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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2011

Dnde ocurren las cosas?

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio


Volva a leer hace unos das El Gran Meaulnes, la bellsima novela de Alain Fournier en la que el personaje del ttulo, perdido en el bosque como consecuencia de una travesura, encuentra el lugar -por as decirlo- donde ocurren realmente las cosas. Dnde est? Cmo lleg hasta l? Meaulnes no lo sabe y nunca lo sabr. Hallado por casualidad, el joven no puede volver al recinto festivo de los farolillos de papel y se pasa la vida -mientras repite gestos ahora vacos en espacios secos- tratando de reconstruir el itinerario, examinando mapas, emprendiendo y enseguida abandonando un camino extraviado para siempre. Su nico impulso es ya la nostalgia, el deseo doloroso de regresar all donde le ocurri la gran aventura de su adolescencia, all donde su existencia sigue discurriendo sin l, esa extraa aldea donde conoci a Yvonne y respecto de la cual ni amigos ni juegos ni propiedades -ni valles ni montaas ni ciudades- tienen suficiente espesor para retenerlo y tranquilizarlo. Cuando sobreviene el amor, uno se enamora al mismo tiempo del cuerpo, del espacio y de la hora, sin acertar a saber cul es la raz primera o verdadera; y extirpadas las tres, ya no nos puede volver a ocurrir nada, salvo porque esa nada est ocurriendo precisamente aqu, en este pecho, en esta habitacin, en este minuto dolorossimo que no acaba nunca de acabar.

Dnde ocurren las cosas? Para los pueblos llamados primitivos, las cosas slo ocurren una vez, en el illo tempore de los mitos, y slo les ocurren a los antepasados. Para Freud, ocurren en el dormitorio de nuestros padres, de donde estamos excluidos desde el principio y para siempre. Para la ciencia, ocurren en las leyes que los sabios aislan en frmulas matemticas y laboratorios, donde slo podemos penetrar con el espritu. Parte de la tragedia y la grandeza de la condicin humana tiene que ver, en cualquier caso, con esta certidumbre dolorosa de que hay un sitio privilegiado, casi siempre inaccesible, en el que se forma el Destino y restalla el Acontecimiento. De nada me sirve existir, escriba el poeta francs Ren Char; slo te haces presente all de donde yo desaparezco. Y la maldicin de Fausto, fuente de altos conocimientos y angustias infernales, se expresa en su incapacidad para alcanzar una experiencia tan completa, tan placentera, tan definitiva, que no haga falta ya continuar la bsqueda: Detente, oh instante, eres tan hermoso!. El gran Meaulnes la encuentra de forma inesperada e intenta retenerla, pero el instante no se detiene -no se detiene- y por eso, porque no la puede repetir, tiene que ponerse a narrar la historia.

Pues bien, el capitalismo ha convertido esta tragedia en un negocio: el negocio -digamos- de la felicidad. Dnde ocurren ahora las cosas? Ni en los mitos ni en el dormitorio de los padres ni en las frmulas matemticas: en el mercado, en la televisin, en internet. Dnde ocurren las cosas? No en un recinto en el bosque ni en un templo en la montaa ni en el cuerpo distante de la amada (a la que le sigue creciendo, ay, el pelo en Singapur): la combinacin de renovacin mercantil y nuevas tecnologas, con su follaje de informacin audiovisual, determina que el lugar del Acontecimiento, multiplicado al infinito, sea hoy accesible en cualquier momento y la experiencia misma repetible a voluntad. La felicidad, en Australia, escriba el poeta Pessoa, pero ahora no importa mucho, pues Australia est a la distancia de un giro de mueca o una presin del dedo; por as decirlo, en la pantalla todo es Australia y las verdaderas antpodas, las antpodas de todo, son ms bien mis vecinos, mis flores y mi cocina. Dnde ocurren las cosas? En todos los lugares del mundo menos aqu, en todos los instantes futuros menos ahora; volcados en infinitos ramales sobre la cosmpolis del Acontecimiento Ininterrumpido, lo nico que nos sobra -cscara muerta, desecho fro, obstculo sin vida- es nuestro cuerpo, nuestra casa, nuestra calle, este interminable minuto que nos retiene en nuestras piernas. Nada ms paradjico que el hecho de que una sociedad de consumo basada en el principio de todo aqu y todo ahora, que se reivindica a s misma como de gozo inmediato e inaplazable, no pueda en realidad reproducirse sin desvalorizar radicalmente -totalmente- el espacio y el tiempo: el lugar que piso, la hora en que te espero, estn fuera de la vida. La humanidad capitalista vive ininterrumpidamente pendiente de algo que est ocurriendo en otra parte (la boda real, la Copa del Mundo, el foro virtual!) y de algo que an no ha ocurrido (el nuevo Ipad de Sony!). Por eso, dicho sea de paso, el ecologismo libra una batalla tan difcil: porque tiene que luchar contra multinacionales y gobiernos, s, pero tambin contra esta conviccin subjetiva de un mundo material que est ya muerto, desactivado, que carece completamente de inters o de luz -por oposicin al mundo real de las mercancas y las imgenes.

