez ms problemticas e inciertas toda que vez han entrado en una zona de creciente inestabilidad poltica. Medio Oriente se ha convertido en un polvorn que puede estallar en cualquier momento, donde el resentimiento anti-estadounidense alcanza proporciones impresionantes aun en los Estados-clientes como Egipto, Arabia Saudita y Turqua. Derrotado en trminos prcticos en Irak, al no poder estabilizar ese pas creando las condiciones para apropiarse de su riqueza petrolera en las proporciones anheladas; estancado y con graves riesgos de sufrir otra derrota semejante en Afganistn, cegando las cuencas petroleras de Asia Central al paso que las de frica Occidental carecen de las ms elementales condiciones polticas requeridas para garantizar un flujo estable y previsible de petrleo hacia Estados Unidos, el petrleo venezolano -distante a apenas tres o cuatro das de navegacin por un mar interior como el Caribe- es un imn que atrae incansablemente los peores designios de la Casa Blanca.

Amrica Latina tiene asimismo grandes reservas de gas, dispone de casi la mitad del total de agua potable del planeta, y es el territorio donde se encuentran varios de los ros ms caudalosos del mundo y dos muy importantes acuferos: el Guaran y el de Chiapas. El primero no es el mayor del mundo, que es el Siberiano, pero s es el que tiene mayor capacidad de recarga, lo que le asegura una duracin prcticamente indefinida. Y el de Chiapas ya ha sido considerado como un muy significativo aporte para enfrentar el inexorable agotamiento del suministro de agua que afecta el Suroeste de Estados Unidos y que compromete el acceso al vital liquido de poblaciones como Los Angeles y San Diego. Si como dicen los expertos en cuestiones militares las guerras del siglo veintiuno sern guerras del agua, cmo podra ser irrelevante un rea que concentra casi la mitad del agua dulce del planeta?

Amrica Latina tambin es rica en minerales estratgicos. Un trabajo reciente de Rodrguez Rejas en relacin al tema demuestra que desde mitad de la dcada de los noventa, cuando se dispara esta actividad, Amrica Latina cuenta con una parte importante de la produccin y reservas de varios minerales cuya principal fuente de destino es EU. Prosigue esta autora recordando que entre los diez primeros pases mineros del mundo hay seis latinoamericanos: Per, Chile, Brasil, Argentina, Mxico, Bolivia y Venezuela y que los pases de la regin se cuentan entre los principales productores mundiales de minerales estratgicos y metales preciosos -son catalogados como tales el oro, plata, cobre y zinc-, as como por las reservas probadas de minerales estratgicos con alto precio en el mercado como el antimonio, bismuto, litio, niobio, torio, oro, zinc y uranio entre otros. En varios, el principal receptor de la produccin es EU, especialmente en el caso del bismuto (88%), zinc (72%), niobio (52%) y en menor medida la fluorita (45%) y el cobre /45%). 16 En lnea con este anlisis John Saxe-Fernndez sostiene que la agenda militar/empresarial de los Estados Unidos en esta materia se refiere a los abastecimientos de petrleo, gas y el resto de los metales y minerales, de la A de almina a la Z de zinc. Y para sustanciar esta afirmacin el experto seala que ya desde 1980 uno de los principales expertos de la Fuerza Area de Estados Unidos haba advertido al Congreso que amn de la fuerte dependencia de las importaciones petroleras este pas careca de al menos cuarenta minerales esenciales para una defensa adecuada y una economa fuerte. De esto se desprende la necesidad de que esos minerales puedan ser aportados por los pases latinoamericanos, sustituyendo fuentes de abastecimiento mucho ms inciertas y lejanas.17 De acuerdo con informaciones proporcionadas por el Mineral Information Institute de Estados Unidos debe importar el cien porciento del arsnico, columbo, grafito, manganeso, mica, estroncio, talantium y trium que requiere, y el 99 porciento de la bauxita y almina, 94 porciento del tungsteno, 84 porciento del estao, 79 porciento del cobalto, 75 porciento del cromo y 66 porciento del nquel. 18 Como lo asegura el Mineral Information Institute, cada estadounidense al nacer consumir 2.9 millones de libras de minerales, metales y combustibles a lo largo de su vida: 923 de cobre, 544 de zinc, 14.530 de mineral de hierro, 5.93 millones de pies cbicos de gas, 72.499 galones de petrleo, y as sucesivamente. La infografa que se inserta a continuacin ilustra con elocuencia el enorme peso que ejerce sobre el planeta Tierra el sostenimiento del patrn de consumo establecido por el capitalismo norteamericano en ese pas. Huelga aadir que los pases latinoamericanos son grandes productores de la mayora de estos minerales, metales y combustibles requeridos por el consumidor estadounidense.

