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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2011

Tnez no abandona a sus mrtires
El dictador Ben Ali cae bajo el ardor de las protestas

Jos Daniel Fierro
Rebelin


El dictador tunecino Zine El Abidine Ben Ali sucumbi ante las protestas en las calles que trat de sofocar con decenas de muertos. Despus de anunciar el jueves por la noche que no se presentara a la reeleccin presidencial, concedera libertades y prohibira a su polica disparar contra los manifestantes, el viernes millones de sus conciudadanos se echaron a las calles de todo el pas para pedir su renuncia y llamarle ladrn y asesino. Acorralado, disolvi el Gobierno y el Parlamento para convocar elecciones anticipadas en seis meses. Fue su ltima estratagema.

Durante 23 aos mantuvo a su pueblo sometido y controlado, bajo la apariencia de que aquello era una democracia. Apoyado y protegido por Occidente, aguant durante casi un mes las movilizaciones populares, reprimndolas con tal violencia que los muertos se cuentan por decenas. Sus mentores nada dijeron. Pero su final estaba ya marcado.

Hartos de ser ignorados y menospreciados, los tunecinos no soportaron, adems, ser asesinados. El viernes la ciudad esperaba una gran manifestacin, haba dudas de si la gente se moderara con Ben Ali tras las promesas hechas la vispera. Pero desde el principio qued claro que no haba ms camino que la renuncia. Los manifestantes coreaban y cantaban "Se acab" y "Lrgate". La polica haba preparado un gran dispositivo alrededor del centro de la ciudad para que la gente de la periferia no pudiera acercarse. Durante casi 4 horas, la polica no actu y dejo a los manifestantes cantar y corear consignas contra el dictador frente al Ministerio del Interior (del terrorismo y de la represin, segn los reunidos). Pero pasado ese tiempo las fuerzas represivas cargaron brutalmente contra la manifestacin con gases y balas de goma.

Lleg el caos


La gente huy como pudo. Muchas personas tuvieron que buscar refugio en edificios, mientras en las calles se oan disparos y una nube de gases lo invada todo. Los enfrentamientos se generalizaron por toda la ciudad: en el centro, en los barrios y en la periferia. En La Marsa y en Gammarth fueron saqueadas e incendiadas algunas villas de la familia de Ben Ali. La polica segua cargando contra los manifestantes, pero los tunecinos no reculaban. A media tarde la cadena Al Jazeera estimaba que unas 40 mil personas estaban enfrentndose a las fuerzas policiales en distintos puntos de la capital.

Pero en otras ciudades del pas tambin estaban teniendo lugar multitudinarias manifestaciones, al tiempo que las informaciones, fotografas y vdeos sobre lo que estaba pasando volaban por internet en tiempo real.

El caos era absoluto cuando comenz a circular la noticia de que el Presidente haba destituido al gobierno y al Parlamento en pleno y que en 6 meses convocara elecciones legislativas. No dijo ms. El ejrcito que se haba ido desplegando por la ciudad (y para entonces ya controlaba el aeropuerto) decret la Ley Marcial y el toque de queda en todo el pas.

Llegaron noticias de que haban liberado a Hamma Hammami lder del Partido Comunista de los Obreros de Tnez, bestia negra de Ben Ali. Algo deba ir muy mal para que Hammami estuviera en la calle. An tard en saberse, pero finalmente lleg la noticia de que el dictador haba huido (con el beneplcito de los militares y rumbo desconocido) aunque su familia quedaba detenida.

Nuevo presidente

El lugar de Ben Al fue ocupado por el primer ministro, Mohamed Ganuchi, quien asumi el cargo de presidente interino subrayando estar en el poder hasta que se convoquen elecciones anticipadas. El anuncio fue realizado mediante una retransmisin en directo desde el palacio presidencial de Cartago, y acompaado por el presidente de la Cmara de Diputados, Fouad Mebazaa y el de la Cmara de Consejeros (Senado), Abdal Kallal.

Ganuchi es un hombre de confianza de Ben Al, que ascendi con l al poder cuando ste dio un golpe de estado incruento en 1987. Tras ocupar varios cargos de confianza se convirti en primer ministro en 1999. En los ltimos das ha tenido un perfil pblico muy acentuado, anunciando el cese del ministro del Interior y tratando de defender ante los medios internacionales la forma en la que han gestionado la crisis.

Sin embargo, Ganuchi ha asumido la Presidencia interina con importantes dudas sobre quin tiene en realidad el control de un pas que se encuentra en estado de excepcin y toque de queda y tiene cerrado el espacio areo.

Puede que ste sea el punto final de la revuelta o tambin puede ocurrir que los tunecinos mantengan la presin sobre el gobierno interino en tanto no se den pasos firmes hacia la democratizacin y el restablecimiento de las libertades. Al fin y al cabo el nombramiento no ha cado demasiado bien a un pueblo movilizado que ha entregado decenas de mrtires pero que observa intacto el aparato represivo y al frente del pas a quien hasta ayer era primer ministro del rgimen.

Saben que han ganado una batalla, importantsima y decisiva, pero la guerra an no ha terminado. Los que hasta hace un mes no eran nadie: los humildes, los desempleados, los jvenes licenciados o sin futuro posible, los opositores, y todos cuantos han perdido el miedo a lo largo de estos das, escribieron ayer una pgina memorable sobre la dignidad y la lucha de los pueblos. Han prometido no olvidar a los muertos.
El pasado 17 de diciembre, un vendedor ambulante encendi la llama de la rebelda en su propio cuerpo, no olvidemos nunca a Mohamed Bouazizi.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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