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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-01-2011

La fuerza de los de abajo
Los pies, la cabeza y el corazn de Evo Morales

Isabel Rauber
Rebelin


Alerta roja, es la frase que podra resumir lo acontecido en Bolivia en la ltima semana. Bienaventurado sea el gasolinazo si se transforma en sacudn poltico, en punto de inflexin capaz de revertir la creciente tendencia superestrutural gubernamental a decidir desde arriba sin contar con los de abajo, adoptando la vieja cultura poltica del poder que considera que gobernar es tarea de quienes supuestamente saben y tienen razn, que es cosa de iluminados, o de tener espalda. Pero la revolucin es tarea de pueblos, de mayoras conscientes, organizadas, discutiendo y definiendo SU proyecto en la medida que lo van construyendo.

Los pueblos no estn slo para aceptar, apoyar, convalidar o materializar (ejecutar) ideas y decisiones, sino ante todo para protagonizarlas. Esto quiere decir: participar en el proceso de toma de decisiones y en la realizacin posterior de las mismas, compartiendo responsabilidades.

Si se hubiese discutido el problema del precio de la gasolina y petrleo, etc., con las organizaciones sociales, si hubiese consensuado una medida y los pasos para su implementacin, nada de lo ocurrido hubiese pasado. No s cual habra sido la propuesta, pero los resultados habran sido diferentes: nadie sale a protestar contra lo que acord.

Los protagonistas no pueden ni quieren- enterarse de su historia por los diarios. No es con resoluciones y decretos como se impulsa la revolucin democrtica y cultural, la clave est en la participacin. Se trata de un proceso marcado por la construccin colectiva y requiere llevar los ritmos que esa construccin y toma de conciencia colectiva- demanden. Cuando se pretende acelerarlo pasando por encima de la participacin popular, lo que se evidenciaba como un xito o acierto posible en el mediano plazo se tornan en un inmediato fracaso.

La prueba est a la vista: apostando por la consulta y participacin de los de abajo, ciertamente el camino puede ser ms largo y los ritmos ms lentos, pero a la larga ser ms efectivo, profundo y radical. Esta sabidura no sali de las universidades, se forj en la experiencia de lucha de los pueblos. En sus prcticas, ellos han delineado y construido las nuevas lgicas de la transformacin social desde abajo, es decir, de las revoluciones democrticas-culturales caracterizadas por apelar al desarrollo de la conciencia, la organizacin y la participacin de los de abajo de modo permanente. Y esto no se logra con cursos o conferencias, es ante todo, una resultante de la participacin plena de los de abajo en todo el proceso de cambios: desde el diagnstico y las definiciones hasta la implementacin y el control de las decisiones. stas no son ya tarea de un grupo de dirigentes sino responsabilidad compartida de todos y todas.

El pueblo consciente, participante y protagonista de las decisiones saldra igualmente a las calles, pero en tal caso- para reafirmar las medidas del gobierno que seran sus medidas, y para pedir la profundizacin revolucionaria del proceso.

Lo ocurrido en Bolivia a consecuencia del gasolinazo no se corresponde con ninguna de estas alternativas, pero tampoco significa un rechazo al gobierno que siguen considerando suyo. Es un grito y una manifestacin contundente contra una tenue pero creciente forma de gobernar que vena ya mostrndose en algunas decisiones, que pretende ignorar al pueblo como protagonista central del proceso y suplantarlo en la toma de decisiones fundamentales, reencarnando lo peor de la herencia poltica burguesa-colonial.

Un gobernante revolucionario no se define como tal por el currculo, ni por ser honrado y bueno en comparacin con los gobernantes tradicionales del sistema; aunque estas cualidades se requieren de forma elemental, su proyeccin va ms all de lo personal: se relaciona directamente con su capacidad de poner los espacios de poder en funcin de la transformacin revolucionaria, abrindo las puertas del gobierno al pueblo, construyendo un nuevo tipo de institucionalidad, de legalidad y legitimidad basada en la participacin del pueblo en la toma de decisiones polticas (base de la Asamblea Constituyente).

La tarea titnica de los gobernantes revolucionarios no consiste en sustituir al pueblo, ni en sacar de sus cabezas buenas leyes, mucho menos para demostrar que son ms inteligentes que todos, que tienen razn y que, por ello, saben gobernar. Impulsar revoluciones desde los gobiernos pasa por hacer de stos una herramienta poltica revolucionaria: desarrollar la conciencia poltica, abrir la gestin a la participacin de los movimientos indgenas, de los movimientos sociales y sindicales, de los sectores populares, construyendo mecanismos colectivos y estableciendo roles y responsabilidades diferenciados, para gobernar el pas en conjunto.

Las revoluciones desde abajo, es decir, las que se gestan por los pueblos desde la raz de los problemas, apuestan al cambio que nace de las conciencias de los pueblos y se construye en su accionar protagnico, nada tienen que ver con mtodos que pretenden impulsar el proceso con decretos o resoluciones generadas desde arriba por muy bienintencionadas y certeras que stas pudieran resultar.

No se avanza con medidas superestructurales por muy justas y razonables que sean. Hay que construir protagonismo popular colectivo y eso solo puede lograrse forjndolo a cada paso y en cada paso. El aprendizaje, como la enseanza, comienza en las prcticas cotidianas. Educar en lo nuevo significa desarrollar nuevas prcticas, dar ejemplo. sta es la clave pedaggica vital de las revoluciones desde abajo.

stas solo pueden profundizarse anudadas a la construccin y fortalecimiento del sujeto colectivo de las mismas, el actor sociopoltico capaz de empujarlas e impulsarlas permanentemente hacia objetivos radicalmente superiores. La tarea fundamental del instrumento poltico en estos tiempos consiste por ello, precisamente, en desarrollar el trabajo poltico, cultural e ideolgico necesario para promover el desarrollo de la conciencia poltica del conjunto de actores sociales y polticos del campo popular, en abrir canales institucionales y no institucionales para la participacin consciente, organizada y creciente del conjunto de los actores revolucionarios, as como crear mbitos para las reflexiones crticas colectivas del proceso de cambio, de modo que se vayan fortaleciendo las conciencias, creciendo colectivamente.