Lo anterior en relacin a minerales, metales y combustibles. Pero la riqueza de Amrica Latina no se agota all. Miremos a la biodiversidad, cmo podra ser irrelevante una regin que cuenta con algo ms del 40% de todas las especies animales y vegetales existentes en el planeta? Segn informa un documento del programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente Amrica Latina y el Caribe alberga a cinco de los diez pases con mayor biodiversidad del planeta: Brasil, Colombia, Ecuador, Mxico y Per, as como la mayor rea de biodiversidad del mundo: la cuenca amaznica que se extiende a partir de las estribaciones orientales de los Andes. Esta regin contiene la mitad de las selvas tropicales del planeta, un tercio de todos sus mamferos y algo ms de sus especies reptiles, 41 porciento de sus pjaros y la mitad de sus plantas. Es tambin la regin de ms rpida deforestacin a nivel mundial aunque posee ms del 30 porciento del agua potable y un 40 porciento de los recursos acuferos renovables del planeta. Los Andes, por ltimo, son el hogar del 90 porciento de los glaciares tropicales, fuentes del diez por ciento del agua potable del planeta. La cuarta parte de la riqueza ictcola existente en los ros interiores de todo el mundo se encuentra en esta parte del mundo. La mitad de las especies vegetales del Caribe, a su vez, son exclusivas de esa regin y no se encuentran en ninguna otra. 19 Esta exuberante riqueza en materia de biodiversidad constituye un imn poderossimo para las grandes transnacionales estadounidenses, dispuestas a imprimir -mediante los avances de la ingeniera gentica- el sello de su copyright a todas las formas de vida animal o vegetal existentes y, a partir de ello, dominar por entero la economa mundial como lo estn haciendo, en buena medida, con las semillas transgnicas. Por algo el tema de los derechos de propiedad intelectual tiene tanta prioridad para Washington, como lo atestiguan las dursimas negociaciones en el seno de la Organizacin Mundial del Comercio.

Por ltimo, desde el punto de vista territorial, Amrica Latina es una retaguardia militar de crucial importancia. Obviamente, los funcionarios del Departamento de Estado lo niegan rotundamente, pero los expertos del Pentgono saben que esto es as. Por eso el empecinamiento de Washington por saturar nuestra geografa con bases y misiones militares y su obstinacin en garantizar la inmunidad del personal involucrado en las mismas. Si furamos tan poco importantes como se nos dice, por qu la Casa Blanca se desvive proponiendo polticas que suscitan el repudio casi universal en la regin? 20

Militarizacin de las relaciones interamericanas

La verdadera cacera de recursos naturales desencadenada por el imperio inevitablemente estaba destinada a desencadenar una desorbitada expansin de la presencia militar al Sur del Ro Bravo, coto privilegiado de su pillaje.21 Derrotado su gran proyecto estratgico, el ALCA, en la Cumbre de Presidentes de las Amricas de Mar del Plata (Noviembre de 2005), bajo la direccin de Hugo Chvez y con la colaboracin de Luiz Inacio Lula da Silva y Nstor Kirchner, la Casa Blanca slo retrocedi para cobrar nuevos bros y lanzarse de lleno a la reconquista de su influencia perdida. Los cambios que se haban sucedido desde finales del siglo pasado: la rebelin zapatista, la eleccin de Hugo Chvez, el auge del Foro Social Mundial en el primer quinquenio del presente siglo, las elecciones de Lula y Kirchner en Brasil y Argentina respectivamente y, ms tarde, el triunfo de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y, en menor medida, del Sandinismo en Nicaragua convencieron a la burguesa imperial que el reordenamiento de la dscola y vasta regin que se extiende hacia el Sur difcilmente podra lograrse apelando a los tradicionales mecanismos de la democracia burguesa. Pese a que stos favorecan de manera sistemtica los intereses y las preferencias imperiales los procesos de descomposicin del orden neocolonial haban avanzado mucho: la resistencia de Cuba ante el bloqueo y una aberrante campaa de agresiones y sabotajes la haca aparecer ante los ojos de millones de latinoamericanos como un faro cuya luz se haca ms resplandeciente con el transcurso del tiempo. Y la aparicin de nuevos liderazgos radicales, como el de los ya mencionados Chvez, Morales y Correa, y de otros que sin serlo facilitaban sus iniciativas, como Kirchner, Correa y Vzquez en Uruguay, exiga correctivos que obligaban a arrojar por la borda los escasos escrpulos democrticos de la derecha latinoamericana e imperial. De ah las tentativas golpistas en Venezuela en 2002, Bolivia en 2008, Honduras en 2009 y Ecuador en 2010, no por casualidad cuatro pases integrantes de la Alianza Bolivariana de las Amricas (ALBA).22 Si bien tres de estas cuatro tentativas fueron derrotadas, en Honduras el desenlace favoreci los planes del imperialismo: el presidente Mel Zelaya fue derrocado, el rgimen golpista fue amparado por la abierta complicidad de Washington y el gobierno fraudulento de Porfirio Lobo inmediatamente reconocido por la Casa Blanca y su pen sudamericano, lvaro Uribe.