As es ms o menos la condicin humana: la imposibilidad del acontecimiento produce la necesidad del conocimiento; la imposibilidad de la repeticin produce la necesidad de la narracin. Pero resulta que Acontecimiento y Repeticin son la regla del consumo capitalista: la felicidad por fin al alcance de todos y sin interrupcin! En el siglo XVIII la Ilustracin -y las revoluciones estadounidense y francesa a ella aparejadas- reivindicaron por primera vez el derecho de los pueblos a la felicidad. Dos siglos y medio despus la casa Coca-Cola, mortfera envenenadora de suelos y conciencias, ha abierto en Espaa el primero Instituto de la Felicidad del mundo, dedicado a registrar las vibraciones ssmicas de la felicidad en el planeta y a orientar a sus habitantes, mediante consejos e instrucciones, para alcanzarla en su mxima intensidad. Es sin duda indicativo el hecho de que sea una multinacional fabricante de refrescos (y no el Parlamento o el Ministerio de Sanidad o la Biblioteca Nacional) la que se interese por la felicidad de los europeos; como lo es tambin el que la mayor parte de los encuestados se declaren felices o muy felices, y entre ellos, por encima de la media de Europa, destaquen los espaoles (89%). Espaa es sin duda uno de los pases de la UE ms afectados por la crisis; con ms de 4 millones de desempleados (20%), la tasa de pobreza infantil ms alta del continente (17,5%) y un creciente retroceso en derechos polticos y laborales, su poblacin se declara sin embargo contenta y satisfecha. Es que los espaoles mienten o se engaan? Yo dira ms bien que el marco referencial definido por la casa Coca-Cola (es decir, el del consumo o, si se prefiere, el del Acontecimiento y la Repeticin generalizados) ejerce una enorme presin psicosocial sobre los encuestados; es vergonzoso, si no culpable, sentirse descontento o insatisfecho y nadie se atrevera a declararlo en voz alta. El Acontecimiento y la Repeticin se han vuelto hasta tal punto obligatorios que no ser felices indica ya una falla individual, una falta ignominiosa, una especie de pecado original cuya responsabilidad no puede atribuirse sino al desdichado. En las sociedades capitalistas avanzadas hay una relacin de directa proporcionalidad entre la criminalizacin creciente de la poltica y la criminalizacin creciente de la infelicidad. La infelicidad es ya molesta, importuna, provocativa, subversiva. Hemos prohibido la infelicidad privada como hemos prohibido la disidencia pblica y ms o menos por las mismas razones: porque denuncian, acusan, revelan la verdad de nuestro mundo.

Para los filsofos ilustrados el derecho a la felicidad se defina como el derecho a las condiciones sociales necesarias para que los individuos pudiesen buscarla cada uno a su manera (o la despreciasen si acaso preferan la infelicidad). Pero al dejar la felicidad en manos del capitalismo hemos acabado por generar una situacin social peligrossima en la que la poblacin (1) se cree con derecho individual a la felicidad, (2) est socialmente obligada a ser feliz y (3) es objetivamente despojada de las condiciones que le permitiran serlo. De esta combinacin, como ya han adelantado algunos analistas, lo nico que puede surgir en una Europa en crisis es alguna forma de fascismo.

Dnde ocurren en realidad las cosas? Donde podemos conocerlas y narrarlas; donde podemos amarlas; donde podemos, adems, cambiarlas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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