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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2011

Por qu es importante recuperar la memoria histrica

Vicen Navarro
El Plural


Televisin Espaola ha presentado recientemente el documental Tengo una pregunta para m: vivimos en deuda con el pasado? que transmite un mensaje claro y conciso: hay que encontrar a las personas desaparecidas durante la Guerra Civil, darles sepultura y homenajearlas (cuando las familias as lo deseen) y con ello cerrar un captulo de nuestro pasado que ha estado desatendido durante demasiado tiempo. Y cuando estn enterrados dignamente, deberamos dejar la memoria histrica como tema de estudio de los historiadores.

Este mensaje se transmite a base de entrevistas con personajes que participaron en el desarrollo de la ley conocida como la Ley de la Memoria Histrica (como Jos lvarez Junco) o que han estudiado aquellos periodos histricos (como Javier Pradera, Santos Juli y Julin Casanova). Creo que este mensaje es tambin el que el gobierno socialista (sucesor de los vencidos) y el del mayor partido de la oposicin (sucesor de los vencedores) desean promover.

Esta postura se basa en varios argumentos, explicitados en las entrevistas, que son, sin embargo, altamente cuestionables. Uno, transmitido por lvarez Junco, es que es posible reconocer y honrar a los muertos y desaparecidos, sin molestar a los sucesores de los que los asesinaron. En realidad, dice lvarez Junco, la oficina de la Presidencia del Gobierno Socialista Espaol haba instruido a los que escriban el borrador de la Ley (que no era de recuperacin de la memoria histrica aclara lvarez Junco-, sino de reconocimiento de las vctimas de lo que l llama los dos bandos) que tal ley debiera cerrar las heridas de los sucesores de los dos bandos. Puesto que la gran mayora de los muertos y desaparecidos pertenecan al bando republicano y los que hubo del lado golpista no hubieran existido si no hubiera tenido lugar el golpe militar, no entiendo la instruccin dada de que los sucesores de los dos bandos deberan estar satisfechos con tal Ley. Cualquier homenaje a los muertos y desaparecidos debe denunciar a los que los mataron y echaron en la cuneta (la mayora de los cuales eran los vencedores), lo cual no satisfar a los sucesores de estos ltimos que, como se ha mostrado (y con notables excepciones), han hecho todo lo posible para que no se les encuentre y homenajee. Pero otro argumento que utiliza Jos lvarez Junco para que sean las familias y no el estado el que las reconozca y homenajee, es la supuesta dificultad en definir quin fue una vctima, y si sta se mereca un homenaje. Y cita, como ejemplo, el maquis comunista que segn l- intentaba establecer una dictadura estalinista y no merecedora, por lo tanto, de un homenaje por parte de un estado democrtico.

Esta supuesta complejidad da pie, sin embargo, a un relativismo sobre el que se ha construido esta imagen tan extendida de que todos fuimos culpables. Tal argumento ignora que la gran mayora de partidos polticos (incluyendo el Partido Comunista, como bien ha documentado el Catedrtico de Historia Josep Fontana) y fuerzas sociales lucharon contra el golpe militar para restablecer la Repblica y su rgimen democrtico. Escudarse en complejidades es rehuir el reconocimiento de que, de los que llaman dos bandos, uno era bueno (es decir, demcrata) y el otro era malo (antidemcrata), y que un estado democrtico no puede tratar a los muertos de ambos lados por igual.

Debe aceptarse la injusticia para tener paz?