El contra-ataque imperial se manifest no slo en el terreno de la desestabilizacin de gobiernos democrticos: sumamente expresiva fue la reactivacin de la IV Flota, que haba permanecida como una suerte de clula dormida del imperialismo desde 1950 y que ni siquiera haba sido llamada a las armas durante la muy crtica coyuntura de Octubre de 1962 cuando se produjo la llamada crisis de los misiles entre la Unin Sovitica y Estados Unidos. Pero el retroceso de los intereses estadounidenses en Sudamrica y el anuncio del presidente Lula del descubrimiento de un mega-yacimiento de petrleo en aguas continentales del Brasil precipitaron el llamado a levar anclar y hacerse a la mar de la IV Flota. 23 Lo mismo puede decirse en relacin a la sucesin de bases militares que Estados Unidos ha logrado implantar en esta parte del mundo y que, sin duda alguna, ponen en evidencia la voluntad del imperio de fortalecer su presencia en la regin y garantizar la exclusividad en el acceso a los estratgicos recursos que alberga el corazn de Amrica del Sur. (Ver mapa al final de este trabajo)

Un aspecto poco examinado, y que convendra monitorear ms cuidadosamente, es el siguiente: si bien es cierto que la Escuela de las Amricas (School of the Americas, SOA), el nido en el cual se criaron los militares terroristas que asolaron la regin, ya no tiene la importancia de antao, lo cierto es que persisten todava numerosos vnculos que articulan al Pentgono con las fuerzas armadas de Amrica Latina y el Caribe. Fundada en 1946 y establecida en Panam en ese mismo ao, en 1984 reinicia sus actividades en territorio continental norteamericano, en Fort Benning, Georgia. La relocalizacin de la Escuela de las Amricas fuera del suelo latinoamericano haba sido uno de los puntos contemplados en las negociaciones del tratado Carter-Torrijos en 1977.24 Atenta a los cambios de los vientos polticos que soplaban en la regin en el 2001 esta siniestra institucin cambia de nombre y pasa a denominarse Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperacin de Seguridad (Western Hemisphere Institute for Security Cooperation WHISC). El cambio es mero maquillaje porque la institucin contina en el mismo sitio, con el mismo edificio, los mismos instructores y enseando las mismas tcnicas de tortura y represin. Lo ms grave, salvo pocas excepciones la casi totalidad de los pases del rea: Colombia, Chile, Per, Nicaragua, Repblica Dominicana, Ecuador, Panam, Honduras, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Paraguay, Mxico, Jamaica, Belice, Brasil, Canad, Barbados, Grenada y St.Kitts continuaban enviando, en el 2009, sus oficiales de las fuerzas armadas a la SOA mientras que Argentina, Venezuela, Bolivia y Uruguay dejaron de hacerlo.25