En Bolivia el pueblo no sali a las calles a rechazar a su gobierno sino a rechazar, junto con la medida, la imposicin, a rechazar las decisiones sin consulta, el distanciamiento entre gobernantes y movimientos indgenas, campesinos y sociales que vena evidencindose como tendencia y que cristaliza ahora contundentemente con esta medida del llamado gasolinazo. El pueblo no sali a oponerse a Evo, sino a decirle NO a cualquier intento de gobernar sin su participacin, a pedirle rectificacin y reconocimiento. Y en un acto de humildad que evidencia tanto su gran sabidura como sus races, Evo rectific. Y repasando su promesa de Tihuanaku, retir los decretos y reiter su decisin de mandar obedeciendo, que en sentido estricto- no significa ni mandar ni obedecer, sino gobernar juntos, construir conjuntamente las medidas fundamentales y compartir las responsabilidades de las decisiones y de su implementacin.

Y no es que esto sea necesariamente garanta de xito ni evite cometer errores o equivocarse, pero cuando los pueblos fracasan teniendo conciencia de que ello podra ocurrir, es decir, sabiendo que se poda perder, el fracaso puede representar un triunfo, un crecimiento colectivo, un nuevo aprendizaje y un fortalecimiento que los dinamice e impulse a concretar sus objetivos por otras vas. Algo as como: Bueno, si por ah no sali el asunto, por dnde y cmo vamos a lograrlo? Es decir, la situacin se presenta diferente cuando hay participacin consciente que cuando no la hay: los pueblos avanzan segn toman conciencia del fracaso o celebran el triunfo, y ello depende de su participacin en las decisiones; cuando fracasan sin conciencia de lo que estaban haciendo, la frustracin es profunda.

Las revoluciones son idnticas a la participacin protagnica de sus pueblos; directamente proporcionales a ella. Si, por ejemplo, se aplica esta sencilla ecuacin a los procesos populares revolucionarios en curso, a las medidas gubernamentales y sus procedimientos, los resultados saltan a la vista: a menor participacin popular, menor contenido y alcance revolucionario, menos revolucin. Conclusin: El nudo gordiano estratgico de los procesos revolucionarios no radica en la pertinencia de las resoluciones gubernamentales ni en la sabidura de los gobernantes y su entorno, sino en la voluntad popular, en su conciencia y organizacin para participar en las definiciones y soluciones, impulsarlas y sostenerlas.

En el terreno poltico est claro que saber es poder. En tanto el saber procedente de tcnicos y expertos es restringido, reducido a lites y minoras, su poder tambin es escaso y reducido, acotado a cargos y funciones, a lo que se denomina comnmente trabajo profesional. Por ello, sin negar el valor del trabajo de expertos y asesores, los resultados y las propuestas de sus estudios necesitan siempre ser reevaluadas (cuando no construidas) con el pueblo, con los movimientos indgenas, sindicales y sociales, con el campo popular todo. Slo en un proceso articulado, conjunto, es posible transformar las propuestas de funcionarios, especialistas o tcnicos en decisin poltica revolucionaria de gobierno y pueblo. En procesos polticos-revolucionarios como el que vive Bolivia hoy, la administracin pblica que es la administracin de lo pblico- no puede quedar entrampada en los papeles de los funcionarios; es tema y tarea de la militancia socio-poltica de los pueblos en las calles de las ciudades, en los campos, en las minas

Los que tienen la responsabilidad de gobernar tienen la prerrogativa de proponer cambios y la obligacin de que sus propuestas tengan fundamentos slidos. Esto no esten discusin. Pero la otra pata del proceso, la fundamental, la que le da sentido y proyeccin revolucionaria, consiste en lo siguiente: para que el saber producido arriba sea a la vez poder abajo, tiene que construirse con los de abajo y constituirse en saber/poder de pueblo. sa es la tarea poltica por excelencia de quienes tienen responsabilidades de gobierno en procesos revolucionarios.

Evidenciar esto y ponerlo sobre el tapete es una de las enseanzas ms importantes y trascendentes de los acontecimientos resultantes del gasolinazo: el pueblo reclam su protagonismo, habl con su lder en su lenguaje de resistencia y lucha, y Evo respondi como militante. Consciente de que rectificar es de sabios, escuch y comprendi el mensaje de sus compaeros y compaeras y raudamente derog las resoluciones y decretos, y volvi a poner el la agenda poltica gubernamental un tema clave: gobernar para el pueblo implica gobernar con el pueblo. Y con ello Evo alumbraba otra leccin: para impulsar una revolucin desde abajo, no basta con tener espaldas, sino los pies en la tierra, el corazn en el pueblo y la cabeza clara de sus responsabilidades como gobernante revolucionario capaz de concertar a los pueblos a protagonizar su historia.

Queda claro entonces que el tema abierto con el gasolinazo no est limitado a economistas, ni expertos, ni periodistas, pertenece al pueblo. Es el pueblo en su diversidad de identidades, nacionalidades y culturas- quien tiene el poder de cambiar la historia y construirla a su imagen y semejanza.

Por eso, a das de conmemorarse un nuevo aniversario de la constitucin del primer gobierno indoamericano en nuestro continente, es posible exclamar, con fuerza y vitalidad:

Jallalla los pueblos de Bolivia! Jallalla Evo!

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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