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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2011

Sobre el pacto global de CC OO
Cargarse de sinrazn

Miguel Romero
Rebelin


Desde comienzos de semana, se nos viene machacando con el seuelo del pacto social o pacto global como medio para lograr una salida justa y equilibrada de la crisis . Suena parecido a la gran coalicin en forma de gobierno PSOE-PP que algunos tertulianos proponen desde hace unos aos para marear la perdiz, que es finalmente su oficio y su beneficio. La novedad, y la gravedad, del asunto es que ahora el principal valedor del pacto global sea el secretario general de CC OO y, lo que es peor, que esta poltica haya obtenido un apoyo prcticamente unnime en el Consejo Confederal (158 votos a favor, 1 en contra y 15 abstenciones).

Todo lo que se ha estado haciendo, y sobre todo no haciendo, desde el 29-S por parte de los sindicatos mayoritarios est debilitando las posibilidades abiertas por la huelga general para la reconstruccin del tejido sindical militante y de las capacidades de movilizacin y resistencia social a medio plazo, necesarias para hacer frente con posibilidades de xito a la crisis capitalista.

Por ejemplo, no se ha respondido con fuerza y conviccin a la campaa poltico-meditica que condenaba a la huelga como un fracaso, con el fin de obstaculizar futuras movilizaciones. No se ha hecho nada para revitalizar los sectores en los que la huelga no alcanz sus objetivos (banca, administracin pblica, sanidad). No se ha creado opinin pblica crtica de las reformas del Gobierno, capaz de comprender las trampas del viejo cuento sobre los sacrificios de hoy son la prosperidad de maana e identificada con alternativas justas, aunque no se puedan conseguir inmediatamente. En fin, por no hacer la lista interminable, no se ha organizado un plan sostenido de acciones y movilizacin, que mantuviera activa a la gente que se moviliz el 29-S y animara a quien no lo hizo a reactivarse.

Tareas como stas, razonables y posibles, han sido sustituidas por una actitud pasiva, que cedi toda la alternativa al gobierno, y que convirti en el gran acontecimiento social del ltimo trimestre el nombramiento del nuevo ministro de Trabajo.

Desde entonces, ha ido creciendo una calculada ambigedad en la posicin de CC OO y UGT ante las reformas del Gobierno (no retirada la reforma laboral sino de sus aspectos ms negativos; no rechazo global de la reforma de las pensiones sino de la lnea roja de los 67 aos) y unas advertencias de movilizacin si no hay acuerdo dichas cada vez con la boca ms chica, salvo las calenturas programadas de los discursos al final de las manifestaciones. Manifestaciones, por cierto, convocadas muy tardamente, con bastante flojera, con un lema absurdo (En defensa del Estado social: dnde est aqu y ahora ese Estado social? No saben que ste es uno de los pases de la Unin Europea con menor gasto social y con una fiscalidad ms injusta? Se trata de cambiar radicalmente esta situacin, no de defender entelequias). As no es de extraar que los resultados de las manifestaciones del 18 de diciembre fueran, en general, malos. Y da la impresin de que, en una espiral negativa, esos malos resultados se han convertido en argumento, no para corregir errores y buscar las condiciones para que las movilizaciones futuras sean fuertes, sino para abandonar la va de la movilizacin.

A la vuelta de las fiestas navideas hemos entrado en una pendiente de despropsitos que nos estn aproximando a una derrota cuyas consecuencias son duras hasta de imaginar.

Veamos un ejemplo. El secretario de Comunicacin de CC OO Fernando Lezcano declaraba el pasado 9 de agosto: "El movimiento sindical debe combatir la dictadura de los mercados y defender el valor de la democracia". Pero el 11 de enero se despachaba diciendo: CC OO aboga por ensayar la posibilidad de un acuerdo global, mas all de la reforma de las pensiones, que dara ms tranquilidad a la sociedad para afrontar la crisis y enviara un mensaje ms ntido a los mercados". Qu pasa? Han cambiado los mercados entre agosto y enero? Ha cambiado Lezcano? Qu historia es sta de que el portavoz del mayor sindicato del pas hable como un consultor de inversiones en Bolsa? Eso es lo que ha cambiado: desde la apertura de la negociacin con el gobierno, CC OO y UGT no se dirigen a la gente trabajadora: hablan para los que mandan, para los poderes polticos, econmicos y mediticos.

Veamos otro ejemplo: a la hora de definir los perfiles del pacto global algunos periodistas han recordado a Toxo los Pactos de la Moncloa y ste no parece sentirse incmodo con la analoga. No recuerda Toxo las consecuencias sociales y polticas de los Pactos de la Moncloa, instrumento clave de la Transicin? Seguro que hay gente en su equipo que puede recordrselas. Nadie puede albergar ahora la menor duda de que los perdedores de entonces fueron las clases trabajadoras. Los sindicatos que apoyaron los pactos sufrieron una autntica sangra en su afiliacin, a la vez que reciban elogios entusiastas de los poderes establecidos por su sentido de la responsabilidad. El mensaje ntido que envi el movimiento obrero a los mercados de entonces es que dejaba de luchar. As nos fue.