Para resumir: pese a los cambios sociopolticos existentes en la regin todava subsisten mltiples lazos que vinculan a las fuerzas armadas latinoamericanas con las agencias militares del imperio. Le asiste plenamente la razn a la especialista argentina Elsa Bruzzone cuando asegura que debemos deshacernos de la Organizacin de Estados Americanos (OEA), del Tratado Interamericano de Asistencia Recproca (TIAR), de la Junta Interamericana de Defensa, en resumen, de todo el sistema interamericano de defensa elaborado por Estado Unidos desde el ao 1948. 26

El proceso de militarizacin de las relaciones interamericanas

est lejos de ser un resultado accidental del nuevo escenario internacional sino que refleja las apremiantes necesidades del imperio para asegurarse el control excluyente de los recursos naturales necesarios para mantener su irracional y despilfarrador patrn de consumo. Por supuesto, esto tiene su contrapartida domstica en la fuerte tendencia hacia la criminalizacin de la protesta social en numerosos pases del rea, en una dinmica que no es independiente sino estrechamente relacionada con la que prevalece en el plano internacional. Tal como lo ha observado en numerosos escritos Ral Zibechi, este proceso es inherente al modelo de desarrollo extractivista, a la acumulacin por desposesin (David Harvey) y al saqueo de los pueblos originarios y las masas campesinas latinoamericanas. La conclusin es que no hay extractivismo sin represin, y no hay relaciones interamericanas sin militarizacin.

Dadas estas condiciones no sorprende impulso y el abierto auspicio que Washington le est otorgando a las diversas ofensivas destituyentes en curso en la regin. El caso de Honduras es sin duda el ms citado y, tal vez, el ms descarado. All fue el propio embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, quien advirti, en un cable ahora revelado por las filtraciones de WikiLeaks, que las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial y el Congreso Nacional conspiraron contra el ex presidente Manuel Zelaya y que lo que all ocurri fue un golpe de estado y no, como lo asegurara la Secretaria de Estado Hillary Clinton, un prolijo y legal recambio presidencial precipitado por las transgresiones cometidas por el presidente Zelaya. Esto no es nada novedoso sino, por el contrario, la ratificacin de una tendencia permanente de la poltica exterior de Estados Unidos hacia nuestra regin y que hoy se manifiesta tambin en la brutal ofensiva lanzada contra los gobiernos de izquierda como el de Hugo Chvez, Evo Morales y Rafael Correa y, en menor medida, a quienes son considerados como sus compinches: los gobiernos de Lula en Brasil y Cristina Fernndez en Argentina. Las abiertas amenazas golpistas que se ciernen sobre Guatemala y Paraguay, sobre todo en este ltimo pas donde el protagonismo de la embajada ha llegado a extremos inslitos, as como la intensificacin de la campaa en contra de Cuba puesta de manifiesto en los renovados recursos destinados a financiar las actividades de presuntos disidentes y que seguramente se intensificar con la asuncin de algunos miembros de la derecha fascista en algunos cargos claves del Congreso (caso de la representante de la mafia anticubana Ileana Ros, por ejemplo, a la jefatura de la Comisin de Relaciones Exteriores de la Cmara de Representantes) son claros indicios de que nuestra regin deber estar muy alerta para evitar que sus gobiernos progresistas sucumban ante el feroz ataque de la Roma americana, como gustaba decir a Jos Mart.

