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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-01-2011

El horror continuado

Alberto Piris
El viejo can


En mayo del pasado ao, el relator especial de la ONU para las ejecuciones arbitrarias inform de que en Colombia se haba podido detectar "un patrn de ejecuciones extrajudiciales" de personas inocentes. Y, lo que es ms grave, confirm que los asesinos haban quedado impunes en cerca del 99% de los casos.

Por "ejecuciones extrajudiciales" se sobreentiende que son los rganos dependientes de la autoridad (ejrcito, fuerzas de seguridad y, a menudo, bandas paramilitares) los que, sin intervencin alguna de la justicia, exterminan a ciudadanos colombianos.

La explicacin del relator es abrumadora: "...encontr muchas unidades militares comprometidas en los llamados 'falsos positivos', en los cuales las vctimas eran asesinadas por militares, a menudo por beneficio o ganancia personal de los soldados", pues eran recompensados con primas, permisos o condecoraciones cuando exterminaban guerrilleros.

Si el lector ha podido contener la repugnancia que esto le produce, convendr que sepa, adems, que el relator descubri que "los soldados saban que podan quedar impunes". Impunidad que tambin alcanzaba en la prctica a los paramilitares, brazo armado de las fuerzas polticas ms conservadoras.

Se trataba de hacer ver al mundo que el Gobierno colombiano era activo contra la insurgencia. As pues, si no haba insurgentes a mano, se los inventaba: "...generalmente las vctimas fueron atradas bajo falsas promesas por un reclutador hasta una zona remota donde eran asesinadas por soldados, que informaban luego que haban muerto en combate y manipulaban la escena del crimen". En qu moral militar haban sido educados esos soldados y sus mandos jerrquicos? Con qu sensacin del deber cumplido exhibiran en sus uniformes las condecoraciones por tan aguerridas acciones militares? Disfrutaran con sus familias de los das de permiso concedidos por el eficaz cumplimiento de su misin? En qu gastaran las recompensas que reciban por cada "falso" guerrillero muerto?

Es imposible vencer la sensacin de horror que estas actividades producen. Y es forzoso preguntarse quines eran las vctimas favoritas de estos sicarios oficiales del crimen de Estado. El relator lo precisa as: "...todas las partes del conflicto [entre las guerrillas y el Estado] han atacado comunidades indgenas y afrocolombianas, defensores de derechos humanos, sindicalistas y otros lderes sociales".

El horror, el mismo horror del exterminio colombiano de tantos inocentes -pobres, campesinos, marginados, desposedos...- es tambin el eje central del ltimo y muy recomendable libro de Vargas Llosa ("El sueo del celta", Alfaguara). No espere el lector encontrar en l ese deslumbrante manejo del idioma con el que el reciente premio Nobel nos fascin en anteriores creaciones. Ms que una obra literaria (el autor incluso confunde, varias veces, los vocablos "polizn" y "polizonte") es una documentada narracin de excelente periodismo histrico, en torno a un personaje excepcional que vivi el horror colonial y luch contra l hasta morir.

Ese horror del colonialismo, primero en el Congo belga del infausto Leopoldo II y despus en la Amazonia explotada por los criollos peruanos, se refleja en una narracin que, a menudo, se mueve en los extremos ms aberrantes que puede alcanzar la humanidad. Roger Casement, el protagonista que con sus denuncias provoc el escndalo mundial sobre lo que ocurra en aquellos pases a los que se pretenda "traer la civilizacin, el cristianismo y el comercio libre", se ve obligado a luchar en frica para impedir "que se mutile a los nativos, se les azote hasta desangrarlos, se tenga de rehenes a las mujeres para que sus maridos no huyan y se extorsione a las aldeas al extremo de que las madres tengan que vender a sus hijos para poder entregar las cuotas de comida y caucho" que los colonizadores les exigen, ante la mirada ciega de las autoridades.

Lo mismo ocurra en Per, donde el poder de la compaa colonial explotadora del caucho amaznico, cuyas fechoras documenta el autor, "era tal que todas las instituciones polticas, policiales y judiciales trabajaban activamente para permitirle continuar explotando a los indgenas sin riesgo alguno, porque todos los funcionarios reciban dinero de ella o teman sus represalias".

Un siglo ms o menos separa los recientes "falsos positivos" colombianos de los pasados abusos congoleos y amaznicos que Vargas Llosa describe con suma destreza. Un siglo de horror. O un horror permanente, que quiz vive en las profundidades del alma humana y es capaz de aflorar en ciertas circunstancias con toda su malignidad.

En el Congo, en la Amazonia y en Colombia, algunos de los ms destacados criminales -pero no todos- acabaron siendo juzgados y condenados. Otros se aprovecharon de la prescripcin de sus delitos o pusieron tierra por medio. Pero, como ocurri con los campos de exterminio nazis, amplias capas de la "buena" sociedad conocan los hechos y prefirieron ignorarlos. Solo la tenacidad de quienes se empearon en descubrirlos y denunciarlos pudo poner fin a esos ramalazos de horror e ignominia que surgen en cualquier momento. Qu difcil parece pasar del Homo hominis lupus al senequista Homo, sacra res homini!

http://www.javierortiz.net/voz/piris



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