Otra postura del documental, reflejada por Javier Pradera, es que la paz que tenemos requiere que se acepte la injusticia que ha supuesto olvidar a los vencidos, abandonando la exigencia de que se pidan responsabilidades por lo ocurrido. Considera Pradera que el Juez Garzn est equivocado, tanto en su supuesto de que para tener paz hay que hacer justicia, como en su intento (fallido, como consecuencia de la decisin del Tribunal Supremo) de enjuiciar a los responsables de la muerte de los desaparecidos. Javier Pradera se refiere a otras guerras y conflictos civiles, como la Guerra Civil estadounidense o la Revolucin Francesa, donde las sociedades estadounidense y francesa han convivido con su pasado sin mayores traumas, subrayando que nosotros debiramos hacer lo mismo. Pero existe una gran diferencia en ambos casos con Espaa. En la Guerra Civil estadounidense ganaron los buenos, que destruyeron el poder de los vencidos, arruinando su economa (al eliminar la esclavitud), e imponiendo sus valores de igualdad y libertad, que son los valores que se transmiten en las escuelas pblicas de aquel pas. Y un tanto semejante ocurri con la Revolucin Francesa en que, de nuevo, fueron los buenos los que ganaron, y forjaron una cultura democrtica basada en libertad, igualdad y fraternidad, valores tambin transmitidos en las escuelas francesas. En Espaa, sin embargo, no fueron los buenos (los defensores de la Repblica) sino los malos (los golpistas que interrumpieron el proceso democrtico) los que ganaron la guerra civil e impusieron durante cuarenta aos su propia versin de la historia, con unos valores antidemocrticos que, algunos de ellos, persisten, reproducidos en un estado que, como reconoce lvarez Junco, es un estado continuista de un estado dictatorial impuesto por un golpe militar. No hubo ruptura (como errneamente se presenta incluso por algunos protagonistas de la transicin) sino continuidad, lo cual explica que lvarez Junco seale que en las instrucciones recibidas de la oficina de la Presidencia se sealaban las limitaciones que deberan respetarse en el reconocimiento a las vctimas, pues no podan anularse juicios y sentencias del rgimen dictatorial anterior.

En este contexto, aceptar esta situacin tal como Pradera aconseja, es aceptar, sin ms, las enormes limitaciones que tiene la cultura democrtica espaola y la versin ms generalizada de lo que fue la Guerra Civil: un conflicto entre los dos bandos que comparten responsabilidades por lo acaecido. Pero no es una visin maniquea (como constantemente la definen los sucesores de los vencedores) reconocer que los vencidos eran los buenos y los vencedores eran los malos. Es cierto que los defensores de la Repblica y de su democracia cometieron violaciones de derechos humanos que tambin deben denunciarse. Pero ello no elimina la definicin de aquel conflicto como un conflicto entre los que defendieron un rgimen democrtico, y los que lo destruyeron. Y hasta que ello no se reconozca, la democracia espaola y los valores que se transmitan no sern los democrticos. Para que la Transicin termine, el estado actual debe considerarse heredero del democrtico anterior, no de la dictadura. El espectculo bochornoso, impensable en la Europa democrtica, del Tribunal Supremo respondiendo a la denuncia del partido fascista en contra del Juez Garzn, que se atrevi a intentar llevar a los tribunales a los responsables de los asesinatos de los desaparecidos, es un indicador de lo mucho que queda por hacer. La arrogancia de los vencedores, como qued plasmada en las recientes declaraciones de Benedicto XVI asignando a la Iglesia el papel de vctima entonces y ahora, muestra que la transicin no ha terminado. La propia salud del sistema democrtico espaol requiere que la memoria de los vencidos sea la del estado democrtico.