Una ltima reflexin en relacin a este asunto: contrariamente a las ilusiones que brotaron al calor de la obamamana, la presidencia de Obama no se apart un pice de la senda trazada por sus reaccionarios predecesores. No slo fue l quien estamp su firma junto a la de lvaro Uribe al pie del tratado mediante el cual Colombia ceda el uso de siete bases militares a los Estados Unidos -en una movida que equivale a la explcita conversin de ese pas sudamericano en un protectorado norteamericano- sino que tambin admiti sin revisin continuar con el ASPAN -la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de Amrica del Norte- que, en los hechos, significa extender dentro de los territorios de Mxico y Canad (pero no a la inversa, si bien esto no est explcitamente prohibido) la jurisdiccin de las fuerzas armadas estadounidenses, de algunas de sus agencias federales como la CIA, la DEA y el FBI, recortando significativamente la soberana de sus vecinos del norte y del sur. No es un dato menor sealar el hecho de que, pese a su enorme importancia y su carcter lesivo para la soberana de Mxico, el ASPAN no sea un tratado sino simplemente un compromiso poltico o un acuerdo de cooperacin entre los Ejecutivos de Estados Unidos, Canad y Mxico, el que, dada su informalidad, no est sujeto al control del Poder Legislativo de los pases que establecen el acuerdo, lo cual configura una aberrante anomala para esta clase de entendimientos. Tal como la manifestara la Canciller mexicana Patricia Espinosa, no existe ningn documento que especifique los trminos de este acuerdo: por ejemplo, que armas podrn ser introducidas en Mxico, el tamao de la fuerza norteamericana, el mbito territorial de su intervencin, si existen o no inmunidades diplomticas para los involucrados en esta operacin. Tal como lo declarase la funcionaria arriba mencionada, No hay documento firmado. No es un tratado internacional; es un documento que refleja el compromiso de ambos gobiernos de trabajar de manera conjunta. El nico documento escrito es, segn la Canciller, apenas el comunicado conjunto emitido por los gobiernos de los tres pases, Nada ms! El ASPAN tiene por objetivo coordinar los esfuerzos de lucha contra lo que se ha dado en llamar lasamenazas comunes, mismas que fueron identificadas como las organizaciones transnacionales del crimen organizado, el narcotrfico, el trfico de armas, las actividades financieras ilcitas, el trfico de divisas y la trata de personas. Gracias a este compromiso las fuerzas ocupantes pueden ignorar la normativa internacional en la materia, porque no hay ningn vnculo formal que las obligue a ello. Pocas veces se constat tan flagrante e ignominiosa cesin de soberana como el ASPAN, llevada a cabo de manera solapada, arbitraria y antidemocrtica, lo que arroja un ominoso manto de sospecha sobre los gobiernos signatarios y carcome insanablemente sus pretendidas credenciales democrticas. Obama convalid esta monstruosidad, lo cual retrata ntidamente cul su total sujecin a las directivas establecidas por la clase dominante en Estados Unidos. Menos mal que era tenido por progresista! 27

Una conclusin esperanzada

No obstante todo lo antes expuesto, es preciso subrayar que a pesar de las formidables presiones de todo tipo ejercidas por Estados Unidos Washington no pudo neutralizar la creciente influencia comercial y econmica de China y, en algunos casos, como Rusia, la influencia ejercida tambin en la rbita militar. Este acelerado proceso de multipolarizacin econmica y poltica, que contrasta abiertamente con el indisputado predominio militar de Estados Unidos, ha abierto un importante espacio para afianzar la autonoma y autodeterminacin de Nuestra Amrica. Pases como Rusia han recuperado su gravitacin en el rea y otros como China, Irn, India y Sudfrica juegan un papel cada vez ms importante en los delicados equilibrios geopolticos de la regin.

Una prueba del menguado podero norteamericano en el rea la ofrece la sola enumeracin de algunas derrotas que Estados Unidos experiment en aos recientes en esta parte del mundo. Sin nimo de exhaustividad podramos citar el desplante sufrido en la eleccin del Secretario General de la OEA, en Mayo del 2005, cuando por primera vez fue electo un candidato que no contaba con el apoyo de Estados Unidos. Poco despus Washington sufrira una nueva derrota en Mar del Plata, cuando en Noviembre del 2005 naufragara el ALCA. Estados Unidos experiment tambin un duro revs al fracasar el golpe de estado en Venezuela, en 2002, y similares tentativas en Bolivia, 2008, y Ecuador, 2010. Lo mismo ocurri en Junio del 2009, en San Pedro Sula, Honduras, cuando contrariando las explcitas posturas de Estados Unidos y sobreponindose a sus intensas presiones la Asamblea General de la OEA derog la resolucin adoptada en Punta del Este, en 1962 que haba expulsado a Cuba del seno de la organizacin. Washington tampoco pudo impedir la realizacin de ejercicios navales conjuntos entre las marinas rusa y venezolana en el Mar Caribe (un mar interior de los Estados Unidos para los halcones del Pentgono) en Noviembre del 2008, en coincidencia con la visita del presidente de Rusia, Dimitri Medvdev a la Repblica Bolivariana de Venezuela. Tampoco tuvo xito la Casa Blanca en sus empeos por impedir la liberacin de rehenes de las FARC en Colombia, pese a los denodados esfuerzos realizados por su pen lvaro Uribe Vlez. No corri mejor suerte el intento de impedir que el gobierno de Rafael Correa en Ecuador ordenara la inmediata evacuacin de la base de Manta, ni tampoco pudo ser desestabilizado ese gobierno por el ataque de las fuerzas armadas de Colombia, con apoyo logstico de personal y equipo localizado en Manta, a un campamento de las FARC establecido al sur de la frontera colombo-ecuatoriana. Tampoco tuvo xito en precipitar la cada de Correa mediante una abortada intentona de golpe de estado en Septiembre del 2010. Washington tampoco pudo impedir que el gobierno de Evo Morales expulsara al provocador embajador de Estados Unidos en ese pas, Philip Goldberg, de tenebrosa participacin en la particin de la ex Yugoslavia y la creacin de Kosovo. Pese a sus presiones la Casa Blanca no pudo frustrar el proyecto de creacin de la Unin Sudamericana de Naciones, que suplant exitosamente a la OEA en desbaratar los golpes de estado en contra de Evo Morales y Rafael Correa, y la puesta en marcha de un Consejo Sudamericano de Defensa. Finalmente, tampoco pudo Estados Unidos frustrar la creacin, en la II Cumbre de Amrica Latina y el Caribe (CALC) y la XXI Cumbre del Grupo de Ro, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeos, que iniciar sus funciones a partir de julio de 2011 luego de la III Cumbre CALC a realizarse en Venezuela.

