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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-01-2011

WikiLeaks, sobre la libertad de informacin y la descontextualizacin de la historia

Enrique Ubieta Gmez
La Isla Desconocida


No vale la pena discurrir sobre las buenas o malas intenciones de quienes nos acercan un trozo de verdad. Agradecer, y punto. La verdad siempre es revolucionaria. En los ltimos meses el imperialismo ha quedado al desnudo, en miles de documentos secretos o confidenciales que ha revelado WikiLeaks. Lo que todos sabamos, y ellos en una combinacin de fuerza cnica-, no negaban, satisfechos de la sospecha que infunde miedo, pero decan: prubalo. Aqu estn las pruebas, aunque traspapeladas en miles de folios y de palabras vacas. Algunos cables muestran que la diplomacia imperial es una combinacin de espionaje, chantaje y burdas intromisiones en los asuntos internos de sus amigos y enemigos. Otros revelan asesinatos alevosos en Afganistn y en Iraq, y la complicidad de los polticos que se autodenominan demcratas en Europa, con el asesinato y la tortura. Los grandes medios hechos para desinformar sesgan sus contenidos y enseguida empiezan a olvidarlos. Por eso, esos cientos de miles de documentos deben conocerse, estudiarse, divulgarse entre nosotros, las vctimas actuales o potenciales. Mientras, la maquinaria trasnacional para la reconstruccin de la noticia selecciona y manipula la informacin, y luego la entierra, para centrarse en la figura de Julin Assange. Porque la pregunta que se hacen los gobiernos implicados y sus medios no es si el ocultamiento sistemtico por un Estado de crmenes impunes es o no es en s un crimen, sino su absurdo opuesto: si revelar ese crimen es un crimen.

Y aqu es donde quiero reflexionar sobre otra arista de un fenmeno, que sigue una lnea de comportamiento bien definida desde los aos noventa del pasado siglo: la llamada "desideologizacin" de la verdad y la mentira, del bien y del mal. Quizs el trmino no sea exacto, dado que el concepto de ideologa tiene varias acepciones. Digmoslo en trminos menos confusos: la descontextualizacin de los hechos histricos. La extirpacin consciente de todo sentido opresor o liberador, clasista, en el anlisis. De inmediato abro un parntesis para introducir una afirmacin que comparto plenamente: el fin no justifica los medios. Ser revolucionario no es el compromiso con una teora, sino con una tica (que la teora si es autntica respalda), y debe existir siempre una consecuencia entre fines y medios. Los revolucionarios que han violado o confundido su compromiso tico, han dejado de serlo. Por eso es que la verdad es revolucionaria: la verdad y la justicia no pueden ser ajenas. Y no lo son, porque la verdad social no es como la manzana de Newton: no cae irrevocablemente hacia abajo. Todas las supuestas verdades cientficas que respaldaron la opresin humana se revelaron falsas: desde las diferencias raciales hasta el llamado darwinismo social. La verdad social o procura la felicidad humana, o es mentira.

