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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2011

(J)aula 13, un proyecto de evacuacin de la caverna
Ensear a obedecer

Santiago Alba Rico
Rebelin

(J)aula 13 se present en Madrid el pasado 8 de enero y pretende proporcionar a los profesores de Filosofa y Educacin para la Ciudadana un marco de intervencin en las aulas, a partir de la negativa a abandonar a los alumnos a las fuerzas del mercado.


Lo que queremos, sobre todo, es seguir siendo corteses. El esquema convencional de la cortesa, con independencia de su contenido ceremonial, a veces discutible y a menudo tambin ridculo, presupone la idea de que cada gesto tiene su tiempo y su lugar, fuera de los cuales nuestros actos resultan improcedentes u obscenos: no se canta en la mesa, no se re en la iglesia, no se come en una sala de conciertos (por no hablar de fumar en un quirfano). Esto de los buenos modales puede parecer caprichoso o banal, y desde luego muy antiguo, pero implica una lgica vertebral indisociable de la construccin antropolgica. Todas las culturas de la tierra han puesto un gran empeo en ordenar el tiempo y el espacio y lo que llamamos religin ha consistido bsicamente en una acucia reguladora de ocasiones y de mbitos: establecer calendarios -distinguir, por ejemplo, entre das festivos y laborables- y delimitar recintos y espacios separados de la pura actividad biolgica o privada. Estar educado significa no equivocarse de sitio ni de momento; y la mala educacin, por lo tanto, se puede definir como una infraccin contra el tiempo y el espacio -en cuanto que condiciones pblicas de la sociabilidad.

Pues bien: si la buena educacin -la educacin en general- es tan difcil en las condiciones del mercado capitalista es porque la forma mercanca no puede generalizarse sin desregular, junto a los intercambios financieros y los contratos laborales, el marco mismo de la sensibilidad social; no puede multiplicarse sin mezclar y fundir todos los momentos y todos los lugares, de manera que nada parezca ya improcedente ni est fuera de escena. Que la compra-venta, como operacin atmico-moral del capitalismo, se extienda de pronto sin horarios y emancipada de recintos especficos -todas las funciones corporales y todos los minutos- implica la imposibilidad radical de la infraccin, de la inconsecuencia, de los malos modales. Podemos hacerlo todo en cualquier momento y en cualquier sitio, a condicin de que no conservemos ni los momentos ni los sitios.

El problema es que las cosas slo tienen lugar si tienen un lugar para ello; y el hecho de que ni siquiera puedan ocurrir fuera de lugar -o a destiempo- las excluye de nuestro campo de percepcin. Hay cosas que slo tienen lugar en el silencio. Y aunque se puede imponer silencio a travs del terror, durante siglos se ha podido imponer silencio tambin, aun si de distinta calidad, a travs de la simple autoridad espacial: el hospital, el templo, el museo -como el mar y el cuerpo del amado- le dejaban a uno sin voz o sin palabra. En silencio pueden ocurrir muchas cosas -unas buenas y otras malas-, pero el silencio es, en cualquier caso, el lugar donde ocurre el conocimiento, la condicin pblica del conocimiento. Uno se pone a pensar, completamente a solas en su habitacin, e inmediatamente se inscribe en un espacio pblico; uno se pone a opinar y opinar en medio de una fiesta y enseguida nos quedamos a solas en una habitacin cerrada. El lugar especfico para la transmisin de silencio pblico se llama escuela o academia.

El gran problema del conocimiento -de la educacin- ha sido siempre, desde Scrates, el de imponer silencio en la caverna sin recurrir al terror. En Las Leyes, Platn, especialista en truquitos pedaggicos, incluso defiende el vino como gran recurso educativo y precisamente por esta razn: porque hace callar a los jvenes, que saben poco y hablan mucho, y hace hablar a los viejos, que tienen mucho que ensear y que se mantienen, sin embargo, en general reservados. No se puede trabajar y pensar, no se puede mirar y comer; tampoco se puede hablar y escuchar al mismo tiempo. En el silencio ocurren cosas y, si uno tiende el odo y al otro lado no habla el Padre ni el Polica ni el Cura ni el Vendedor de Chocolatinas, uno se va volviendo poco a poco, a trancas y barrancas, mayor de edad. Escuchar con atencin es lo que se llama estrictamente obediencia (ob-audire) y mirar con consideracin es lo que propiamente se llama respeto (respicere). Obediencia y respeto es lo que exigen la libertad, el amor, las matemticas, la memoria, la democracia, el razonamiento. Una de las canciones de Control Remoto que configuran el proyecto Jaula 13 se llama precisamente Llamado a la obediencia y su espritu es infinitamente ms rebelde y valiente (un par de hostias te vendran bien pero nadie sale en tu defensa) que toda la cocana del mundo.

El conocimiento, pues, es una cuestin de buenos modales: de que haya un lugar propio para la escucha atenta y el mirar considerado. Pero los buenos modales, definidos como la regulacin rigurosa del espacio-tiempo, son incompatibles con el mercado. La escuela -apenas nacida- est empezando a dejar de existir como lugar de silencio pblico. En el ao 2008 Maurizio Carlotti, vicepresidente de Antena 3, explicaba sin complejos la naturaleza de su trabajo: La televisin comercial est hecha para vender publicidad. Consecuentemente los programas sirven para captar el pblico adecuado para los anunciantes. Yo soy un vendedor de pblico. Lo mismo pasa con la escuela. El asalto feroz contra la enseanza pblica ha convertido el conocimiento en un asunto de compra-venta de nios y jvenes en un mercado que no cuenta con ellos para nada, salvo como consumidores inmediatos. La reciente decisin de Berlusconi de permitir la publicidad en los pupitres de los colegios italianos es un gesto de descortesa radical revelador de esa confusin de lugares que impide justamente que tengan lugar las cosas. Si religin significa el establecimiento de un espacio y un tiempo propio para cada cosa, lo religioso es precisamente dejar fuera de las aulas, al mismo tiempo, el crucifijo y el Banco de Santander.

Pero, qu pintan los profesores en un centro de compra-venta de nios y jvenes? Cmo impondrn silencio all donde la autoridad espacial ha sido brutalmente erosionada desde el exterior? Por el terror? Est la tentacin de abandonar la pelea, de ceder a la evidencia de que no se puede detener un tsunami con un paraguas, de que nada de lo que se haga tendr jams lugar en ningn sitio. De dejarse llevar, en definitiva, por los malos modales dominantes. O se puede intentar con Jaula 13, el proyecto que se presenta aqu esta tarde y que pretende ensear a los dciles un poco de obediencia, fecundar en los sumisos un poco de respeto. No s qu aplicacin prctica puede tener en las aulas, pero constituye en s mismo un bellisimo, ambiciossimo y -si se me permite la expresin- astutsimo trabajo, muy riguroso y muy innovador, que se cie al mundo realmente existente (con todos sus lmites) sin hacer concesiones fciles ni prestidigitaciones pedaggicas. Platn era astuto. Mientras despotricaba contra la poesa y los mitos, usaba la poesa y los mitos para disolver las sombras en la luz. En este sentido, Jaula 13 es un proyecto estrictamente platnico: las notas a pie de pgina de las canciones de Control Remoto, abiertamente caverncolas, son en realidad enlaces fuera de la caverna: hacia Boecio, hacia Spinoza, hacia el propio Platn, hacia el silencio pblico en el que las mentes comienzan a hacer ruido. Ver, or y pensar a voz en grito, dice una de las letras. De eso se trata: de que los ciegos recuperen los brazos; de que los sordos vuelvan a andar.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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