Derrotas significativas, ms el imperio no se da por vencido. Vuelve a la carga y, tal como lo ensea la historia, al igual que sus predecesores: el imperio britnico, el espaol, el portugus, el otomano y el propio imperio romano, es en las fases de decadencia cuando se los imperios se tornan ms virulentos y agresivos. Conviene, por eso, recordar algunas enseanzas. La de Mart, cuando deca que los norteamericanos creen en el derecho brbaro, como nico derecho: esto es nuestro, porque lo necesitamos. Y ah arremeten contra los pueblos que tienen aquello que excita el apetito del imperio. Las del Che, cuando en las Naciones Unidas sentenciaba que (N)o se puede confiar en el imperialismo ni un tantito as, nada. Y las de Fidel, cuando nos aconsejaba

No subestimar al enemigo imperialista [...] El enemigo imperialista cometi el error de subestimarnos a nosotros! nuestra patria se enfrenta al imperio ms feroz de los tiempos contemporneos, y [...] que [...] no descansar en sus esfuerzos por tratar de destruir la Revolucin [...] crearnos obstculos [...] por tratar de impedir el progreso y el desarrollo de nuestra patria [...] ese imperialismo nos odia con el odio de los amos contra los esclavos que se rebelan. [...] a ello se unen las circunstancias de que ven sus intereses en peligro; no los de aqu, sino los de todo el mundo.


Posiciones militares de EEUU


1 Un excelente compendio de esas discusiones se encuentra en Luis Maira, compilador: Una nueva era de hegemona norteamericana? (Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1985). En Estados Unidos, los principales contribuyentes a ese debate fueron Robert Gilpin The political economy of international relations (Princeton: Princeton University Press, 1987); Paul Kennedy, The rise and fall of the Great Powers. Economic change and military conflict from 1500 to 2000. ( New York: Random House, 1987); Robert O. Keohane, After Hegemony. Cooperation and discord in the world political economy (Princeton, Princeton University Press, 1987); Henry R. Nau, The Myth of Americas Decline (New York and Oxford, Oxford University Press, 1990); Joseph S. Nye, Jr., Bound to lead. The changing nature of American power (New York: Basic Books, 1990) y tambin su The changing nature of world power, Political Science Quarterly, Vol. 105, N 2, 1990; Bruce Russett, The mysterious case of vanishing hegemony; or is Mark Twain really dead?, International Organization 39 (Spring 1985); Duncan Snidal, Hegemonic stability theory revisited, en International Organization 39 (Autumn 1985); Susan Strange, The persistent myth of the lost hegemony, International Organization 41 (Autumn 1987).

