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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2011

Una decisin correcta, nunca impopular

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


En tiempos en que la democracia ha sido arrinconada al ritual del voto y la poltica reducida a un acto suntuario, escuchar la voz de las organizaciones populares y la sociedad civil se considera un gesto de mal gusto. Hacerlo puede considerarse una debilidad de carcter. Entonces, el problema queda planteado en trminos de suma cero. Lo que unos ganan otros necesariamente lo pierden. De esta forma, los consejeros polticos, casi siempre se decantan por no dar el brazo a torcer. Aunque las consecuencias sean peores y se abra un periodo de inestabilidad, conflicto y represin. Ningn gobernante, si se estima, puede decir que se ha equivocado o entonar un mea culpa. Por ende, siempre es aconsejable no variar el sentido de las decisiones. Para justificarse, siempre hay tiempo. Adems existe una palabra mgica que todo lo arregla. Sirve igual para un roto que para un descocido. Es llamar el error, una decisin impopular. Bajo este paraguas todo cabe. Lo justo o lo injusto, lo bueno o lo malo ya no estn en el campo de condiciones. Han sido borrados del escenario. Lo impopular es el comodn. Por ello ningn gobierno dir que ha errado en sus polticas. Simplemente argumentar que hay decisiones impopulares.

Los ejemplos, en tiempos de crisis del capitalismo los tenemos a montones. En Europa, son Francia, Espaa, Grecia, Gran Bretaa, Irlanda, Portugal, Blgica, Alemania o Italia. En ellos, los recortes en las prestaciones sociales, la reforma del sistema de pensiones, el despido libre, las subidas del IVA, los precios y las congelaciones salariales han movilizado a la izquierda, los sindicatos y las organizaciones populares, copando las calles, paralizando los transportes, la enseanza, la banca, el comercio, la industria automotriz, la metalmecnica, el campo y la gran industria. Huelgas generales, de hambre, plantones, paros parciales y cuantas formas de protesta se conocen han sido utilizadas para dar a entender lo errneo de las medidas y sus nefastos efectos en el medio y largo plazo. Desempleo, trabajos basura, sobrexplotacin, etctera. Sin embargo, ningn gobierno, responda al calificativo de socialdemcrata, conservador o liberal, se ha dignado a escuchar la voz del pueblo. Son millones de jvenes, mujeres y hombres de la clase trabajadora los ninguneados. Sus gobiernos han optado por no dialogar. Hoy lo vemos en Tnez y en Argelia. La violencia es la respuesta. Y en Amrica Latina, Mxico, Colombia, Honduras, Panam son un paradigma. Sus lites polticas prefieren escuchar el canto de sirenas de los banqueros. Al fin y al cabo son ellos quienes les subvencionan sus campaas. No van a modificar ninguna decisin, aunque una mayora social se lo pida, les d razones y proponga alternativas. Para ellos slo existe el mercado. Un dios que exige sacrificios humanos y ofrendas en forma de dinero, mucho, mucho dinero. Su lgica es simple, como apuntamos, el estribillo de la cancin est listo para ser utilizado: lo impopular de una medida, no anula su eficacia.

Hoy, un ente abstracto ha sido trastocado en un actor social. En un sustituto de personas de carne y hueso: el mercado. Ya no basta con naturalizarlo, ahora se le dota de vida. El lenguaje utilizado para dar cuenta de su realidad es sintomtico. El mercado est deprimido. Sus pulsaciones estn dbiles, hay que reactivarlo. Presenta sntomas de agotamiento. Es necesario insuflarle capital. Darle pastillas energticas. Slo as mostrar su potencial y recobrar su tono. En otros trminos, segn los expertos, sacerdotes del ritual de la acumulacin, aconsejan un sicoanalista para sacarlo de su crisis. Cuando asistimos a este fetichismo, son pocos los gobiernos que se atreven a nadar contracorriente. Saben a ciencia cierta que sern considerados enemigos del progreso. La presin es mucha y siempre es posible caer en la tentacin.

Ahora bien, no siempre un alza de precios en las mercancas responde a una visin maniquea del mercado. Elevar la capacidad adquisitiva de los trabajadores, subir sueldos y salarios mnimos es una buena medida. Sobre todo si la inflacin en otros insumos lo aconseja. En este sentido, el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) y su presidente Evo Morales, han dado una leccin poltica democrtica. Tras las protestas por el alza en el precio de la gasolina y el diesel se levanta un gran malestar social que lleva a un enfrentamiento violento entre partidarios y detractores. Se impone el dilogo. Las reuniones con actores destacados del proceso democrtico, muestran una mayora en contra. Razn suficiente para dejar sin efecto la medida. En boca de su presidente Evo Morales: Hemos decidido, en esa conducta de mandar obedeciendo al pueblo, abrogar el decreto supremo 748 y los decretos que acompaan a esta medida.

En otras palabras, siempre hay tiempo para rectificar y mostrar el compromiso tico con el proyecto democrtico para una vida plena y con dignidad. No cabe otra interpretacin de los acontecimientos. Por ello, en este caso, no se puede hablar de crisis, de prdida de apoyo social o debilidad. Al contrario, ha prevalecido el sentido comn y no la obstinacin. Un ejemplo que dirigentes de todo el mundo deberan seguir. Pero, a mor de ser pesimista, ser difcil. Una mayora de ellos han renunciado conscientemente a ejercer la democracia poltica en pro de la dictadura de los mercados.

http://www.jornada.unam.mx/2011/01/12/index.php?section=opinion&article=020a2pol


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