Y ahora? Es muy improbable que llegue a existir algo parecido a los Pactos de la Moncloa, entre otras cosas, porque hoy no hacen falta instrumentos de ese calibre para desorganizar al movimiento obrero.

Los mercados pueden conseguir sus objetivos por procedimientos ms simples, que adems en este pas les vienen funcionando muy bien desde hace aos, tipo dilogo social. En eso parece que estamos.

Desde el comienzo de la negociacin gobierno-sindicatos, ha cado sobre stos una formidable presin poltica y meditica para empujarles a evitar, por encima de todo, la convocatoria de una nueva huelga general y a buscar unos cuantos retales de cambios menores en las reformas, para tapar las vergenzas de un acuerdo que ratifique bsicamente la poltica gubernamental.

Es verdad que no existe una presin social potente en sentido contrario, que est exigiendo a los sindicatos una defensa con firmeza de los objetivos bsicos del 29-S, al menos. Pero, aunque slo fuera por sentido de la autodefensa, los sindicatos deberan estar contribuyendo a que esa presin se cree y, en primer lugar, manteniendo en pie la convocatoria de una nueva huelga general si esos objetivos no se obtienen lo cual es hoy una certeza.

Pero estn actuando al revs: Mndez habla de aparcar las movilizaciones; Toxo enva la HG a improbables calendas griegas. Ambos ensalzan la flexibilidad que estara mostrando el Gobierno. Flexibilidad del gobierno? Lo que se conoce es un cambio irrisorio en la reglamentacin de la reforma laboral (no se podr recurrir al despido barato por prdidas si son meramente coyunturales) y un calendario de aplicacin del retraso en la edad de jubilacin a los 67 aos que, al menos hasta ayer, Toxo consideraba disparatado.

Es tan obvio que no habra ni que escribirlo: el gobierno est comprometido hasta el tutano en su programa de reformas, no har el menor cambio sustancial en l en una mesa de negociaciones y slo podran obtenerse esos cambios mediante un cambio de relacin de fuerzas resultado de una movilizacin social sostenida a medio plazo.

Aparcar la Huelga General porque ahora tocara, como dice Toxo, elevar la mirada y ampliar el permetro de las materias a negociar es, por decirlo de un modo suave, una insensatez. En una situacin de debilidad como la que estn exhibiendo los sindicatos en la mesa de negociaciones, cuanto ms se ample el permetro, mayor ser el riesgo de recibir compensaciones minsculas a cambio de cesiones sustanciales. Y cuanto ms eleven la mirada, mayor ser el riesgo de que se caigan de bruces. En realidad, ese es el problema: los sindicatos estn elevando la mirada y slo se dirigen a quienes estn arriba, o sea, las elites polticas y econmicas y, por supuesto, los mercados. Por el contrario, tendran que bajar la mirada y dirigirla hacia las vctimas de la crisis, que seran tambin las vctimas del pacto global.

Hay quien piensa que estamos solamente ante maniobras tcticas y que CC OO y UGT estaran buscando cargarse de razn ante la sociedad para convocar una nueva huelga general. Si as fuera, estn consiguiendo justamente el objetivo contrario: se estn cargando de sinrazn, especialmente hacia la gente que se parti el alma por sacar adelante la huelga general, confiando en que se iniciaba por fin una etapa de reconstruccin de la moral y de la fuerza social de la izquierda.

Es posible an una rectificacin? Pudiera ser: si CC OO y UGT se tomaran en serio incluso su programa mnimo de cambios respecto a las reformas, no habra acuerdo. An en ese caso, costara trabajo recuperar la confianza perdida en estos das de desatinos.

No hay razones para confiar en que mantengan los arrestos necesarios para levantarse de la mesa de negociaciones, pero quizs no consigan ni esos mnimos resquicios que estn buscando desesperadamente para poder no ya aparcar, sino mandar al desguace a la huelga general. En cualquier caso, si se decidieran, an de mala gana a convocarla, sera una buena noticia. En los das que quedan hasta el 25 de enero, habra que intentar que se expresara una oposicin, y una indignacin, social, que efectivamente existe, frente a todo lo que representa el pacto global y se reclamara desde la calle una rectificacin urgente a CC OO y UGT.

Dice John Berger que pensar estratgicamente implica que uno se imagine en los zapatos del enemigo. Parece que el Gobierno, y los mercados, conocen muy bien los zapatos de CC OO y UGT. Pero lamentablemente CC OO y UGT no piensan estratgicamente, ni siquiera saben identificar al enemigo.

Miguel Romero es editor de VIENTO SUR

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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