2 Cf Paul Kennedy, The rise and fall of the Great Powers . Economic change and military conflict from 1500 to 2000. (New York: Random House, 1987); Emmanuel Todd, Aprs lempire. Essai sur la dcomposition du systme amricain (Paris: Gallimard, 2002)

3 Charles Krauthammer, The unipolar moment, en Foreign Affairs, Vol. 70, N 1, 1990-1991. Ver asimismo Immanuel Wallerstein, The decline of American Power (New Press. 2003) ; Chalmers Johnson The Sorrows of Empire: Militarism, Secrecy, and the End of the Republic ( New York: Metropolitan Books, 2004) y la obra de quien quizs sea el ms radical terico de la supremaca norteamericana, Robert Kagan, Of Paradise and Power: America and Europe in the New World Order (New York: Knopf, 2003)

4 Ver su Imperio (Buenos Aires: Paids, 2002). Hemos examinado y criticado esa tesis en nuestro Imperio & Imperialismo. Una lectura crtica de Michael Hardt y Antonio Negri (ediciones varias)

5 La frase fue pronunciada en un discurso en ocasin de la graduacin de los guardacostas estadounidenses el 21 de Mayo del 2003. Cf. http://georgewbush-whitehouse.archives.gov/news/releases/2003/05/20030521-2.es.html

6 En el documento del Departamento de Defensa, National Defense Strategy (Washington: Junio 2008), por ejemplo, se abre con la siguiente afirmacin: Los Estados Unidos, nuestros aliados y socios, enfrentan un amplio espectro de desafos, entre los cuales se cuentan las redes transnacionales de extremistas violentos, estados hostiles dotados de armas de destruccin masiva, nuevos poderes regionales, amenazas emergentes desde el espacio y el ciberespacio, desastres naturales y pandmicos y creciente competencia para obtener recursos. El Departamento de Defensa debe responder a estos desafos y a la vez anticipndose y preparndose para los de maana. (pg. 1, nfasis nuestro) Y poco antes, en su mensaje introductorio, el Secretario Robert M. Gates deca que estamos involucrados en un conflicto que no tiene parangn alguno con lo que hemos enfrentado en el pasado.

7 Cf. Karen E. Dynan and Donald L. Kohn: The rise in U.S. Household indebtedness: causes and consequences (Washington, D.C.: Federal Reserve Board of Washington, August 2007), pg. 40. Agradecemos a Eric Toussaint los datos suministrados en una comunicacin personal el 26 de Marzo del 2009.

8 Cf. Alfredo Jalife-Rahme, Ms siete de Colombia? Las 865 bases militares de EEUU en 40 pases, en Rebelin, 10-08-2009 y Johnson, op. cit.

9 Las principales bases norteamericanas -no todas- en Amrica Latina y el Caribe son las siguientes: Guantnamo; Puerto Rico; Comapala, en El Salvador; Palmerolas, en Honduras; Aruba; Curaao; Mariscal Estigarribia, Paraguay, frontera Bolivia; Pedro Juan Caballero (DEA, Paraguay, sobre mismo la frontera Brasil); 7 bases ms en Colombia; 4 en Panam; Per, acaba de ofrecer para sustituir a Manta; Malvinas (formalmente a cargo del Reino Unido y la OTAN, pero en la prctica bajo control estadounidense); Cayena, en la Guayana Francesa.

10 Comunicacin personal del investigador argentino de las relaciones internacionales Juan Tokatlian,

11 No es un dato menor el hecho de que la movilizacin de la IV Flota se produjo sin que mediara una comunicacin oficial de Washington a los jefes de estado de Amrica Latina y el Caribe. Quienes recibieron la noticia fueron los Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la regin.

12 Cf. Roberto Fernndez Retamar, Todo Calibn (Buenos Aires: CLACSO, 2004) En uno de sus pasajes ms luminosos el poeta y ensayista cubano dice que el colonialismo ha calado tan hondamente en nosotros que slo leemos con verdadero respeto a los autores anticolonialistas difundidos desde las metrpolis. (pp. 39-40, nfasis en el original)

13 Hemos examinado este asunto en nuestro La mentira como principio de poltica exterior de Estados Unidos hacia Amrica Latina, en Foreign Affairs en Espaol, Volumen 6, N 1, 2006, pp.61-68.

14 En su muy ilustrativo libro El Gran Tablero Mundial, Brzezinski pasa prolija revista a las distintas regiones y subregiones del mundo, con la sorprendente excepcin de Amrica Latina. Interrogado en una conferencia que dictara en la Universidad de Columbia (en Nueva York) por esa sorprendente ausencia replic con sinceridad que en un sentido estricto Amrica Latina y el Caribe no eran regiones externas sino que formaban parte del corazn mismo del imperio, zonas interiores del centro imperial estadounidense. Su status, por lo tanto, no era equiparable al Medio Oriente o a frica Sub-Sahariana. Sobran los comentarios

15 Esta seccin re-elabora algunos prrafos de nuestro artculo La mentira como principio de poltica exterior de Estados Unidos hacia Amrica Latina , op. cit.

