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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-01-2011

Imgenes de la iconoclastia tunecina
La cara muerta

Alma Allende
Rebelin


Un da ms las protestas se han sucedido en Tnez, y siguen y siguen como una ola en expansin -desde el centro a los extremos- que ha acabado por romper en medio de la capital, donde el jueves por la tarde, en la avenida de Lyon, en el mismo centro, caan dos manifestantes bajo las balas de las fuerzas especiales y otro era herido de gravedad. El dolor y la ira han encontrado gargantas y pechos sobre los que se puede disparar, pero que no van a recular. De nada han servido las muestras de magnanimidad del primer ministro Mohamed Ghanoushi el pasado mircoles ni la intervencin ayer de nuevo del mismsimo Ben Ali, prometiendo dejar el poder en el 2014. Se ha cruzado un umbral del que ya no hay posible vuelta atrs. No es ya el paro ni la inflacin ni la corrupcin ni el yugo impuesto a las palabras ms elementales. Profesores y parados, artistas y electricistas, viejos, mujeres y jvenes coinciden. No se conforman con menos: quieren la cabeza de Zin Al-Abidin Ben Ali, presidente desde hace 23 aos de un pas que de pronto -como en el camino de Damasco- ha perdido el miedo y se atreve a todo.

Es estremecedor. Una joven periodista tunecina, represaliada por haber oreado tmidamente la verdad en la radio privada donde trabaja (propiedad del Clan), me hablaba de este camino sin retorno. Un pas -deca- en el que nadie sabe el nombre del primer ministro, en el que Ben Al personalmente pone el sol en el cielo todas las maanas* para iluminar a los buenos (y lo nubla cuando los nios sbditos no se portan bien), en el que su fotografa preside tiendas, cafs, despachos, puentes y muros, Superego atmosfrico del que slo se puede huir cerrando los ojos; un pas completamente dominado, en el plano simblico, por ese rostro siempre severo y siempre lozano, de pronto se hace mayor, en un charco de sangre, y se sacude el yugo supersticioso de las imgenes. Uno puede creer en cualquier cosa, pero no volver a creer en esa cosa cuando se ha dejado de creer. Ben Al podr matar a los tunecinos, a todos, uno por uno, pero no conseguir ya que lo respeten; ni siquiera -mucho peor o mucho mejor- que lo teman.

Es estremecedor. De todas las imgenes de estos das -los hospitales llenos de muertos y heridos con balas en el pecho, el cuello y la cabeza- las ms impactantes tienen que ver con esta iconoclastia furibunda y emocionante. Los que conocemos un poco Tnez casi sentimos una pizca de horror sagrado ante los vdeos que aqu reproducimos. Tan presente est la efigie de Ben Al, hasta tal punto su fotografa multiplicada al infinito haba acabado por subrogar su propia personalidad -viva y omnipotente- que, al verla arder, uno se siente casi caer en un abismo sacrlego. A dnde hemos llegado? A la independencia mental, que es la primera condicin para abandonar el subdesarrollo, el subditismo y hasta el surrealismo. De qu sern capaces despus los tunecinos? De elegir sus propios gobernantes, de tomar decisiones, de moderar sus gestos.

En uno de los vdeos vemos a unos jvenes bajo el enorme teln con la cara de Ben Ali que cuelga -colgaba- del edificio de Tunis Telecom de Qasserin. Se les oye darse nimos, insultar a Leyla, la esposa del dictador, y maldecir a su familia, los Trabelsi, dueos del pas; despus se apremian unos a otros y tiran del colgajo y, una vez en el suelo, decenas de jvenes salidos de no se sabe dnde se apoderan de l y le prenden fuego.

En el otro vdeo, an ms emocionante y revelador, decenas de jvenes en Monastir intentan alcanzar la ciclpea foto de Ben Al pegada a una valla publicitaria. Cantan el himno nacional, que ahora no suena pomposo y acartonado sino vibrante, ligero, honrado. Desde arriba y desde abajo van desgarrando el papel, despegndolo, despegndolo, hasta que cae arrugndose al suelo en medio de un gritero de jbilo, grito interrumpido de pronto por una interjeccin de asombro: porque debajo del rostro de Ben Ali aparece... el rostro de Ben Ali, una fotografa anterior debajo de la cual -imaginamos- habr otra y otra y otra, siempre igual de joven, inmutable, benvolo, infinito. Pero esto ya no lo vemos porque la cmara nos conduce hasta la hoguera donde el primer Ben Al -y luego el segundo y el tercero- ser quemado en medio de la alegra colectiva, al son del himno del pas.

El editorial de ayer de La Presse, el peridico gubernamental, se titulaba significativamente Un tournant [Un giro decisivo], aunque para referirse a las medidas tomadas por el dictador para poder seguir encendiendo el sol todos los das. Ben Al est acabado. Queda, s, el espejo de esta Imagen, la foto de esta foto, el reflejo corporal de este Icono, y podr matar, reprimir, encarcelar an durante das o meses. Pero el Ben Ali que dominaba desde los puentes y los muros, el poder pasmoso, irresistible, intocable, sedimentado en esa cara, ha ardido para siempre. Ese es el verdadero tournant ocurrido en Tnez en estos ya 28 das de revuelta.

* Hace unos aos Berlusconi, en una visita oficial, agradeci a Ben Al el buen tiempo que haca en Tnez, envidioso quizs de no poder controlar, como l, la temperatura y las estaciones.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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