No hay que confundir madurez con debilidad

 Santos Juli est tambin en desacuerdo con que se pidan responsabilidades a los vencedores de aquel conflicto. Considera la Ley de Amnista como un indicador de la madurez de la democracia espaola, perdonndonos los unos a los otros. Esta actitud, probablemente procedente de su pasado como sacerdote, es profundamente insatisfactoria desde el punto de vista democrtico, pues pone en el mismo nivel a victimizadores y a vctimas, abandonando a la vez la necesaria recuperacin de la memoria del pasado democrtico y de las luchas que han ocurrido para recuperarlo. Por otra parte, la Ley de la Amnista tuvo poco que ver con la supuesta madurez, sino con el desequilibrio de fuerzas entre izquierdas y derechas en el momento de la Transicin, con un enorme dominio de los sucesores de los vencedores de la contienda en el proceso de Transicin, un proceso claramente inmodlico que ha dado pie a una democracia muy limitada y a un estado del bienestar muy poco desarrollado. Cmo explica Santos Juli que, todava hoy, Espaa est a la cola del gasto pblico social en la UE-15? Este hecho no puede explicarse sin entender el enorme dominio que las derechas han tenido y continan teniendo sobre el estado espaol. Santos Juli confunde madurez con debilidad. Si hubiera habido ruptura, como consecuencia de unas izquierdas ms poderosas, tendramos un estado ms democrtico, que habra sancionado a los golpistas y a sus sucesores, unas escuelas pblicas que daran una visin de nuestra historia que, sin ambigedades, reproduciran valores democrticos. Y tendramos un estado del bienestar mucho ms desarrollado que el que tenemos ahora (me permito sugerir mi libro El subdesarrollo social de Espaa. Causas y Consecuencias para ver la evidencia que muestra la validez de esta postura). El subdesarrollo del estado del bienestar de los pases del sur de Europa se debe al enorme poder que las fuerzas conservadoras tienen en aquellos pases, a diferencia de los pases nrdicos, donde las izquierdas son poderosas y las derechas dbiles.

La historia es mucho mas de lo que hacen los historiadores

 

Por ltimo, la entrevista a Julin Casanovas ((de cuyos libros sobre la Iglesia Espaola, que he citado con frecuencia, he aprendido mucho) contiene una tesis con la cual estoy tambin en desacuerdo. Su tesis es que hay que despolitizar la memoria histrica y dejar el estudio del pasado a los historiadores. Esta visin corporativista de la historia es altamente cuestionable. En primer lugar, no es ni posible ni aconsejable despolitizar la historia. Politizar quiere decir dar voz a los representantes de la poblacin que, dividida en diferentes clases sociales, gneros y nacionalidades, tienen distintas memorias, y por lo tanto, distintas historias. En una democracia deben ser los representantes de la ciudadana los que prioricen las preguntas que los historiadores deben responder y los mtodos de investigacin del proceso histrico. Decir esto no es infravalorar la labor del historiador, sino acentuar que la historia es mucho ms que lo que hacen los historiadores.

Es ms, los historiadores tienen su propia subjetividad, que tiene que ver con su pertenencia a los grupos sociales en los que la sociedad est dividida. Una mujer historiadora tiene, por lo general, una visin distinta a la de un hombre historiador. Y, lo mismo, un historiador de derechas tiene una visin distinta a un historiador de izquierdas. De ah que la historia escrita suele ser la historia desde el punto de vista del que la escribe. Y la hegemona que existe en la memoria histrica en Espaa corresponde precisamente al enorme poder de las derechas. Y ah est el problema, porque el que controla el pasado controla el presente. Cmo se explica que, excepto en Catalunya y en el Pas Vasco, las instituciones que tienen mayor aceptacin popular sean la Monarqua, el Ejrcito y la Iglesia, todas ellas profundamente conservadoras, que, junto con la Banca y con el mundo empresarial, son el pilar de las derechas? Es imposible explicar el subdesarrollo social de Espaa sin entender las consecuencias del enorme poder de las derechas.

La historia no se reproduce slo a travs de libros de historia, sino a travs de lo que mi amigo Noam Chomsky define como los aparatos de produccin del consumo ideolgico dominante Y estos aparatos estn hoy sesgados discriminando a las izquierdas. De ah que aplauda el intento de corregir este desequilibrio (que intenta la ley catalana de la memoria histrica) mediante la activa participacin del estado en la recuperacin de los muertos desaparecidos y de su memoria para que sta pase a ser la memoria de un estado democrtico.

Vicen Navarro. Catedrtico de Ciencias Polticas y Polticas Pblicas Universidad Pompeu Fabra (www.vnavarro.org)

Fuente: http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=54323



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