16 Rodrguez Rejas, Mara Jos La centralidad de Amrica Latina en la estrategia de seguridad hemisfrica de Estados Unidos, en Rebelin, 3 de Noviembre de 2010, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=115986

17 John Saxe-Fernndez, Amrica Latina : reserva estratgia de Estados Unidos, en OSAL (Buenos Aires: CLACSO, 2009) Ao X, N 25, Abril.

18 Cf. Mineral Information Institute, http://www.mii.org

19 Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente (UNEP), State of Biodiversity in Latin America and the Caribbean en http://www.cbd.int/gbo/gbo3/doc/StateOfBiodiversity-LatinAmerica.pdf , pp. 1-3.

20 Sobre el tema ver John Saxe-Fernndez, Terror e Imperio. La hegemona poltica y econmica de Estados Unidos. (Mxico: Random House Mondadori-Arena Abierta, Coleccin Debate, 2005); Luis Surez Salazar, Madre Amrica. Un siglo de violencia y dolor (1898-1998) (La Habana: Editorial de Ciencias sociales, 2003) amn de los numerosos trabajos de Ana Esther Cecea en el marco del Observatorio Latinoamericano de Geopoltica de la UNAM, entre ellos El guila despliega sus alas de nuevo. Un continente bajo amenaza [en colaboracin con Rodrigo Yedra y David Barrios], (Quito : FEDAEPS, 2009) y El Gran Caribe. Umbral de la geopoltica mundial [en colaboracin con Rodrigo Yedra, Daniel Incln y David Barrios], publicado por el mismo sello editorial el ao 2010. Vase asimismo el trabajo de Sonia Winer, Mariana Carrolli, Luca Lpez y Florencia Martnez : Estrategia militar de Estados Unidos en Amrica Latina, Cuaderno de Trabajo N 66, (Buenos Aires : Ediciones del Centro Cultural de la Cooperacin Floreal Gorini, 2006) http://www.centrocultural.coop/uploads/cuaderno66.pdf

21 Pese a tener cerca del 5 por ciento de la poblacin mundial Estados Unidos consume el 25 por ciento del petrleo producido en el planeta.

22 A estos cuatro casos habra que agregar el golpe de estado perpetrado contra Jean- Bertrand Aristide en Hait, en 2004, aunque no se trata de un fenmeno estrictamente comparable con los dems.

23 Sobre sto ver nuestro La IV Flota derrot a Imperio, en Rebelin, 21 Agosto 2008, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=71635

Aadimos: no slo hacerse a la mar. Tal como lo sealramos ms arriba la IV Flota dispone de navos especialmente adaptados para remontar los ros interiores de Sudamrica.

24 La SOA instruy, hasta su transformacin, unos 61 miembros de las fuerzas armadas latinoamericanas. Entre ellos sobresalen algunos de los ms siniestros tiranos y asesinos de la regin, entre ellos Leopoldo F. Galtieri y Roberto Viola (Argentina); Manuel Contreras (Chile); Vladimiro Montesinos (Per), Manuel Noriega (Panam), Hugo Banzer (Bolivia) y Roberto DAubuisson, jefe del escuadrn de la muerte que tuvo a su cargo la matanza de los jesuitas en El Salvador.

25 Cf. http://www.scribd.com/doc/24663035/UntitledLA-OPERACION-CONDOR-TERRORISMO-DE-ESTADO-EN-AMERICA-LATINA-%E2%80%93

26 Cf. Natalia Brite, Sistema interamericano o soberana regional, entrevista a Elsa Bruzzone, en http://alainet.org/active/36888

27 Sobre el ASPAN ver la exposicin hecha por Carlos Fazio http://clasefazio.wordpress.com/2010/04/13/aspan-plan-mexico-y-soberania-nacional-exposicion-de-clase/ . La informacin oficial del gobierno mexicano sobre el ASPAN se encuentra en http://www.sre.gob.mx/eventos/aspan/faqs.htm

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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