El primer y ms abarcador intento postcomunista para hablar en trminos cercanos a los tericos de la desesperanza--, de borrar todo anlisis de contexto, fue la sustitucin de conceptos como fascismo o comunismo por el de totalitarismo. La sustitucin de las esencias, por ciertas formas. Es lo que nos permitira decir que en Espaa y en Chile hubo transiciones cuando en realidad, en esos pases momentneamente vencidos los movimientos de resistencia-, se produjeron simples cambios de forma en la implementacin del capitalismo y de su represin interna. Tanto es as que fueron Franco y Pinochet quienes lo disearon. Pero en ltima instancia el sistema puede prescindir de servidores como ellos. Precisamente, entre los antecedentes de esta posicin abstracta hallamos a un magistrado espaol ampliamente promovido por los medios: Baltasar Garzn. La orden de detencin contra Pinochet durante su paso por Londres, moralmente irreprochable y ampliamente aplaudida por todos los hombres y mujeres honestos del mundo para no referirme a la izquierda-, era una accin incuestionable, incluso para una derecha que deseaba deshacerse de su ominoso pasado. La inmediata promocin meditica que tuvo el hecho ubic a Garzn como un Supermn real, una representacin de la Justicia Humana (casi Divina), por encima de tendencias sociales o intereses terrenales. Fijada en la mente de los ciudadanos esa imagen, Garzn entonces continu su deambular justiciero de un lado y del otro del espectro social: contra la guerra s, la de los invasores y la de los invadidos, la de los opresores y la de los oprimidos. Habra podido Garzn irrumpir en el escenario internacional como hroe si el detenido en Londres no hubiese sido Pinochet sino Henry Kissinger, al margen de su manifestado deseo de hacerlo? La justicia britnica se hubiera atrevido a procesarlo? Los invasores, los opresores, tienen los recursos la fuerza del dinero, de la prensa y de las armas-, para eludir y enterrar las acusaciones; los invadidos y oprimidos, no. Pero, acaso la actuacin individual de Garzn no apela a las mismas razones que el Gobierno estadounidense para atribuirse la ejecucin de una Justicia supranacional, casi Divina, previa divisin de la Humanidad en buenos y malos, segn sus intereses?

Pasado el torbellino meditico de los documentos imperiales revelados por WikiLeaks, los acusados claman con aparente sentido de equidad: esperamos ahora que aparezcan los documentos secretos de los estados enemigos, de los movimientos de oposicin al capital. En un mundo tan brutalmente manipulado, tan orweliano, estos hechos producen infinitas sospechas, y los medios se complacen en divulgarlas tambin. Los que sospechan y sospecho que entre estos hay tambin expertos manipuladores-, suelen considerarse paranoicos adictos a las teoras de la conspiracin. Si hubiese alguna porcin de verdad en lo que dicen, queda as desacreditada. Pero no se trata de atribuir malas intenciones a quienes entienden literalmente el sistema jams es literal, recurdese esto-, los principios de la libertad de informacin o de la justicia sin fronteras. De alguna manera, los locos siempre pueden mediatizarse o en su defecto, enjuiciarse: los individuos son prescindibles. Tan prescindible era Pinochet como Garzn, que no lo dude, si es que quiere de verdad hurgar en el pasado franquista. Que Franco no era chileno, sino espaol. E igual de prescindible es Julin Assange. La discusin no es si son o no personas sembradas para servir oscuros intereses, eso qu importa, si parten de principios abstractos. Ellos creen en lo que hacen, supongo. Si es sincero, Julin Assange es un kamikaze de la libertad de informacin, una persona que se tom en serio un slogan publicitario del capitalismo, que nunca fue concebido para ms. Assange y Garzn se parecen ms a los hroes de los comics, que a los de las grandes batallas sociales de la historia humana. En un mundo donde los grandes medios existen para construir estados de opinin y conducir como rebao a las masas, que Assange crea en la libertad de informacin parece una locura. Ha sido apresado por un delito fabricado, creo que de acoso sexual. Hasta una sueca que viaj hace meses a La Habana a entrevistarse con nuestros ilustres mercenarios, aparece como acusadora.

La verdad que han difundido, repito, es bienvenida. Pero los dueos de la pelota y el guante en asuntos de Internet frase cubansima, que alude a los nios del barrio que no saben jugar bisbol, pero nadie puede sacarlos del equipo porque son los que aportan los implementos deportivos-, saben cmo revertir el contratiempo, y convertir ese hueco negro de la libertad de informacin, en instrumento manipulador de la verdad. Si los dejamos, claro. Si nos permitimos olvidar los documentos divulgados. Assange y sus seguidores quizs comprendan esta vez que el nico proyecto social que necesita la verdad es el socialismo. Que la verdad no es neutra. Y la justicia tampoco.

Fuente: http://la-isla-desconocida.blogspot.com/

rCR



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